domingo, 24 de enero de 2016

La crisis china: el efecto Liang Zhu.



Una de las leyendas más conocidas de la literatura y la escenografía china es la conocida como Liang Zhu. Para resumirla Zhu Yingtai, la hija de la familia Zhu, vestida como un hombre estudió con Liang Shanbo. Zhu Yingtai volvió primero a casa. Dos años después, Liang Shanbo la visitó, para encontrarse con que se trataba de una mujer, sufriendo así un sentimiento de pérdida. Pero a pesar de la sorpresa preguntó a los padres si podía casarse con ella; pero su familia ya había prometido casarla dentro de la familia Ma. Shanbo murió más tarde, y se le enterró en algún lugar al Oeste de la ciudad de Mao. Cuando Zhu Yingtai fue acompañada en una barca para dirigirse a la familia Ma, la nave se detuvo junto a una tumba y no pudo moverse más allá por culpa de los vientos y remolinos. Tras saber que la tumba pertenecía a Liang Shanbo, Zhu Yingtai bajó a tierra y lloró, la tumba se abrió y devoró a Zhu Yingtai.

Sirva esta leyenda para comprender dos fenómenos de la cultura china: Una que no todo es lo que parece y que casi siempre las historias acaban en una tragedia con tintes sentimentales. Ambas realidades están en la mente y en el espíritu de todos los chinos y bajo su influjo han construido su historia.

En la reciente conferencia de Davos se han apuntado cuatro grandes amenazas a la estabilidad económica internacional. Pretendo analizar en cuatro artículos cada una de ellas, para concluir que la mayor amenaza al crecimiento económico y la estabilidad de los mercados no se encuentra entre ellas, lo que sin duda no gustará a la mayoría. En Davos se han planteado cuatro grandes amenazas:

La crisis china y su efecto en los mercados asiáticos y en  mundo.
La caída del precio del petróleo.
La crisis de la deuda.
Las crisis políticas en Oriente Medio y en la Península de Corea. y sus efectos como los refugiados.


La caída de las bolsas chinas encuentra su explicación en la ralentización de la economía china que creció solo un 7%, lo que llamará la atención de cualquiera que no recuerda cuando en país en Europa crecio a estos ratios. La caída del petróleo obedece a un exceso de oferta que se debe a una sobreproduccion y a la ralentización de la demanda. Que esto afecta negativamente a los países exportadores es obvio; pero de ahí a concluir que esto paraliza la economía mundial hay un cierto abismo, ya que los países exportadores apenas suman un porcentaje bastante pequeño de la economía mundial. Los países importadores suponen más del 80% del PIB global por lo que el abaratamiento del oro negro no debería producir unos efectos tan negativos sino más bien todo lo contrario.

No faltan los que aluden a la crisis de la deuda. Ésta sigue creciendo y ya alcanza cifras gigantescas que triplican el PIB mundial. Cada año los gobiernos salen a los mercados a pedir mas dinero para mantener sus políticas, y lo que se presta es ya dinero endeudado previamente por lo que en el fondo se trata de una estafa piramidal global. Si un día se produjera esta crisis de la deuda, volveríamos a la edad de piedra. Muchos dicen que la deuda no puede pagarse; pero el problema no es éste; es que alguien o muchos han tenido que poner en sus balances activos equivalente al valor de la deuda; la suposición de que la deuda no se pagara implicaría la revisión del valor de los activos gigantescos. Esto significaría en términos económico un retorno a la economía de los años sesenta, cincuenta años atrás, y aunque la memoria es frágil, el mundo era infinitamente más pobre entonces y sin muchos de los problemas actuales que no desaparecerían. Pero no parece que la gente y menos los políticos estén muy nerviosos por este cataclismo. Es como preocuparse por los efectos colaterales de un holocausto nuclear.
Puede afirmarse que todas las crisis económicas de la historia han obedecido a tres tipos de causas: fenómenos naturales; guerras y en tercer lugar a una sobrevaloración de expectativas, o más bien a un apetito psicológico de expectativas positivas.

Las crisis financieras obedecen a un modelo psicológico de evaluación y manipulación de expectativas. El impacto de estas crisis es cada vez mayor a medida que la economía financiera adquiere más peso que la real. Siguiendo el modelo de Harvey Minsky, casi todas las crisis de esta naturaleza obedecen a un proceso de cuatro pasos básicos:

A) Una fase de crecimiento económico que conlleva exceso de liquidez que expande el crédito.
B) Una euforia especulativa que provoca que se dispare el precio de uno o más activos, normalmente acciones o inmuebles.
C) La deuda supera el valor real de los ingresos producidos y la burbuja estallaron un simple pinchazo.
D) El pánico provoca la contracción del crédito posterior incluso en economías saneadas, recesión, desempleo endeudamiento.

Sin embargo no es un fenómeno tan evidente que un crecimiento económico implique un exceso de liquidez y una expansión del crédito, ya que de hecho en los últimos años precisamente ha sido el exceso de liquidez el instrumento para evitar la recesión, y salvo que concluyamos que estamos en la loca carrera de los autos locos por la expansión de la liquidez, no deberíamos generalizar este fenónemo. Tampoco es cierto que se produzca una euforia especulativa con los tipos bajos ya que también se produce con tipos altos, ya que depende más de la expectativa de crecimiento del valor de los activos más que de los tipos. Lo que sí resulta más evidente es que la preferencia por anticipar el disfrute económico sí lleva a un endeudamiento excesivo cuyo coste siempre supera a los ingresos, y ahí viene el pinchazo de la burbuja que lleva a una contracción inmediata del crédito por la incapacidad de los bancos de continuar inyectando fondos al sistema.

La cuestión que cabría hacer a Minsky o a Leontieff, es si eso significa que la economía solo tiene un rumbo que es la próxima crisis económica y si cada vez que superamos una crisis estamos peor que antes de resolver la anterior. La respuesta depende de que exista un fenómeno que permita un aceleración de la economía; un fenómeno tecnológico o un evento de otro tipo que permita generar recursos adicionales que permitan comenzar a pagar parte de la deuda contraída para devolver la estabilidad. Otra herramienta eficaz ha sido el ahorro forzoso masivo que ha permitido solventar esta situación en el pasado, la hiperinflación; que es el peor ajuste en términos sociales que podría realizarse por el nefasto impacto en los sueldos y ahorro y en su capacidad de compra.

Cuando hablamos de eventos extraordinarios me refiero a una posguerra como ocurrió después de 1945, o el salto económico que produjeron la máquina de vapor y el ferrocarril, la electricidad o las tecnologías de la información. Es decir eventos de una naturaleza extraordinaria. Si mañana consiguiéramos una fuente de energía muy barata y al alcance de todos y limpia; o si consiguiéramos que todo el mundo tuviera acceso al agua de forma eficiente, entonces se produciría un evento de naturaleza extraordinaria. Pero cómo esto depende de fenómenos impredecibles, es mejor centrarse en la realidad de la vida económica en si misma y analizar sus efectos y comencemos por China, la primera amenaza según Davos.

La crisis china

El peor inicio del año para los mercados bursátiles de medio mundo en toda su historia reciente comienza a echar raíces al instalarse el pesimismo en los grandes inversores. Los temores sobre el crecimiento chino y las continuas bajadas del precio del crudo han provocado las primeras grandes caídas del año que ahora han cogido inercia y complican la corrección. La madurez de la economía estadounidense con su reciente subida de tipos y el frenazo de las economías emergentes han instalado en los inversores la idea de que el mundo se encamina a la siguiente recesión y que Estados Unidos es el refugio y pronto Europa cuando también suba sus tipos lo que ocurrirá pronto.
La ralentización de la economía china es un tema que lleva coleando algo más de un año. Sus vaivenes en el inicio de 2016 en el intento de controlar las bolsas locales tuvieron un efecto pernicioso que fue corregido con bastante rapidez pero que ha dejado un poso que como en la leyenda parece dar a entender que no todo es como parece.

Los espectaculares datos de crecimiento de China si los comparamos con el resto del mundo, han sido percibidos de forma negativa ya que el 7% o el 6,5% es el peor de los últimos veinticinco años. Nunca en la historia económica ningún país había crecido tanto y en tan poco tiempo, pasando de ser un país paupérrimo a una potencia económica. Seguramente con muchas lagunas, pero el hecho real es que el PIB de China se ha venido duplicando cada siete años en los últimos treinta años. Por lo que no pareciera que este dato justifica un recesión mundial.

Otros aspecto que ha influido en la mentalidad de los inversores ha  sido la evolución del endeudamiento chino. China se ha incorporado por la puerta grande al grupo de países que deben dinero. En 2008 su deuda pública era inferior a la actual de España con 0,97 trillones y a cierre de 2015 alcanza los 3,50 trillones de euros con un incremento del 227%. Han pasado de ser el acredfor mundial a ser un deudor muy cualificado.

La deuda total de China pasó de 7 trillones de dólares en 2007 a 28 trillones de dólares a mediados del año pasado, impulsada por el negocio inmobiliario y la banca en la sombra. La carga de la deuda china en relación al PIB es ahora más grande que la de Estados Unidos o Alemania.

China tiene una gran ventaja sobre el resto del mundo en cuanto a las decisiones de corte económico. Un capitalismo regido por un partido comunista único y sin elecciones, permite a sus dirigentes tomar decisiones como si se tratara de un laboratorio donde las consecuencias económicas se evalúan y se asumen como un mal menor, por mucha desigualdad o sacrificio que conlleven.

El gobierno chino se ha dado cuenta que tiene tres grandes problemas estructurales: una sobrecapacidad productiva, un altísimo endeudamiento, sin considerar el alto porcentaje del sistema parabancario que en China mueve tantos recursos como el oficial y la crisis del modelo de transición a una economía de consumo y servicios. El gobierno chino fue consciente de que necesitaba medidas enérgicas y ha actuado en consecuencia ante un proceso que especulación que amenazaba llevarse muchos de los logros conseguidos en los últimos años.

Frente a la gran política de estímulos de 2014 y 2015, ahora el gobierno ha echado el freno y los proyectos de inversiones se retrasan para estabilizar el déficit público y evitar un mayor crecimiento de una economía sobredimensionada. La devaluación del Yuan pretende por una parte hacer que sus exportaciones sean más competitivas a costa de una disminución real de salarios y por otra reducir las importaciones. A su vez una moneda más débil reduce su capacidad de inversión productiva en otros mercados especialmente en África y América Latina, que ha sido uno de los causantes de este modelo de sobredimensionamiento de la economía china.

Este hecho ha producido que los capitales que ganaron fortunas inmensas en la bolsa china ahora busquen lugares más seguros. La caída de las bolsas hay que situarla en la extraordinaria salida de fondos chinos y sobre todo de los fondos extranjeros que hicieron su agosto en China hacia lugares y monedas más estables. Todo el mundo se ha dado cuenta que la economía china y el libre mercado son cosas opuestas y que el gobierno director ha decidido congelar la economía. No hay que especular ni predecir; es un hecho y por tanto los grandes flujos del pasado vuelven a lugares más seguros. Y como no hay muchas oportunidades donde invertir, el dinero está en el congelador esperando bien un repunte mayor de tipos de interés en Estados Unidos, bien una mejora de la situación de endeudamiento en Europa para comprar deuda pública. Y esta es una gran oportunidad para quien haga bien los deberes.

Para darnos una idea del fenómeno de la fuga de capitales de las economías emergentes y del peso de China sobre este fenómeno bastan algunos datos. Los mercados emergentes tuvieron una salida neta de capitales de 735.000 millones de dólares en 2015, muy por encima de los 111.000 millones de dólares registrados en 2014 y mucho más de lo estimado a mediados de año. Las fuertes salidas de capital desde China en 2015 reflejan los temores sobre la moneda y el crecimiento del país. El gigante asiático registró salidas por 676.000 millones de dólares, y sólo en el último mes 57.000 millones de dólares, cuando en los veinte años anteriores las entradas de capital superaron a las salidas de una manera muy significativa. Es decir un cambio radical de extraordinaria importancia y a quien llevará a la bancarrota como siga así, será a Hong Kong, que era la tenedora de una gran parte de esos capitales a la fuga.

A pesar de los datos económicos, los indicadores de consumo de petróleo en China evidencian que la economía está mucho más ralentizada. La realidad es que frente a las ganancias de las inversiones especulativas a las que los chinos son muy aficionados y con la devaluación de la divisa en un país que vive de sus exportaciones, el consumo va a sufrir un estancamiento muy notable en 2016, lo que sin duda es la principal causa para los bajos precios del petróleo, junto a la caída del consumo en Japón que vive inmerso en la deflación y recesión permanente. Sin embargo todavía necesitará China unos cuantos meses para estabilizarse y recuperar un nivel de producción más optimizado mientras que el consumo se mantiene en tasas positivas pero muy moderadas.

De esta manera China se prepara para su tercer gran reto, su transformación a una economía occidental, donde el consumo y los servicios adquieran un peso mucho mayor en su estructura económica frente a la industria y las exportaciones sobre unas bases más sólidas.


En cualquier caso, lo que está ocurriendo en China es una desactivación controlada de la burbuja inmobiliaria y del excesivo endeudamiento de empresas y familias, lo que sin duda lleva a un reajuste cuya manifestación más evidente es la salida de capitales hacia monedas refugio a la espera de nuevas oportunidades. Pero dónde están estos 676.000 millones; porque ni están en la deuda pública internacional ni están en las bolsas europeas ni norteamericanas; pareciera que más que fugarse se han volatilizado. Habrá que seguir con mucha atención los acontecimientos en China, pero parece que sus fundamentos continúan siendo sólidos como para pensar que pueden llevarnos al desastre económico global. Pero de cara al futuro China irá ralentizando su crecimiento a medida que los servicios y el consumo toman el relevo entre los hábitos de los agentes económicos chinos, y la especulación deberá buscar otros mercados. Esperen a que el petroleo repunte para ver como los productores de petróleo comienzan a absorber una gran parte de esta inversión, pero todavía faltan unos años para que esto ocurra.

No hay comentarios: