miércoles, 9 de diciembre de 2015

LA AMARGA VICTORIA DE RAJOY

Mariano Rajoy ganará las elecciones del próximo día 20 de diciembre y lo hará por una diferencia mayor de la esperada, seguramente los datos del CIS podrían confirmarse, aunque se trata de un ejercicio de adivinación que no podrá constatarse hasta el día 20 por la noche. Sin embargo, será la victoria más amarga que habrá tenido un presidente de gobierno en España, mucho más amarga que la de Felipe en 1993 o la de Aznar en 1996. Entonces el comodín nacionalista permitía en el contexto del bipartidismo, conformar mayorías de gobierno estable. Ahora, la guerra por las próximas elecciones comenzará el día 21 y la víctima será España. El gran problema de la próxima legislatura es que no hay en ningún partido que no gane las elecciones una estrategia cooperativa. Todos tienen más que ganar dejando al país sin una mayoría estable que apoyando bajo la fórmula que se determine, al partido mayoritario.

Quizás por este hecho, el Partido Popular aceleró el paquete legislativo en este final de año, sabedor de que ninguna ley importante podrá aprobarse en el próximo congreso. Alcanzar un acuerdo sobre una cuestión de estado será tan difícil que apenas habra iniciativas legislativas, y sólo debemos esperar acciones administrativas y mucha declaración política vacía de efectos jurídicos.

Por mucho que lo vistan de estrategia, cuando un partido con su voto o abstención propicia que gobierne un tercero, a esto lo llamamos pacto, y esta necesaria decision de todos determinará como serán vistos por el electorado de cara al futuro.

Para Ciudadanos, a mi juicio la mejor estrategia es pactar un acuerdo de formar gobierno con el PP. Si hace parte del gobierno romperá el estigma de la falta de experiencia y podría asumir un protagonismo en determinadas políticas que sin duda redundaren en una solidificación del partido como una opción de gobierno alternativa al PP. La única manera para que Ciudadanos sea partido mayoritario sería a costa de una caída vertiginosa del partido popular y ese trasvase solo sería posible si el partido de Albert Rivera se mostrara como una alternativa de centro experimentada. Si decide apoyar desde fuera, como en Andalucía y Madrid, le salpicarán todas las críticas y apenas se evaluarán los efectos positivos de su apoyo. Los logros y los fracasos son del gobierno, del que apoya solo se miden sus fracasos.

Si Ciudadanos no deja gobernar al Partido Popular y provoca unas nuevas elecciones, implicaría un daño enorme para sus intereses electorales; ya que muchos de sus votantes no compartirían esta estrategia de la vieja política como suele decir Rivera.

El partido socialista tiene todavía más difícil su salida. Ninguna opción permite pensar en un gobierno PSOE y Ciudadanos, y editar un nuevo tripartito a quien más pasaría factura sería a Ciudadanos, pero en segundo lugar al PSOE atrapado por la simbología y el tirón de un Podemos en el gobierno. Además con un liderazgo cuestionado, nadie en el PSOE le va a permitir a Pedro Sánchez apoyar a un gobierno que no esté liderado por él.

Podemos tiene clara sus opciones; apoyar al PSOE le plantearía problemas indudables de imagen, pero si esta fuera una opción, la izquierda no dudaría en una alianza. Sin embargo esta alternativa a la vista de los sondeos no parece realista. Mi impresión es que la izquierda es la gran derrotada de la crisis, ya que los votos sumados de Ciudadanos y partido popular están cerca del 50% del total del electorado, mientras que la izquierda se mueve más cerca del 40%.

A nadie le queda duda que la crisis iniciada en 2007 e ignorada al principio por intereses electorales por el PSOE, ha sido la más grave en España en los últimos cincuenta años. Quien ha debido gestionar esta crisis estaría revalidando su victoria; y esto es un gran triunfo para Rajoy. Si recordamos el 15 M, la crisis de comienzos de la legislatura, la subida de impuestos, el auge de nuevas formaciones, y estamos hablando hoy de una potencial victoria del PP; parece casi un milagro.

¿Que supondría la victoria de Rajoy? en primer lugar amortizar politicamente todos los casos de corrupción. Liberado parcialmente de esta losa y ante un entorno económico favorable, la estrategia del partido popular debería pasar por una legislatura máximo de dos años y un nuevo candidato a la presidencia. Mariano quedaría como el gran salvador del partido en un contexto muy complicado que dejaría el terreno abonado bien para una nueva generación con Soraya o dos generaciones con Pablo Casado, éste último con mucho más apoyo dentro del partido. 

Pero será una presidencia de gestos y reglamentos, sin posibilidad de articular un consenso y si el partido popular sabe manejar esta situación podría sacarle un buen rédito. Ni siquiera se hallará un consenso para el problema secesionista de Cataluña; y ésta a mi juicio es una excelente noticia. Sin acuerdo político, solo cabe una opción, aplicar la ley y ésta será la mejor herramienta para acabar con el problema político. Devolver a los independentistas catalanes la confianza en un proyecto común es una tare ardua y de generaciones, pues muchos catalanes llevan muchas generaciones manteniendo sus ansias soberanistas. Pensar que este sentimiento se va a terminar por tener más competencias o ceder más es un error. Lo que hace falta es mucha más transparencia e información para terminar con el argumentario del nuevo independentismo que supone que a los catalanes le irá mejor económicamente siendo independientes. Siendo esto falso y demostrable, solo quedarán los sentimentales que quieren ser independientes al precio de convertirse en Albania, como es el modelo de la CUP.

Para Ciudadanos, la mejor opción seria gobernar con el partido más votado. Cuando se habla de pactos y consensos de lo que se habla es de gobernar, no de asomar la patita y que otros carguen con el muerto. Albert Rivera tendrá la gran oportunidad de ser un vicepresidente con posibilidades de promoción o bien terminar como el CDS fagocitado por izquierda o derecha. 

Veremos el día 21 si toda esta especulación se va al garete o tiene sentido.

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