domingo, 20 de noviembre de 2016

¿ ES RUSIA UNA AMENAZA MILITAR PARA EUROPA?


Hace ahora unos veinte años, las fuerzas armadas rusas estaban en una situación de colapso, como consecuencia de la desmembración política y económica de la Unión Soviética. La Marina rusa tardó más de siete años en poder enviar una fragata al Mediterráneo, mientras que en sus puertos y bases el material procedente de los esplendorosos años setenta devenía inútil en un 90% incluyendo una gran parte de los submarinos nucleares. Las tropas estacionadas en Oriente debían vender hasta los muebles para subsistir y apenas había combustible y electricidad en los silos nucleares.

Putin llegó al poder a comienzos de este siglo con la promesa de volver a hacer grande de nuevo a Rusia, un slogan bastante reutilizado con posterioridad. Reorganizó la estructura militar y sobre todo la industria de defensa mejorando de forma muy significativa la gestión. Generó un proceso de consolidación de capacidades sin precedentes que ha permitido que la industria rusa de defensa se haya convertido no sólo en el proveedor habitual de equipos de última generación para las fuerzas armadas rusas, sino también uno de los mayores exportadores de sistemas de armas del mundo.

Los conflictos en el flanco sur en los años noventa, llevaron al convencimiento a Putin de que la amenaza sería mucha más efectiva si se modernizaba el ejército y se le devolvía la moral de victoria, que el envío de decenas de miles de soldados en condiciones tercermundistas a combatir en Chechenia. Si hoy vemos la fotografías de los soldados rusos en Crimea y las comparamos con la intervención militar en Chechenia, la diferencia es abismal. Todo esto no hubiera sido posible sin un crecimiento del gasto militar que gracias al crecimiento económico de los últimos años anteriores a 2013 permitieron cuadriplicar el gasto en defensa desde el año 2001. En 2016 el gasto militar en Rusia es de 96.000 millones de dólares, casi un 6% de su PIB, comparados con los 7.000 millones de España, lo que demuestra la tendencia militarista en la política rusa. A pesar de las debilidades de la economía rusa que pretenden llevarnos al convencimiento de que esta amenaza no es sostenible, sigue siendo una gran potencia con ingentes recursos naturales y una de las mayores reservas de oro y divisas del mundo.


Dentro del proceso de modernización militar abordado en este periodo, en 2010 se reorganizaron las fuerzas militares agrupándolas en cuatro distritos estratégicos que agrupan a todas las fuerzas en su territorio. También comenzó en traslado de unidades desde el oriente hacia los nuevos comandos del Sur que cubre las fronteras con las antiguas repúblicas soviéticas y principal fuente de conflictos y al distrito occidental que defiende a Rusia de Europa y que abarca desde Kaliningrado a Moscu, bajo el mando del coronel general Andrey Kartapolov, incluyendo las flotas del Ártico y del Báltico que suponen dos tercios de la Marina de guerra rusa.

También se inicio un vasto plan de modernización del equipamiento que todavía está en fase incipiente y se adoptó una nueva doctrina militar que incorpora el uso del armamento nuclear tanto de forma preventiva como disuasoria incluso contra ataques convencionales. Este cambio de doctrina es lo que convierte a Rusia en una amenaza militar extrema, ya que con sus 4.500 cabezas nucleares dispersas por todo el territorio y en los mares, constituye la principal amenaza a la seguridad occidental, superando a China en su capacidad nuclear y disposición para su uso.

Si comparamos en la actualidad el balance de fuerzas europeas y rusas, y a pesar de que Europa gasta en su defensa más que Rusia, está claramente a favor de Rusia en la capacidad terrestre y aérea e inferior en la naval. Dentro de diez años, Rusia tendrá una clara superioridad militar frente a todos los países europeos. La fragmentación de Europa implica que con un gasto similar en equipamiento, el resultado es que Europa recibe la mitad de equipamiento que Rusia y su escasa unidad política la convierten en un sujeto de escasa influencia y peso en la esfera geoestratégica y sobre todo con una incapacidad de disuasión que los países de Europa del Este perciben como la principal debilidad de su seguridad.

 La superioridad nuclear.

Rusia dispone de 1.790 cabezas nucleares estratégicas y 1.500 tácticas. Estas cabezas se disponen en submarinos, bombarderos estratégicos y misiles intercontinentales y tácticos. Rusia está ahora reemplazando sus viejos misiles Satán y Siletto por los nuevos Topol M (SS-27) teniendo planeado adquirir 50 unidades y los nuevos SS-29 estando previsto adquirir 63 sobre plataformas móviles, casi indetectables, y 10 sobre silos. Se trata de un misil con un alcance de 11.000 kilómetros y mach 20 de velocidad y equipado con cuatro cabezas nucleares. Desde sus plataformas en las cercanías de Moscu tardarían 15 minutos en alcanzar cualquier objetivo en Europa o Norteamérica. Frente a esta amenaza sólo Francia y Reino Unido disponen de una muy reducida capacidad de disuasión en Europa, de manera que Occidente sólo tiene al paraguas norteamericano, lo que no es poco, ya que esta mutua disuasión nuclear implicaría que el uso de la fuerza nuclear por Rusia tuviera necesariamente una respuesta nuclear norteamericana; si esta paraguas quedara debilitado, Europa estaría a merced de Rusia en apenas un fin de semana.

Rusia ha diseñado una estrategia nuclear que le permita golpear primero y que en caso de un ataque por parte de un tercer país mantener casi intactas sus capacidades de respuesta a través de un complejo sistema de ocultación de sus misiles balísticos. Todo un juego de la destrucción planetaria.

Las fuerzas terrestres.

El ejército ruso todavía tiene grandes carencias y su número de efectivos, apenas 250.000 para un territorio tan gigantesco no parece que sea una amenaza. Sin embargo Rusia ha concentrado el grueso de sus fuerzas en el Occidente y Sur ruso, con una mejoras significativas en equipamiento y entrenamiento. En la frontera este de Europa se hallan mas de 150.000 efectivos y casi dos mil carros de combate, aunque la gran mayoría son muy antiguos ( T-72); también unas 1200 piezas de artillería autopropulsada y cientos de sistemas de defensa antiaéreos y vehículos blindados. Frente a esta potencia de fuego, poco o nada podrían hacer las fuerzas convencionales europeas ya que tampoco tendrían una superioridad aérea nítida.

Solamente el ejercito francés y en menor medida el alemán disponen de una capacidad en equipos como para parar un primer golpe, pero entre Bielorrusia y Alemania y Francia apenas existe una capacidad militar real, y de ahí que la Alianza Atlántica esté en pleno proceso de reforzamiento de las capacidades militares en Polonia, Hungría, Eslovaquia, Rumania y Países bálticos, tanto con suministros de equipos como con despliegues de fuerzas occidentales como se acordó en la reciente cumbre de Varsovia.

Rusia apuesta a la solidaridad aliada a la austriaca y no a la polaca, en referencia a la reacción de Occidente frente a la invasión alemana de los dos países en los años treinta, para poder intervenir en determinadas zonas o países que considere vitales para su seguridad. Cuanto mayor y más evidente sea nuestro compromiso militar con los nuevos socios europeos, más lejos estaremos de un conflicto militar con Rusia.

La capacidad de despliegue del ejercito ruso en muy alta apoyada en una red ferroviaria construida para soportar la defensa de Rusia, de manera que en pocas semanas Rusia podría poner al menos 5 divisiones en cualquier punto de su frontera occidental como ocurrió durante el conflicto de Ucrania.

Frente a esta capacidad de movilización, Europa apenas dispone de una capacidad de movilizar recursos terrestres en un tiempo inferior a un mes, quizás cinco brigadas a lo sumo que deberían ser trasladadas desde sus ubicaciones actuales a cualquier país de Europa del este. Este plazo sería una eternidad ante un movimiento militar como el de Crimea.

Las fuerzas aéreas.

El proceso de modernización de las fuerzas aéreas rusas en los últimos años ha sido impresionante. Solamente en los últimos cinco años, la fuerza aérea ha recibido 60 aviones SU-30S, 68 unidades de SU-34 y 48 SU-35 y más de 70 helicópteros Kamov de ataque. Además, aviones de transporte, entrenamiento y helicópteros, Casi 500 aeronaves se han recepcionado en los últimos cinco años. Hoy la fuerza aérea rusa aunque no tiene grandes rivales frente a los F-22 y los Typhon, ya tiene suficiente número y calidad para dominar el espacio aéreo en los países fronterizos.

Podría decirse que Rusia dispone de unos 700 aviones de combate de cuarta generación y que ya ha comenzado a  incorporar aviones de quinta generación similares al como F-35, Rafale o Typhoon como el MIG-35 del que ya se han ordenado 37 unidades y está por iniciar la producción del MIG 41 , también a comienzos de la próxima década comenzarán las entregas del Sukhoi del que están previstas 150 entregas y el proyecto LMFS, un nuevo avión basado en tecnología stealth que sería la competencia directa del Raptor norteamericano.

Podría decirse que en la actualidad y contando con las fuerzas aéreas norteamericanas estacionadas en Europa, existe un cierto equilibrio, aunque la relación de aviones de combate es 2 a 1 a favor de Rusia. Todavía la superioridad tecnológica de los aviones europeos y americano como el Rafale, Typhoon y F-22 permite disfrutar de una ventaja, pero si continúa el programa de modernización de la fuerza aérea rusa, a mediados de la próxima década, Rusia sería muy superior a Europa incluyendo al paraguas norteamericano. Occidente, en especial gracias a Estados Unidos, tiene una mayor capacidad en observación, guerra electrónica, elementos vitales para anticipar respuestas, pero también Rusia está haciendo serios esfuerzos en esta línea que podría ser comparables a los sistemas en uso en Europa por Estados Unidos. Muy notable también los desarrollos en aeronaves no tripuladas rusas, aunque se percibe todavía un cierto retraso tecnológico.

La Armada rusa todavía está muy retrasada.

Rusia dispone de unas 25 unidades de combate de superficie entre cruceros, destructores y fragatas, y apenas se han producido entregas en los últimos años. Se han iniciado las entregas de las fragatas Almirante Grigorovich de las que se obtendrán 6 unidades antes de 2023. Dispone de 16 submarinos operativos convencionales con bastante antigüedad media pero una vez más, los 24 submarinos balísticos con su capacidad nuclear suponen una amenaza gigantesca. En los últimos tres años es han recibido 3 submarinos de propulsión nuclear de la nueva clase Borei para reemplazar a unidades más antiguas por lo que el esfuerzo en mantener la capacidad nuclear constituye el eje de la política militar rusa.

Putin anunció en 2012 su plan para construir 51 buques y 24 submarinos, de ellos 16 de propulsión nuclear, para los próximos diez años; sin embargo la insuficiencia de recursos y los problemas tecnológicos están retrasando este ambicioso plan. En la actualidad la aviación naval apenas dispone de unas 70 unidades con capacidad para vuelo nocturno, de un total de casi 500 aeronaves de combate en servicio lo que muestra unos altos índices de inoperatividad. Para Rusia los mares no son todavía una prioridad estratégica y hasta la Royal Navy mantendría actualmente una superioridad sobre las flotas rusas.

La era Trumputin y las consecuencias para Europa.

Aunque no es fácil saber qué hay en la cabeza del nuevo presidente electo de Estados Unidos, sí sabemos con bastante certeza qué piensa el presidente Vladimir Putin.

La estrategia de Putin con Trump se va a basar, a mi juicio, en tres grandes principios:

Aliados contra el terrorismo internacional, pero haciendo Rusia el trabajo sucio.
Rusia no amenaza a Europa Occidental pero a cambio de su lucha contra el terrorismo, deseará preservar un área de influencia en el Oeste y sur de Rusia, para lo que buscará la comprensión de Trump.

Rusia continuará con su esfuerzo militar preservando e impulsando sus programas de reforzamiento de capacidades nucleares y tácticas para ganar influencia internacional, y en tercer lugar;

Fortaleciendo la colaboración militar con la nueva gran iniciativa multilateral mundial que es el bloque de Shanghai que incluye a un cuarenta por ciento de la mitad población mundial  y seguramente la segunda potencia económica, aunque las disparidades ideológicas entre sus miembros son abismales.

No creo que ningún republicano en Estados Unidos vea con buenos ojos esta estrategia de Putin y no van a permitir que Trump pretenda una entente cordial con Rusia. Sin embargo, sí verían con buenos ojos un distanciamiento de Europa y de sus aliados en Asia, pero que no será real, ya que tampoco está en el interés de Estados Unidos que Europa o los países asiáticos de la SEATO, se vuelvan más autosuficientes en materia de defensa. Tampoco por muy buenas relaciones que mantenga con Rusia, Estados Unidos va a desmantelar el paraguas nuclear, sobre todo porque para Estados Unidos la verdadera amenaza a sus intereses no es Rusia sino China, que va a tener en dos décadas un poder militar comparable a Estados Unidos, si el gigante norteamericano no reactiva sus programas militares. No ha habido ningún gobierno republicano que no haya invertido más en defensa y si Trump quiere militares en la dirección del Pentágono es para reforzar sus capacidades no para desmantelarlas.

Europa necesita sobre todo más integración militar; mas unidad política en los aspectos estratégicos, una mayor apuesta por la defensa del este de Europa e incrementar su gasto en defensa, no solo para dotarse de más capacidades sino para enviar una señal inequívoca a Washington y Moscú, de que Europa es un gran actor económico y político y si nos empeñamos en que lo sea en lo militar también lo será, y ni en la Duma ni en el Congreso americano quieren ver a la primera potencia económica global con autonomía comercial, política, tecnológica y también de seguridad. Quizás sea la hora de poner sobre el despacho oval y el Kremlin la bota europea. Pero no van a ser los populistas que son los colaboradores necesarios de la estrategia de Putin con respeto a Europa los que lo hagan, sino los gobiernos conservadores y socialdemócratas. La mayor apuesta de Putin es que el populismo pacifista se imponga en Francia y en Italia, y si es posible en Reino Unido y España; con esto habrá dinamitado la estructura de seguridad europea; entonces los países del Este abandonados a su suerte caerían en el área de influencia rusa y Trump buscaría pactar un adecuado reparto de áreas de influencia. La creciente influencia política rusa como se ha visto en las recientes elecciones en Moldavia y Bulgaria, es la prueba palpable de los pasos que se están dando desde el Kremlin para cumplir sus ambiciones estratégicas.

La estrategia de Putin es multifacética, necesita generar aliados y amigos; continuar con su poder militar y demostrar de vez en cuando su disposición a usar la fuerza. Tiene que convencer a los europeos de que viven engañados por sus gobiernos que no desean su bienestar sino la confrontación con Rusia. No quiero decir que los supuestos movimientos populistas estén impulsados o financiados o adoctrinados por Putin, pero que sin duda contribuyen a la estrategia de Putin de una Europa más débil, más enfocada en sus problemas domésticos y que abandone a su suerte a todos aquéllos que los populistas nacionalistas de centro Europa no ven como iguales. Que la Unión Europea implosione es un objetivo estratégico para Rusia y China y todos los que contribuyan a debilitarla coadyuvan a la estrategia Trumputin. El Brexit es la prueba más palpable de que esta estrategia puede funcionar debilitando las capacidades militares europeas y generando una multilateralidad diplomática en la que siempre los más grandes salen beneficiados

Conclusión.


Rusia no sólo es una amenaza militar sino que pretende serlo. Mantiene unas claras ambiciones estratégicas en sus fronteras del sur y del Este y además busca fortalecer alianzas militares en Asia, en especial con China e India. El nuevo despliegue de unidades en el frente occidental muestra claramente las ambiciones en Europa de Rusia. El constante esfuerzo militar solo tiene como objetivo una ambición geoestratégica para equipararse a Estados Unidos y China como los grandes superpoderes mundiales. Los nuevos programas permitirán a Rusia a mediados de la próxima década alcanzar una clara ventaja militar frente a Europa, mientras que la red de alianzas políticas en países de su área de influencia comienza a dar sus frutos como en Moldavia y Bulgaria.

El abandono de la Corte Penal Internacional es un claro signo de que no quiere someterse a los tribunales internacionales que podrían encausar a los líderes rusos por crímenes contra la humanidad; hasta en esto coincide con Trump.

Europa debe retomar un impulso en el campo de la defensa; las medidas son sobre todo políticas y organizativas; sin embargo el único lenguaje que entiende Rusia es el de los hechos y sólo un incremento del gasto militar en Europa será percibido como una decidida voluntad del viejo continente de mantener su posición en el tablero mundial. Los gestos y la cosmética ya no serán suficientes.

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