lunes, 21 de diciembre de 2015

EL PP TIENE UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA Y LA PERDERÁ


Aunque todos sabemos que en la noche electoral no hay derrotados, cuando pasan los días y el análisis se vuelve más sereno y se escudriñan los resultados, sus causas y sus consecuencias, surgen conclusiones que pueden ayudarnos a comprender qué futuro le aguarda a nuestro país en este 2016..

La primera conclusión es que la palabrería de los debates televisivos y las discursos vacíos son cosa del pasado, ya no sirven en esta nueva etapa en la que deben pactarse acuerdos muy complicados, y aquí son los partidos tradicionales con estructuras, experiencia y sobre todo unos cuadros mucho más capaces los que tienen más que ganar. La segunda conclusión es que a los denominados emergentes no les ha ido tan bien como para condicionar los cambios que anhelaban. Podemos es una amalgama de siglas y movimientos y con al menos cuatro grupos parlamentarios, incluyendo los que deberán ceder a Izquierda Unida para formar su propio grupo. Podemos solo puede aspirar a apoyar a Pedro Sánchez y comenzar su proceso de fagocitación al que siempre el PSOE sometió a todos los movimientos que surgían a su izquierda. Si se mantiene en el antisistema, su debilitamiento será aún mayor ya que el voto que no sirve para gobernar es el más inútil. Ciudadanos se encuentra desorientado, con apenas cuarenta diputados que no sirven para dar mayorías y sin discurso político y sobre todo con un gran fracaso, de ser potencial primera fuerza en Cataluña a ser testimoniales en su comunidad de origen. Si Ciudadanos quiere afianzarse en Madrid, necesita un discurso político y económico menos improvisado y más coherente que a mi juicio pasa por abrazar el liberalismo en su estado más europeo, menos estado, menos impuestos, más libertad de mercado y una apuesta por una política institucional en el interior y en el exterior reforzada.

Los partidos emergentes que aspiran como han declarado a grandes modificaciones constitucionales o de leyes electorales no podrán dar por satisfechas sus demandas porque no habrá posibilidad de aprobar una sola ley, incluyendo la de presupuestos de 2017. Es decir deberán zafarse a fondo en el mundo de los reglamentos que apenas tienen trascendencia pública.



El partido popular entendió perfectamente este escenario y por eso aprobó un presupuesto y varias leyes esenciales con sus prisas, especialmente para blindar al estado contra el proceso independentista catalán en un entorno de desgobierno en Madrid. España puede sobrevivir seis meses más con un gobierno en funciones del PP, hasta las elecciones de finales de abril. Sin embargo el Partido Popular que aspiraba a alcanzar una mayoría con Ciudadanos le ha fallado Rivera ya que son los escasos resultados del partido naranja los que han alejado esta posibilidad.  Diez diputados le han faltado a Albert Rivera para haber consolidado esta potencial mayoría.

El partido de la gaviota tiene una gran oportunidad. Su victoria política, quizás no le sirva para gobernar pero parafraseando a Pedro Sánchez le ha liberado del yugo de la acusación política por los casos de corrupción. El Partido Popular ha perdido tres millones de votos que han ido a Ciudadanos que son prestados y ahora les tocará a los dos partidos disputárselos. Si el Partido Popular hubiera retenido un millón de ese votos hoy estaríamos hablando de Rajoy como presidente del gobierno. Es decir el PP tiene una buena oportunidad en las próximas elecciones con la izquierda más dividida de la historia, casi por mitad, pero la echará por tierra.

No va a ser Mariano Rajoy quién recupere los votos marchados a Ciudadanos, y lo lamento, porque en perspectiva y con muchos errores quizás no se pudo hacer una política diferente, pero ya hemos visto que sacar a un país de la crisis y crear un millón de puestos de trabajos no son suficientes para revalidar el gobierno. La gente necesita ilusión, optimismo, entender que se supera la etapa de los Barcenas, rato, Púnica, Gurtel etc. Una gran mayoría social necesita creer en una nueva imagen del centro-derecha refundado con un nuevo líder y con más ilusión, con mas cercanía a la gente y sus problemas, y no forzada en las dos últimas semanas de campaña sino como la nueva forma de hacer política. Es necesario transmitir una imagen de diálogo que la sociedad siempre requiere y sin barreras previas. La gente cree que cuando los políticos hablan entre ellos no se pegan y esto les infunde tranquilidad.

El Partido Popular tiene una gran oportunidad, liderar el nuevo proceso político, si no lo hace será devorado por los nuevos tiempos y lo pagaremos todos los españoles que necesitamos de la continuidad de las políticas reformistas y de disciplina presupuestaria y de un partido con experiencia para las amenazas a nuestra seguridad y a nuestra integridad. En una hora tan crítica para España en la que los podemitas sueñan con pactar con los independentistas una hoja de ruta hacia la desintegración nacional, en la que el Partido Socialista aspira a liderar a esta izquierda tomando como propios gran parte de sus postulados radicales, que el Partido Popular pueda devolvernos a la senda de serenidad y de crecimiento económico con una visión más liberal, integradora, moderna, abierta y sobre todo más cimentada en sus principios básicos pasa indefectiblemente por un cambio de liderazgo y el Congreso de enero es el momento para el que ha sido un gran presidente tenga esa altura de miras y le deje al partido el protagonismo para un futuro que puede ser prometedor. Si Rajoy concurre a las próximas elecciones volverán los fantasmas del pasado y  se habrá perdido una gran oportunidad, quizás la última.


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