lunes, 8 de febrero de 2016

EL FIN DE LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA


Todos los organismos económicos internacionales, los analistas y por supuesto todos los gobiernos , están convencidos que la recuperación continuará fuerte en las principales economías en los próximos años gracias al crecimiento de la demanda, a los bajos precios del petróleo y sobre todo a unos tipos de interés que después de muchos años continúan muy bajos sin que por ello se haya producido una gran expansión monetaria ni inflación. Sin embargo, este último dato muestra la gran debilidad de las economías especialmente las desarrolladas, y lo que es más grave anuncian el regreso a una recesión que podría comenzar a mostrar su auténtica cara el próximo otoño. Que haya una inmensa cantidad de dinero que busca invertir con tipos negativos saliendo huyendo de las bolsas y los emergentes, muestra que no hay proyectos viables dónde invertir ni confianza en el futuro.

Si desglosamos las causas de la actual situación veremos que los síntomas son buenos, las economías no tienen fiebre, lo que no nos hemos dado cuenta que esto es porque no hemos cesado de tomar antipiréticos.


La demanda ha crecido mucho en estos últimos años. Las ventas de vehículos alcanzan cifras históricas, los comercios vuelven a llenarse; en definitiva todos gastamos más y con ello se genera un crecimiento económico, pero de éste consumo ¿Cuánto hemos comprado con préstamos? En estos años el consumo público y privado se ha beneficiado de una expansión crediticia sin límites ayudada por unos tipos muy bajos. Lo cierto es que hoy la deuda de estados, familias y empresas es de 180 trillones de dólares, dos veces y media el PIB mundial; la gran mayoría de esta deuda se ha generado tanto para cubrir los déficits públicos como para financiar la creación de burbujas inmobiliarias especialmente en Extremo Oriente y América Latina como antes ocurrió en Estados Unidos y Europa. ¿Cómo es posible que se vendan en Ho Chi Minh, apartamentos de un millón de dólares en un país con una renta paupérrima? No nos equivoquemos, el incremento de competitividad no está en la causa del crecimiento de la demanda y por tanto éste es ficticio.

El petróleo no cae porque se produzca más, sino porque la demanda no crece de una forma evidente. Es decir el precio del petróleo no es causa de la recuperación sino un síntoma más de la recesión. Tanto es así que los países continúan produciendo aunque sea perdiendo dinero y la razón es porque no hay mercado para un precio más alto. Los países productores saben que si hoy vuelven a un petróleo a cien dólares la contracción de las economías y en particular de China hundirían el mercado a precios anteriores a 1973.

Los precios a pesar de esta expansión monetaria no crecen y la razón es la misma. Los vendedores están descontando que para llenar un restaurante o un comercio hay que ser muy agresivos en precios, porque los consumidores tienen una situación económica muy inestable y no se atreven a subir los precios por la misma razón. Estamos entrando en una etapa de deflación especialmente en salarios y en consecuencias en precios. Los sueldos cada vez son más bajos y los empleos más inestables y la consecuencia inmediata será la deflación que podría ser muy larga, siguiendo el modelo del laboratorio japonés, con la diferencia de que el comportamiento del japonés medio es tremendamente conservador.

Todas las materias primas que parecían que se acabarían en unos pocos años ahora luchan porque alguien las explote y las venda, y la razón es que el modelo de crecimiento de Occidente se ha terminado y el impacto en los países productores que además son muy pobres es gigantesco con unas consecuencias sociales incalculables.

La revolución tecnológica que cambió nuestras vidas desde los años noventa ha alcanzado su techo; ya no es posible aumentar la productividad sin un nuevo gran salto tecnológico. Las perspectivas de disminución de la población, especialmente en Europa son muy alarmantes; si cada año reducimos el número de consumidores y especialmente perdemos un número muy creciente por la parte de arriba mientras que no hay niños, las posibilidades de que el consumo crezca son muy pequeñas. Hemos entrado en un ciclo de depresión demográfica que si bien traerá efectos muy beneficiosos en unas cuantas generaciones, va a suponer cambiar muchos de los parámetros económicos actuales. Una de las bases del crecimiento en el pasado ha sido el incremento de población; ahora debemos hacerlo con menos productores y consumidores y todavía no sabemos cómo.

En resumen nos hemos endeudado y ahora resulta que como ya no echamos más madera, el tren se detiene y tiene una carga cada vez más pesada que sobrellevar. No va a haber crecimiento económico para reducir la deuda y cuando la crisis de deuda estalle, el  problema es que habrá que ajustar los activos y veremos como decenas de países caen en cadena ya que sus balances quedarán en quiebra técnica y veremos que muchos de ellos estaban sobrevalorados. Veremos que muchos gobernantes actuaron de una forma irresponsable durante estos años. Veremos el fenómeno Gowex de muchas economías desarrolladas y en desarrollo.

La realidad es que hace mucho tiempo que sólo crecemos a base de burbujas que se pinchan y nos devuelven a la situación anterior pero con menos expectativas de dar con una nueva burbuja y mucho más endeudados. Los gobiernos no han hecho nada para corregirlo siendo víctimas de sus propias promesas electorales, y así nadie quiere pisar el freno a fondo para que la economía se enderece dentro de veinte años.

La única opción que nos queda es que los países en desarrollo sean capaces de crecer sin depender de Occidente y puedan crear una estructuras económicas que demanden de nuestros bienes y servicios. Pero lo cierto es que sus gobernantes sólo se han preocupado de saquear sus recursos naturales y ahora que la mayoría se han dilapidado en la Quinta Avenida o en los astilleros italianos, no hay capacidad para crear una industria ni siquiera una agricultura. ¿Cómo es posible que países despoblados, ricos en tierra como Angola, Argentina o Bolivia necesiten importar alimentos?

España a día de hoy tiene una economía muy débil, de una fragilidad de cristal de Murano que pareciera que se puede romper con mirarla. El déficit sigue disparado; los impuestos no se pueden subir ante la recesión que produciría y súmese el efecto desincentivador; los gastos públicos especialmente los sociales no paran de crecer; la deuda pública que está en manos de extranjeros es el 100%; ¿Cómo un gobernante puede ignorar esta realidad de que estamos en manos de unos pocos fondos extranjeros que podrían llevarnos al corralito en cuanto perciban la más minima sospecha de impago o de recesión? En España trabaja uno de cada tres habitantes, demasiado poco para atendar a los otros dos tercios y pagar las deudas. No están España ni Europa para frivolidades y debemos prepararnos para tiempos muy malos, peores que los que tuvimos en estos años porque ya hemos quemado la tarjeta de crédito.

La economía mundial es un explosivo muy grande que sólo necesita para detonar un iniciador muy pequeño; un acuerdo de la OPEP, un misil norcoreano, que Daesh tome el control de Libia,  cinco millones de refugiados o el regreso de las vacaciones de año nuevo chino en cuarenta días. Nada mejor que continuar enfriando la carga para aminorar la explosión que no seguir calentándola, como algunos pretenden hacer de una manera ingenuamente peligrosa.

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