sábado, 25 de julio de 2015

LA GUERRA DE ERDOGAN

Los recientes ataques al estado islámico por parte de las fuerzas armadas turcas no deben solo valorarse como una represalia al ataque en el que murió un soldado fronterizo turco; constituye sin duda un salto cualitativo de primera magnitud y se enmarca en la escalada expansionista turca que aspira a reconstruir el viejo imperio otomano en el Oriente Medio. 

Por una parte, no cabe duda que Turquía por capacidad militar, decisión y cercanía se halla en óptimas condiciones para derrotar al estado islámico en Siria e incluso a todas las fuerzas rebeldes desgastadas por años de guerra civil. No puede ocultarse la tradicional ambición turca de controlar Siria, de manera que su frontera con Oriente Medio sea más segura y de paso controlar a su enemigo tradicional, los kurdos de Irak, que están recuperando protagonismo en la lucha contra el estado islámico, dada la incapacidad de actuar de forma conjunta a chiítas y sunitas.

El movimiento turco también debe enmarcarse en el nuevo ambiente generado por el acuerdo con Irán. Se trata de las dos grandes potencias que aspiran a controlar la región. Turquía aspira al control de los territorios más moderados como Siria, Jordania y Egipto, apoyado por Estados Unidos; e irán aspirando a controlar el sur de Irak y mantener su liderazgo y amenaza sobre los países del Golfo. Entre estos dos grandes gigantes, Arabia Saudita debería ver con buenos ojos el contrapeso turco a Iran, donde se generarían una confluencia de intereses.

A pesar de que Turquía ha evolucionado hacia un islamismo más extremista, sigue siendo la sociedad más democrática y secularizada del Islam, es miembro de la alianza Atlántica y sin duda el mejor aliados en la región. Erdogán ha entendido que tiene mucho más que ganar de su alianza con Estados Unidos contra los extremismos que pretender aparecer como cómplice de organizaciones terroristas criminales como el DAESH, vista la porosidad de la frontera turca del sur.

Turquía se convierte ahora en un objetivo preferente del estado islámico, pero el gigante no se va amilanar por estos ataques y por cada atentado que sufra, sus tropas se lanzarán con más fuerza contra los extremistas. Incluso la creación de una franja de seguridad en la frontera con Siria, serviría para mejorar las condiciones de seguridad y estabilidad en la región.

Con la ayuda turca y la cada vez más evidente eficacia norteamericana en la persecución de líderes extremistas, la amenaza del DAESH se irá diluyendo; sin embargo los problemas subyacentes quedan sin resolver y en particular la viabilidad y futuro de Irak. Aunque cada vez parece más evidente que la división del país en dos regiones, una chiíta en el sur y otra sunita en el norte sería la única solución. Una vez más los kurdos serán los grandes sacrificados, ya que ni a Turquía ni a Iran les interesa un estado kurdo independiente que amenazaría también la integridad de sus países. Veremos en los próximos meses hacia donde conducen los acontecimiento.

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