lunes, 25 de julio de 2016

Que vuelvan los cazafantasmas

Tenemos los fantasmas del pasado, los fantasmas del presente, muy abundantes por cierto, y todos los que pretenden asustarnos con la llegada del lado oscuro, que son los gafes. No me extraña que ante los eventos que nos están rodeando en los últimos tiempos, Hollywood se haya lanzado a una nueva versión de los cazafantasmas. Si creíamos que Trump era un fantasma a cazar provocando a los mexicanos, llega Hillary y acusa a Putin de desvelar unos correos que manifiestan la manipulación dentro del partido demócrata y para echar balones fuera provocamos la tercera guerra mundial. Pronto un fantasma peligroso y demasiado charlatán para el puesto vivirá en la Casa Blanca. También tenemos otros fantasmas peligrosos desperdigados por las presidencias y cancillerías. Por eso necesitamos a los cazafantasmas y por supuesto en España son requeridos para actuar a la mayor brevedad.

Una vez más nuestro principal fantasma somos nosotros mismos y nuestra desafección a lo que somos y queremos ser. Hace más de cien años Unamuno, militante del PSOE por algún tiempo y vasco declaró: “ Me duele España, y debe ser porque los fantasmas nos vienen asustando hace ya demasiado tiempo . Si la España de hoy es tan diferente en lo cultural y en lo social de aquélla en la que vivió don Miguel, ¿Por qué una vez más necesitamos a los cazafantasmas? ¿Cómo es posible que no hayamos avanzado con el progreso producido en el siglo más espectacular de la historia para superar a todos estos fantasmas que nos han atenazado y nos han impedido consolidar un modelo económico y social estable y de consenso? Un siglo con una guerra civil, cuarenta años de dictadura, los cuarenta anteriores de cleptocracia, y y no hemos aprendido gran cosa y ya estamos necesitando que vuelvan los cazafantasmas, ¿Tan malos alumnos somos?

Desde el punto álgido de la decadencia española en 1898, España apenas ha vivido dos momentos históricos relativamente brillantes, y con muchos claroscuros, pero en España no hay nada totalmente perfecto: el bienio progresista producto de una ilusión colectiva por cambiar el rumbo del país y vertebrar la nación sobre bases sólidas, que murió asesinado por el comunismo y el fascismo imperante. Elegimos el peor momento de la historia contemporánea para democratizarnos. El segundo, es sin duda un periodo más largo y abarca desde 1976 hasta el 11 de marzo de 2004. Cuarenta años de dictadura que produjo a los mejores servidores públicos de la historia de España en muchos siglos, a todos aquéllos que desde dentro o desde la oposición decidieron construir un futuro común y que contó con un aliado excepcional, Europa. Ahora estos ilustres líderes han sido prejubilados cuando están en unas condiciones óptimas para seguir construyendo el país, apenas todos tienen la edad de Donald Trump y más jóvenes que Bernie Sanders, pero nuestros jubilados ya parecen espectros que aparecen cuando menos y donde menos se les espera asustando al personal la mayor parte de las veces.


La llegada de Zapatero al poder marcó un antes y un después, y lo cierto es que todavía estamos en una etapa de pesimismo generalizado. Hemos avivado en este tiempo todos los fantasmas del pasado, el enfrentamiento entre españoles, el separatismo, la creciente intervención del gobierno en la vida de las personas y el oportunismo político. Los mismos males que nos llevaron al conflicto civil que se inició hace ochenta años. No quiero con esto decir que vaya a reproducirse esta página tan negra de nuestra historia, pero estos males son los mismos que ya indicaron el Arcipreste, Quevedo, Unamuno, Ortega. Demasiados siglos perdidos para la historia de un gran país.

Los grandes logros de estas últimas décadas en términos de bienestar, seguridad, protagonismo exterior, descentralización, ahora parecen distantes y lejos de ser un activo, en muchos casos son un problema irresoluble. Una vez más no es que una de las dos España nos hiele el corazón, es que hay tantas Españas que el corazón común es imposible de sostener, incapaz de bombear sangre a tan diferentes y opuestos capilares.

Tengo la sensación además que este dolor compartido no produce una reacción si no un pesimismo o indiferencia. Sabemos que los problemas están ahí y esperamos que la reacción del cuerpo sea suficiente para no tener que administrar antibióticos por los efectos secundarios que pueden producir. Muchas veces una buena inyección de penicilina es necesaria para evitar que el cuerpo siga su lento pero inexorable camino de desintegración, pero nos falta el galeno dispuesto a asumir las consecuencias de una fuerte dosis de Españicina.

Los acontecimientos de los últimos años, quizás meses, han ahondado el dolor, que ya resulta visible en forma de sangría, el mal ya es visible y no sabemos si como en los icebergs, lo que se oculta es mucho mayor, pero eso intuimos.

Cataluña, esa parte que se echó en brazos de Aragón y de Castilla a través de un compromiso de futuro, se dice independentista y su mayoría política y social parece que desea separarse de España, como si el problema no fuera suyo sino del resto. Creen que amputándose se van a ver liberados de los males, como si ellos no padecieran la misma enfermedad. No digo que no pudieran existir ambiciones separatistas basadas en una comunidad cultural, política, social diferente, pero ¿Cuántos de estos airados y pijos separatistas han leído a Maragall, Aribau, Muntaner, Ferrer, Pla o a a sus vecinos Ausias March o Ramón Lull?. Solamente conocen de Cataluña las simplistas lecciones de historia a medida diseñadas por los separatistas. No se educa a los hijos catalanes en la verdad sino en su verdad. Es como una religión y el separatista es su propagandista; unos cuantos de esos rayos atrapadores de espectros y fantasmas harían mucho bien en aquella parte que los romanos hace ya mucho tiempo llamaron Hispania Citerior y que incluía a Ampurias y Barcino.

Muchos esperarían del gobierno nacional una reacción airada, casi bélica como Batet en 1933; otros consideran que la mayor flexibilización y descentralización calmará las ansias independentistas. Ambas soluciones son dudosas para mi, porque la semilla se sembró hace ya mucho tiempo y se ha venido abonando todos estos años y ahora está fuertemente enraizada. Pero me quedo con la leve esperanza de que estos movimientos están basados más en la manipulación y en el desconocimiento de la historia objetiva que en una deseo ferviente de un nuevo nacionalismo excluyente. La solución de decir, refundamos España dando a las regiones el derecho a decidir, que en el fondo es el federalismo o la posición de Podemos, es negar una vez más la historia, y sobre todo no resolvería nada. Durante siglos todos estos problemas se resolvían de una forma más rápida pero sangrienta; hoy nos toca sentarnos a hablar y encontrar vías de encuentro, pero me temo que la democracia española carece de los activos y liderazgos necesarios para resolver este problema. Esta España en continua tensión será la que viviremos en las próximas décadas y producirá sin duda efectos económicos y sociales muy perjudiciales que serán manipulados para terminar en la desintegración inevitable y lamentable.

La insostenibilidad de nuestro sistema económico negada por todos los partidos políticos que apenas les preocupa obtener la subvención hasta final del año, es otro motivo de grave dolor. Podrán vestirlo de buenos deseos o de fórmulas presupuestarias; nuestro sistema económico y social se está tambaleando, no da para mucho y parece que todo esto es una visión catastrofista o antiespañol,  como señaló el presidente Zapatero en 2008, ¡Pues que se lo digan a los tres millones de parados antipatriotas que todavía buscan una vía para salir adelante con sus familias¡. La megacelafia gubernamental es insostenible; el sistema de pensiones ya hace aguas y llegar a veinte millones de cotizantes medios es una quimera que acabará en unos seis meses cuando nuestra economía crezca por debajo del 2%. Si una economía creciendo al 3,4% y con cero inflación no ha sido capaz de corregir ninguna desequilibrio macroeconómico, ¿Cómo va a hacerlo cuando las condiciones sean mucho peores?. Desde 2008 hasta 2015 hemos vivido y mantenido nuestro sistema económico tirando de la tarjeta de crédito, apenas hemos crecido en todo este periodo, sin embargo sí lo han hecho los gastos públicos. Las cuentas no cuadran y como parece que nadie está dispuesto a recortar en salud, pensiones, dependencia, funcionarios etc etc, pues sólo nos quedará subir los impuestos. Ese fantasma recaudador que pretende acabar con los sueños para financiar pesadillas.

La izquierda cree que los impuestos son como la máquina de hacer dinero, y en el fondo es lo mismo, pero solo hay un pero, los impuestos dependen de la capacidad de innovación y emprendimiento de los empresarios y autónomos. Todos, funcionarios, jubilados, parados, empleados, estudiantes, dependen de esta increíble masa de apenas unos cinco millones de personas que trabajan para si mismos y para la sociedad y crean empleo. Si les atacamos o les reducimos su capacidad de crear, todo el sistema se resentirá. España es insostenible económicamente y qué pasará cuando tengamos un 30% de la población por encima de 65 años sin apenas ingresos y sus hijos sin haber cotizado o tener sueldos suficientes para mantener a sus hijos cada vez más escasos y a sus padres. Esta insostenibilidad nos va a traer un parón demográfico que se acentuará a mediados de siglo. España será un país para viejos, y cuando comiencen a morirse en pocos años de golpe, reducirán la población a menos de 40 millones de personas y con menos gente y menos agentes productivos, la recesión nos puede retrotraer a los años veinte del siglo pasado.

Cuando tienes un dolor, siempre tienes la esperanza, la ilusión de que un nuevo doctor o medicina va a remediar nuestros males y nos aferramos a ella esperando que no nos defraude, y los españoles somos fáciles de ilusionar pero tanto como de desilusionar, y esta es una lección que deberían aprender los políticos. Yo fui uno de los que se creyó lo de la regeneración, era como si Joaquín Costa se levantará de su tumba a reclamar su legado; el partido de la ciudadanía recordaba a los momentos épicos de las revueltas liberales del siglo XIX que trajeron el cambio politico, económico y social a Europa. Pero al final más de lo mismo. Todos tienen argumentos para no colaborar a resolver los problemas y lo puedo entender en este sistema de partitocracia. Entiendo que Ciudadanos, la vitamina C que confiaba nos iba a dar la energía necesaria, tenga muchos más remilgos en pactar con el PP que con el PSOE, porque su supervivencia se basa en alejarse de la fuente de sus votos; acepto que se niegue a pactar con los nacionalistas pero no he visto a su vicepresidente del Congreso renunciar al cargo por haber recibido esos votos de los que reniegan como San Pedro. Entiendo que el PSOE se esté jugando sus 130 años de historia y que cualquier opción en la actualidad es mala, ya sea apoyarse en la izquierda como en la derecha.

El problema del PSOE es que refleja las mismas tensiones y diferencias que España y por eso no tiene futuro, lamentablemente. Comprendo que Podemos quiera sacar partido de una situación de conflicto social como el existente cuando el gobierno de Zapatero se hizo de derechas para luchar contra la recesión. Fue el PSOE y no el PP y sus políticas, las que crearon a Podemos, de manera que para el PSOE, Podemos es la muestra de su fracaso. Si todas estas diferencias pueden más que España y una decidida voluntad de construir un futuro común a pesar de las diferencias, estamos jodidos. Si en 1977 se sentaron en la misma mesa Alfonso Guerra y Manuel Fraga que estaban en las antípodas, ¿Cómo no es posible hacerlo ahora? El postureo, este neologismo que explica muy bien lo que antes decíamos “ hacerse el longui” demuestra dónde estamos en lo político. Solo valen las formas, pero de arrimar el hombro, nada de nada.

Y finalmente echo en falta a los cazafantasmas porque la sociedad está abandonando pilares sustanciales de lo que ha sido nuestra convivencia. Los fantasmas del pasado han sido sacados de sus tumbas para cobrar viejas deudas y ahora todos estamos enfrentados por alguna motivo; por ser catalán o madrileño, de izquierdas o derechas, empresario o empleado, católico o ateo, homófono o gay. Si persistimos en las diferencias más que en lo que nos une, mejor mandamos todo esto al vertedero y volvemos a empezar como Viriato en Numancia a construir un nuevo país, aunque a lo mejor hay que retrotraerse más atrás ya que seguro que unos se dirán descendientes del homo sapiens y otros serán neandertales y vuelta a empezar. Necesitaríamos que los cazafantasmas ahora que vuelven a las pantallas, se dieran una vuelta por nuestro país. Porque entre tanto fantasma, fantasmón y fantasma del pasado vamos a terminar con esta bellísima e irrepetible historia. Es imposible construir un país que está más pendiente de los Comuneros, Casanova, Fernando VII, Maroto, Franco, Durruti, que de Pizarro, Hernán Cortés, Blas de Lezo, Cervantes, Velazquez, Ramón y Cajal, El Cid, Pelayo. Esta visión pesimista que entre todos nos hemos creado de España nos va a llevar a la ruina. 

Nada más triste que el exilio forzoso y nada más enriquecedor que el voluntario. Quizás ha llegado la hora de volver a mirar hacia fuera; si no llegan los cazafantasmas, mejor salir corriendo antes de que caigamos en las tinieblas. Nos engañan a diario con vanas palabras en esa alianza diabólica entre medios de comunicación y partidos políticos. ¡Qué tiempos cuando los periodistas eran la voz del pueblo frente a los poderes y los poderosos¡ También hay mucho fantasma comunicador así que estamos rodeados.

Los cazafantasmas son la única ilusión que me queda, así que si ve algo extraño en su barrio como dice la canción de la famosa película llame a los cazafantasmas “ If there´s something strange in your neighborhood Who you´re going to call? Ghostbusters.





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