martes, 7 de julio de 2015

LA ESTRUCTURA DE LA TRAGEDIA GRIEGA

Basta con echar un vistazo a la estructura de las tragedias griegas en especial a Sófocles y Eurípides, para entender lo que ha acontecido entre las Instituciones y Grecia en los últimos seis meses y conocer el final de la historia. Esta sería la obra magna de la nueva literatura griega, “ Los dieciocho contra Tebas".

Prólogo: Durante décadas los griegos vivieron por encima de sus posibilidades acumulando déficits que se fueron financiando gracias al endeudamiento provocado por una época de dinero fácil y barato. Sus socios veían animados, sin mucha averiguación, como eran destinatarios de muchas compras que los griegos realizaban con el dinero prestado. Es cierto que Grecia ya había estado en quiebra en otras ocasiones, pero nada fue obstáculo para que se fueran acumulando deudas por valor de casi 300.000 millones de Euros. El 200% de su PIB. Obviamente los griegos engañaron a sus aliados en sus cuentas para entrar en el Euro, y buscaron fórmulas ingeniosas para endeudarse saltándose los mecanismos de control del banco Central. La Unión Europea que tenía la convicción de que les engañaban, siempre pensó que podría controlar a los políticos griegos y que acabarían devolviendo todo lo debido. Los griegos no pagaban impuestos y tenían beneficios sociales que envidiarían muchos de los habitantes de los países acreedores, y vivían por encima de sus posibilidades con un ejército costoso y temido, mientras que los pobres apenas podían comer y pagar la luz. Llego Edipo Tsipras al poder y dijo que de acuerdo olvídense; que quería dinero a cambio de nada, o mejor dicho, que si no se le premiaba a Grecia por sus incumplimientos se iría con Esparta, es decir con Putin. Los aliados cercanos y lejanos de allende los mares, se comenzaron a poner nerviosos ante semejante órdago y aceptaron sentarse a negociar con el nuevo gobierno. A día de hoy todavía no saben a ciencia cierta qué están negociando.




La Párodos.  Pasaban los meses, se incumplían los plazos y parecía que Tsipras quería llegar al último momento para forzar un acuerdo beneficioso a sus intereses. Creía que el miedo sería más fuerte que la necesaria credibilidad de los aliados. Pero enfrente no tenía a un español o italiano sino a un holandés, un luxemburgués y unos alemanes, que aprendieron hace siglos que las obras buenas tienen premio y las malas tienen castigo, y que sobre esta base se ha construido y así debe seguir siendo. Tsipras enviaba a su Aquiles, el de la lengua ligera, para amedrentar a los dieciocho, pero no tenían estos griegos la fortaleza y él animo de los antiguos. 

Así que en el último momento, Tsipras se levantó de la mesa, regreso a la Acrópolis e imbuido en la túnica de Pericles convocó un referéndum, para que los griegos opinasen sobre una propuesta técnica del Eurogrupo, que apenas entendían los votantes, que eso sí se encaminaron victoriosos a renegar de los dieciocho. Como Alejandro, pero esta vez el enano, creían que conquistarían el corazón de los pobres del sur; pero entendieron que todos estas paupérrimas naciones tenían mucho miedo de que los hombres del norte les exigieran a francos, itálicos o hispanos lo mismo que a los lusos o los Erines, de manera que nadie les apoyó. Como no podía ser de otra manera los atenienses votaron contra sus aliados

Los Episodios.  Tsipras, Draghi y un holandés de nombre impronunciable intercambian diálogos dramáticos que van in crescendo. A su alrededor el coro aplaude, critica, grita. Los griegos del coro abuchean al holandés y al italiano cada vez que hablan de sacrificios y de ajustes. Pero los otros del coro, no dejan hablar a Tsipras porque no aporta nada nuevo. Quiere que le quiten una parte de la deuda; pedir más dinero sabiendo que no lo devolverán, y ampararse en la voluntad de su pueblo, como si la de los demás no contara. Cuando los personajes esperaban una propuesta para llegar a un acuerdo en 48 horas como prometió Tsipras; éste llegó con las manos vacías. No tiene argumentos económicos o técnicos, solo quiere acudir a los grandes reyes aliados para llevar el problema a un terreno político. El chantaje de: " o me ayudan o reniego de esta alianza". Recuerden, que ya les llamó terroristas. Ninguno de los europeos quiere tomar solo una decisión tan grave. Para decir que sí se bastan pocos pero para decir que no, hace falta una gran voluntad y unidad. Así que la gran jefe le dice al griego; el domingo nos reunimos todos; tu nos traes una propuesta y ya sabes lo que queremos decir, y aquí te decimos si tendrás que partir para el exilio o quedarás entre nosotros. Los coros cada vez están más tensos. Todo el mundo quiere un acuerdo, pero nadie está dispuesto a valorar cuánto cuesta. Mientras, los europeos del coro, ven a sus líderes como juegan con su dinero, que también lo necesitan en sus bolsillos para complacer a un tramposillo, a un tahúr.

El exodo. Tsipras no entregó nada nuevo y solo repetía una y otra vez que él representaba la voluntad de los griegos y que nadie debe proponer ni aceptar un acuerdo contra la democracia ateniense. Los demás observan atónitos como Tsipras marcha de la sala con Bonolotos, su nuevo ministro, hacia el éxodo.

Fin de la obra.


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