jueves, 22 de enero de 2015

CÓMO CREAR EMPLEO EN LA SOCIEDAD DE LAS REDES Y DE LA INFORMACIÓN.



Los grandes movimientos sociales y económicos de la historia han conllevado cambios muy sustanciales no solo en la estructura del empleo sino también en la forma de entender las relaciones laborales. Cuando las máquinas inundaron las fábricas a principios del siglo XX muchos vaticinaban que legiones de personas no tendrían nada que hacer sustituidas por el maquinismo que solo beneficiaba a los empresarios. La realidad fue que no solo se incrementó el empleo sino que además creció la economía mejorando el bienestar de la gran mayoría de la población en los países desarrollados. Lo mismo pasó en el campo cuando los tractores sustituyeron a las guadañas.

La era industrial que básicamente termina en los países desarrollados con el siglo XX, generó una forma de entender la producción y las relaciones laborales asentada en la competitividad y basada en los costes laborales y fiscales, a igualdad de precios de materias primas. Las industrias eran para toda la vida e incluso se extendían a futuras generaciones. El ideal laboral no solo era trabajar en la misma empresa, sino además que los hijos trabajaran en la misma compañía que el padre.



Sin embargo, el desarrollo tecnológico y los cambios sociales a partir de los años sesenta, introdujeron modelos de conducta empresarial y del consumidor muy diferentes. La actividad industrial pura, la de la era industrial a la que me refería, quedó para los países emergentes que eran capaces de producir con menores costes, pagando menos impuestos, con menores restricciones medioambientales y en grandes series. Es decir el maquinismo puro se trasladó a China e India, donde grandes factorías con miles de trabajadores emulan lo que fueron las grandes fábricas europeas o japonesas de los años cincuenta y sesenta.

Los años sesenta trajeron una gran revolución social, la preeminencia del consumidor que ve incrementada su capacidad de compra y que reclama un mercado que satisfaga nuevas necesidades o hábitos, y así nace una nueva manera de entender la moda, la automoción, surgiendo nuevas actividades empresariales ligadas al ocio y al bienestar, destacando sobremanera el turismo, es la democratización del consumo. Estas nuevas generaciones además demandan de sus gobiernos mayores y mejores servicios, sociales, educativos y sanitarios, bajo criterios de universalidad y gratuidad, generándose una gran estructura burocrática. Este cambio radical transformó la estructura del empleo que hasta entonces distinguía entre agricultores e industrias, y que ahora quedan relegadas por los servicios y los funcionarios, que pronto constituyeron más del 70% del empleo en los países europeos. Todo este cambio transformó la estructura poblacional de los estados con los crecimientos de las grandes urbes y el continuo despoblamiento del campo.

Si bien los trabajadores encuentran en la administración la culminación del sueño de un empleo para toda la vida, muchos deben afrontar una situación nueva, la mayor estacionalidad del sector servicios. Los comercios tienen distintas temporadas como el turismo, de manera que muchos de los trabajadores de este nuevo y pujante sector deben vivir en un entorno laboral parecido al de los jornaleros de principios de siglo que hacían corrillos en las plazas de los pueblos esperando ser contratados por los capataces, unos días si y otros no. Reducir la estacionalidad de los servicios es crítica para incrementar el empleo de calidad en estas actividades, y las redes pueden ser un instrumento esencial para este objetivo.

Como consecuencia del crecimiento económico y en especial de la demanda interna, verdadero motor de las economías occidentales y del gasto público, se produjo una explosión de la construcción pública y privada, con el fin de satisfacer los movimientos migratorios interiores, las estructuras turísticas y de ocio y las obras públicas. Las crisis se afrontaban con grandes dosis de inversiones públicas, aprovechándose de una ortodoxia de superávit presupuestario en tiempos de bonanza. Al utilizarse la construcción como herramienta anticíclica, los altibajos en el empleo en este sector han sido espectaculares en los últimos cincuenta años. Los ciclos alcistas permitían absorber el excedente laboral y dedicarlo a otros sectores productivos manteniendo un empleo estable en el tiempo. Hasta tal punto fue el crecimiento insatisfecho por la mano de obra local que se dio una fuerte corriente migratoria desde las colonias de ultramar a Europa, y desde México principalmente a Estados Unidos, para atender los empleos que los locales no estaban dispuestos a realizar al tener mejores alternativas. Esto originó un movimiento de casi ochenta millones de personas que emigraron a los grandes centros económicos, generando cambios radicales en las estructuras sociales y políticas de estos países.

El último gran cambio tecnológico que ha impactado sobre la vida de los ciudadanos como lo fue la máquina de vapor, el motor de gasolina o el dominio de la electricidad, llegó el día que dos señores metieron un computador en una casa normal y corriente; complementado algunos años después cuando posibilitan que cualquiera, sin apenas formación cualquiera pueda manejarlo y  además pueda comunicarse con otros terminales; y todo esto a una velocidad y con una capacidad de almacenamiento que resultan increíbles para los que nos iniciamos en el Atari.

Tal como pasó en los años de la revolución industrial, muchos dijeron que al hacerse las cosas tan rápido, mucha gente sobraría, pero otras vez se equivocaron; y hoy la productividad se ha incrementado y las tasas de desempleo no crecido por este fenómeno.

La gran diferencia de esta revolución sobre todas las demás es que resulta trasversal. Antes, los avances en la máquina herramienta beneficiaban a su sector productivo, o las aspiradoras a la limpieza del hogar. Sin embargo esta revolución mejora la vida y la eficiencia de todo el mundo. No sustituye a la gran mayoría de los trabajos tradicionales; siguen haciendo falta torneros, camareros, albañiles y profesores, pero hace que su vida y la de sus empresas sea más eficiente. Hoy las empleadas del hogar pueden optimizar su tiempo porque utilizan whats app para avisar a sus empleadores de que llegarán tarde; los profesores utilizan el correo para comunicarse con sus alumnos; podemos vender nuestros productos desde casa o trabajar en el autobús conectados a una red wifi. Además nuevas profesiones han nacido ligadas directamente a este sector “comunity manager” “psicoanalista de relaciones sociales” “controlador de datos”, “diseñador de páginas web”. Ahora hablamos de ciberataques y de hackers, cuando antes hablábamos de artillería o fuerzas especiales.

Si la vida humana se articula sobre las relaciones sociales, hemos transformado en veinte años la manera de relacionarnos y comunicarnos como no había ocurrido desde que Gutemberg inventó la imprenta, ya sea en los negocios, la escuela, incluso en nuestra vida social. Pero sobre todo, el efecto más beneficioso de este vertiginoso cambio ha sido el incremento del número de relaciones. Ahora buscamos y recuperamos amigos de la infancia o de la universidad, e intercambiamos con ellos currícula, proyectos, ideales; desde nuestro celular podemos comunicarnos con cientos de personas de nuestra agenda sin tener que escribir una carta, comprar un sello y echarlo al buzón; incluso creamos grupos virtuales con los que podemos comunicarnos mientras trabajamos o descansamos en casa, y sin necesidad de tener que quedar en un lugar para tener una interacción social, incluso podemos compartir videojuegos desde nuestros hogares con nuestros amigos o preparar una presentación comercial entre dos personas que están separadas por un océano.

Esta nueva fase de la revolución tecnológica o era de la información la denomino la revolución neuronal asináptica, que ha venido acompañada de descubrimientos científicos en el campo de la neurología que apuntalan este concepto y lo hacen aplicable a la nueva estructura social que las redes están generando.

Hasta fechas bien recientes se suponía que las neuronas se comunicaban mediante sinapsis, ya fuera esta química o eléctrica. Descubrimientos recientes han mostrado que estas vías resultan insuficientes para explicar la rapidez del pensamiento humano. Todos conocían de la existencia de unos débiles campos eléctricos alrededor de las neuronas pero siempre se desestimó su influencia en la generación de relaciones entre neuronas, sin embargo ahora sabemos que pueden ser los dinamizadores del conocimiento y de la velocidad de traspaso de información multiplicando el trasvase de información a una rapidez inusitada.

A escala de varias neuronas se trataría de una conversación, pero cuando se activan todas a la vez es como un clamor en un estadio, que es la suma de todos los campos eléctricos débiles de cada neurona, como señala el Dr. Anastassiou del Instituto Tecnológico de California. Sugiere por tanto una gran interacción entre neuronas a base de pequeños impulsos individuales, que a medida que pasan por neuronas se retroalimentan y ganan velocidad y expansión. Cada uno de nosotros gracias a las tecnologías de las redes somos como esas neuronas y las tabletas o smartphones son como esos pequeños campos débiles eléctricos capaces de almacenar cargas de información y de transmitirla, y cada terminal con capacidad de acelerar la transferencia de la carga por la red; a medida que la información pasa por una  neurona/terminal su velocidad y su carga de información se incrementa de forma infinita y en muchos casos sin discriminar; es decir la información vuela a la velocidad de la luz sin ser procesada. 

Estamos cerca de crear inteligencia artificial, y nuevas aplicaciones se desarrollarán que emularán la actuación del cerebro. Herramientas capaces de traducirnos en tiempo real con nuestra voz al chino en una conversación por Internet; o fotografiar un vestido o un coche por la calle y saber qué marca es, dónde se vende, cuánto cuesta, o disponer de gafas que nos permiten recrear en nuestra mente espacios y objetos y trabajar sobre ellos como si fueran parte de nuestro entorno. Todos estos avances transformarán nuestras vidas e impactarán en la manera de trabajar, de organizar una empresa, un periódico, un partido político y en la comunicación diaria.

Sin embargo, en las relaciones laborales, seguimos hablando de conceptos de contratación laboral que a muchos nos parecen obsoletos.  Mientras que exista un desequilibrio entre los modelos laborales y las nuevas estructuras productivas, no conseguiremos alcanzar un óptimo en el empleo. En el plano laboral seguimos en la sinapsis neuronal química, es decir en la relación basada en una reacción química, que puede ser ácida o dulce y que siempre está a la expectativa de una reacción en sentido contrario, basada en el contacto directo entre las personas.

Cuando vamos a las estructuras de las relaciones laborales, seguimos hablando de contrato indefinido, a tiempo parcial, por actividad, eventual o de formación, conceptos que son propios de la revolución industrial que se basan en una en un trinomio: una empresa, un empleado y una relación contractual basada en la legislación general, en la estructura productiva de la compañía y en unos costes laborales que se estiman en función de la competitividad relativa de la compañía en su sector y de unos gastos sociales que sufraga el empresario respecto de su trabajador. Este financiamiento de los gastos sociales produce primero una dependencia casi química no deseable entre empleado y empresario, y hace depender el sistema de bienestar de tener o no un empleo

España en particular tiene un gran reto por delante, que es encontrar trabajo para tres millones de personas, y a ser posible mejor en un plazo corto que largo. Las recetas clásicas son insuficientes; seguimos pensando en ayudas a la contratación o al despido; incrementar el número de funcionarios, incrementar los subsidios al desempleo y las ayudas a los trabajadores sometidos a alta estacionalidad. Todas estas recetas ya son caducas y se han demostrado insuficientes. Solo el crecimiento económico apoyado en una regulación laboral de mayor flexibilidad es capaz de generar empleo estable y duradero, pero somos incapaces de vislumbrar el potencial de crecimiento y de transformación que ofrece la nueva revolución de las neuronas.

Tres millones de empleos no se van a crear ni en la industria, ni en la construcción, ni en la ganadería ni en la administración; luego serán los sectores ligados a los servicios los que deban absorber la gran mayoría. Los servicios ligados a la hostelería y el turismo presentarán después de años récords tasas de crecimiento mantenidas pero pequeñas, de manera que no debemos pensar que de estos sectores vendrá el crecimiento del empleo a futuro para colmar las necesidades del pleno empleo. España históricamente ha sido incapaz de dar empleo a todos sus habitantes y han sido los grandes movimientos migratorios a lo largo del siglo XX y un alto paro estructural las consecuencias de esta realidad.

Lo primero que necesitamos es 500.000 emprendedores, que pueden desempeñar multitud de actividades de servicios, comerciales, profesionales, técnicos desde su casa, Starbucks o desde semilleros de empresas al calor de las redes y la información que fluye por ellas. Empresarios que puedan repartir su conocimiento y trabajo entre varios clientes, y para los cuales la revolución neuronal ofrece un campo de desarrollo enorme y por descubrir. Además en la nueva sociedad, desplazarse a trabajar con el impacto medioambiental, no disponer de tiempo para la formación, el ocio, el deporte, el cuidado de los hijos o de los mayores tiene unos costes sociales enormes. Podremos trabajar más en menos horas, podremos formarnos mientras trabajamos; no hace falta un año sabático para ir a Harvard cuando Harvard puede venir a tu casa. Un mayor acceso a la formación, a la venta por Internet, a la información de precios, a los portales electrónicos de compras de las empresas y gobiernos, a la administración electrónica, y un largo número de otros campos, nos permitirán ser más eficientes y productivos mejorando nuestra calidad de vida.

Autónomos que puedan cotizar con una cuota pequeña y que después puedan contribuir en función de sus beneficios al sistema de previsión; con libertad para decidir qué servicio de salud quieren así como su pensión de jubilación. Tener 500.000 autónomos cotizando al año 250 millones de euros es mejor que tener que atenderles con cursos, y desempleo. Los que conservan una mentalidad tradicional dirán que esto se llama precariedad, yo lo llamo oportunidad. Para los jóvenes poder acceder a un mundo laboral siendo los mayores expertos en las nuevas tecnologías es una gran oportunidad; para los más mayores también les ofrece la oportunidad de seguir ligados a la realidad económica y complementar sus pensiones, para las amas de casa, e incluso los adolescentes; solo hace falta un marco regulador de mínimos, no un esquema que ahogue sino que posibilite el desarrollo y el crecimiento. 

Seguir pensando en términos de la encuesta de población activa pertenece al pasado, No hay razón para que todos seamos productores, estudiantes o jubilados; unos jóvenes que promueven la venta por Internet de papel para sufragar un viaje de estudios o los jubilados que aportan sus experiencias o conocimientos para pagar un viaje a la playa. Amas de casa que pueden hacer traducciones en los ratos libres o vender sus prendas de punto para bebés a través de su portal. Emprendedores que buscan en las redes material de oficina a precio competitivo porque el portal electrónico de su ayuntamiento anuncia una necesidad; presos que pueden aprenden profesiones conectados con sus gafas virtuales directamente con las fábricas donde los operarios les enseñan un oficio mientras realizan el suyo. Nuevas necesidades surgirán que generarán nuevos empleos. La inmersión en la revolución neuronal constituye sin duda la principal fuente de nuevos empleos para las próximas décadas y ya es momento de comenzar a transformar nuestros esquemas mentales ante esta nueva realidad y no quedar obsoletos.


No hay comentarios: