miércoles, 14 de enero de 2015

¿POR QUÉ EL PRECIO DEL PETROLEO SEGUIRA BARATO EN LOS PROXIMOS AÑOS?



El mercado mundial de petróleo es en teoría uno de los más estables ; las estimaciones de crecimiento de producción y demanda son bastante fiables, existen estadísticas centenarias, todas las crisis del sector han sido profundamente analizadas, y todo tipo de predicciones se han hecho con el fin de determinar el futuro de este mercado. Fue el presidente Jimmy Carter quien anunció en 1980 que en diez años se habrían agotado las reservas mundiales de petróleo, pero obviamente tampoco es una referencia fiable. Pero lo cierto es que leyendo los estudios de 2012 y 2013, nadie aventuraba que los precios del petróleo iban a caer a la mitad, en caída libre y en pleno invierno en el hemisferio norte, justamente cuando la demanda se incrementa de forma significativa.


Ahora los analistas están empeñados en poner suelo a la caída que se ve superado en pocas semanas y determinan que los precios subirán o repuntarán aduciendo las más variadas razones. Incluso los más osados, aficionados a la conspiraciones, ven una intencionalidad política en las decisiones de Arabia Saudita o Estados Unidos, con el fin de terminar con algunos regímenes que le son hostiles a sus intereses.

Sin embargo, lo más probable que en los próximos dos años disfrutemos de un precio del petróleo barato, y esto quiere decir por debajo de 60/70 dólares, y existen varias razones que soportan esta tesis.

La primera razón que se aduce para predecir un rebote del precio, es que la producción de esquistos en Estados Unidos y de arenas bituminosas en Canadá tiene unos costes muy altos y que la próxima quiebra de muchas de las empresas que se han centrado en esta actividad de negocio como consecuencia del precio barato, devolverá una lógica al mercado siendo necesario reemplazar los aproximadamente cuatro millones de barriles día que se producen en Texas y Dakota principalmente por producción en países tradicionales como Oriente Medio, África occidental o Rusia. Obviamente si esto fuera así, el petróleo repuntaría a precios por encima de los 100 dólares de golpe, pero no parece que esto vaya a ocurrir.

La producción de petróleo sucio se expandió con la subida de precios que siguió a la guerra de Irak en 2003 y la recuperación económica de los años siguientes unido a un debilitamiento del dólar La llegada de Obama a la Casa Blanca supuso un reforzamiento de la política de independencia energética que llevó a un incremento masivo de las inversiones y de la producción de petróleo y de otras fuentes alternativas en Estados Unidos. Pero el gigante norteamericano nunca será independiente al cien por cien, al menos en los próximos treinta años, pero conseguir una matriz petrolera de 60% de producción y consumo nacional ya barre las expectativas de los mercados de un rebote de las compras norteamericanas, al ser Estados Unidos el principal consumidor mundial.

La primera falacia extendida por los productores es el alto coste de las nuevas tecnologías de tratamiento de arenas bituminosas o de fracking; algunos hablan de costes superiores  a los 80 dólares barril. Sin embargo, teniendo en cuenta que los costes de exploración no han sido muy altos ya que estos yacimientos eran bien conocidos desde hace décadas, y suponiendo que la exploración supone un impacto sobre el coste del barril que puede llegar a los 6/8 dólares, tenemos que el principal coste de estas explotaciones es el de extracción. Asimismo al transportarse con oleoductos a los centros de consumo que se hallan a distancias muy cortas, los costes de transporte se abaratan a más de la mitad de lo que supone importar desde Oriente Medio. En definitiva, el coste de producir con estas técnicas en Estados Unidos o Canadá está más cerca de los 40 dólares que de los 70 dólares por barril como algunos aducen. Para Estados Unidos, pagar el petróleo a 70/80 dólares manteniendo su independencia y a sus productores nacionales es una buena alternativa, de manera que no va a poner en riesgo su objetivo estratégico y económico para tener un petróleo más barato de fuera. Con una economía en expansión y con un dólar fuerte, lo último que quiere el gobierno americano es que se deteriore más si cabe el déficit comercial. Es decir existen todos los incentivos para que las nuevas técnicas mantengan niveles de producción cercanos a los 5 millones de barriles día en los próximos diez años.

El único riesgo que existe es que la demanda de petróleo se dispare frente a otras fuentes de energía dado su bajo precio; sin embargo la política fiscal y de impuestos aplicables puede moderar este efecto, de manera que los gobiernos optarán por incrementar los impuestos a las gasolinas con tal de mantener una demanda estable y que la matriz energética no se decante por el petróleo.

La segunda razón para que el petróleo se mantenga bajo es la fortaleza del dólar. Aunque el precio en dólares del barril ha bajado desde una media alrededor de 110 dólares en 2014 a unos 50 dólares en 2015, si analizamos la evolución en Euros, la caída es mucho menor, de manera que no es previsible un gran incremento de la demanda ni una evolución de precios de la gasolina en la misma proporción que la evolución del precio del barril. Históricamente existe una gran dependencia entre los nieles del dólar y del petróleo, cuando más sube el dólar más baja el petróleo o viceversa.

Existen tres bloques de países productores; los de Oriente Medio que tienen todavía un petróleo barato, pero sin que se hallan encontrado nuevos yacimientos en los últimos veinte años. Un petróleo barato a cambio de mantener una alta cuota de mercado es su mejor opción ya que su coste de producir por barril apenas llega a los seis dólares; es decir que todavía tienen un amplio beneficio vendiendo a 45$.

Rusia y Venezuela, disponen de las mayores reservas de petróleo, pero su coste de producción dobla casi al de Oriente Medio. Además las ineficiencias en la producción, la falta de inversiones, los graves problemas de las compañías productoras y sobre todo la alta dependencia del petróleo de estos países lo hacen fuertemente vulnerables a esta bajada. De hecho para Venezuela el 70% de su presupuesto del estado procede de los ingresos del petróleo y casi el 30% del de Rusia. Asimismo suponen el 65% del total de exportaciones rusas y el 90% de las venezolanas. Estos países caerán en default entre 2015 y 2016. La ausencia de dólares para adquirir alimentos y bienes de equipo paralizarán a estos países y le llevarán a una situación de desabastecimiento generalizado; los escasos ahorros se esfumarán y Rusia habrá reducido sus reservas externas en un 80% de aquí a final de 2015 para mantener el rublo es una situación relativamente estable. El debilitamiento del rublo y del bolívar serán determinantes del default. Las consecuencias políticas en ambos casos serán dramáticas, y en el caso de Rusia, podrían llegar a una situación de colapso similar a la de comienzos de los años noventa.

El tercer bloque son los nuevos países productores de petróleo, como Nigeria y Angola; cuya producción de petróleo es costosa ya que se trata de inversiones en exploración muy recientes y costosas que deben amortizarse, lo que supone un impacto medio sobre el precio del barril de 20$; si a eso unimos los costes de extracción, estarían sobre un coste total de extracción sobre los 40 dólares barril. Estos países no tienen ningún interés en reducir cuota de mercado, y teniendo en cuenta que se trata de economías muy pobres, los gobiernos se pueden permitir reducir sus ingresos, a costa de reducir los programas de inversiones públicas o sociales sin generar por ello graves tensiones sociales.

Las expectativas de crecimiento de la demanda tampoco son muy halagüeñas, y se sigue considerando que los grandes gigantes del nuevo consumo, China y la India, no crecerán a las tasas esperadas aunque siguen siendo muy altas. No obstante el crecimiento del consumo de petróleo está por menos de la mitad de lo que están creciendo sus economías lo que significa que existe una disfunción, que indica que el crecimiento real de estas economías dista mucho del que publican sus estadísticas.

Con todo este contexto, no cabe duda que la etapa del petróleo caro se ha terminado; y si la racionalidad se impone en los próximos veinte años y se producen avances muy significativos en nuevas tecnologías como el coche eléctrico, y en la reducción del consumo de vehículos y aviones, que es de más de 30% respecto del consumo medio hace veinte años, reducirán el peso del petróleo sobre la matriz energética mundial del 31% actual al 25% dentro de 20 años.

Para Europa, sin duda es la mejor noticia que podía acontecer. Con unas tasas de consumo muy deterioradas y unas exportaciones funcionando al ralentí, la reducción del precio del petróleo en 50 dólares barril por un consumo que en la zona Euro supera los siete millones de barriles día, supone una inyección en las economías europeas de 100.000 millones de euros para 2015; solo en España el flujo a inyectar es de 21.000 millones de euros, un 2% del PIB; que comparado con los 3.000 millones de ahorros con la reducción del IRPF, suponen una aportación enorme que en gran parte irá al consumo y a la inversión en bienes de equipo. Este hecho unido a un dólar fuerte, incentivará nuestras exportaciones fuera de la zona Euro. Son estas razones las que abonan una tesis de crecimiento de la economía sobre el 2% para 2015, y en caso de mantenerse la situación todavía mayores para 2016. El impacto en el empleo también será muy significativo, manteniéndose las tasas de crecimiento de 2014, lo que supondrá una creación de 750.000 empleos entre 2014 y 2015, reduciendo el desempleo a tasas sobre el 17% para finales del año próximo, lo que sin duda es un dato esperanzador. También el incremento del consumo permitirá incrementar la recaudación contribuyendo a la reducción del déficit publico de manera más acelerada.

Pero todo este caudal beneficioso no servirá para nada si no se aprovecha para realizar algunas reformas estructurales. Es necesario reducir la deuda de familias y empresas y continuar con el esfuerzo de consolidación fiscal, y en este sentido debe aprovecharse la actual coyuntura de deuda barata para una reconversión masiva de deuda a los precios actuales; la reducción de la carga de intereses de la deuda publica deberá destinarse básicamente a la inversión en I+D y al ahorro público. Si todas estas medidas se adoptan, vendrán años de crecimiento económico y la crisis será historia. Pero si alguien se empeña en torcer la senda, no hacer los deberes y pensar en el corto plazo, todo este caudal se irá por la borda, porque no cabe duda de que la situación de endeudamiento público y privado sigue siendo una losa sobre cualquier tipo de política expansionista, y puede llevar a la economía al crash ya que no existen recursos para soportar un endeudamiento mayor. No pagar la deuda o querer jugar con las condiciones de la ya contraída, cerrará nuestros mercados, de manera que no podremos refinanciarnos o lo haremos a costes mucho mayores, y de ¿Dónde saldrán los recursos para hacer frente a los 240.000 millones que necesitan el gobierno o los 70.000 millones que las familias y empresas deben abonar a los bancos en concepto de intereses y amortización de principal en 2015.? Estas cifras suponen un 30% del PIB y absorben todo el presupuesto del estado.


En definitiva la caída del precio del petróleo es una gran oportunidad para hacer reformas estructurales. La carga de la deuda a los actuales niveles, más de 250% del PIB, aunque lleva dos años de reducciones, obliga a realizar políticas expansionistas mientras se reduce la deuda y el déficit público, con el fin de fomentar el crecimiento económico y un incremento de precios que impacte de forma positiva sobre la deuda contraída; la deflación contribuye de forma muy negativa al incremento de la carga de la deuda. Ahora al menos hay un margen de maniobra, lo que comparado con la situación en 2011 es todo un milagro, pero no lo echemos en saco roto.

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