domingo, 11 de diciembre de 2016

HÉROES Y LEYENDAS


Quiso la casualidad que John Glenn falleciese el mismo día que estaba visitando las instalaciones de Cabo Cañaveral y conociendo detalles sobre el programa Orión que marcará un nuevo hito en las expediciones espaciales como lo fueron el cohete Saturno o al transbordador espacial.

Tres conclusiones extraje de mi visita a unas instalaciones extraordinarias. La primera es que Estados Unidos lidera de una forma determinante la conquista del espacio. En el programa Orión trabajan directamente más de 400.000 ingenieros y técnicos en un programa billonario como no podemos hacernos una idea; las estimaciones globales son de más de 200.000 millones de dólares de presupuesto para un proyecto lanzado por el presidente Bush en 2004 “ Vision for space exploration”. Un programa que en sus distintas fases tiene como contratistas a empresas como Lockheed Martin Boeing y Airbus DS, pero en el que participan más de treinta mil empresas.

Orión hará posible viajar a Marte en la próxima década y conocer algunos de los secretos que guarda el Planeta Rojo que pueden ser trascendentales para entender la vida en la Tierra. Asimismo permitirá aterrizar en un asteroide para estudiar su origen y regresar a la luna. Todo un gran esfuerzo que pretende responder a una sola pregunta ¿ Estamos solos en el universo?

También pude conocer los preparativos para lanzar en 2018 el nuevo telescopio espacial James Webb que será instalado a más de un millón de kilómetros de la Tierra con seis veces más capacidad que el Hubble y que permitirá observar galaxias lejanas y asteroides rondando nuestro planeta como nunca antes pudimos hacerlo. El telescopio está casi terminado y es una obra de arte e ingeniería de ciencia ficción en el que han participado diecisiete países que apenas tendrá una vida de diez años y un presupuesto de 8.000 millones de dólares.


Cuando uno observa la inmensidad de esta exploración, los problemas y guerras cotidianas nos parecen insignificantes. ¿Qué hacen las potencias luchando por un barrio derruido en Alepo? O ¿Por qué enfrascarse en reivindicaciones minúsculas e intrascendentes cuando la vanguardia de la civilización mira a millones de kilómetros?

Es un proyecto que trasciende a gobiernos, a naciones y también al tiempo y es todo un ejemplo de cómo deberían gobernarse las empresas y naciones. Estos proyectos que tardan décadas en ver la luz son incompatibles con los procesos electorales en muchos países que no ven más allá de su propio mandato. Son proyectos para una gran nación.

La segunda conclusión la obtuve de la galería de héroes y leyendas donde se evocan a los grandes pioneros del espacio, y entre ellos destaca John Glenn. De familia humilde y muy religiosa, hijo de un fontanero y una maestra, era de los pocos demócratas de New Concord, donde vivió con su familia y salió para combatir como piloto voluntario en la Segunda Guerra Mundial con más de 59 misiones de combate en su Panther. En Corea sumó otras 63 misiones de combate habiendo derribado 3 MIG 15 pilotando su F-86 Super Sabre. Acabada la contienda continuó su carrera como piloto de pruebas siendo el primero en cruzar en un avión supersónico los Estados Unidos en menos de cuatro horas. Por todas estas razones fue uno de los siete elegidos para la gloria del “Mercury Seven”.

La década de los sesenta comenzó con la Guerra Fría en todo su apogeo. A pesar de que Estados Unidos había reclutado a los mejores científicos aeronáuticos del mundo incluyendo al doctor Werner Von Braun, fue Rusia, quien puso un primer satélite en órbita y también a un ser vivo, pero la mayor desgracia para los norteamericanos llegó cuando Yuri Gagarin fue el primer hombre en orbitar la tierra. En aquel momento saltaron todas las alertas en Estados Unidos donde se pensaba que los rusos podrían bombardear desde el espacio o ver lo que hacían los americanos.

Apenas unas semanas después del viaje de Gagarin, Alan Shepard y Gus Grissom salieron al espacio, pero sin duda Estados Unidos se reivindicó con las tres órbitas que John Glenn dio a la tierra en apenas cuatro horas en la misión del Friendship 7, el 20 de febrero de 1962. Cuando uno observa la sala de control que conserva y todavía refleja la histórica misión con todos los equipos analógicos y teléfonos vintage, se da cuenta de la extraordinaria capacidad de ingeniería para con unas cuantas pizarras conseguir poner en medio de la nada una nave y devolverla al lugar de partida. Un celular de hoy en día tiene más capacidad de proceso de información que todos aquellos ordenadores que hicieron posible esta misión.

John Glenn se convirtió en un héroe, y de él se sirvió el presidente Kennedy, su gran amigo, para poner en marcha el programa lunar para que siete años más tarde, sólo siete años, tres astronautas llegaran a la luna. Su cercanía a los Kennedy fue trascendental para que Johnson forzara su renuncia a la NASA cinco semanas después del asesinato de JFK, ante el temor de que con toda seguridad le hubiera ganado la presidencia. John Glenn hubiera sido un gran presidente, pero un accidente en el baño de su casa, cosas del destino, le hizo abandonar sus tempranas pretensiones políticas. John Glenn estaba al lado de los hijos de JFK en su funeral y estaba junto a su hermano Robert cuando fue asesinado años más tarde y pronunció su obituario en su funeral.

Pero John Glenn tenia madera de héroe y patriota, y comenzó su carrera política siendo cuatro legislaturas senador, y no comenzó ganando sino derrotado. Durante los dieciséis años que fue senador fue sin duda muy activo liderando una corriente bipartidista a favor del control de armas, aportando sus profundos conocimientos técnicos en cuestiones como la carrera de armamentos y la proliferación nuclear. Siempre aportó su visión cósmica a los pequeños problemas del mundo y sin duda esto le permitió conciliar a los dos partidos en las grandes cuestiones estratégicas de su tiempo.

Su amigo Bill Clinton le permitió regresar al espacio a los 77 años, siendo también el astronauta de mayor edad que ha viajado al espacio, demostrando que ya no está sólo al alcance de grandes superhombres sino de personas normales, un gran avance para el futuro de la humanidad. Y En España tuvo su reconocimiento al recibir el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1999.

Tanto Obama como Trump han hecho merecidos elogios de la figura mítica de John Glenn que ha fallecido a los 95 años y cuya esposa le ha sobrevivido después de más de siete décadas de matrimonio. Un gran servidor de su país sin mácula relevante. ¡Qué difícil es encontrar hoy en día vidas tan dedicadas a su nación como la de John Glenn¡

Y esto me llevó a la segunda conclusión: Un país sin héroes y leyendas que conciten el aplauso unánime no puede tener un destino común. Estados Unidos es una nación de muchos héroes, muchos conocidos, y otros muchos quizás nada conocidos, pero que están enterrados en Normandía o en las islas del Pacífico. Un país por el que sus ciudadanos no están dispuestos a morir, tiene escasas posibilidades de tener un futuro de éxito. Si pretendiéramos hallar a un héroe español que concilie la unanimidad de todos los españoles deberíamos hace un gran esfuerzo. Y tenemos muchos como Blas de Lezo, que por ser vasco y español pues no tiene el reconocimiento merecido; Viriato, El Cid, Elcano, Hernán Cortes, Pizarro. La gran mayoría de nuestros héroes murieron después de haber padecido prisión, destierro, engañados o ajusticiados. Un país que maltrata a sus héroes tiene un problema existencial grave y de difícil curación

La tercera conclusión que saqué de esta jornada es la necesidad de profundizar en el avance científico; en promover la excelencia en las universidades y en los centros de investigación. Estados Unidos no es la primera potencia del mundo por el poder militar o por las materias primas que posee, sino por sus universidades, sus laboratorios, y centros como la NASA. Esto es lo que hace realmente grande a Estados Unidos. Mientras nosotros discutimos cómo igualar a los estudiantes y facilitarles el camino del fracaso; mientras que criticamos a los científicos que marchan fuera a aprender y nos empeñamos en que se queden en nuestro país sin apenas recursos; si continuamos reduciendo los presupuestos de investigación y optando por subsidiar actividades de dudoso carácter científico, seremos un país de segunda clase. En lugar de desarrollarnos como un estado industrial de la cuarta generación, seguimos creciendo en camareros, guías turísticos y ponedores de ladrillos, un futuro brillante no se augura si no hacemos un cambio absoluto de timón.

 Y llama poderosamente la atención como el sector privado lidera junto al gobierno este esfuerzo. Las empresas de tecnologías y la banca de inversión están apoyando una gran parte de estos programas espaciales con total naturalidad y el gobierno está orgulloso de este partenariado. Son las empresas las que no están a la caza de la subvención, sino arriesgando y colaborando en los grandes proyectos nacionales. Otra diferencia notable entre esta languideciente Unión Europea y Estados Unidos.

Veremos en los próximos años si los españoles podemos entender que estamos fuera de órbita; discutiendo por diferencias minúsculas. Uno se da cuenta que hay más diferencias entre un americano de Miami y uno de Idaho que entre un andaluz y un catalán, y todos tienen un sueño común: su país; fortalecer lo que les une para que todos sean más grandes. También es importante reseñar que Estados Unidos no sería hoy la potencia que es sin un esfuerzo uniformador entre una población con tan diversos orígenes. El idioma y la educación común han sido los grandes logros para conseguir una nación unida que ha dejado para la memoria personal sus antecedentes europeos o asiáticos. Sólo así es posible construir grandes naciones; pero si nos empeñamos en mantener la idiosincrasia y las peculiaridades, nada grande se puede conseguir.


Ésta es la verdadera grandeza de Estados Unidos y por eso este siglo terminará liderado no por chinos anclados en el comunismo con cientos de millones de hambrientos, ni por la Rusia autoritaria, ni por la dividida e insostenible Europa ni por la burocrática India. Así está el mundo, unos mirando a Marte y otros al ombligo; ésta es la principal característica que nos diferencia a los humanos, y que cada uno saque sus consecuencias.

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