domingo, 18 de enero de 2015

DECLARACIONES DEL PAPA FRANCISCO:OPORTUNIDAD, RAZON Y NECESIDAD.



El comentario realizado por el Papa durante su reciente viaje a extremo oriente a propósito del atentado yihadista a Charlie Hebdo, por lo menos no ha dejado indiferente a nadie, y desde todos los ángulos del espectro político o social se han expresado todo tipo de comentarios, la mayor parte de ellos calificando las palabras de Francisco como inapropiadas o inesperadas.

Como todo en la vida, hay diversas formas de interpretar las palabras del Papa, ¿si tiene razón en lo que ha dicho o no? ¿ Si ha medido bien la trascendencia de su afirmación en el contexto del reciente atentado en París? Y sobre todo ¿ Por qué el Papa realiza esta afirmación?

Lo primero que hay que asentar es que al Papa nadie le puede negar su derecho a expresarse y por tanto no se puede criticar al Papa por opinar. Se puede estar o no de acuerdo con él; pero tanta libertad de expresión tiene Charlie Hebdo como su Santidad. En el caso del Papa al ser el líder espiritual de una gran comunidad religiosa como la iglesia católica, no solo es que tenga el derecho a expresarse sino el deber de manifestarse en cuantos asuntos acontecen en el mundo y que según su juicio pueden afectar a sus valores o  a su comunidad.

Pero a mi juicio, hay que valorar las palabras del Papa bajo tres prismas.



¿ Es oportuna la afirmación, bueno dejémoslo en el concepto de chascarrillo, que realiza el Papa a unas pocas horas de los luctuosos hechos de París? A mi juicio no es lo que procedía en estos momentos, sino más bien acordarse de la víctimas y dejar otro tipo de consideraciones para el futuro. La frase que ya se ha hecho histórica Je Suis Charlie hay que centrarla en la solidaridad con Charlie Hebdo y con lo que representa, pero no implica ni aceptación ni comprensión del contenido de la publicación, que personalmente detesto. Si mañana alguien ataca una mezquita y mata a un musulmán por criticar a la iglesia católica, a la bandera, a Dios, a mi madre, yo también diría “ Je suis Ahmed”, aunque también detestaría ese ataque a principios que para mi son parte de mi esencia como persona y europeo. Las bases de nuestra civilización occidental, judaica, griega y cristiana, resultan incomprensibles sin un respeto y una protección radical del derecho a la libertad de expresión. El Papa ha abierto una polémica en el momento más inapropiado.

Pero a pesar de ser inoportuno ¿Tiene Francisco razón en sus afirmaciones? Rotundamente no; reaccionar con una agresión física a una ofensa verbal es desproporcionado y propio de la ley de la selva. El derecho individual a la libertad de expresión solo tiene justificación cuando se dicen o escriben afirmaciones que dañan, ofrenden o critican. Para expresar buenos deseos no sería necesario defender ni amparar el derecho citado. Si por algo debiera sustituirse el termino de libertad de expresión es por el de libertad de crítica. Como todo derecho tiene sus límites, pero son solo los jueces los que deben valorar si se han vulnerado o no, y no los iluminados, los fanáticos o los políticos.
Si alguien se mete con mi madre, en una sociedad civilizada lo denuncio, no le pego un puñetazo, porque este melón abierto puede llevarnos a unas situaciones que creíamos superadas. La reacción física violenta solo procede cuando existe una amenaza grave e inminente a nuestra persona o a los nuestros que no puede ser detenida de otra forma y punto.

Pero sabiendo que no son oportunas ni razonables las declaraciones ¿, son necesarias?.  He decir que aquí tengo mis dudas. El Papa y la iglesia católica en este tema están más cerca del Islam que de los autores de la publicación.  Cuando hablo de Islam no me refiero a los yihadistas , sino a la comunidad religiosa que profesa el Corán. Ambos tienen unas profundas convicciones morales en sus principios y consideran una afrenta muy grave los ataques verbales o artísticos a sus profetas, a su Dios o a sus principios. El Papa lanza un mensaje de solidaridad diciendo no se pueden insultar a los principios religiosos de comunidades tan importantes en una especie de solidaridad corporativa a la que seguramente se unirían los líderes de todas las religiones del mundo. Todavía la gran mayoría de las personas practicantes de estas religiones consideran que la vida social y política deben estar imbuidas de sus principios morales y sus creencias. Los cristianos mueren cada semana en los países árabes; sus iglesia son quemadas y sus bienes robados. Se queman biblias y se mata a todos los que exhiben símbolos o costumbres cristianas. Solo los muertos en Níger nos dan una idea del ambiente que para millones de cristianos se genera en sus países de mayoría musulmana donde viven cuando se producen estas acciones en los países europeos. En aquellos países donde existe una cierta libertad de cultos, que en los países musulmanes son unos pocos. 

El Papa quiere decir que en Europa no todos son cristianos, es más que la mayoría de la población no es religiosa y que por tanto no hablen de guerra de religiones, que no les hagan culpables por hechos cometidos por personas que están muy alejadas de la comunidad católica y de sus principios. La principal misión del Papa es defender a los miembros de su iglesia y en particular a los más desfavorecidos, y en estos momentos el Papa debía lanzar a su juicio, un mensaje claro de que no comparte las viñetas y que además considera que bajo el paraguas de una libertad de expresión bien entendida, esto es un exceso en el ejercicio del derecho que daña y golpea a otros derechos igual de fundamentales. Con eso no justifica el atentado, que solamente los terroristas justifican, pero sitúa la dimensión del problema en su justo punto. Pero viendo que ni las palabras del Papa han calmado los ánimos de los extremistas musulmanes en muchos, quizás entonces tampoco eran necesarias sus declaraciones.


No me cabe duda que los derechos individuales liberales deben tener toda la extensión posible, y la libertad de pensamiento y de expresión, constituyen la esencia de la tradición liberal y no puede haber límites a su ejercicio de ningún tipo. La injuria y la calumnia son los únicos límites a la libertad de expresión que deben llevar una reacción jurídica si se demuestra que se ha incurrido en estos tipos delictivos, pero la sanción no puede ser limitar el ejercicio del derecho sino reparar el daño causado lo que es muy diferente. Si alguien se sintió dañado por las publicaciones debía haber acudido a un tribunal. Así deben hacerse las cosas en los países democráticos, libres donde impera la ley. No existe otra vía, ni siquiera la del puño.

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