sábado, 9 de abril de 2016

LOS PAPELES DE PANAMÁ NOS ENSEÑAN QUE LA SOCIALDEMOCRACIA NO ES POSIBLE.

El robo de los archivos de un despacho de abogados en Panamá que contienen un historial de sociedades constituidas en el país del Canal al amparo del secreto bancario que durante décadas estuvo vigente y por los bajos impuestos de tributación de estas sociedades, ha originado toda una cascada de reacciones basadas en el axioma de que los ricos no pagan los impuestos por los ingresos que obtienen a través de la explotación de los asalariados y del medio ambiente y en consecuencia están defraudando a las sociedades a las que pertenecen.

La socialdemocracia, que es un concepto que en Europa abarca desde el conservadurismo a los socialistas, se basa en el concepto ,a mi modo de ver equivocado, de que todo lo que hay en la Tierra pertenece,en una especie de bien comunal, a toda la humanidad y que por tanto, los gobiernos que se arrogan esta representación planetaria tienen el derecho a incautar el producto del trabajo o de las rentas y decidir cómo distribuir esa riqueza. Es más, los socialdemócratas no confían en el crecimiento económico, que normalmente se asocia a males universales que proceden de la doctrina marxista, y prefieren hablar de redistribución de la riqueza no atendiendo a cómo se ha originado ésta sino en base a las necesidades de las personas, lo que hace que al final el destino de la redistribución sea desde los generadores netos de riquezas a los consumidores netos de riqueza, obviamente generalizando.


La socialdemocracia y en consecuencia el estado de bienestar se basaba en unos axioma básicos:

El primero, que los ricos lo eran por la propiedad de tierras en su propio país, de manera que la renta de la tierra obtenida servía para delimitar el sufragio censatario o los derechos económicos y políticos. Si pensamos que apenas hace cincuenta años el 25% de la economía occidental procedía de la agricultura, concluíamos que apenas unos impuestos sobre la propiedad y las transmisiones, eran suficientes para generar un nivel de ingresos fiscales para los estados muy importantes. Como los propietarios de tierras no se podían llevar las fincas a Panamá o Luxemburgo, la única manera de transferir dinero a una cuenta en Suiza era a través del tradicional maletín, con los riesgos y limitaciones que ello suponía.

Los nuevos ricos del siglo XX procedieron de la industria, que hace apenas 40 años suponía el 30% de nuestra economía y en la actualidad menos de la mitad. Los industriales se establecían donde estaban los consumidores o las materias primas. En el primer caso, los nuevos ricos no podían trasladar su riqueza a otra parte ya que su producción estaba muy ligada a su vinculación con su país.

Finalmente la gran mayoría de la población obtenía ingresos de sueldos y jornales, ya fueran del campo o de la ciudad. A mediados del siglo XX casi el 75% de la renta de los países occidentales procedía de los salarios, hoy este porcentaje se halla por debajo de la mitad y apenas supone una cuarta parte si excluimos sueldos públicos y pensiones. Es decir que en la actualidad los ingresos de un estado proceden en apenas una cuarta parte de los salarios. A su vez este ingreso procedente del trabajo era una consecuencia directa o bien de la cantidad de trabajo y esfuerzo o de la calificación profesional. 

En consecuencia para prosperar económicamente había que formarse muy bien o trabajar catorce horas diarias.

Sobre estos modelos se creó el estado de bienestar alimentado por el socialismo. Por una parte, hay una clara confrontación entre ricos y trabajadores, suponiendo éstos una parte muy importante del ingreso de una comunidad, mayor que el primero. El control de los recursos de la economía no requería de mucha sofisticación ya que todos los bienes de producción estaban vinculados al territorio de manera que amparado en un gran crecimiento económico, era posible sustentar un cambio politico y social como el producido en Europa, especialmente en las últimas décadas. La única manera de hacerse rico era con la lotería o asaltando un banco.

Pero todo esto mundo desapareció aunque muchos todavía no se hayan dado cuenta o no les interesae percatarse,para no poner en peligro el modelo económico y social derivado de 1945 y que a todas luces ya no es viable. Y veamos porqué.

El sector financiero de la economía ha crecido del 3% al 10% del PIB de media en Occidente. Más de la mitad de los ingresos de una sociedad no proceden del trabajo sino de la actividad empresarial y financiera. El nivel de endeudamiento en las sociedades occidentales entre gobiernos y privados es dos veces el PIB mundial. Las cien mayores compañías el mundo tienen un valor bursátil de 14 trillones de dólares casi el PIB de la Union Europea. Cada día se invierten en las bolsas mundiales trillones de dólares y los beneficios de las operaciones financieras casi suponen la cuarta parte de los ingresos mundiales y cientos de millones de personas invierten de forma directa o indirecta en las bolsas.

Los medios de comunicación, internet, los transportes aéreos baratos no están convirtiendo cada vez más en ciudadanos del mundo. Si hace apenas cincuenta años mucha gente pasaba su vida sin ir a la capital de su país, hoy cientos de millones de personas se mueven por turismo o trabajo con gran facilidad por todo el mundo Esta globalización afecta por una parte a nuestra consideración personal. Los individuos cada vez tenemos menos apego al territorio, a la nacionalidad y mucho más a la persona. Nuestros recursos cada vez tienen menos que ver con dónde nacimos o donde vivimos. Hoy en día somos capaces de vivir en España y generar ingresos en cualquier país sin movernos de nuestra casa. Hoy un deportista de élite por derechos de imagen gana más que por su ficha como jugador, y esos derechos se generan y se cobran fuera del país de residencia.

En los paraísos fiscales se acumulan depósitos y valores por 7,6 trillones de dólares, como el PIB de Alemania, Reino Unido y Francia juntos, y de ellos 1,200 trillones son de Estados Unidos y 2,6 trillones de Europa. Ser un paraíso fiscal no es un delito, sino simplemente la consecuencia de una política fiscal determinada. Otra cosa muy distinta es el lavado de dinero, el secreto de las transacciones, pero que en Hong Honk se paguen un tipo medio de un 14% de impuesto de sociedades inshore y en Europa una media del 28% no convierte al primero es un nido de piratas, como si lo son Gibraltar o las islas del Canal que están en nuestro continente.

En 2015, unos 50.000 millonarios abandonaron sus países. Esto quiere decir que la combinación de ingresos procedentes de transacciones financieras internacionales, el escaso apego de la persona y su riqueza al territorio y la sensación de incautación que en las sociedades socialdemócratas producen las políticas fiscales, hace inviable que gran parte de la riqueza y de los generadores de riqueza estén dispuestos a sufragar políticas sociales o económicas a costa de pagar un muy alto porcentaje de sus ingresos como impuestos, especialmente cuando ese dinero se gana con muy escaso esfuerzo.

Hoy en día una intermediación en un contrato comercial o deportivo de 500 millones produce una comisión de 15 millones de dólares en apenas unas llamadas de teléfono y unos contactos. Una buena intuición sobre la potencial subida de una acción puede llevarnos a ganar en un día un 20% de rentabilidad. Para estas personas pensar que más de la mitad de este ingreso vaya destinado a las arcas públicas produce una desazón que lleva a este fenómeno al que hoy asistimos y del que Panamá es apenas un exponente.Antes esta realidad, pensar que todos los países se van a poner de acuerdo para armonizar sus políticas financieras y fiscales cuando apenas se ha conseguido entre las autonomías españolas es una quimera. Cada país buscará la manera de generar más riqueza para su territorio y definitivamente los paraísos fiscales no sólo no van a desaparecer sino que crecerán en los próximos años en muchos países emergentes que desearán atraer capital para su desarrollo.

Como la tendencia es claramente creciente, en unas décadas los gobiernos no podrán continuar sosteniendo sus políticas de bienestar y los incrementos de impuestos producirán caídas brutales en la recaudación. De esta manera, si los gobiernos europeos quieren sobrevivir, están llamados a reformar drásticamente sus políticas de bienestar, reducir su burocracia y sobre todo proceder a rebajas fiscales sustanciales. Muchas de las actividades que los gobiernos procuran hoy en día deberán ser financiadas por los nuevos sectores de la economía. Basar la supervivencia del estado de bienestar en la heroicidad o el patriotismo de los que acumulan más riquezas es como echar una moneda al aire y ver si deciden pagar  o quedarse en el país que les explota económicamente o marcharse a otras tierras.

Así es el nuevo mundo que hemos creado; negar la evidencia pensando que el sueño puede prolongarse es un engaño que nos hacemos todos. Pensar que los gobiernos pueden controlar todo este mundo financiero pasa en primer lugar porque no sean los mayores deudores del Globo, el día que los gobiernos ahorren, se convertirán en unos nuevos actores financieros y podrán participar en la redacción de las normas y en la aplicación de los usos que regulan el nuevo mercado productivo mundial; mientras que dependan del dinero que está en los paraísos fiscales o relacionados con ellos para pagar sus déficits, estamos condenados a que cada vez seamos menos los que tengamos sue sostener un estado que ya es inviable.

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