lunes, 2 de marzo de 2015

APUNTES PARA DEFINIR LAS BASES DE LA POLITICA EXTERIOR DE ESPAÑA EN LA PROXIMA LEGISLATURA (1)

  
INTRODUCCIÓN: RAZONES PARA ESTOS APUNTES.

La crisis económica que ha afectado casi en exclusiva a Occidente, ha producido un revolcón enorme en las conciencias y en las opiniones de los ciudadanos de todos los países, que han cuestionado principios y situaciones que parecían tremendamente sólidas, hace apenas unos años.

Para los países occidentales ha sido una pesadilla que nos ha traído viejos temores del pasado y grandes dudas sobre nuestro papel en un mundo que es muy diferente de áquel que existía en 1945 cuando se establecieron las bases del orden internacional moderno. Pero esta recesión ha coincidido en el tiempo con el más significativo avance de las economías de los países en vías de desarrollo, en los que cientos de millones de personas han dejado la pobreza, y así, estados que hasta hace unos pocos años ni siquiera sabíamos ubicar en el mapa, cobran un protagonismo que excede al de la mayoría de los países europeos. No se ha tratado por tanto como en 1929, de una crisis global, sino que se ha producido un reajuste de polos de poder, que no está claro si se confirmará en los próximos años, ya que continúan existiendo en las naciones en desarrollo grandes desequilibrios que podrían perjudicar notablemente los logros alcanzados en los últimos años.

Un nuevo entorno global, económico, social y político, requiere sin duda de ajustes en la política exterior de todos los países y España no puede ser una excepción. Sería absurdo pensar que los mecanismos diseñados para un mundo muy diferente servirán para mantener la paz, la estabilidad y el desarrollo económico y social de todo el globo en el siglo XXI. Gran parte de la desafección de los ciudadanos respecto de la esfera internacional y las organizaciones multilaterales obedece a que se han quedado obsoletas muchas de ellas en cuanto a su organización y objetivos.


Son cambios derivados del crecimiento económico de países emergentes; de los cambios tecnológicos y sobre todo de la globalización cultural, social y económica y que sin duda afectan de manera decisiva a nuestra manera de entender nuestro posicionamiento en el orden internacional. Frente a la diplomacia de naciones del pasado, los ciudadanos y las organizaciones privadas de toda naturaleza y condición, se constituyen también en agentes activos junto a los gobiernos de la acción exterior de los países. Organizaciones no gubernamentales como Médicos sin Fronteras o Greenpeace se convierten en agentes multilaterales que actúan en la esfera internacional, y con mucha más afección de los ciudadanos, que la Organización Mundial de la Salud o los organismos que velan por el cambio climático; lo que no significa que estos últimos tengan menos importancia, ni mucho menos, pero muestran una menor vitalidad.

España está abocada también a un cambio de ciclo político; las fuerzas políticas y sindicales sobre las que se ha producido el mayor desarrollo social y político de la historia de España desde 1975, están en decadencia, agotadas especialmente por no haberse percatado de las nuevas realidades, y pretender dar respuestas antiguas a las nuevas cuestiones. Nuevos partidos se abren en el espectro político que obligarán a un juego de coaliciones políticas del que solo existe un antecedente nefasto como fue la segunda república, donde los gobiernos y las elecciones se sucedían de forma impulsiva, ante una dificultad notoria para el diálogo entre las partes y por la búsqueda de la confrontación como mecanismo de rédito electoral.

Ante este entorno, resulta esencial reconfigurar y realizar ajustes en nuestra acción exterior aprovechando los excelentes resultados del pasado y no renunciando a nuestro posicionamiento en el mundo y a nuestras alianzas que deben ser más sólidas para afrontar los retos de este siglo que apenas comienza.

LOS ANTECEDENTES Y LOS RETOS DE LA NUEVA GENERACION.

El régimen democrático de 1978 tenía muy claros cuales debían ser los objetivos de nuestra política exterior que no podían ser otros que posicionar a España dentro de los países occidentales de economías avanzadas y de regímenes democráticos y dotarla del protagonismo que su historia y capacidades económicas y culturales requería.

Desde 1898, España estuvo perdida en el mundo. Su posición de neutralidad en las dos guerras mundiales y la dictadura franquista que duró cuarenta años precisamente por el aislamiento al que todos los gobiernos sometieron a nuestra política exterior, fueron determinantes de nuestro devenir político y económico.

España quedó fuera de la construcción europea y de las alianzas militares del mundo de posguerra y también de los programas masivos de ayuda para la reconstrucción europea. Un nacionalismo español caduco reforzó la tesis de que mejor solos que mal o bien acompañados. España sólo pudo acceder a la democracia cuando murió Franco, lo que muestra que a nadie le interesó que el quinto país más importante de Europa económicamente y el segundo en extensión, estuviera sometido durante tanto tiempo a un régimen autocrático, permitiendo su permanencia.

La especial relación con Estados Unidos que surgió a partir de los acuerdos de asistencia mutua de 1953, no puede considerarse que trajera muchos frutos a España, ya que no fue hasta el convenio de 1982, que se planteó un equilibrio en una relación basada hasta ese momento en que España fuera un portaviones americano en Europa para un posible conflicto con la Unión Soviética, sin producir ventajas mayores en el terreno político o económico.

De ahí que en 1978 los retos estuvieran claramente definidos, y a ellos todos los gobiernos sin excepción se pusieron manos a la obra, y gracias a este consenso se pudieron conseguir unos resultados únicos que transformaron nuestra posición en el mundo y a su vez nuestro país y la visión exterior.

Desde el establecimiento de relaciones con países hermanos como México o Israel por razones históricas, se inició una actividad exterior sin precedentes en nuestra historia que culminó con el ingreso en la Alianza Atlántica en 1982 y en la Unión Europea en 1986. Los dos hitos más importantes en la historia de la acción exterior de nuestro país desde la política matrimonial de los reyes católicos.

 Nuestra integración europea ha sido, y es la principal fuente de estabilidad y crecimiento en España y también lo será en el futuro, si esta gran organización de ya veintiocho países sabe también adaptarse a los nuevos retos. Europa nos ha abierto los ojos y a su vez ha sido una fuente enorme de recursos gracias a la solidaridad de los países miembros con nuestros país con el fin de consolidar las reformas democráticas.

La caída del Muro de Berlín fue el gran triunfo del Oeste frente a Este, de la democracia frente al comunismo, pero abrió un nuevo frente que fue la integración de los países del Este en Europa, un proceso que no está todavía terminado y que requerirá de nuevos esfuerzos. La ausencia de enemigos estratégicos desde 1991 relegó la política exterior a una cuestión de rutina, gestión y cumbres multilaterales que solo servían para reafirmar lo acordado en la anterior, porque nada extraordinario se produjo que fuera un revulsivo que obligará a un profundo cambio de tendencia.

Incluso en el año 2000, el mundo seguía siendo claramente unipolar. Occidente, suponía 2/3 de la economía mundial y 4/5 de las fuerzas militares del globo y 9/10 de los presupuestos de investigación. Hoy todos estos ratios que fundamentaron una política mundial basada en el predominio y superioridad de Occidente están en entredicho y la crisis económica de los llamados países desarrollados unido al fuerte crecimiento económico de los países emergentes durante los siete años de larga crisis, han producido un profundo reajuste y la aparición de nuevos equilibrios de poder.

En definitiva, un mundo en profundo cambio implicará nuevos retos; la supuesta decadencia económica de Occidente frente a los emergentes nos obligará a actitudes muy diferentes del pasado. Los jóvenes que serán los adultos dentro de dos décadas, sólo han conocido el mundo tranquilo posterior a 1990; ven a la Unión Europea como algo que siempre ha estado ahí y que nos evita de tener que tomar muchas decisiones solos; pero esta visión parcial nos puede llevar a una situación mucho menos estable si no entendemos que son necesarios nuevos impulsos para mantener a España en el concierto europeo e internacional con el peso que se corresponde con su dimensión e historia. Volver al nacionalismo caduco de que lo de fuera no es importante, nos devolvería a las cavernas de las que salimos en 1975 con gran esfuerzo. Nuestra estabilidad política, crecimiento económico y desarrollo social dependen en gran medida de nuestra acción exterior, y por tanto no puede dejarse al albur de iluminados o pretender revolucionar un sistema de alianzas y equilibrios que nos ha traído paz y estabilidad, algo que no existió en la historia de la humanidad hasta nuestra generación. Nuestra permanencia activa en las instituciones occidentales es la mayor garantía de continuidad en el éxito. Pretender alterar su naturaleza u objetivos basado en circunstancias o intereses nacionales no serviría sino para ser excluidos de un club de privilegiados que viven, todavía hoy, en el continente con mayor desarrollo económico y social del mundo.

1. EL ENTORNO

El entorno el que deberá desenvolverse la política exterior española en las próximas décadas es todavía impredecible. Cada año se producen cambios o aparecen datos que cuestionan los del ejercicio anterior y todavía resulta complicado establecer tendencias. Esto nos obliga a ser muy generalistas en la definición del entorno y de sus principales características.

a) El entorno económico.

China será primera potencia económica en apenas dos décadas; y la India será tercera potencia económica en diez años. Entre los dos países suponen más de dos mil millones de habitante, casi un tercio de la población mundial. Entre las veinte economías más importantes del globo se encontrarán países que han venido manteniendo una cierta neutralidad internacional como México, Brasil, Indonesia o Nigeria. De cómo se incorporen estos nuevos actores a la dirección del orden mundial dependerá en gran parte la estabilidad en este siglo.

Sin embargo, existen dos elementos que deben ser resaltados. Europa y Estados Unidos seguirán liderando la economía mundial duplicando a China, y todavía tendrán por todo el siglo un peso determinante con una clara superioridad militar e intelectual. De las cien primeras universidades del mundo en 2014, la mitad están en Estados Unidos. De las diez primeras, siete, y las otras tres en el Reino Unido. El predominio anglosajón en la educación de élite seguirá persistiendo a lo largo de todo el siglo y por tanto las clases dirigentes mundiales continuarán marcadas por los valores del mundo anglófilo.

La caída de los precios de la energía golpeará con fuerza a muchos países emergentes, lo que unido a que todavía tienen fuertes desequilibrios sociales y económicos, supondrá que entren en una larga recesión que les lleve a abandonar los puestos alcanzados en los ranking económicos de los últimos años. Esto a su vez afectará muy negativamente a la exportación desde los países desarrollados a los que están todavía en desarrollo y que están inmersos en grandes proyectos de infraestructuras así como industriales, que seguramente se verán congelados por la evolución de los precios del petróleo y materias primas.

El crecimiento en Europa está muy estancando y lo seguirá estando durante todavía bastantes años, ya que los réditos de los avances tecnológicos de las últimas décadas se agotan y la dependencia económica a largo plazo del consumo privado resulta insostenible como factor de crecimiento. La industrialización y el sector exterior aparecen como los únicos elementos dinamizadores que pueden permitir un crecimiento sostenido para los países desarrollados. Pero el hecho de que se vaya a producir un estancamiento afectará sobre todo a los países proveedores de materias primas que verán reducida la demanda y tendrán que asumir caídas en los precios; si estos países no toman el relevo de Europa y desarrollan sus economías haciéndolas menos dependientes del monocultivo de materias primas, todo el mundo entrará en una deflación global de imprevisibles consecuencias.

El envejecimiento de la población mundial y la previsible ralentización de su crecimiento serán también determinantes del desarrollo económico de los países. Pero si resulta difícil hacer previsiones económicas a largo plazo, hacerlas demográficas es casi una quiniela. Pero si la tendencia actual como parece se agranda, para finales de siglo tendremos una población envejecida, con consecuencias económicas, sociales y políticas muy notables. Además el envejecimiento supondrá para muchos países y entre ellos España, una pérdida neta de población. Para la mitad del siglo nuestro país podrá haber perdido más de dos millones de habitantes, entre movimientos migratorios y crecimiento vegetativo,

b) El entorno político.

El mundo del siglo XXI será más estable porque el número de países democráticos es cada vez mayor. A diferencia de los años ochenta, existen pocos países sometidos a dictaduras y como señala el premio Nóbel de economía Amartya Sen con razón, las democracias nunca inician una guerra. Sin embargo no deja de preocupar que la que va a ser la mayor economía global y el segundo poder militar del mundo sea una dictadura con total ausencia de democracia. Si China no evoluciona políticamente, se convertirá sin duda en una amenaza a la estabilidad mundial. ¿Podemos imaginar que hubiera sido del mundo si Estados Unidos hubiera sido una dictadura?

Sin embargo existe otro factor perturbador que ha aparecido con fuerza en este siglo, los regímenes seudo democráticos con aspiraciones totalitarias. Estos países basan su sistema político en un culto al personalismo o a un partido único, y apenas disponen de una estructura política interna que pueda soportarlos por lo que su supervivencia en el tiempo es muy cuestionada, especialmente en los casos de algunos países musulmanes, Venezuela y Rusia. La transición de estos países a regímenes políticos plenamente democráticos será una tarea esencial de la nueva política exterior de los países desarrollados a la que España deberá contribuir de forma activa.

La crisis económica ha dado alas a los partidos populistas de extrema derecha e izquierda. Las profundas desigualdades sociales y económicas provocan que millones de habitantes, en Europa especialmente, no encuentren en el sistema político y económico satisfacción a sus demandas. Son colectivos que a diferencia del pasado, acceden a los medios de comunicación y se manifiestan; no se pueden esconder como en la antigüedad ni obviamente sería justo. Sin embargo, el acceso al poder de grupos que representan a sectores marginados políticamente que cuestionan el sistema de valores democrático y liberal es una amenaza a la estabilidad. Debe ser por tanto prioridad de una acción coordinada internacional disminuir estas desigualdades y generar oportunidades para toda la población. El crecimiento económico y las medidas que lo impulsan serán el mejor remedio para incorporar a millones de personas al mercado laboral de manera que se sientan partícipes del sistema de valores que rige en la Unión Europea.

c) El entorno de seguridad.

La política exterior nació y todavía tiene como objetivo primordial preservar la seguridad y la paz mundial. La seguridad de cada nación se ha basado tradicionalmente en el mantenimiento de un equilibrio de poder. Todavía hoy sigue siendo así. Confiar en el buenismo internacional es la mejor manera de buscarse un problema de seguridad en el mundo del siglo XXI.

Hoy vivimos en un mundo más inseguro que en el pasado reciente. Desde el colapso de la Unión Soviética, la posibilidad de un conflicto global nuclear ha desaparecido, aunque todavía hoy existen suficientes armas nucleares en el mundo para destruirlo diez veces. Sin embargo hoy la sensación de inseguridad es mayor que incluso en los tiempos de la Guerra Fría. El terrorismo golpea en nuestras ciudades, en nuestras oficinas, en nuestro transporte público. Hace cincuenta años pensar que un sirio iba a poner una bomba en el metro de Londres o un marroquí en los trenes de Madrid, resultaba casi una quimera. Hoy con la globalización, la apertura de fronteras y las corrientes migratorias sin control se nos hace una realidad diaria. El sistema de libertades y de crecimiento económico no es gratis y lleva asociadas amenazas que debemos combatir sin poner por ello en peligro el equilibrio y la estabilidad social ni nuestro sistema de valores. El principio romano de que muera la República para salvarla, no tiene cabida en el mundo de libertades del siglo XXI.

El Estado Islámico y Al Qaeda son amenazas evidentes a nuestra seguridad que deben ser destruidas. No existe justificación política o social o religiosa que justifique su acción criminal; pero a pesar de que podamos controlarlos y detenerlos, la posibilidad de ataques individuasles es y será una realidad y debemos aprender a convivir con ella, hasta que se produzca un cambio generacional o social que transforme esta realidad. El liderazgo de estos grupos terroristas y la influencia que ejercen sobre jóvenes que se encuentran en situaciones de alta vulnerabilidad, debe ser combatida, especialmente por aquellos que conviven con estos grupos, y los gobiernos deben apoyarlos en esta acción.

Pero lamentablemente el terrorismo no es la única ni la principal amenaza a la seguridad. La nueva desafiante posición de Rusia, con un programa de rearme nuclear y convencional saltándose todos los tratados internacionales constituye una seria y grave amenaza. La invasión de parte de Ucrania, como también en el pasado de Georgia, muestran un país con ambiciones expansionistas que refuerza su capacidad militar. También China continúa con su expansionismo militar y amenaza a todo el sudeste asiático, donde se concentra gran parte del desarrollo económico del mundo.  A las pretensiones hegemónicas de estas dos grandes potencias su unen Corea del Norte que insiste en su amenaza constante a Occidente gracias al apoyo de China, e Irán que todavía no ha alcanzado un acuerdo sobre su capacidad nuclear con las grandes potencias. El desarme nuclear de Irán y Corea debería llevar también al de India y Pakistán, un objetivo ineludible de la acción internacional para los próximos años. Un mundo en el que las cinco grandes potencias económicas tengan armas nucleares no parece muy deseable para preservar la estabilidad. Continuar en el esfuerzo de no proliferación y de eliminación de armas químicas y biológicas es una misión ineludible de la cooperación internacional, formando parte del capítulo de bienes públicos globales que debemos preservar.

d) El entorno social.

La incorporación masiva de la tecnología a la vida diaria ha conllevado un ahondamiento de las desigualdades sociales. Mientras que en Europa y América, Internet es un instrumento de uso diario de nuestras vidas, un tercio de la humanidad nunca ha lo ha usado. El hecho de que las tecnologías estén al alcance de todo el mundo en Occidente ha proporcionado a todos los ciudadanos un protagonismo que antes estaba reservado a las élites, de manera que millones de personas tienen la capacidad de comunicarse de forma masiva y de convertirse en sujetos activos de opinión con más influencia y rapidez que un periódico o una cadena de televisión. En España hay cincuenta personas que tiene más de dos millones de seguidores en Twitter, más que la suma de todos los periódicos vendidos en España; de ellos entre artistas y personas y entidades del deporte suman 45 En el mundo de las redes, el poder se esparce entre millones de personas. Si comparamos el poder que podía tener un jefe de gobierno hace cuarenta años con el que tiene hoy; veremos que en la actualidad la capacidad de decidir y actuar de forma unilateral o satisfaciendo a los grupos de opinión es muy limitada. El nivel de escrutinio social es inmenso e inmediato, dando poco margen para la explicación. Lo que parece se toma como verdad absoluta, y una vez divulgado, resulta imposible eliminar la mácula.

La crisis económica ha producido un retroceso en el proceso hacía una mayor igualdad de sexos; además la difusión de la información desde cualquier origen y a cualquier destino, nos traen todos los días imágenes de atentados contra los derechos, vida y dignidad de la mujer. No se puede construir un mundo sobre la base de la mitad de la población. Los países donde la mujer tiene una posición servil y carente de derechos son países más pobres e inseguros. La igualdad de derechos entre sexos es la mayor garantía de justicia, estabilidad y seguridad para todas las sociedades y este objetivo debe considerarse también un bien público global al que deben dedicarse todos los esfuerzos.

Finalmente el envejecimiento de la población que será mas acuciante en Europa y Rusia en las próximas décadas, supondrá una transformación espectacular de las estructuras económicas. Con una población envejecida, los impulsos para trasformar serán más pequeños y la mayoría de la población querrá ver atendidas sus nuevas necesidades, teniendo pocos incentivos para invertir en educación y mucho en salud, lo que llevará necesariamente a la ruina de las sociedades futuras.  La extensión de la vida laboral es condición necesaria para preservar la estabilidad social y económica. Un país gobernado por jubilados estará abocado a su desaparición. Si Europa cae en una corriente de pérdida de población gradual, ésta nos llevará a una situación de continua depresión económica que sin duda abrirá la puertas a conflictos de imprevisibles consecuencias.

2. LA POSICION DE ESPAÑA EN EL MUNDO

España es un estado conformado con sus límites actuales desde 1512, siendo por tanto la nación más vieja de Europa. Desde 1789, España es un reino con sus actuales fronteras al suprimirse el virreinato de Navarra.

El elemento que más ha caracterizado a la política exterior de las naciones ha sido su relación histórica, básicamente colonial con aquellos países que conquistaron en el pasado. Durante siglos el mundo fue Europa. África, América y gran parte de Asia eran parte de Europa. Esta relación generada durante siglos de convivencia es la que ha conllevado las especiales relaciones entre el Reino Unido y Estados Unidos y su comunidad de naciones; de Francia en el África subsahariana y así debería ser también para España, que fue potencia colonizadora de América, desde las fronteras del Canadá al Estrecho de Magallanes y en Filipinas. Este elemento de cohesión debe seguir siendo un eje de nuestra política exterior, ahora ya basada en relaciones de igualdad y de conjunción de intereses.  Hoy en día, existe una comunidad hispano parlante de más de quinientos millones de personas, de ellos cincuenta y dos millones en Estados Unidos, personas que hablan nuestra lengua que sigue siendo el principal vehículo de transmisión de la cultura y de las relaciones políticas y económicas. El español es la tercera lengua del mundo y la segunda a nivel de globalización. Semejante activo debe ser nuestra principal herramienta de internacionalización.

España es la catorceava economía del mundo, y llegó a ser la novena. Es la quinta economía europea y en extensión es el segundo país en tamaño de Europa. Es el único estado de Europa que tiene frontera con África. También forma parte activa de la Unión Europea que es la primera economía del globo y del Euro que es la segunda moneda a nivel mundial. Un país con tantos y diferentes activos no puede tener una posición exterior indiferente o anodina porque no se corresponde con nuestra realidad y porque esta actitud ha producido un profundo efecto negativo sobre nuestra realidad económica.

Conforme a los objetivos planteados en estos apuntes, debemos aspirar a establecer normas legítimas y efectivas de gobernanza global para afrontar los grandes retos globales. La cooperación en la preservación los de bienes públicos globales es la forma más efectiva de gobernar la interdependencia, especialmente para un país como España, que no tiene capacidad propia suficiente para imponer sus intereses.  España debe contribuir a la provisión de estos bienes públicos globales, en especial los que tienen que ver con la estabilidad financiera, la lucha contra la corrupción, el medio ambiente, las pandemias, el blanqueo de capitales, la seguridad alimentaria y sanitaria, la no proliferación y el cambio climático, entre otros. La definición y articulación de los medios y estructuras para la protección de dichos bienes será una ingente tarea para los próximos años.

3. OBJETIVOS

Cualquier política de estado, y la exterior no es una excepción, requiere de unos objetivo precisos producto de las decisiones políticas como país. La Ley 2/2014, de 25 de marzo, de la Acción y del Servicio Exterior del Estado, supone la primera regulación específica de la política exterior española y en su artículo segundo señala los objetivos a los que debe servir esta acción de gobierno.

1.- El mantenimiento y promoción de la paz y la seguridad internacionales;
2.-  El fomento de instituciones multilaterales fuertes y  legítimas;
3.- La promoción y  consolidación de sistemas  políticos basados en el Estado de Derecho y en el respeto a los derechos fundamentales y las libertades públicas;
4.- La lucha contra la pobreza, la solidaridad con los países en vías de desarrollo y el desarrollo económico y social de todos los Estados;
5.- La defensa del medio ambiente y la protección de la biodiversidad, la lucha contra el cambio climático y la preocupación por la seguridad alimentaria;
6.- La eliminación de las armas de destrucción masiva y armas químicas, así́ como la asunción de un compromiso activo por un progresivo desarme a nivel mundial;
7.- La construcción de una Europa más integrada y más legítima ante sus ciudadanos, que se constituye como un actor global de referencia;
8.- El fortalecimiento de la Comunidad Iberoamericana de Naciones;
9.- La seguridad y bienestar de España y sus ciudadanos;
10.- La asistencia y protección a sus ciudadanos, así́ como la protección de los intereses económicos de España en el exterior;
11.- La promoción de los intereses económicos de España en el exterior.

Todos los objetivos descritos son legítimos y es deseable su consecución. A los efectos de este informe y con el fin de agrupar y simplificar las principales políticas, se han establecido los siguientes objetivos:

a)    La contribución al proceso de construcción europea.
b)   La seguridad y la estabilidad.
c)     El fomento de las relaciones económicas.
d)    El liderazgo internacional.

La pertenencia a organizaciones políticas multilaterales como la Unión Europea y la Alianza Atlántica, constituyen el marco de referencia y de actuación sobre el que deben pivotar y coordinarse las distintas acciones de la política exterior española. No se puede entender ni se puede ejecutar una política exterior en España al margen de los principios y valores que nos hemos dados todos los países miembros de la Unión Europea y la Alianza Atlántica. Pretender que por tratarse de materias en las que las naciones preservan su soberanía somos independientes para decidir y actuar es una falacia.

a)    Construcción europea.

Europa ha avanzado en su integración en los últimos cuatro años de manera muy eficaz en el ámbito financiero y de interacción económica. La crisis financiera que ha afectado a toda Europa y en particular a los países con macromagnitudes más negativas, sólo se hubiera podido solventar gracias a la acción coordinada de la Unión Europea y del Banco Central Europeo y con la puesta en marcha de los programas de rescate que han permitido a todos los países sometidos a este proceso una salida muy acelerada de la crisis. Esta situación ha puesto a prueba la solidaridad entre los miembros y el resultado puede considerarse muy satisfactorio; el último caso de Grecia es el mejor ejemplo de esto.

Las políticas de armonización e integración especialmente de los países que se incorporaron más recientemente, están funcionando a buen ritmo, aunque con los acontecimientos de Ucrania, la aceleración de la integración económica y el desarrollo de estos países se ha convertido también en una cuestión estratégica para Europa.

La participación activa y protagonista de España en estos procesos así como en una mayor integración fiscal, social y educativa, deben ser objetivos estratégicos de nuestra acción exterior en el marco de la integración europea. Ante los retos del nuevo siglo, se necesita más unidad política lo que exige compartir unos valores comunes en toda la Unión ya que difícilmente podrán operar de forma eficiente políticas de integración si no existe un sustento político e ideológico común.

b)   Seguridad.

La seguridad colectiva como la nacional descansan básicamente en primer lugar en nuestras propias capacidades militares, y en segundo en la Alianza Atlántica y en la cooperación internacional. Superada la lacra del terrorismo separatista, todas las amenazas a nuestra seguridad proceden de fuera de nuestras fronteras, y por muy activos que seamos en la inteligencia, en la prevención y en la detección de terroristas, el esfuerzo individual de cada nación será insuficiente.

La inestabilidad en el norte de África, tanto la actual como la potencial, constituye nuestra principal amenaza, y por tanto objetivo ineludible de nuestra acción exterior es contribuir a la paz, la seguridad y la estabilidad en estos países. La relación con Marruecos y Argelia son elementos críticos en esta política, y para ello debemos fortalecer la comunidad 5+5, con una especial alianza con Italia y Francia, por razones geográficas e históricas, para establecer los lazos políticos, económicos y militares que permitan una mayor coordinación de las políticas de seguridad en la zona.

La violación de la soberanía nacional de Ucrania por Rusia ha supuesto un paso cualitativo hacia un nuevo entorno estratégico en Europa. La Alianza Atlántica y la Unión Europea tienen una clara responsabilidad en proteger a los países democráticos de Europa y deben enviar señales inequívocas de su resolución en mantener el status quo y respetar los acuerdos internacionales.

Descansando nuestra seguridad nacional en las alianzas militares, y en especial en la Alianza Atlántica, debemos ser agentes activos en las mismas acorde con la dimensión del país. En este sentido, España debe hacer converger sus presupuestos de defensa y seguridad a los de nuestros socios para no ser pasajeros sin billete de nuestra defensa, lo que merma entre otros aspectos nuestra soberanía y credibilidad como nación.

La seguridad energética es otro gran objetivo de la acción exterior; España tiene en este campo grandes vulnerabilidades, siendo por tanto un objetivo de indudable valor garantizar la seguridad del suministro de energía a nuestro país, lo que pasa por la diversificación de las fuentes, la interconexión energética con Europa y la instalación de más capacidad de generación eléctrica en nuestro país

c)    Fomento de las relación económicas.

Decía Lord Palmerston que Inglaterra no tiene aliados eternos ni enemigos perpetuos. Pero nuestros intereses son perpetuos y eternos, y al servicio de estos intereses debemos encomendarnos.

El crecimiento económico de Europa, o al menos una base muy importante está fuera de nuestras fronteras; en el caso de España es lo mismo. Objetivo esencial de nuestra política exterior debe ser el mantenimiento de nuestros actuales socios comerciales; la consolidación de aquellos mercados que todavía son incipientes, y la apertura a países en los que nuestra presencia es mínima y que tienen un peso económico creciente, especialmente África. Siendo el único país europeo con frontera terrestre con el continente, no se justifica una desatención a todo lo que está ocurriendo en esta área y por ello debe intensificarse la acción exterior dadas las ventajas que pueden extraerse para nuestro país de un mercado de más de mil doscientos millones de personas y con un gran potencial en el campo agrícola, ganadero y minero.

El crecimiento de nuestro sector exterior está ligado a nuestra acción exterior y en consecuencia todos los medios de la diplomacia deben estar a este servicio.  En este marco, la protección de los españoles y de sus inversiones allá donde se encuentren, constituye una prioridad dentro de esta política.

d)   Liderazgo

Cuando una nación tiene una lengua que hablan quinientos cincuenta millones de personas; tiene una larga tradición de amistad con nuestros hermanos de América y también con el mundo árabe y además cultiva los valores de la democracia y libertad, debe ejercer su liderazgo en el mundo y en especial en lo que podemos denominar áreas de influencia bilateral.


España debe ser valedor de los principios democráticos y de respeto a los derechos humanos y buscar que éstos sean una máxima en la acción de los gobiernos, especialmente en America Latina. La ayuda al desarrollo y la solidaridad deben ser asimismo elementos que contribuyan a esa función de liderazgo. España no puede ni debe renunciar a ejercer este liderazgo, ni a que se difuminen su acción y sus intereses en las instituciones multilaterales de las que somos miembros.

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