sábado, 18 de junio de 2016

CUIDADO CON LOS PRINCIPIOS SUPRACONSTITUCIONALES


Las últimas encuestas anuncian que la izquierda liderada por Podemos podría alcanzar una mayoría suficiente para gobernar, y como demócratas debemos aceptar el resultado y todos deberán apoyar al gobierno de España en las difíciles tareas que tendrá que afrontar, por muy remotas y negativas que nos parezcan sus ideas.

Pero ante las nuevas elecciones a las que concurren partidos de todas las ideologías o mas bien digamos posiciones políticas, para no minusvalorar el concepto de ideas políticas, conviene una vez más recordar, ante las ya demasiadas tomas de postura sobre cuestiones claves que afectan a la convivencia pacífica de todos los españoles, que existen una serie de principios supraconstitucionales que son la esencia de nuestro sistema político, social y cultural como nación, y que no están al arbitrio de decisiones individuales o de procesos electorales. No debe olvidarse que la Constitución existe porque existe España, y no al revés. Los valores que la Constitución reconoce y promueve, no emanan de un texto constitucional aprobado en un referéndum. La Constitución no crea el derecho a la vida o a la libertad de expresión; son estas conquistas sociales producto de una evolución histórica y no de que se transcriban con mayor o menor éxito en un texto normativo. El derecho a la libertad, a la propiedad privada, a la seguridad, existen por la propia naturaleza humana y si no son reconocidos por las leyes, corresponde a los ciudadanos luchar por ellos, como tantas veces ha ocurrido en los siglos que nos anteceden.

A veces se confunde la democracia con la fuerza o el poder del voto, otorgando a éste la legitimidad para modificar cualquier principio de convivencia. Un voto ni todos los votos expresados en un momento dado de la historia, pueden contravenir los principios y la historia, aunque ésta no sea compartida por algunos, lo que no oculta o hace menos efectiva su realidad siendo la base de donde venimos y que nos da la vida como nación y ciudadanos de la misma. Lo que la sangre derramada de muchos consiguieron no puede quedar al arbitrio de un momento político. ¿Podemos imaginar a Francia votando por abolir los principios de  Libertad, Igualdad,  o Fraternidad, sería como votar contra el aire limpio o contra el sol, sería votar contra Francia? ¿O Al Reino Unido votando contra la Carta Magna?

En España hay partidos políticos que se posicionan defendiendo la dictadura del voto contra los principios que nos hacen ciudadanos libres. En política hay un margen amplísimo para la discusión y la acción de gobierno, pero apenas un resquicio para poner en duda realidades y ambiciones que nos acompañan como seres humanos, estén o no recogidas en la Constitución.


Definir cuáles son esos principios no es una tarea sencilla y podemos encontrar posiciones muy antagónicas, pero en mi opinión apenas se pueden contar con una mano aquellos principios que son intocables, exentos de discusión y sujetos solo al devenir de la historia de los pueblos, ya haya sido por la vía de la evolución o de la revolución. Yo me atrevería  a decir que la unidad de la patria; la monarquía parlamentaria; el derecho a la propiedad privada; el derecho a la vida y a la libertad de expresión, culto y pensamiento, la elección democrática del poder representativo, el derecho a un juicio justo y  la independencia del poder judicial. Estos principios cuentan en nuestra Constitución con una protección reforzada y la sociedad tiene la obligación de defenderlos ante cualquier amenaza.

El derecho a la propiedad privada es el triunfo de los hombres libres frente a la propiedad real, de los nobles y la iglesia del Antiguo Régimen. Que los bienes puedan ser de las personas los hace libres y sin embargo hoy hay partidos que quieren volver a la propiedad pública frente a la de los ciudadanos, queriendo retrotraernos a la Edad Media. El derecho a un juicio justo y la independencia judicial ha sido otra gran conquista de los hombres frente a los poderes públicos autoritarios que siempre dominaron la justicia y la pusieron a su servicio; y ahora otra vez hay quienes dicen que la justicia debe subordinarse otra vez al arbitrio del poder. La nueva izquierda piensa como los señores feudales y los reyes absolutos, nadie como ellos saben interpretar las necesidades de su pueblo y regular sus derechos.

Frente a los que defienden la libertad de los ciudadanos para elegir si son españoles o  no, hay que recordar que España es la nación más antigua del mundo; millones de nuestros antepasados dejaron su vida para mantenernos como nación desde Pelayo a Agustina de Aragón. En la defensa de Girona, Fuenterrabía, Alto de los Leones, Bailén, se construyo nuestra España. ¿Acaso no eran catalanes o vascos los que también hicieron grande a España o la defendieron contra el invasor? Todo este proceso histórico no puede cambiarse al albur de un deseo coyuntural de una parte de la sociedad que en un momento de insatisfacción decide apartarse de su historia, como si una rama pudiera desprenderse de un tronco y seguir viviendo. No digo que no pueda hacerlo, porque así se han construido las naciones, pero no se decide por decreto o por referéndum. En mi opinión los principios del Titulo preliminar están fuera de la voluntad popular y por tanto no pueden modificarse por la fuerza de los votos.

La evolución del hombre nos ha ido dotando, con sonados altibajos de civilización, de criterio. Hoy en día los hombres podemos resolver la gran mayoría de nuestras diferencias por el diálogo, y esto es posible porque hemos ido perfeccionando el raciocinio. Ya deberíamos haber aprendido que las decisiones importantes deben madurarse y meditarse. Sin embargo últimamente los políticos de todo el mundo pretenden arrogarse el poder de cambiar la historia en una noche por unos votos, y deberían haber aprendido que la racionalidad exige sentido común y visión histórica. Los hombres no pueden votar contra sus raíces, sería como votar por el suicidio.

La sociedad española sin duda esta muy marcada por muchos acontecimientos negativos, pero no nos equivoquemos son mucho más los logros. No culpemos a los principios supra constitucionales de los males de nuestra sociedad y pretendamos cambiarlos porque la tiranía del voto no puede justificar violentar los principios sobre los que se basa nuestra convivencia.

Los principios del Titulo Preliminar de nuestra Constitución como su propio nombre indica son previos a la disposiciones normativas. La separación de poderes, la monarquía parlamentaria, las fuerzas armadas, son instituciones que velan por los principios constitucionales. Esto no significan que puedan saltarse la ley o los propios principios para imponer otros diferentes, pero nos enseñan que existen límites al obrar y decisión de los ciudadanos. Las instituciones deben velar por el cumplimiento de las leyes, y por una interpretación según los principios excluyendo lecturas contra legem ,como a menudo se nos aparecen muchas decisiones jurisdiccionales o políticas que pretenden amparar en la ley lo que claramente la vulnera. Como decía el viejo aforismo latino “ in claris non fit interpretativo”.

A veces basta una simple lectura de algunos artículos constitucionales para verificar hasta donde se limitan o reinterpretan.

Artículo 1
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.
Artículo 2
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
Artículo 3
1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
Artículo 9
1. Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.


La Constitución permite que hasta los que pretenden violentar los principios puedan concurrir a la elecciones; hecho que por una cuestión de supervivencia constituye un gran error, pero incluso la libertad de pensamiento y de acción política son parte de está máxima expresión que son los principios constitucionales; pero corresponde a la sociedad y a las instituciones velar para que los valores supra constitucionales no sean violentados ni por particulares y mucho menos por los poderes públicos, porque ningún gobierno está legitimado para hacerlo aunque haya detrás millones de votos.

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