lunes, 11 de enero de 2016

DE CÓMO PUIGDEMONT TOMÓ POSESION DE LA ÍNSULA DE BARATARIA Y DEL MODO QUE COMENZÓ A GOBERNAR

Una vez que el nuevo gobernador preguntó porqué le llamaban Barataria a su ínsula, le contestaron que debía ser por lo barato que le había costado el gobierno. Y así debió ser porque el nuevo gobernador andaba con su señor don Artur, áquel que veía cíclopes españoles donde solo había molinos, y nunca había aspirado a mayor cargo que servir a su amo; pero su señor al que los vientos independentistas que procedían de Andorra le hacían distorsionar la realidad a su antojo, decidió que, viendo a los compañeros del aventura y lo que le pedían, mejor que su acólito Puigdemont tomara posesión de la ínsula, no fuera a ser que acabará en la cueva del dragón a recaudo de San Jorge (Fdez Diaz).

El primer día todo fueron parabienes para el gobernador que estaba orgulloso de ser la cabeza de la ínsula, aunque en el fondo él no sabía todavía qué era una ínsula. 

El primer día mandó llamar a su gobierno para ver por dónde comenzaban a transformar su nuevo territorio. Pero no lo encontró. Llamó entonces a su señor y le dijo que le había dado un reino sin gobierno; pero su señor llamó al gobierno y éste apareció. –No te tienes que preocupar de nada; yo te diré qué has de hacer. –Como el gobernador no quería problemas entendió que mucho mejor que su señor continuará gobernando en la sombra.

Un día llegaron unos hombres y mujeres de apariencia muy variopinta; al principio se asustó al verlos, pero se tranquilizó cuando le dijeron que eran de los suyos, aunque no entendía muy bien en qué momento su señor había confundido a estos personajes con señores dignos para el gobierno. Pero enseguida se dio cuenta de que eran buena gente, hasta tal punto que decidió llevarlos a presencia de su señor; pero entonces aquellos hombres le dijeron que no querían ni señores ni gobernadores sino repartirse el poder. Puigdemont no entendía nada; por un lado su señor tenía el poder y por otro lado también se lo querían quitar. Pero no le importó mucho porque seguía siendo gobernador.

Un día se decidió a legislar y dijo, –Quiero que mis ancianos tengan una seguridad social propia porque así les pagaré mejores pensiones. –Entonces llego un druida de la tribu de amplios bigotes y le dijo que de pagar más nada de nada; que la ínsula está en quiebra. –Bueno pues que cobren menos, pero se lo pagaré yo. –Pero entonces apareció un cíclope de cuatro ojos con barba que le dijo que no podía hacerlo. Puigdemont se molestó pero no cejaba en su empeño. Los personajes de aspecto llamativo protestaron porque eso no era lo acordado. Entonces decidió construir un muro y separar a aquellos hombres que habitaban en las casas de los siervos y no en el palacio de su señor. Ahora la ínsula era un poco más pequeña, pero no le importó.

Entonces dijo, –Pues al menos quiero que mis ciudadanos tengan educación y salud propia. –Llegó el druida y le dijo que eso ya lo tenían pero que además el cíclope les garantizaba que no faltaría dinero, lo cual era mucho mejor porque en la caja no había pujolines que era la nueva moneda que quería crear. Le había dicho el druida que con esta nueva moneda el bono estaría al tres por ciento y aquello le pareció que era muy buena noticia para la ínsula. Puigdemont comenzaba a estar molesto, pero como le había salido barato el gobierno pues tampoco le importaba mucho.

Pero como no quería equivocarse más decidió llamar a su señor y preguntarle por dónde debería comenzar su gobierno y sin equivocaciones. Su señor le dijo. –Debes convocar a tu pueblo y pedirle que te aclame y así nadie podrá detenerte. –Aquello le pareció una buena idea y acudieron gentes de toda condición. Les preguntó a todos –Qué queréis que haga? Sin embargo fue incapaz de entender lo que le decían porque cada uno deseaba una cosa distinta. Así decidió escuchar sólo a aquellos que le decían lo que quería oír. No le importaba que no fuera la mayoría; total no había conseguido el gobierno democráticamente sino muy barato.

Así que decidió construir un muro para separar a los que no pensaban como él de manera que quedaran fuera de la ínsula. Sólo se quedaría con los que le decían lo qué querían escuchar. Y de pronto se dio cuenta que solo tenía la mitad de la ínsula; pero no le importó porque ¡Total le había salido tan barato¡Luego llegaron algunos amigos de su gobierno que le habían parecido también pastores al principio, y le dijeron que como no había comenzado a gobernar que le retiraban su apoyo porque les había engañado. Por más que intentó explicarles que no era culpa suya, al final tuvo que construir un nuevo muro para separar a estos que no le apoyaban. Ahora la ínsula era todavía más pequeña pero no le importaba, ya saben porqué.

Cuando llamó a los que todavía le apoyaban unos le dijeron que lo importante era el ejército; otros que la justicia y otros que las fiestas. Como aquello era un galimatías decidió hacer un muro para quedarse sólo con los muy muy amigos. Ahora la ínsula era muy pequeña, pero aunque molesto no le importaba mucho.

Ahora podría hacer lo que quisiera y decidió crear un gran banco para que las empresas pusieran todo el dinero allí. Pero cuando por fin aprobó la ley se dio cuenta que la mayoría del dinero y de los bancos se habían quedado fuera de su pequeña ínsula. Y entonces se siento desolado.

Pero para colmo el cíclope llegó y le quito el trono y lo mandó encerrar por gobernar sin criterio y sólo para unos pocos.

Entonces desesperado llamó a su señor y éste acudió raudo y veloz. –Mi señor mira cómo he terminado; me debiste haber avisado y defendido y ahora ¿Que va a ser de la ínsula?

–Mi querido Puigdemont si te hubiera avisado no habrías aceptado y entonces tu estarías fuera y yo en tu lugar.

–Pero mi señor entonces ¿Qué vas a hacer ahora?

–Me voy a negociar con el cíclope a resolver el entuerto que nos has creado a todos.

–Pero mi señor, pero si solo he hecho lo que me dijiste, luchar contra aquellos gigantes que tu divisaste en la lejanía.

–Amigo Puigdemont, yo ya sabía que eran molinos; y ahora todos me verán como el salvador del caos que tu organizaste.

–Pero todos saben que usted era mi señor.

–Mi buen amigo, si todos supieran lo qué hacer y cómo hacerlo, nada de esto habría pasado.

–Y ahora de qué voy a vivir.

–Como dice el maestro jedai que habita en la ínsula de Andorra, que la fuerza te acompañe.





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