sábado, 19 de septiembre de 2015

CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD: LA PRIVACIÓN FORZOSA DE LA NACIONALIDAD.


 Lo que diferencia en términos de derechos sociales y políticos a un ciudadano español de uno de Nigeria es la nacionalidad. Ésta nos proporciona el marco de protección jurídica que requerimos los ciudadanos para evitar las ofensas, los abusos y los crímenes de terceros. Gracias a ser ciudadanos españoles podemos trabajar, ir al colegio, recibir la sanidad, disponer del derecho a la libre elección de sexo, a votar a nuestros representantes, la libre expresión. Hasta tal punto es referente la nacionalidad que durante siglos todo el mundo ambicionaba ser ciudadano romano, sujeto de derecho y también de obligaciones como su culminación como persona.

Existen numerosas razones por las que una persona puede ser privada de su nacionalidad con dos excepciones; nadie puede privarnos de nuestra nacionalidad originaria y mucho menos obligarnos para mantener los mismos derechos y deberes, a adoptar una diferente. Una acción así discriminada contra un colectivo reúne todas las condiciones para ser calificada como un crimen contra la humanidad. Simplemente perseguir este objetivo, constituye uno de los delitos más abominables que una sociedad puede sufrir, como bien saben los millones de ciudadanos del imperio ruso que fueron privados de su nacionalidad y derechos constituyendo el mayor genocidio de la historia reciente.

El nacionalismo catalán pretende cometer un delito de bárbaras consecuencias. Obligar a una parte de su población a perder forzosamente su nacionalidad de origen, la española para adoptar la catalana por decreto. No les van a dejar opinar, simplemente una mañana se levantarían sin ser españoles. Despojados de su nacionalidad por un gobierno que no duda en saltarse la constitución y las leyes para obtener sus fines. ¿Qué confianza o seguridad puede proporcionarnos un gobierno que no duda en cometer delitos y saltarse la legalidad para cumplir sus fines?

Si deciden mantener la española, si es que pueden, deberán dejar sus puestos de trabajo en la administración pública, dejarán de tener los mismos derechos que los trabajadores catalanes, los pensionistas perderán sus pensiones y los desempleados sus prestaciones.

En definitiva lo que se pretende es cometer un delito mayúsculo en Cataluña, privando forzosamente de su nacionalidad a una gran parte de la población, creando ciudadanos de primera y segunda clase con distintos derechos, violando derechos básicos que la Constitución garantiza a todos los españoles. Quien puede creer que España va a ser el aliado natural y el socio que una Cataluña independiente tendría en Europa, cuando comete contra sus ciudadanos un delito de semejante magnitud. Pensar que esto es posible es una quimera del nacionalismo catalán. Harán falta generaciones para olvidar semejante barbarie.

 ¿Como reaccionarán aquellos que van a sufrir semejante atentado?. ¿Permanecerán impasibles? Acudirán en masa a los programas de catalán forzoso para tener derecho a un empleo o un trabajo digno? ¿Deberán acudir los jóvenes a servir de forma forzosa en las fuerzas armadas catalanas jurando fidelidad a una bandera que pudiera terminar enfrentada a aquélla bajo la que nacieron? ¿Por qué tantos documentos y estudios para crear una fuerzas militares catalanas sino es para intimidar a los díscolos del interior y amenazar a sus vecinos y como cualquier movimiento nacionalista iniciar su expansión territorial por el sur y el norte? El nacionalismo catalán pretende crear un estado catalán incluyendo desde el Rosellón hasta las Baleares y ya echa sus redes entre sus partidos títeres en la Comunidad valenciana, como otros movimientos de igual signo hicieron en el pasado en la antigua Yugoslavia o en la Austria y Checoslovaquia de los años treinta.

¿En pleno siglo XXI queremos volver a las guerras del nacionalismo del siglo XIX que tantos millones de muertos sembraron sobre Europa? ¿ Nos hemos olvidado de Monstar o de Sarajevo? ¿No hemos aprendido que en libertad y en convivencia todo hemos ganado y que esto del nacionalismo en la era de la  globalización es una memez que no conduce a ningún sitio?


Esperemos que la sociedad catalana opte por soluciones moderadas e integradoras. Si Artur Mas y sus aliados acuerdan declarar la independencia ilegítima e ilegal, no tardará mucho tiempo en estar sentado no en el Tribunal Supremo de Cataluña, donde parece que ni siquiera le citan a declarar un año después de interponerse una renqueante querella, sino en el de la Haya.

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