domingo, 7 de junio de 2015

PACTOS PARA GOBERNAR



El cataclismo al que nos han conducido las últimas elecciones locales y autonómicas han generado ya dos efectos que tardarán años en corregirse. Uno es el supuesto fin del bipartidismo que dentro de un año añoraremos como el menos malo del sistema de partidos ante la inestabilidad general en la que se va a instalar España. Es segundo, será el final de las elecciones autonómicas nacionales, modelo que salvo p alguna excepciones se mantenía desde 1983, ya que el menos cinco gobiernos autonómicos se verán abocados a elecciones anticipadas, terminando en un disperso calendario electoral que será un desastre para la gestión de los intereses de las comunidades autónomas.

Pero llegados al momento tan anhelado por algunos de los pactos, no deberían los partidos perder el objetivo, por muy mediatizado que esté por las elecciones generales, de gobernar, mejor dicho administrar los inmensos recursos y las obligaciones de cada comunidad y ayuntamiento, lo que en el estado más descentralizado del mundo no es un tema menor.

Tratándose de pactos para administrar, y tomando en consideración el escenario político, existen a mi juicio tres criterios que deberían regir estas negociaciones. En primer lugar, más allá del tactismo político que no beneficia al ciudadano, gobernar en coalición o con apoyos requiere de un programa común que no puede ser diferente de aquél con el que cada formación política acudió a las elecciones; lo contrario sería la mayor de las corrupciones y un fraude a los ciudadanos, aunque por semejantes delitos nadie será imputado, que terminaría pasando factura. Leyendo los programas de los partidos nacionales y nacionalistas, me queda muy claro que existe un mínimo común entre partido socialista, Ciudadanos y Partido popular muy superior a cualquier otra combinación política.

En segundo lugar, existe mayor confrontación por el liderazgo de la izquierda que en la derecha. Si el PSOE abandona su programa y principios para gobernar con Podemos, para qué hace falta un desnaturalizo PSOE. Una alianza PSOE Podemos sería equivalente a una entre el partido popular y la Falange Española, y ¿Qué diría en este caso la izquierda del partido popular?

En último lugar, los resultados presentan una gran oportunidad histórica, de esas que tanto han escaseado en nuestra historia. Una alianza nacional entre los partidos constitucionalistas dejaría al nacionalismo de todo tipo y región sin poder en la gran mayoría de regiones y ayuntamientos. Si se superan las diferencias y los partidos son capaces de articular una estructura de poder constitucional durante años, habrán hecho un gran servicio a la nación. Además dejaría a los antisistema de izquierda y derecha como residuales., se generará una gran estabilidad y confianza en la recuperación económica. Seguro que existen diversas combinaciones que permitan a los grandes partidos salvar la cara teniendo altura de miras.


Si el PSOE cree que podrá gobernar con Podemos, habrá caído en el síndrome Kerensky o Hindenburg; cree que podría moderar a los más radicales, para terminar con estos instalados en el poder. Es Pedro Sánchez quien tiene la pelota en el tejado. Lo ocurrido en Valencia no es para ser muy optimista pero siempre hay tiempo para enmendar errores.

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