viernes, 19 de agosto de 2016

La investidura de Rajoy pasa por Cataluña

Los dos mayores retos que tiene planteada la política española en este cálido verano de 2016, no cabe duda que son el desafío separatista catalán y la formación de un nuevo gobierno en España. Podría parecer a primera vista que ambos se mueven en planos diferentes, pero nada en la política es absolutamente independiente. La evolución de los acontecimientos y la disposición de las fechas de los mismos me llevan a una conclusión, lo que más le conviene al partido demócrata catalán es permitir que gobierne Rajoy el próximo dos de septiembre.

En la lógica de los enfrentamientos políticos, lo teóricamente más favorable para los independentistas catalanes sería que no hubiera gobierno en Madrid; pero éste es el primer error. El segundo es considerar que los convergentes no aspiran ya a liderar la política catalana y que se conforman con ser la comparsa de Esquerra y las CUP; y el tercer error es considerar que al PDC le interesa más que gobiernen entre el PSOE y Podemos a un gobierno del partido popular.

Ha sido el gobierno en funciones de Rajoy el que en toda la historia de la democracia española más acciones ha tomado en contra del secesionismo en Cataluña. Verse liberado de otras muchas obligaciones propias del gobierno, le permite a Rajoy arremeter con la fiscalía y el Tribunal Constitucional contra las decisiones del parlamento catalán con el aplauso unánime de su clientela política. Cuanto más haga Rajoy contra el secesionista más votos cosecha dentro y fuera de Cataluña. Ahora bien, un gobierno que requiera de apoyos para sacar leyes, como los presupuestos y otras reformas, se verá expuesto a una dialéctica política muy diferente de la actual de mono atención en lo catalán. Una legislatura de un Rajoy debilitado, dependiendo de un partido minoritario como único apoyo y con una mayoría radicalizada en la izquierda con casi 160 diputados es un escenario en el que los antiguos convergentes puede sacar mucho más rédito que de un gobierno en funciones o no digamos de un gobierno de izquierdas, que entregaría el poder en Cataluña a sus verdaderos adversarios, Podemos y Esquerra Republicana.

Lo acontecido con la Mesa del Congreso es una prueba palpable de que si Convergencia quiere estar de forma activa en Madrid, necesita participar del juego político y eso pasa por permitir que haya un gobierno que para el noventa por ciento de las leyes va a encontrar coincidencias con los nacionalistas del centro derecha del PNV y del PDC y no con un PSOE que amenaza con la barricada parlamentaria para reivindicarse frente a Podemos.

Si Rajoy forma gobierno y arranca la legislatura, la izquierda va a sufrir un gran colapso. La crisis en Podemos no parece pasajera y cada día que pasa, y eso que no ha comenzado el gobierno, la situación de liderazgo se complica. Los votantes transversales que llevaron a una gran mayoría a creer que España podría ser gobernada por Podemos, hoy están perdidos y sin alternativas sólidas. Peor sería la situación en el PSOE. Si Pedro Sánchez cree que va a liderar la oposición a Rajoy, está muy equivocado. Su crédito se acaba el día dos de septiembre. Un dirigente que no líder cuestionado por todos, sólo necesita de un pequeño fracaso para precipitar su caída. El núcleo irreductible de Pedro Sánchez no sólo es pequeño, es que es insignificante dentro del partido. 


Pero pasemos al ámbito catalán que es en el fondo donde los nacionalistas se juegan su futuro. Existen fuertes presiones dentro del partido para cortarle la melena a Puigdemont y para que no se alcance un acuerdo con la CUP de cara a la moción de confianza. La falta de un techo de gasto y una eventual prórroga de los presupuestos son una losa sobre las pretensiones de la izquierda radical nacionalista de incrementar el gasto social, de manera que ni siquiera Puigdemont dispone de herramientas suficientes para satisfacer a la CUP y su caída podría ser inminente, así que mejor ir buscando apoyos de cara a seguir gobernando. Los convergentes son los convidados de piedra en Junts por el Sí, y cada día que pasan en esa coalición, su pérdida en votos es más dramática. Convergencia ante unas elecciones autonómicas no sólo tendría sorpasso por la izquierda nacionalista sino también por la menos nacionalista que encabeza Podemos y Colau, que no es exactamente lo mismo. Que Convergencia pase a ser tercera fuerza es una consecuencia más indeseable que aceptar cualquier entendimiento con el gobierno español.

La última encuesta de La Razón muestra el tremendo deterioro en votos, y no digamos en militantes. Convergencia ha perdido casi dos tercios de sus militantes de la época dorada del Pujolismo cuando el partido nadaba en la abundancia, -–todos sabemos que las fidelidades son costosas en política–, y este desgaste económico ha hecho mucha mella en el partido nacionalista de centro derecha catalán.

Si Convergencia quiere hacer un giro de cara a lo que estar por venir, y ya a estas alturas no nos extrañamos de nada, su caladero de votos estaría en el socialismo nacionalista catalán, que sigue teniendo un peso de cierta importancia y que sin duda buscaría un carro más afín a su originalidad nacionalista, si el socialismo de los Morancos se hiciera con la secretaría general del partido; también encontraría parte de sus votos en sus primigenias raíces, en la derecha catalanista regionalista. La pérdida del impulso soberanista también le devolvería un buen número de votos a Convergencia que ahora, puestos a tirarse al monte, confían mucho más como compañeros de pendencias en Tardá o Rufían que en los elegantes Artur Mas o Francesc Homs.

Los que los convergentes saben y no dicen es que el camino a la independencia no es posible contra el gobierno de Madrid; han de esperar otros momentos más propicios en los que en Madrid encuentren eco a sus reivindicaciones. Para tirarse al monte hay que tener el canut bien lleno, y de momento el que le rellena el canut a los catalanes es el supuesto expoliador Montoro, y así no hay quien pague una revolución. 

Este cambio no le va a salir gratis a Convergencia, pero no tengo ninguna duda, conociendo la historia del nacionalismo catalán, que se encontrarán bases para un acuerdo con el que echar a andar. No es para confiarse porque hay mucho por hacer en contra de la política de los últimos treinta años que nos ha llevado al separatismo existente hoy en la sociedad catalana. Y este es otro motivo de peso para que Convergencia sea el valedor de Cataluña ante un gobierno menos hostil, frente al radicalismo improductivo de Esquerra, la CUP y Podemos. 

Si vamos a unas terceras elecciones y entre Ciudadanos y el Partido Popular obtienen mayoría absoluta, ya pueden irse preparando los nacionalistas para ver cómo se reinventa el modelo de inmersión en pura clave constitucional y como otros muchos “avances” en la terminología nacionalista catalana se van por el desagüe. Si nadie lo evita y votamos el día de Navidad, y hubiera una victoria de la derecha mas españolista, la figura del caganet en el belén sería la de Artur Mas, por haber llevado a Cataluña a donde nunca quiso conducirla.

La alternativa de abstenerse en el Congreso le permitirá a Convergencia recuperar el peso en Madrid frente a la Esquerra que quiere arrogarse la representación nacional catalana; moderar las ansias antinacionalistas de la derecha; asegurar una buena relación con el tesorero de España y además contribuir a la mejora económica del país. En Cataluña el cambio de estrategia le dará bien resultado frente a los pragmáticos catalanes que se hicieron mayoritariamente independentistas porque sis líderes les dijeron que era posible. Ahora que ya encuentran piedras en el camino, deberán optar entre el choque contra el estado, de impredecibles consecuencias o buscar asegurar los logros obtenidos, ese es el único dilema al que se enfrentan los catalanes y Convergencia bien puede liderar un proceso de defensa del nacionalismo tradicional frente a las aventuras radicales y los "reaccionarios españolistas”.  Si los partidos moderados nacionalistas desaparecen devorados por la izquierda radical, los españoles, ante el declive y la deriva del PSOE, se encontrarán con una única alternativa: el Partido Popular o la radicalidad nacional o nacionalista, y esto no sería bueno para los intereses de los españoles.











No hay comentarios: