martes, 29 de diciembre de 2015

JUEGO DE TRONOS

He de reconocer que me sorprendió que Pablo Iglesias le regalara al rey Felipe VI una edición de Juego de Tronos, sin embargo a la vista del actual panorama político, resultaba premonitorio de lo que iba a acontecer.

Estamos asistiendo a una contienda partidista que no política sin precedentes en la historia de nuestra democracia. Y digo partidista porque las estrategias no son ideólogicas o pragmáticas sino que se basan en un juego por ocupar los distintos tronos del poder político en España, y esta nueva versión del Risk nos va a llevar indefectiblemente a unas nuevas elecciones que van a despejar lo suficiente el panorama para la nueva legislatura que comenzará en mayo.

La coalición podemita no es tan homogénea como pudiera parecer y ya tenemos a dos figuras luchando por el trono de la izquierda radical. Por una parte a Ada Colau, que aspira a liderar el gobierno catalán con el apoyo de las CUP, ERC y su propia coalición podemita catalana, y que no va a dejar que Pablo Iglesias ponga el derecho de autodeterminación como moneda de cambio para un gobierno de izquierda socialdemócrata en España. Pablo Iglesias necesita afianzar su liderazgo y para ello debe mantenerse en su posición; pensar que el PSOE va a poner en práctica políticas como el plan de emergencia social; que sus ex altos cargos que mandan mucho en el partido abandonen su puestos en las grandes empresas y maquillar el supuesto derecho a decidir, es ser muy ilusorio o tener una exclusiva ambición de poder, que sería el principio del fin de Pablo Iglesias y de Podemos. A su vez Iglesias aspira al trono de la izquierda verdadera y para ello nada mejor que Pedro Sánchez sea destronado de forma inmisericorde por sus barones, reproduciendo la fractura que el PSOE lleva aguantando desde que Felipe González dejó el gobierno.

El trono socialista estaba arrendado a Pedro Sánchez, que por un tiempo se creyó rey cuando era solo regente. Los que mandan en el partido ya cuentan los días para la dimisión de Pedro Sánchez, algo parecido a lo de Borrel; de ninguna manera Sánchez va a dar una batalla perdida en un congreso donde todo está muy bien atado y no precisamente por sus colegas de dirección. El PSOE quiere recuperar las esencias de 1982 y no las de 2004, y precisamente del éxito de esta operación dependerá que el PSOE pueda volver al gobierno siendo el partido más votado, es decir por la puerta grande.

En Ciudadanos el problema es más grave; lo único que hay es un trono sin reino, como mucho, algunos pajes bienintencionados pero muy lejos todavía de ser una fuerza sólida. De momento vive de prestado y siguen con declaraciones que asustan a una gran parte de su electorado. La abstención para que gobierne Podemos sólo puede entenderse si los principios políticos que inspiran al partido de la ciudadania son papel mojado. Facilitar el gobierno de separatistas y sobre todo de gobiernos que no comparten nuestra visión liberal europea, sería el último error político de Albert Rivera. Como reino incipiente necesita de aliados para crecer; si insiste en permanecer fuera de las responsabilidades de gobierno esperando a ganar unas elecciones, me parece que el trono naranja perdurará bien poco, lamentablemente.

En el partido popular, la situación política, las incertidumbres y los miles de cargos que se han quedado sin sueldo y sin responsabilidad política en las distintas administraciones, hacen que el trono esté tranquilo. Nadie quiere asumir ese cáliz ahora que es tan débil y necesitado de grandes acuerdos. El reino también está tranquilo. Aunque el rey emérito del partido intente remover conciencias, ni siquiera la suya es lo suficientemente comprometida para promover una alternativa. Otra cosa sería que una coalición de izquierdas con la complicidad de los separatistas se hiciera con el trono nacional; en este caso los herederos al trono comenzarán a hacer sus cábalas, pero deberán ser rápidos porque en un par de años estaremos votando de nuevo. En este escenario seguramente el rey Rajoy pensará en la abdicación en su delfín, y si éste es el caso, más vale que vaya preparando el terreno porque en el reino popular no quieren a la heredera sino a un joven barón que compita con criterio, con sentido de estado, con principios liberal conservadores bien afianzados y capaz de unir al reino en un Proyecto Común.

Veremos cuantos personajes se quedan en este juego de tronos. De momento el que saca pecho con su trono es Felipe VI, que ese sí es de verdad. La autoridad del rey, que será tan necesaria en estos momentos, se manifiesta en ese trono, que simboliza la historia de España. Sin embargo, su trono depende de lo que hagan los demás lamentablemente. Esperemos que Felipe VI sea el primer rey en más de 300 años que no perdió un territorio de soberanía nacional durante su ejercicio, porque sí es así hasta el trono de la jefatura de Estado será puesto en cuestión. No son tiempos para frivolidad o para intereses egoístas; los que así actúen serán los primeros en perder sus tronos.

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