viernes, 19 de junio de 2015

YO ACUSO A PEDRO SANCHEZ

"Señor: ¿Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha? 

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica... ¡Pero qué mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino-puede imprimir este abominable proceso Dreyfus. Y no hay remedio; Francia conservará esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.”

Con estas directas palabras Emile Zola acusaba al presidente de la República francesa, de haber cometido un crimen social como ahora le reclamo al secretario general del PSOE. 

El partido socialista en 1977, decidió superar los viejos prejuicios y optó por incorporarse a la aventura de la transición para superar los viejos conflictos que nos habían llevado a una guerra civil y a una dictadura; y la sociedad española se lo recompensó con un largo gobierno de cambio y estabilidad en los que España se incorporó a la Unión Europea y a la Alianza Atlántica; la sociedad se desarrolló en libertad y solidaridad con un amplio consenso social. Además se diseñó el mayor proceso de descentralización de la historia contemporánea europea. Como no podía ser de otro modo, hubieron muchas sombras, pero no se le puede negar a los socialista el compromiso con los principios básicos de nuestra nación: la democracia, la monarquía y la unidad de España.

Pero para lo que no estaba preparado el PSOE era para el retorno de la derecha democrática al poder que había quemado muchos cartuchos en la transición, y que además lo hiciera con normalidad; el PSOE había llegado a creerse que el único cambio posible era el que ellos protagonizaran; pero la derecha no podía capitalizar y prolongar los grandes éxitos de la etapa socialista que en el fondo son propiedad de todos los españoles. Que en España gobernara la derecha iba contra el sentido por el que habían luchado muchos durante años.

Desde ese momento, el PSOE solo tuvo una estrategia; ningunear y evaporar a la derecha, para asegurarse el monopolio de la democracia y del estado de bienestar. En esta deriva pactó con independentistas en Cataluña, se sumó a los movimientos nacionalistas y coqueteó con los movimientos castristas y chavistas de America Latina. No dudó en sacar los viejos fantasmas del pasado a través de la memoria histórica para recordarnos, en su versión, de dónde venimos y quien era el culpable de todos los males que aquejaron a España desde 1936. 

Pero al PSOE le faltó la habilidad y visión de los partidos socialdemócratas europeos, y tardó en adoptar las medidas necesarias para evitar la profunda recesión en la que España se vio envuelta en 2008; cuando se llegaba a afirmar que el que dijera que estábamos en crisis era un antipatriota. Fuimos conducidos a un caos, y fue este desastre el que llevó al PSOE a adoptar políticas forzadas desde Europa, el que trajo el triunfo del partido popular. Es decir otra vez venía la derecha a deslegitimar todo el esfuerzo de monopolización democrática del partido socialista.

Ahora, su nuevo líder toma el relevo del zapaterismo y está dispuesto a reeditar cualquier fórmula que saque a cualquier precio a la derecha de las instituciones, y para ello no existen límites. La llegada de los movimientos de ultraizquierda, anarquistas que se oponen al cumplimiento y el respeto de la ley; sectarios que alaban a regímenes totalitarios; que no dudan en mofarse de todos los que no son como ellos; que pretenden instaurar un régimen de apartheid frente a los que no piensan como ellos, han alcanzado el poder en la gran mayoría de los municipios, y solo existe un responsable de que los que reniegan de la transición y de la unidad de España hayan alcanzado el poder que las urnas no les ha otorgado; el partido socialista obrero español. No pueden mirar hacia otro lado cuando veamos los comportamientos y actitudes de los concejales y alcaldes de Podemos, no pueden sentirse ajenos a las decisiones que adopten, no pueden ser ecuánimes cuando prefieren pactar a nivel nacional con los que pactan con Bildu que con un partido democrático, que defiende la Constitución, pero que resulta que es la derecha, contra la que siguen luchando como si ninguna lección de normalidad democrática hubiéramos aprendido en todo este tiempo. 

Para Pedro Sánchez, el enemigo no es el independentismo que apoya en Barcelona; ni el nacionalismo que permite que gobierne en muchos ayuntamientos a colaborar con un partido nacional, ni los que hasta hace muy poco infringían las leyes y ocupaban ilegalmente propiedades privadas, ni los que se mofan de los asesinatos en masa del nacionalsocialismo a los que ahora apoyan; su único enemigo es el partido popular y todos los que no se unan a su cruzada son tildados de antidemocráticos, neoliberales y opresores sociales. El único responsable de que España esté en manos de los que no creen en España ni en sus instituciones ni en su Constitución, es el partido socialista obrero español. Todos aquéllos que algún día en el pasado fueron los autores de aquel socialismo nacional e integrador y hoy permanecen callados, son los que tuvieron la ocasión de evitarlo y prefirieron el silencio a la valentía de exponerse a un partido que aspira a crear una gran alianza de la izquierda radical para derrotar en las generales al partido popular. Una alianza que iniciará en revisionismo del sistema politico lo  que nos llevará a un escenario muy diferente de aquél que la Constitución de 1978 contribuyó a crear. Una vez más podemos perder el tren de la historia por nuestros propios errores y de este crimen social yo acuso a Pedro Sánchez. Si el partido socialista está en esta deriva, lo lamentaremos, pero estoy seguro que muchos en ese partido histórico tampoco entienden nada de lo que está pasando.

Que gran ocasión histórica se ha perdido para España de que los dos grandes partidos moderados se aliasen para parar los pies a los extremismos y a los nacionalismos. Una vez más predominan los intereses particulares sobre los nacionales y las consecuencias otra vez pueden ser irreversibles para España y los españoles. Po lo menos debemos esperar que sean honestos en su presencia política y acudan en coalición a las próximas generales con Podemos e izquierda Unida; por lo menos que no engañen al electorado y asuman los riesgos o las ventajas de ir juntos en unas elecciones, para que no se usurpe la democracia con mayorías que no fueron elegidas por los ciudadanos. 






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