miércoles, 23 de diciembre de 2015

ANTE EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO: LA GRAN COALICIÓN.


El 23 de febrero de 1981 por medio de la violencia se secuestró la voluntad popular con el fin de que se eligiera un gobierno al margen de los procedimientos democráticos, del estado de derecho y violentando la soberanía nacional. Que todo estos mismos principios se pretendan violentar mediante el fraude de ley de utilizar los votos contra la Constitución, no altera la naturaleza golpista de la intención y esto es en definitiva lo que pretende hacer Podemos con sus ERC, Convergencia y sus socios de marca en Cataluña.

Cuando hoy Pedro Sánchez anunciaba que formaría un gobierno progresista sabe perfectamente el precio de Podemos y los nacionalistas catalanes a dicho acuerdo, y a pesar de ello prefiere el PSOE otra vez la aventura del radicalismo. Un proceso constituyente al margen de la Constitución actual para terminar con la soberanía nacional y sustituirla por una pretendida soberanía regional que es el fondo lo que late cuando Pablo Iglesias habla de estado plurinacional, que supone además de una conducta delictiva un intento del golpe de Estado contra la democracia que representa la Constitución de 1978. No se pretende otra cosa por mucho maquillaje que le pongan, que romper España y el estado social y democrático de derecho de 1978, sin saber muy bien a qué horizonte nos lleva todo esto. Porque una vez que un gobierno se salta la ley para conseguir sus objetivos, ¿Dónde están los límites?


En un país donde imperase la justicia rápida y donde la democracia se defendiera con autoridad, ni ERC ni Convergencia hubieran podido presentarse a las elecciones, ni tampoco Podemos. Los partidos que pretenden una revolución al margen de la ley para conseguir sus fines políticos no pueden jugar ni beneficiarse del juego limpio de la democracia. Ya tenemos muchos ejemplos en la historia de prácticas semejantes y sabemos como terminaron.

Pero el PSOE de Sánchez está más en las trincheras de la lucha contra la dictadura de Franco que en la realidad económica y social de la España de 2016, y por muchos puntos comunes que existen con la derecha, subsiste un genoma socialista que sigue viendo a la derecha como el enemigo al que hay que batir a cualquier precio.

Ante semejante amenaza, los partidos que defienden el modelo constitucional, la economía de mercado, la pertenencia a Europa, el respeto a la ley y a la soberanía nacional tienen la obligación de reaccionar. Por estas razones la propuesta que Albert Rivera debería haber llevado el lunes al presidente Rajoy debería ser ir a unas nuevas elecciones en coalición entre Ciudadanos, Partido popular y las fuerzas regionalistas que comparten este ideario. Once millones de votos son un argumento de peso para ir juntos en unas nuevas elecciones para la defensa de España. Si el PSOE de Sánchez quiere hacer lo propio con sus compañeros de Podemos y con ERC puede hacerlo, total ya lo hizo hace diez años en Cataluña con el tripartito, la verdadera causa del auge del independentismo en Cataluña y no el gobierno generoso con Cataluña del partido popular.

Un programa común que defienda la unidad de España, una política económica mas solidaria en el marco de la necesaria austeridad que nos fija el sentido común, el contrato único, un nuevo modelo de poder judicial y una  gestión pública impoluta que persiga la corrupción, aunarán a una gran mayoría de españoles a su alrededor. No es momento para modificaciones constitucionales ya que necesariamente éstas necesitan del consenso con el partido socialista, pero seguro que se puede cerrar un paquete legislativo que satisfaga a una gran mayoría de españoles que vayan desde la socialdemocracia al conservadurismo, dejando apartadas aquellas cuestiones que no generen suficiente consenso y no sean esenciales para mejores momentos.

Llegar a formar un gobierno no debiera ser tarea difícil para unos partidos que no difieren en lo básico, en lo que ahora realmente importa que es la defensa de la unidad de España y la continuidad de las reformas para la salida de la crisis. Un gobierno al que deberían sumarse independientes y de terceros partidos y pongo cuatro nombres encima de la mesa, José María Fidalgo, Mario Vargas Llosa, Fernando Savater y José Antonio Marina. Viejos socialistas como Joaquín Leguina, Nicolás Redondo, Alfonso Guerra, Rafael Escuredo, todos convencidos de la defensa de los valores básicos de nuestra democracia deberían sumarse a esta iniciativa; también los socialistas que comparten estos principios tienen una responsabilidad histórica con su país. Rajoy en la lista por Madrid, Rivera por Barcelona, presidente y vicepresidente del nuevo gobierno. Garicano ministro de economía, visto el cariño que le tiene The Economist y sin duda es una figura de prestigio. En el partido popular hay muchos excelentes candidatos también que sumarían al proyecto de forma decisiva.

Un gobierno de salvación nacional que generaría un gran consenso social y económico a su alrededor para la defensa numantina de nuestros valores; para convencer a todos que desde el centro y la moderación es más fácil construir una España donde quepan todos y no desde el enfrentamiento y los extrarradios de la ley.


Si la socialdemocracia, el centro y la derecha no se unen en estas circunstancias extraordinarias, que luego no vengan las lamentaciones, porque ya será muy tarde.

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