miércoles, 29 de junio de 2016

EL PP COMENZARÁ LA LEGISLATURA EN LA OPOSICIÓN

Decía Benjamín Jarnés que el júbilo verdadero sólo se adquiere a costa de un dolor vencido, y sólo así se entiende la alegría desbordante en el balcón de Génova. Cuando en apenas dos horas se pasa del abismo a una rama a la que asirse en el desfiladero, es normal mostrar una gran emoción, sin percatarnos que no estamos salvados, y que la rama frágil puede romperse y llevarnos al fondo del precipicio definitivamente.

Pensar que el Partido Popular va a liderar el gobierno de España es no haber aprendido las lecciones de la efímera legislatura que acabamos de cerrar, ni entender la dinámica de los partidos en España. No hay más que aplicar la teoría de juegos y los mecanismos de cooperación para entender porque no es posible un gobierno del PP que cuente con la abstención del PSOE.

Comencemos por un hecho que es muy relevante; el único que tendría un interés en que hubiera unas terceras elecciones sería el Partido Popular. El electorado ha penalizado a los que se han negado a facilitar un gobierno del o con el partido más votado, mientras que la actitud de defensa de la gran coalición, que sin duda cuenta con el mayor consenso social, así como la continua evolución positiva de nuestra economía ha dado alas a un Partido Popular que ha mejorado en mucho sus expectativas. Es decir que PSOE, Ciudadanos y Podemos tienen un interés común: que no haya nuevas elecciones que sólo serían posibles porque se negarán en principio a apoyar al Partido Popular.


Podemos ha perdido votos que se han ido mayoritariamente a la abstención; es decir su mensaje ya no ha calado en un sector del electorado que ahora se debatirá entre regresar al PSOE, apostar por una Izquierda Unida que cuenta ahora con muchos más diputados en una coalición que hoy hace aguas o quedarse en casa, o seguramente una mezcla de los tres. Además Podemos tiene dos flancos débiles que sin duda lo fortalecen, aunque parezca una contradicción. Los socios catalanes se sienten tan fuertes que aspiran a liderar el proceso soberanista, es su única tabla de salvación por lo que es muy posible que en breve decidan marchar solos, si Podemos decide abandonar esta deriva soberanista, que lo hará. La explicación es que la única opción de que Podemos y Pablo Iglesias sobrevivan es alcanzar el gobierno a cualquier precio. Ahora ya son socialdemócratas y pronto serán lo que haga falta. El fortalecimiento de Errejón muestra claramente que las opciones para un pacto que ya casi estaba cerrado antes de las pasadas elecciones, entre Podemos y PSOE sea una realidad sin traspasar ninguna línea roja. 

El PSOE de Pedro Sánchez siempre ha sido muy claro. Su alianza natural y su deseo está en formar gobierno con Podemos e Izquierda Unida; siempre que ha podido hacerlo lo ha hecho. La supremacía por apenas un punto porcentual del PSOE sobre la coalición de izquierda populista, le mantiene la legitimidad a Pedro Sánchez para ser presidente de un tripartito. Muy distinto hubiera sido en caso de sorpasso, pero hoy Podemos sólo tiene una alternativa, apoyar a Pedro Sánchez aunque sea sin entrar en el gobierno.

Pero para este tripartito falta la pata de Ciudadanos, que también tiene extraordinarias razones para formar parte de esta alianza. Formar gobierno con el PP, en caso de una abstención del PSOE, pondría al socio naranja en la peor de las posiciones con una oposición de izquierdas y nacionalista que haría imposible sacar ninguna ley y mucho menos la de presupuestos. En un régimen parlamentario pretender gobernar y reformar exige de acuerdos estables para la legislatura. El PP nunca va aceptar ser reo de una mayoría parlamentaria opositora. 

El PP solo debe aceptar el gobierno si la abstención del PSOE comporta una legislatura de al menos dos años con un programa de reformas pactado. Esto es una quimera lamentablemente.  Sin duda el más perjudicado de este gobierno sería Ciudadanos que debería acabar votando propuestas populistas para no verse salpicado de la política conservadora del PP o estar en el gobierno sin poder aprobar ni una sola ley reformadora. El PP no debería ir a una investidura sin un acuerdo de gobierno con Ciudadanos. No se puede gobernar España con 137 diputados, es imposible y esto exige la entrada en el gobierno, pero como digo esto no va a ocurrir.

Todos los que afirman que lo importante son los programas y no los sillones olvidan el principio máximo de la política, el poder. Desde el poder se cambian las políticas o se mantienen. En política todo es el poder, y es legítimo y por tanto la ambición de Rivera, Sánchez e Iglesias como de Rajoy es alcanzar el poder.

¿Qué ocurrirá entonces?

Rajoy irá a una investidura que no va a sacar; y lo peor de todo es que tendrá que ir aunque sepa que va a perder, porque no se puede decir dos veces No al rey. Pedro Sánchez no le va a dar el gusto a Rajoy de salir elegido a la primera después de como lo pasó él en su propia investidura. Ciudadanos dudo que cierre un pacto con el PP como hizo con el PSOE, porque tiene mucho que perder, verse absorbido por el PP, circunstancia que no le ocurre en caso de un pacto con el PSOE de donde apenas pierde o gana votos.

A continuación Pedro Sánchez llamará a Pablo Iglesias y a Rivera; es mucho más fácil gobernar contra alguien que a favor de algo. Seguro que pactarán una serie de reformas como las que ya firmaron en la anterior legislatura. Podemos levantará sus vetos a cambio de ofrecer a sus votantes andaluces, madrileños, valencianos, es decir no nacionalistas,unas reformas inmediatas como la ley de emergencia social, derogación de la reforma laboral y reforma de la ley electoral. Solo con estas tres medidas, los tres partidos encontrarán suficientes elementos para alcanzar un acuerdo y mandar al PP a la oposición.

El efecto inmediato será la salida de Rajoy y un proceso de debate interno que le dejaría al tripartito al menos dos años de legislatura. Dos años en los que semejante apisonadora con sus medios afines podría mermar sin duda la fuerza electoral del PP, o al menos eso creerán para justificar su decisión. Ciudadanos aparecerá como el elemento moderador que impulsa las reformas y lucha contra la corrupción; Podemos accede al gobierno central mientras gobierna en las principales ciudades, y el PSOE con la presidencia del gobierno se dará por contento, creyendo que podrá capitalizar todo el posible rédito electoral de esta alianza, maximizando el voto útil de los 12 millones de españoles que soportarían dicha coalición.

La abstención del PSOE para que gobierna el PP supondría terminar con el zapaterismo, y por mucho que le pese a Susana Díaz, sigue siendo muy mayoritario el sector más radical en el Partido Socialista. Para un gobierno de coalición con el PP, no hay nadie preparado; la memoria histórica es una losa demasiado pesada en la mente de la gran mayoría de los socialistas para pactar con el partido popular. Miremos a Portugal y entenderemos qué nos va a pasar.

Así que mejor que el PP vaya bajando las expectativas; siempre le ha ido mucho mejor y se reorganice para dar la batalla dentro de dos años; de momento, ésta la tiene, a mi juicio perdida.





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