jueves, 23 de julio de 2015

REFERENDA Y REBELIONES.



No hay verano sin su serpiente, y éste nos toca el tema de las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre, planteadas como algo así como plebiscitarias por los independentistas catalanes. En los últimos días parece que las posiciones se radicalizan ante la proximidad de los eventos, aunque la mayoría de la gente está más preocupada por llegar a final de mes o por irse de vacaciones.

Los nacionalistas se han inventado una fábula que no solo se creen sino que además piensan que es posible y legítima. Parten de un primer y gran postulado erróneo; Cataluña no es sujeto de soberanía, por lo que no puede decidir por si misma sobre la unidad de España o su independencia. Les guste o no, la única forma que tiene Cataluña de independizarse es a través de una voluntad mayoritaria del conjunto de los españoles o por la fuerza de las armas. Cualquier otra opción no es  posible.

Los nacionalistas catalanes podrían haber optado por seguir la vía constitucional y solicitar una modificación constitucional, pero eso le generaría dos problemas. Uno, que fuera el conjunto de los españoles los que declarasen la independencia de Cataluña aun contra la voluntad de los catalanes; y la segunda admitir que este pasteleo no puede ser manejado por unos pocos partidos y entidades regionales y tendrían a Coalición Canaria opinando sobre la independencia de los antiguos condados

Los nacionalistas se han imaginado un escenario en el que en sesión solemne se reúnen en cortes y votan la independencia y salen y lo celebran en las calles; toman pacíficamente los edificios públicos, los colegios, los hospitales, y a legislar. No se puede imaginar un escenario más grotesco.

En este hipotético proceso habría tres actores.

Los que promueven esta rebelión violando la constitución y la soberanía nacional. Aunque Artur Mas se escudará en que él no es el primero de la lista independentista. Todos ellos serían a prori reos de un delito de rebelión al alzarse con violencia y públicamente para declarar la independencia de una parte del territorio nacional. Las penas correspondientes no son precisamente cortas, hasta veinticinco años de prisión e inhabilitación absoluta por ese tiempo. Asimismo si pretendieran sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del gobierno también estarían incurriendo en el mismo delito.

Si la rebelión se ejecuta con el uso de fuerzas armadas, el mando que no impida el ejercicio de la rebelión será castigado a penas de prisión de dos a cinco años, asimismo.

Finalmente están las autoridades que no hayan resistido a la rebelión conforme al procedimiento previsto en el código penal, intimación a los sublevados para disolverse y uso de la fuerza de que se disponga para disolverlos, que incurrirán en una pena de inhabilitación absoluta de doce a veinte años, y aquí la lista podría ser muy larga.

Como decían los latinos dura lex, sed lex. Lamentablemente pareciera que en una sociedad pacífica y democrática con un amplio régimen de libertades, quiere buscarse el enfrentamiento y la ruptura para resolver supuestos agravios o problemas que disponen de suficientes cauces para su resolución. Sin embargo, niel gobierno ni los tribunales pueden inhibirse de actuar contra un movimiento secesionista llevado a cabo de una forma violenta. La ley solo se puede saltar conforme a sus procedimientos o de forma violenta; en el estado de derecho no cabe no violar la Constitución de forma pacífica y sin consecuencias.

El gobierno, a la vista del resultado de las elecciones, podría adoptar asimismo la suspensión del gobierno autonómico si lo aprueba una mayoría cualificada del Congreso evitando así la culminación de este proceso de rebelión.  Los partidos deberán o bien votar la suspensión de la autonomía que incumple o bien dos meses más tarde deberían votar si se persistiera en la rebelión, medidas de mayor calado y gravosas, que seguro no quieren adoptar.

Pero el estado de derecho, la Constitución y el respeto a la democracia demandan una actitud enérgica en la defensa de la legalidad, y no cabe la inhibición o mirar hacia otro lado. Los independentistas quieren llevar a los catalanes a una vía sin salida. Con su pretendido referéndum, Artur Mas va a conseguir lo mismo que Tsipras, poner al pueblo griego, en este caso al catalán, en peor situación que la que tenía antes y la factura no la sufrirán los socios de Pujol, sino la gente trabajadora y emprendedora catalana. Tampoco ellos pueden inhibirse en estos momentos, si no quieren acabar pagando el pato.


El régimen de autonomía, libertades y prosperidad que tiene Cataluña ni tiene antecedentes en Europa ni en la historia. Ha supuesto la mayor reivindicación del nacionalismo catalán tradicional defensor de la singularidad de Cataluña dentro de España y Europa. Quien viva en Cataluña no puede alegar que sienta el ahogo del españolismo, lo que sin duda no pueden decir los que se sienten españoles en Cataluña. Siempre le llegan a los pueblos los momentos de grandes decisiones, y siempre deben abogar por un futuro mejor. A los griegos ya los engañaron con su referéndum independentista de Europa; que no le pase a los catalanes lo mismo

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