miércoles, 1 de junio de 2016

26 DE JUNIO. LA PARTIDA DECISIVA

Las elecciones del próximo 26 de junio son unas de las más decisivas de nuestra historia, y sin duda del siglo XXI. Sólo comparables con las de febrero de 1936 o las locales de 1931; hasta las primeras elecciones democráticas de 1977, fueron menos decisivas y trascendentales ante un inmenso consenso social en caminar hacia la democracia. El fracaso de las últimas celebradas en diciembre es sin duda el factor que puede conducir a alianzas imposibles o desdeñadas, para no tener que repetir una vez más este proceso. Si reina la cordura, saldremos ganando; si no, veremos el abismo ante nuestros ojos.

Ante estas elecciones hay muchos que piensan que nada grave puede ocurrir. Que como en Grecia la Unión Europea nos va a poner férreas barreras para no salirnos de la senda europea; que nuestra democracia está muy consolidada y que los derechos serán respetados. Pero la la primera lección que debemos aprender es que todo es susceptible no solo de estropearse sino de autodestruirse. A menudo los humanos nos empeñamos de desandar el camino sin haber aprendido de los errores, sin recordar los sufrimientos que muchos pasaron, suponiendo que fue una gan mentira o que nunca ocurrieron. Los vándalos acabaron con el esplendor de Roma; el comunismo acabó con la democracia en media Europa; el fascismo llevó a millones de opositores al crematorio o al pelotón de fusilamiento y todos estos movimientos llegaron de una forma natural. No olvidemos que todos los grandes dictadores del siglo XX culpables de haber asesinado de forma directa a mas de cien millones de personas contaron con el apoyo incondicional y la complicidad de millones de personas,  que creyeron que matar judíos, o burgueses o anticomunistas era una misión histórica y que empujaron a sus líderes a conducir una locura colectiva, pero real.

Se trata una vez más de una confrontación histórica que ya se vivió en Grecia o en la República romana. Un país dividido entre los que echan de menos el comunismo de los gulag y los supermercados de lujo solo al alcance de la élite comunista, la única que podía acceder a las dachas pagadas con el esfuerzo de campesinos y obreros, y los que aspiran a la libertad y a la defensa de la persona y el derecho a la vida y a la propiedad como valores inalienables.

Una nación divida entre los que no dudan en controlar los medios de comunicacion, atacar a los periodistas, saltarse la ley cuando les conviene, utilizar la coacción callejera y la amenaza como forma de hacer política y los que defienden la libertad individual, la pluralidad, la democracia y sobre todo la ley. Fuera de la ley solo hay vacío, miedo, muerte y desasosiego. Ver a un partido responsable manifestándose exigiendo que el gobierno no cumpla la ley no recurriendo leyes que cree inconstitucionales, nos retrotrae a la marcha de Mussolini. "La ley solo es ley cuando sirve a nuestros intereses" en el primer paso hacia el holocausto, hacia el fin de la civilización.

Una sociedad partida entre los que creen que el individuo es un ser al servicio del Leviatán estado, que debe controlar todo; cuántos hijos debemos tener; cómo deben educarse las personas, que aspira a educar a los niños lejos de sus familias, que niegan la creatividad individual, el espíritu emprendedor; son personas a los que les salen sarpullidos en la piel de pensar que alguien puede crear riqueza, sobresalir sobre el aparato del partido, sobre el estado; y los que confían en el progreso humano hecho a base del esfuerzo, la creatividad y el espíritu empresarial de las personas.

Las elecciones del 26 de junio no son entonces unos comicios cualesquiera. La radicalización de posiciones, los nuevos partidos, los desafíos nacionalistas, han convertido estas elecciones en críticas para determinar el futuro de España, y no sólo para unos pocos años sino para las próximas generaciones; pueden determinar el futuro a largo plazo de la sociedad española. Los españoles deben elegir entre revalidar el proceso de libertades y de concordia iniciado en 1977; la apertura al mundo occidental, o el regreso a las cavernas, al matonismo de principio del siglo XX y al autoritarismo populista; en definitiva al retroceso en materia de libertades y derechos. No se trata, como pueden entender de cosas banales.

La radicalización de la izquierda y su proceso de consolidación en un frente social comunista es un fenómeno nuevo y único; ya que no ha ocurrido así todavía en la derecha, que se mantiene fiel a sus principios liberal conservadores que gobiernan en la mayor parte del mundo libre. Incluso la derecha nacionalista se ha aliado con la radicalidad porque creen compartir objetivos comunes; ¡ Qué ilusos¡ ¡Qué aciago futuro les espera¡.

El gran triunfo de la posguerra, el que nos salvó de un nuevo holocausto y de un conflicto militar de dimensiones inimaginables, fue la aparición de la socialdemocracia; una deriva de la izquierda hacia la economía de mercado con una visión más progresista en derechos y en igualdad; plenamente democrática. Hoy ese socialismo aparece cuestionado y a la deriva. En el PSOE reina el sálvese quien pueda. Van a echar por la borda más de 130 años de historia porque les ha entrado el miedo en las canillas a muchos militantes que no quieren perder el coche oficial o su parcela de poder. Todos se echarán en manos de Pablo Iglesias que como Saturno acabará devorando a su nuevo vástago. En el PSOE ya han decidido renunciar a sus principios que le hicieron una pieza clave de la transición para convertirse en una maquinaria de oposición al sistema de valores; dispuesto y con los brazos abiertos para echarse en manos del partido comunista sin la mayor turbación, o del separatismo radical.

En el centro derecha, las cosas no están bien. El asalto al poder del frente popular una vez más es posible por el abandono de ciertos principios básicos del centro derecha, y sobre todo por la corrupción. No ha existido la respuesta adecuada y muchos tienen la sensación de que se trata de un partido anclado en la corrupción como medio de vida. En el camino de la regeneración del Partido Popular hay un largo trecho por recorrer. Pero, no nos equivoquemos; frente a lo que se nos puede venir encima, esta lamentable actuación es pecata minuta. En una sociedad agobiada por la crisis; con la mitad de los jóvenes en paro; con un desempleo atroz, ver como dirigentes del Partido Popular montaban un templo de monipodio para su beneficio personal, y lo peor de todo de gustos chabacanos e inmorales, ha sido demoledor. El "no me enteré" o "hemos hecho mucho", no es suficiente y a veces parece insultante. El autoritarismo comunista llama con insistencia a nuestras puertas por la indolente actitud del Partido Popular en estos años, y la respuesta no ha sido proporcionada ni adecuada, y ahí están las encuestas para demostrarlo.

Pero dicho lo anterior, los liberales y conservadores no se pueden estar cuestionando asimismo como  siempre. No podemos volver a la discusión de los treinta de si Lerroux o Gil Robles, porque en estas peleas la izquierda siempre saca partido.

Muchos afirman con aflicción que éste no es el Partido Popular que movió el voto como Aznar, pero eso es una entelequia. Nadie en el PP ha sacado más votos que Mariano Rajoy.  Si Aznar hubiera sido presidente en 2011, la política económica, social o exterior no hubiera variado ni un ápice. Aznar no hubiera tratado el problema catalán de forma muy diferente, pues nadie ha cedido tanto al nacionalismo catalán y vasco como el Partido Popular en 1996, como bien vociferaba Arzalluz.

Tampoco podría haberse enfrascado este gobierno en una lucha contra todo el mundo, contra los jueces por ciertas decisiones; contra los manifestantes y movimientos sociales, contra nuestros aliados. Lamentablemente y esto aplica a cualquier gobierno racional, el margen de maniobra es muy pequeño. Al final creemos que la comunicación es más importante que los hechos, pero no nos equivoquemos nadie hubiera hecho en el 90% una política diferente, ni el PSOE ni el PP de Aznar. Los que argumentan que no se ha reducido el déficit bastante deberían decir cuánto recortarían el gasto en educación, pensiones o salud o a cuantos funcionarios hubieran despedido, porque aquí está el 90% del gasto público en España. Gobernar lamentablemente es asumir una realidad y afrontarla, y en términos generales no puede decirse que el balance sea negativo. Y si no, comparemos con los ocho años de Zapatero; ¿Es éste el modelo al que queremos volver?

Que se han cometido errores en el Partido Popular, muchísimos, nadie está exento de ellos; pero democracia es elegir entre opciones, y castigar a una votando a otra es la mejor manera de echar a perder un voto. El PSOE tiene a dos presidentes procesados por prevaricación continuada y a un expresidente que vio como metían a su ministro del interior en la cárcel por terrorismo, y a otro ex presidente del gobierno que recortó el gasto social en 2008 como nadie lo había hecho en España antes. Con estos lastres qué credibilidad le queda al PSOE; lamentablemente poca. Pero su solución no es la radicalidad sino el sentido común y creo que existen fuertes valores en el PSOE para hacer posible un frente común en defensa de la libertad, la democracia y la legalidad constitucional,

Los demás también deben retratarse en esta contienda. Quién esté dispuesto a pactar con los totalitarios, debe  asumir su responsabilidad. Los que defienden la economía de mercado, la libertad y la pluralidad no pueden sentarse a discutir o negociar con esta nueva izquierda, porque no hay nada en que converger con los que quieren alterar nuestro sistema de valores y la unidad de España. Estas son líneas rojas que no podemos dejar que se traspasen.

Creo que estas elecciones van a traer mucha savia nueva en el Partido Popular y en PSOE, y también en Ciudadanos. Los hombres y mujeres llamados a salvar España y regenerarla no están en la primera línea todavía, pero los resultados del 26 de junio los harán saltar a la palestra; ésta es mi esperanza.










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