viernes, 29 de enero de 2016

Davos2016 ¿ Hay vida después de la deuda?


La tercera gran amenaza que Davos2016 ha señalado a la estabilidad económica mundial es la crisis de la deuda que se ha convertido en un problema mundial. Cualquier indicación de que esta deuda no se pague no solo es devastador en términos económicos, sino que nos hemos acostumbrado a vivir de esta manera insensata que algún día acabará por estallar.

Desde 2008 hasta el día de hoy, las grandes economías mundiales han pasado de tener una deuda pública de 20,5 billones de euros hasta los 35,6 billones actuales, lo que supone un aumento del 73,75% y 16 billones de Euros de incremento. En el mismo periodo el PIB mundial ha crecido en 15 billones de Euros. Este dato nos da una idea del volumen del problema que se está generando.

Los datos por países son muy llamativos. En España el crecimiento ha sido del 141% desde los 0,44 billones hasta los 1,06 billones que soportamos en nuestro país hoy en día. Sin embargo, hay dos grandes economías que nos han superado en rapidez de crecimiento de su deuda pública. En primer lugar en el Reino Unido donde el aumento en esos siete años es del 179% desde los 0,83 billones hasta los 2,30 billones. Pero a la cabeza de todos se encuentra Estados Unidos con un volumen de deuda pública de 13,6 billones ahora frente a los 7,28 billones que soportaba a finales de 2008, 6 billones de Euros de incremento, casi un 100%. Este dato por si solo explica que el crecimiento de estos años tiene los píes de barro. Conservadores, liberales, demócratas unidos en el esfuerzo de endeudarse más.

Dentro de los grandes países europeos, el menor aumento en este periodo se ha producido en Alemania con un 29% más de deuda. Le sigue en austeridad Italia donde ha aumentado un 31% con más de 2,2 billones de euros, en tanto que en Francia ha crecido un 55%. Es decir las grandes economías continentales han hecho mucho mejor los deberes y aguantado mejor las tensiones macroeconómicas que el Reino Unido.

Pero todos estos incrementos de deuda sobre el PIB que se han producido en siete años de crisis evidencian el escasísimo efecto que han tenido en mejorar las economías. Eso sea, tal vez, lo que explique los resquemores que muestran los mercados y sus principales actores, los inversores. Estamos inyectando queroseno para mover una motocicleta que apenas se mueve. Con estos ritmos de crecimiento, las posibilidades de recuperar lo prestado se antojan muy complicadas. Es decir que todo este volumen gigantesco de deuda no ha servido para un mejor apalancamiento, ni para incrementar el PIB, sino para pagar gastos corrientes y en muchos casos pensiones, sanidad y desempleo. Es decir que estamos manteniendo el estado de bienestar gracias a la tarjeta de crédito. Solamente nos salvan los bajos tipos de interés, pero apenas un incremento de dos puntos significaría la quiebra de muchos países europeos y la imposibilidad de atender a todos los compromisos sociales de los gobiernos. Como la única opción de los gobiernos occidentales será incrementar los impuestos para mantener el tremendo nivel de gasto, vendrá más recesión y la quiebra segura de la gran mayoría de las economías occidentales. Y muchos se preguntan cómo es posible que los gobiernos vean este tema con tanta frivolidad, ¿Por qué no existen motivos de preocupación? La razón es que el problema es tan grande que preocuparse por el crash de la deuda es como preocuparse por los efectos colaterales del holocausto nuclear.

A estas gigantescas cifras de crecimiento de la deuda habría que sumar el mal comportamiento del endeudamiento privado durante la crisis, aunque sus males ya venían de la excesiva liquidez de los años anteriores a la crisis. Aunque aquí hay vasos comunicantes ya que buena parte de la deuda privada acaba siendo asumida por el Estado en forma de rescate de entidades financieras, incluso la deuda se compra con más deuda con lo que existe deuda duplicada, y el efecto en cadena puede ser devastador.

El mundo está hoy más ahogado de deuda que antes del estallido de la crisis financiera en agosto de 2007 y el riesgo de inestabilidad perdurará por mucho tiempo. La deuda global en relación al producto interno bruto es hoy mucho más abultada de lo que era hace siete años. Entre los veintidós países más importantes económicamente y las economías emergentes más boyantes, la deuda total ha aumentado en 57 billones de dólares, pasando de los 142 billones de dólares de fines del 2007, a los 199 billones de dólares a mediados de 2014, casi tres veces el PIB mundial.

El endeudamiento en manos de los ciudadanos, empresas y gobiernos se elevó al 286% del PIB mundial, frente al 219% de 2007. Más que reducir su deuda, las principales economías están hoy mucho más endeudadas que antes de la crisis y esto genera nuevas amenazas para la estabilidad financiera dado que podría socavar el crecimiento mundial y llevar al mundo a la quiebra. La deuda desempeña un papel fundamental en los ciclos de auge y caída, y una deuda muy elevada en condiciones de estancamiento económico aumenta las fluctuaciones y las vulnerabilidades de la economía. La deuda aplastará los ciclos alcistas de la economía, por lo que cada vez más los momentos de crecimiento serán más cortos y los de depresión mayores.

Los países donde más se ha disparado la deuda en este periodo son Irlanda, donde creció hasta un 172% con relación al PIB entre 2007 y 2014, seguida de Grecia (171%), Singapur (135%) y Portugal (130%). En España, donde antes de la crisis la deuda pública se situaba en torno al 34%, aumentó al 99 por ciento. Pero es en China donde la deuda casi se triplicó entre 2007 y 2014 hasta llegar al 300 por ciento del PIB, principalmente por el abultado volumen de la deuda financiera y el explosivo desarrollo de la banca en la sombra. Este dato es el que más incertidumbre genera en la economía mundial ya sea por aflorar un crecimiento económico ficticio o por el tamaño de la burbuja y el efecto de un pinchazo descontrolado. El déficit publico chino cercano al 10% muestra que la economía china está sufriendo fuertes revesas.

El caso de Japón también es inquietante. La nación más endeudada del mundo tiene una relación deuda/PIB del 400 por ciento. Desde 2007 la deuda subió 64 puntos porcentuales, confirmando que sus problemas son anteriores al estallido de la última crisis. Sus costos de endeudamiento siguen siendo asombrosamente bajos, lo que se refleja en la deflación de sus precios y en la fuerte demanda interna de bonos del gobierno. La tercera economía del mundo también es una gran incógnita dado que la abultada deuda ha menguado su fortaleza y además son los propios japoneses los tenedores de la gran mayoría de esta deuda.

Existen pocos indicios de que la trayectoria creciente de la deuda vaya a cambiar en el corto plazo y este hecho puede abrir nuevas vulnerabilidades en el sistema financiero. La mayoría de las economías siguen acumulando déficits públicos y requiriendo de más endeudamiento. Los altos niveles de deuda hacen imposible normalizar la política monetaria sin interrumpir la economía real. La Reserva Federal de Estados Unidos ha decidido esperar a ver qué pasa en los próximos meses para actuar. Si hace un mes las presiones eran para incrementar los tipos hoy la apuesta sería mantener o rebajar ante los temores de recesión.

Los mercados de bonos y acciones de países emergentes se encaminan a un nuevo año de fuertes salidas de capitales, generadas por un crecimiento global desacelerado y un alto endeudamiento corporativo.

La madurez del ciclo expansivo y la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de subir los tipos de interés ha llamado la atención de los inversores que podrían inundar a Estados Unidos de la liquidez que huye de las economías emergentes. Parece que el ciclo alcista de la economía norteamericana toca a su fin y ahora los inversores están a la expectativas buscando dónde invertir sus fondos lo que no es fácil ya que no existen economías en ebullición, y las emergentes ahuyentan a los inversores hoy en día.

 La subida de tipos fortalece al dólar, lo que también ha precipitado la huida del dinero de algunos países emergentes sobre todo Latinoamérica para apostar por la seguridad de Estados Unidos, una vez más refugio y salvavidas de las debilidades de su economía. Esta fuga masiva, quizás la mayor en las últimas décadas, está llevando las divisas de las economías emergentes a suelos nunca conocidos con un gran empobrecimiento de esos países que parecían comerse a las economías desarrolladas en los últimos años.

Pero como siempre se dice las crisis son una gran oportunidad. En el mercado hay mucha liquidez ávidos de proyectos y economías estables que apuesten por el futuro económico basado en un modelo productivo diferente; quien haga bien los deberes podría resultar muy beneficiado, pero generando riesgo político y económico mínimo.

La crisis de deuda en un entorno de deflación y sin crecimiento, es un escenario pavoroso a largo plazo ya que no existen incentivos para hacer las correcciones que se requieren, y este camino es inexorable. Podemos estar como Rómulo Augústulo que sin haberse percatado de los doscientos años de recesión del Imperio estaba a punto de meter a toda la civilización en los oscuros siglos de la Edad Media.

El caso español es todavía de los más graves, y teniendo en cuenta que España lidera el ranking de países con quiebras soberanas con catorce, la última en 1882, la corrección de los desequilibrios es una prioridad máxima. No podemos confiar que el viento nos será favorable los diez años que necesitaremos para estabilizar la economía, alcanzar una tasa de paro de un dígito, y rebajar la deuda a las posiciones anteriores a la crisis. Ya estamos perdiendo un tiempo que podremos lamentar en el futuro y los efectos serán devastadores comparados con los que implicarían impulsar ahora políticas de ajuste y de eliminación del déficit público.




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