jueves, 29 de marzo de 2018

Bienvenidos al PSOBE

Bajo el atractivo y recurrente lema de dar la voz a la militancia, Pedro Sánchez se desliza de una manera vertiginosa a la constitución del Partido Socialista Obrero Bolivariano Español; un ejemplo de democracia directa, o más bien de una relación y comunicación directa entre el líder y todos y cada uno de los militantes. En un modelo en el que estos últimos serán incapaces de agrupar ninguna idea o proyecto al eliminarse la capacidad de articular iniciativas ante el descabezamiento de los niveles intermedios del partido, donde se generan las ideas, los proyectos, las candidaturas. Una vez más, se pretende vender como más democrática la democracia popular; pese a que la historia se empeña en demostrarnos que es la menos democrática forma de democracia, eso sí amparada por un bello pero aparente paraguas de democracia.
La deriva totalitaria es cada vez más clara en el partido socialista acabando con una tradición que se remonta a sus propios orígenes. ¿Cómo mostrarse como un partido federal cuando se niega el poder de las federaciones? ¿Cómo hablar de nación de naciones cuando se le niega la más mínima interlocución al interior del partido?
El nuevo reglamento del PSOE parece redactado por Nicolás Maduro. La mejor manera de evitar a la oposición es desarmarla eliminando los cauces que permitan articular opiniones y críticas internas. La dialéctica planteada por Pedro Sánchez de ser el candidato de la militancia contra los barones es falsa y además torticera. Pretender además imponer un modelo autoritario un líder que lo es, sin contar con la mayoría absoluta de los militantes, es una muestra de que existe aversión a la democracia y sí mucho miedo. Una iniciativa que sólo se explica desde la debilidad.
Pretender limitar la crítica interna especialmente en el uso de las redes, que se han convertido en el principal cauce de la libertad de expresión, es una práctica más propia de Erdogán o del presidente chino que de un partido democrático en Europa. Y este texto es lanzado por aquél que más usó las redes y la crítica interna para imponer su candidatura. Pretender generar un debate interno en cada agrupación con fuerte repercusión pública exigiendo un mínimo de avales, ni es más democracia ni hace más fuerte al partido, sino que le expone mucho másfrente a los que pretenden debilitarlo.
En estos meses en la Secretaría General de Pedro Sánchez ya nos hemos percatado de que no había dos modelos de entender la política; no se trataba de los pactos ni de la justicia social ni de una política de izquierdas; se trataba de ocupar un espacio político para, desde ese púlpito, pretender que una militancia desorganizada sólo tenga como alternativa refrendar los postulados del líder supremo.
Un candidato que llegó renegando de la abstención pero que no ha hecho nada por derrocar al supuesto candidato de la derecha y de la corrupción. Sólo había una razón para limitar el enfrentamiento político con Rajoy: disponer del tiempo y de las circunstancias para laminar la oposición interna, mientras deja que Pablo Iglesias se desangre. Todo, hasta percatarse de que la táctica Rajoy les funciona a todos: no asomar la cabeza.
Los estatutos pretenden dar la voz a los simpatizantes. Unos simpatizantes que no pagan sus cuotas, ni asisten a las reuniones de los comités o casas del pueblo. Los estatutos tampoco dicen qué se entiende por simpatizante, sobre todo teniendo en cuenta que el voto es secreto. Me imagino que bastará con apuntarse a una lista que no se sabe ni quién ni cómo se controla, pero que determinará quiénes serán los candidatos a la presidencia. Suponer que los militantes de un partido son el mejor botón de muestra de la sociedad, constituye un craso error, pero ya en esto cada partido es libre de decidir cómo elegir a sus candidatos. Las elecciones dictaminarán si el modelo es bueno o malo, pero cualquier otro medio de elección al interior de los partidos resulta igual de democrático siempre que existen unas reglas de juego claras y aprobadas por todos.
Si un partido político fuera una logia masónica o un club de fútbol donde los dirigentes deciden a su antojo con el refrendo de la militancia, estas decisiones internas no debieran preocuparnos; pero cuando, como es el caso de las democracias occidentales, los partidos políticos son una organización de rango constitucional con unas funciones claves en el funcionamiento de nuestro sistema democrático, lo que sucede al interior de los partidos constituye una preocupación de todos. La corrupción al interior del PP es una cuestión que daña al sistema democrático, aunque solo haya afectado patrimonialmente al propio partido; por la misma razón partidos que pretenden soslayar la democracia internar para instaurar el caudillismo, constituyen una amenaza al normal funcionamiento de las instituciones.
Cuando el retorno del Jedi se justificó en la necesidad de destruir los elementos que le llevaron a dimitir, como si se hubiera tratado de un golpe de estado contra las normas internas aprobadas, es de un egocentrismo inasumible a mi juicio para el único partido centenario que existe en España, y que es y debe ser parte fundamental de la columna vertebral de nuestro sistema democrático.
No se trata de dar más poder a la militancia, esto es un canto al sol, para que aquellos militantes que votaron a Pedro Sánchez y que estuvieron en desacuerdo con los acontecimientos del pasado primero de octubre de 2016, se sientan amparados y reforzados; pero sólo lo serán si su opinión no cambia, y no olvidemos que la política es tremendamente voluble. Se trata en definitiva de unos cambios que pretenden eliminar la oposición interna organizada, como si en una institución democrática tener crítica interna fuera una amenaza a la democracia o a la fortaleza del partido.
A poco más de un año para las elecciones autonómicas y locales, esto será un mazazo para las estructuras sobre las que realmente se organiza el partido. Seguramente habrá muchos militantes que se felicitarán de que muchos cargos regionales que no estaban en la línea del actual secretario general sean defenestrados y castigados, pero no pueden olvidar que, en un partido federal, negar el paso y la influencia de Susana, Lamban, Ximo, Fernández Vara, García Page, Javier Fernández, los presidentes socialistas de las comunidades autónomas, es cercenar las posibilidades de una remontada electoral. Pretender crear en un año candidaturas alternativas para satisfacer a esta militancia profundamente sanchista, sería un error de consecuencias incalculables.
Pretender que un cargo público no puede aspirar a un puesto político sólo puede tener como fundamento que existe la duda de que haya habido comportamientos deshonestos por parte de los cargos públicos del partido en los procesos electorales, y que es mejor destronarles para que puedan competir en supuesta igualdad de oportunidades. Lo que llama la atención es que la inmensa mayoría de los cargos públicos del partido estaban alineados en las primarias con Susana, por lo que esta limitación sabe más a vendetta que a pureza democrática.
La democracia representativa constituye sin duda el mejor modelo ya que permite organizar a la militancia desde los niveles locales e ir subiendo para que las voces puedan oírse. Pretender que sea la militancia directa la que decida todo, persigue primero limitar por incapacidad física las decisiones reservadas para los militantes, de manera que entre el líder y los decenas de miles de militantes existirá una gran brecha en el día a día; y cuando lleguen las decisiones importantes, una vez laminada la crítica interna y las estructuras intermedias, ¿quién va a poder hacer sombra al caudillo?.
No sé exactamente cuáles eran los problemas internos del Psoe que requerían de estos cambios, más allá de que no puedan volver a obligar a dimitir al actual secretario general, pero me temo que la pérdida de militantes en los grandes partidos tiene mucho que ver con la falta de debate interno y sobre todo por el abandono de las ideas para pasar a la pragmática de los intereses del líder; ocurre con Rajoy y ahora Pedro Sánchezbusca en este modelo precisamente blindar su secretaría general. En un caso impidiendo que la militancia tenga voz alguna, y en el otro impidiendo que los barones puedan ejercer de mando en plaza. En ambos modelos se equivocan. Los partidos necesitan más transparencia, más responsabilidad corporativa, más crítica y más dialogo y también mucha menos exposición pública de las discrepancias que deben canalizarse y resolverse al interior de los órganos decisorios y no en Facebook o en los medios afines; mas militantes que pueden participar en todos los niveles del partido y menos marketing para satisfacer a los que todavía no han superado el trauma de la gestora que sustituyó a Pedro Sánchez. Se trata de restablecer puentes y de que las heridas suturen, no de poner fronteras ni muros para controlar a la oposición.
Veremos cómo el partido y sus federaciones responden a esta propuesta, pero si el PSOE abandona sus modelos por una deriva bolivariana, estará primero enterrando sus posibilidades electorales y sobre todo dará alas a partidos que tienen mucha más tradición de radicalismo y caudillismo. El ejemplo del SPD alemán es un excelente modelo de compromiso con su país, con sus instituciones, de democracia interna y de auténtica voz de la militancia; lo que aquí se pretende es un modelo peronista; en lugar de un líder para el partido, un partido para el líder.

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