jueves, 26 de marzo de 2015

¿DÓNDE ESTÁ CIUDADANOS?

En los últimos días hemos escuchado a dirigentes del Partido Popular hablar de Ciudadanos como de un partido de izquierdas; y a Pedro Sánchez hablar de un partido de derechas. Estas declaraciones que tienen un claro objetivo electoralista para posicionar al partido de la Ciudadanía donde más les conviene, sin embargo, traen al primer plano del debate cómo diferenciar a los partidos políticos en cuanto a sus propuestas y trasfondo ideológico, y en particular dónde debería posicionarse al partido de Albert Rivera dentro del espectro político.


A mi juicio el debate de izquierda y derecha está ya muy caduco desde la aceptación de la economía de mercado por los partidos de la izquierda y del estado de bienestar por la derecha. Pero si centráramos el debate en el papel del gobierno en la sociedad, que sin duda constituye una de las discusiones básicas de la política; podríamos decir que la derecha y la izquierda han defendido a un estado fuerte e intervencionista mientras que a medida que nos acercamos al centro, ya sea por un lado o por otro, encontramos un mayor equilibrio entre sociedad civil y estado. Son los partidos liberales de centro que existen en Europa los mayores defensores de la libertad y los derechos individuales frente a las injerencias de los gobiernos. El liberalismo moderno, tan lejano del clásico, como el partido socialista lo está de Marx o el Partido Popular de Canovas, conjuga dos elementos básicos de la tradición europea; la creencia en la capacidad del individuo como motor y agente económico y como titular indiscutible de derechos básicos e inalienables, y la necesidad de actuar desde el estado para corregir los fallos del mercado y promover una mayor igualdad. El liberalismo con grandes desigualdades no sólo no es sostenible, es que condena a una gran parte de los individuos de una sociedad a no poder disfrutar de los derechos que como individuo, los liberales defienden y promueven.

Si uno quisiera marcar algunas diferencias entre Partido Popular y Ciudadanos, debería comenzar por señalar que el PP representa una tradición conservadora que se nutre de elementos de la democracia cristiana y neoconservadores, a lo que muchos llaman eufemísticamente liberal-conservadores. Pero son estos liberales los que nacionalizan empresas; incrementan el sector público, suben los impuestos y pretenden regular muchos aspectos de la vida de los ciudadanos. Bajo esta óptica conservadora, el discurso de la igualdad sólo se explica desde la base de crecimiento económico que con un poco de suerte salpique a los más desfavorecidos.

En contraposición, un partido de centro progresista de bases liberales tiene como objetivo la eficiencia del sistema económico y del funcionamiento del gobierno, sin estar predeterminados de estructuras ideológicas. En principio se confía más en la iniciativa privada y en el mercado para el desarrollo económico, y cree que el estado debe adelgazarse y dejar un amplio campo de acción a los ciudadanos. Sin embargo, la reducción de las desigualdades exige de políticas activas lo que no significa transferencia pura de rentas, sino de la introducción de mecanismos e incentivos que generen oportunidades mayores a los más desfavorecidos y establezca unos mínimos de renta admisibles para una comunidad que pretende que todos los ciudadanos hagan parte del sistema económico y de valores.

Un segundo campo procede del campo de derechos y libertades. Los conservadores siempre han puesto en contraposición los derechos y deberes en una especie de trade off, en el cual se pueden sacrificar derechos en beneficio de otros, en una valoración que el propio gobierno establece. Para los liberales no hay trade off posible entre derechos. Los casos de conflictos deben resolverse respetando derechos básicos como la libertad de opinión, expresión, a la vida, integridad y dignidad. Escasos deben ser los límites al ejercicio de estos derechos por muy ambiciosos o legítimos que sean los bienes que se pretendan amparar o fomentar. Las leyes restrictivas de estos derechos no forman parte del campo de acción de un partido liberal. En este terreno, un partido liberal es laico; respeta los valores religiosos pero no se funda en ellos para su acción política. El liberalismo hunde sus bases en la construcción europea que nace de Grecia y tiene su cimiento ideológico en la Ilustración y no puede negar las bases racionalistas en las que ésta se ha basado. 

Finalmente en el campo de la economía, un partido liberal aboga por unas finanzas públicas equilibradas que se endeuden para invertir y generar riqueza para el futuro. Apuesta por las reducciones de impuestos en la medida que contribuyen al crecimiento económico; es decir menos impuestos para tener más bienestar. Gastar lo que no se tiene en bienestar hoy supone trasladar la carga de este dispendio a las generaciones futuras, que no podrán ya absorber ni el gasto ni disfrutar del bienestar, y nuestro compromiso con las generaciones futuras debe ser guía de la acción política de un partido de centro.

En esta línea, un liberal defiende una estructura territorial descentralizada para una mayor eficiencia de la gestión; apoya el derecho de comunidades y municipios a tener un papel muy relevante en la vida política y económica nacional sobre los principios de autosuficiencia financiera y de solidaridad. Pero el desarrollo político o administrativo de los poderes territoriales no puede limitar y perjudicar al derecho a la igualdad de todos los españoles ante la ley y sus instituciones, vivan donde vivan; y  poder ejercer sus derechos sin más limitaciones que las que marca la constitución y la Ley. No admite reinterpretaciones sesgadas de la Constitución que dañen el soberano derecho a la igualdad de todos los españoles ante la ley.

En definitiva, creo que un partido de centro, reformista y liberal tenía un hueco esperándole en el escenario político español, que sin duda va a traer aire fresco a la política española y los ciudadanos decidirán donde posicionarse. Pero disponer de opciones políticas diferenciadas con raíces ideológicas fuertes y pragmáticas en su aplicación, sin duda enriquecerá la democracia y ayudará a su regeneración.






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