miércoles, 27 de enero de 2016

LA CRISIS DEL PETRÓLEO. DAVOS 2016 (II)

En el artículo anterior comentaba que en Davos se han puesto de manifiesto cuatro grandes amenazas al crecimiento económico. La primera era la crisis china, que  no parece que tenga un impacto de semejante entidad como para provocar algo más que un susto y que producirá a medio plazo efectos muy favorables. La caída del precio del petróleo era la segunda, y aquí analizo mis perspectivas sobre su efecto y futuro.

La crisis del petróleo.

¿Podemos hablar de la crisis del petróleo cuando cinco mil millones de consumidores de todo el mundo se benefician de una gasolina y una energía más barata? ¿ Cuando el PIB de todos los exportadores de petróleo apenas alcanza al de Alemania, y aunque ahora venden su petróleo más barato lo compensan parcialmente con el incremento de producción y con un dólar más fuerte frente a la debilidad de sus divisas lo que genera un reembolso mayor a su petróleo vendido? ¿Cuando apenas la exposición del sector financiero con las empresas de energía afecta a no más del cinco por ciento de sus créditos? ¿Cuando sólo la caída del petróleo en Europa supone un ahorro de más de trescientos millones de Euros diarios? ¿ Y sobre todo ¿ Qué se inventarán cuando el petróleo suba de precio y deban explicar que las condiciones no han mejorado?

En la actualidad existe un exceso de producción o defecto de demanda de más de un millón de barriles diarios, que debería reducirse en 2016 si no fuera porque la producción crecerá en dos millones de barriles diarios a lo largo del año con la llegada de Irán; el crecimiento de Irak y el mantenimiento de la producción en el resto de países incluido Estados Unidos. En consecuencia no hay razones para un incremento ni siquiera significativo del precio del petróleo.

En primer lugar vamos a desmontar algunos mitos sobre el mercado del petróleo que sin embargo tienen un gran predicamento social.


Arabia Saudita ha incrementado su producción por encima de la media para hundir a la industria del fracking norteamericana y de paso fastidiar a Irán y Rusia por su apoyo al régimen de Assad.

Es cierto que en 2015 Arabia Saudita ha sido el país que más ha elevado su producción en medio millón de barriles diarios, después de Irak que pasó de 3,2 millones de barriles día en 2014 a casi 4 millones a finales de 2015. La mayoría de los países productores ante una demanda que aunque escasa sigue creciendo, han optado por incrementar su producción para compensar la pérdida de ingresos de una manera descontrolada y existe la creencia de que ningún país dice toda la verdad sobre su producción. Pero en el caso de Arabia, la caída de precios como estrategia está resultando muy peligrosa ya que las finanzas públicas han sufrido un deterioro mayúsculo como no habían conocido antes y siendo el primer productor, el perjuicio en términos cuantitativos es enorme. Arabia perdió en 2015 un ingreso neto de 70 millones de dólares diarios. El cambio de régimen político en Arabia con una política más agresiva en la región con las intervenciones en Yemen y Siria han tenido más relevancia en la posición petrolera del reino que cualquier otro fenómeno de mercado. Precisamente ahora Arabia necesita más recursos y no se fía de que vaya a obtenerlos pactando con Irán una reducción de su producción.

Irán todavía va a requerir unos años de fuertes inversiones para pasar de los casi tres millones de barriles diarios de 2015 a un objetivo de cinco millones de barriles. Sin embargo, este brutal incremento de la producción triplicaría el exceso de oferta que existe en estos momentos por lo que el mercado descuenta este hecho y también  es muy relevante el enfrentamiento entre los que eran los dos mayores productores tradicionales de la OPEP, Irán y Arabia Saudita. Ninguno va a ceder su producción para beneficiar al otro, y éste sí es un elemento determinante de que los precios se mantengan bajos en los próximos años.

La quiebra de las empresas del fracking llevará a una caída de la producción lo que permitirá un reequilibrio del mercado.

La industria petrolera americana de los estados del fracking y en especial en Dakota del norte muestra los primeros signos de la caída de precios. La producción se redujo en Estados Unidos en septiembre en 120.000 barriles día y continúa una muy ligera disminución de la producción. En los últimos seis meses se ha producido una disminución del petróleo producido, pero no resulta muy significativa.

Pero todavía Estados Unidos tiene un robusto suelo de nueve millones de barriles diarios, que es el doble de lo que producía en 2008. Las compañías petroleras ha reducido ya en 86.000 empleos y muchos proyectos por valor de billones de dólares se han paralizado. Si continúa la reducción paulatina de producción habría un pequeño repunte de precios, pero no parece que la producción vaya a bajar de 8,5 millones de barriles y el consumo se mantiene muy estable. No obstante hay dos elementos a tener en cuenta; que la quiebra americana de las empresas, que es un concepto reversible y no tanto como en Europa, implica que la única manera de que los créditos puedan devolverse es produciendo más y de forma más eficiente. Las empresas están renegociando las condiciones de los empréstitos que el gobierno está soportando. De manera que hasta que los créditos se devuelvan dentro de muchos años, continuará Estados Unidos produciendo por encima de los 8,5 millones de barriles.

También existe un segundo elemento colchón a las fluctuaciones de precios, que son las reservas almacenadas. A finales de 2015 el gigantesco almacén de Cushing Oklahoma alcazaba un máximo de 67 millones de barriles y el total de Estados Unidos los 483 millones de barriles; lo que daría para unos veintidós días de consumo. Este enorme depósito constituye un elemento de maniobra contra especulaciones en el precio gigantesco y muestra la fortaleza del sector productivo norteamericano.

Pero hay un elemento mucho más interesante a considerar. Según las estimaciones de 2003, el consumo de petróleo en Estados Unidos debería estar hoy en 27 millones de barriles; y sin embargo hoy el consumo es inferior al de 1997, a pesar de que la economía ha crecido un 47%. Y teniendo en cuenta que el transporte supone un altísimo porcentaje de esta producción, debemos concluir que la mayor eficiencia en los vehículos americanos con consumos que son un tercio de los de hace veinte años están en la base de una menor demanda total del país. Es decir todo el mundo descuenta que la demanda en Estados Unidos crecerá de forma muy débil en los próximos años y que los esfuerzos por ahorros continuarán.

Ahora las estimaciones siguen dando que el consumo de Estados Unidos y Europa se mantendrá en los próximos veinte años y continuará descendiendo en Japón. Solamente India y China manifiestan un crecimiento superior al 5% anual en el consumo. De ahí que cuando uno de los pilares del crecimiento económico como China o India entran en tensión, los precios se vienen abajo.

El menor crecimiento económico y las perspectivas negativas a medio plazo están siendo descontados por el mercado del petróleo y amenazan un colapso financiero.

Las economías consumidoras no están en recesión, La propia OPEP está estimando un crecimiento mundial del 3,4%; y para China del 6,5% y más alto para India en 2016. La recesión está en los países productores que absorben una parte muy pequeña del consumo mundial. Lo que sí está descontando el mercado es la reducción del consumo en los próximo veinte años. Según algunas fuentes el parque de vehículos eléctricos se multiplicará por diez, mientras que el abaratamiento del gas llevará a que todos los autobuses urbanos y taxis se muevan por esta alternativa que también tiene grandes excedentes. Es muy posible que el mercado del petróleo se acabe cuando queden todavía reservas para treinta años. Solo la aviación comercial mantendrá el mercado vivo por muchos años.

Es cierto que en las últimas semanas diversas entidades financieras estadounidenses ya han anunciado que destinarán reservas adicionales para cubrir eventuales impagos de clientes vinculados a la explotación y producción de petróleo y gas y que ya se estiman que superan los tres mil millones de dólares. En el actual nivel de precios las corporaciones vinculadas a la energía pierden por semana unos 3.000 millones de dólares. Los cuatro grandes bancos americanos tienen una exposición a la energía de unos 75.000 millones de dólares. Lo que no son cantidades exorbitadas como para provocar un crash similar al de 2008. Precisamente las subidas de la FED anticipan que no existe temor a un colapso de este tipo.

El monto de los créditos dudosos en 2015 era de 34.200 millones de dólares, según la Reserva Federal y entidades reguladoras de los mercados de Estados Unidos; sin embargo muchos de esos créditos se han renegociado para adaptarlos a la nueva situación de precios, lo que impulsará a mantener la producción siempre que se cubran los costes corrientes que ahora son inferiores por la introducción de una mayor eficiencia y el cierre de cientos de pozos menos rentables. En 2015 quebraron 39 pequeñas y medianas empresas del sector energético de Estados Unidos, pero muy pocas de ellas han cesado la actividad y continúan trabajando en mejores condiciones.

La principal diferencia con la crisis de las subprime es que en este caso las principales deudoras son la ExxonMobil, Chevron y otras empresas solventes a nivel mundial y no los asalariados y pensionistas. Además la banca hoy es mucho más fuerte que entonces por lo que no existe ni riesgo financiero ni de contagio .

La cantidad de préstamos a la energía equivale a sólo el 4% del total de los créditos otorgados en Estados Unidos. Los créditos otorgados para algunas industrias petroleras incipientes como es el caso de Angola están siendo reasegurados por unas medidas de ajuste de enorme calado en el país africano para evitar un deterioro mayor de su calificación crediticia, precisamente ahora que debe salir a los mercados a financiarse.

China y su desaceleración  es la principal causa del descenso de los precios.

China consumirá en 2016 más de once millones de barriles día, casi 300.000 barriles más que en 2015 y setecientos mil más que en 2014. Es decir que China sigue tirando de la demanda, y un crecimiento del 6,5% sin duda no es un freno a la economía del petróleo. China produce actualmente unos 4 millones de barriles diarios, por lo que sale al mercado a adquirir unos siete millones de barriles diarios y a través de acuerdos preferenciales bilaterales principalmente.

No cabe duda que existe un impacto de una menor demanda, pero no parece tan significativo. Apenas unos cien mil barriles menos diarios de los que se venderían si la economía continuara creciendo sobre el 10%. Las restricciones al crédito en China impulsadas por el gobierno para enfriar la economía  van sin duda a impactar sobre la venta de automóviles, y también la preocupación medioambiental del gobierno que supone unos costes infinitamente mayores para China, influirán en la reducción del consumo.

Si queremos encontrar las causas de la caída del petróleo no las busquemos en la demanda, que será en 2016 mayor en un millón de barriles a la de 2015,  a pesar del año más cálido de la historia en el hemisferio norte, sino en una producción que podría crecer un millón el año que viene solamente entre Irak e Irán.

Estaremos mejor cuando los precios del petróleo reboten por encima de los 60 dólares.

En los próximos años cuanto más barato esté el petróleo mejor para las economías occidentales; la estabilidad sería muy apreciada, pero no parece previsible que en 2016 rebote el precio. Un objetivo sobre un techo de 40 dólares pareciera adecuado para los próximos tres años, salvo que los países de la OPEP decidan conjuntamente reducir su producción, pero nunca como hasta ahora habían estado tan enfrentados sus miembros.

Los países occidentales han aprendido la lección y a pesar de la bajada de precios, sobre todo en Estados Unidos, los consumos aparecen estables; continúa el esfuerzo en eficiencia y en fuentes de energía alternativas y sin duda los consumos de gasolina se mantendrán a tasas muy débiles en los próximos años. El debilitamiento de las economías emergentes que agrupan a una gran capa de la población mundial afectará a las ventas de automóviles a nivel global, especialmente en Brasil, China e India, de manera que no existirán fuertes presiones por parte de la demanda.

Una corriente inflacionista nos llevaría a subidas de tipos de interés; reducción del crecimiento en las economías desarrolladas y en definitiva un escenario todavía más bajista para el petróleo. Ahora existen unas barreras a los precios muy efectivas; las reservas almacenadas; los oleoductos paralizados que siempre pueden reabrirse, las opciones de fracking en otros países y el precio mínimo de equilibrio de la producción en Estados Unidos; sin olvidar que Venezuela continúa reduciendo su producción, pero si se produjera una mejora en PDVSA con un cambio a un régimen más estable, también Venezuela podría pasar de los casi tres millones de barriles a cuatro con la explotación de la franja del Orinoco y el mercado se inundaría.

La conclusión, es que no parece que el petróleo sea tampoco una amenaza a la estabilidad económica ni al crecimiento y muy al contrario continuará siendo un elemento determinante de la recuperación de las economías más desarrolladas en las que el consumo es un factor muy determinante de su estructura económica.




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