miércoles, 16 de diciembre de 2015

QUIEN SIEMBRA VIENTOS RECOGE TEMPESTADES

Todavía Pedro Sánchez no se ha percatado del regalo que le hizo Rajoy ofreciéndole un debate a dos cuando ya estaba defenestrado por la opinión pública según las encuestas y por su propio partido que espera que llegue pronto el próximo lunes para superar la pesadilla. Rajoy no solo no acudió al debate a cuatro otorgándole una ventaja al supuestamente candidato más sólido, sino que además se pone en bandeja para hacer frente a un aluvión de críticas que era esperado a menos de una semana de las elecciones. Otra gran aportación de Arriola a la sociología política.

El presidente esperaba que Rato, Bárcenas, la desigualdad, hasta la acusación de genocidio que veladamente deslizó Pedro Sánchez al ligar las cien mil muertes a la política liberal de Mariano Rajoy, siendo deleznable, podía formar parte del juego político en el debate.

Sin embargo la estrategia desesperada de Sánchez no tenía como objetivo movilizar a su electorado, ni aparecer como más radical para evitar la fuga de votos por la izquierda; tampoco era demostrar ante su partido sus dotes de liderazgo. Su problema es que él es así. No tiene otra concepción de la política porque no da para más y por ello apenas le quedan unos días para el despido procedente, éste sí que no será diferido. 

En esta campaña hemos descubierto que Pablo Iglesias, Garzón y Rivera tienen muchas más hechuras para ser presidente del gobierno. Gobernar es pactar y trabajar; y para ello las formas son esenciales. Pedro Sánchez se ha desacreditado para gobernar nada que exceda de su comunidad de vecinos, donde me cuentan que tampoco es muy apreciado.

El nerviosismo de Rajoy en el debate era porque no alcanzaba a entender cómo podía el candidato socialista echar a la basura semejante oportunidad. Si todo el planteamiento político de Sánchez para el futuro es pedir explicaciones a Rajoy de porqué no dimitió hace dos años, ya se le acabó la gasolina. Su problema es que padece de un síndrome agudo zapateril donde pueden más las hormonas  que el pragmatismo. Mientras el socialismo siga empeñado en curar viejas heridas de hace ya tres generaciones, más convencidos estarán los jóvenes españoles de que hay que buscar otras alternativas.

Pero además Sánchez olvidó un principio esencial de la política: la responsabilidad moral. El comportamiento de los referentes en la sociedad debe ser impecable, y en particular de las altas magistraturas de la nación. Basta que un jugador de futbol o un presidente haga una declaraciones fuera de tono para que acaben echando al rio a un aficionado del equipo contrario unos desalmados que no tienen cerebro. Por la misma razón nadie como el candidato socialista puede ponerse en la televisión ante otro candidato en plan matón; mal educado; faltón, faltando al respeto a la ciudadanía que espera ver cómo los políticos resuelven sus problemas. Si en lugar de una actitud dura, seria pero constructiva se opta por el insulto en impunidad y con publicidad, no debe extrañarnos que un energúmeno acabe tanto un puñetazo al presidente. 

Esta era la vieja política de la segunda república y de los años del matonismo de Fuerza Nueva, cuando sus líderes añoraban las persecuciones del franquismo y sus cachorros salían a la búsqueda del rojo. Estos son los tiempos que teníamos olvidados pero que siempre alguien se empeña en rememorar. Menos mal que el domingo dará por cerrado este capítulo lamentable de la historia del PSOE, y que todos aprendan de los errores y sepan guiarse por el camino de la responsabilidad y la educación.

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