jueves, 29 de marzo de 2018

Poper, los nacionalismos y la libertad

Escribía Kant que el objetivo fundamental de las leyes es permitirnos la mayor libertad de cada uno en coexistencia con la mayor libertad de los demás, lo que significa que la libertad para bien o para mal, debe estar limitada y definida por la Ley. En definitiva, sin ley ni orden, la libertad no es posible. Pretender creer que la política está por encima de la ley es propio de tiempos y lugares que debieron extinguirse con la llegada del imperio romano.
En estos días de asueto independentista, ocupa los debates, y de manera reiterativa en nuestra historia, la cuestión de la igualdad y la libertad de todos los españoles con independencia de donde hayan nacido o hayan decidido vivir. La sola existencia de la discusión es un claro síntoma de una enfermedad que se antoja incurable. Que esta desigualdad tenga un amparo legal y político, dinamita el concepto de libertad que tanta precisión y belleza describió el genio de Konigsberg.
Popper hablaba con gran razón de la "herejía del nacionalismo", o más bien del estado nacional. La principal equivocación de esta idea es suponer que los pueblos o naciones existen antes que los estados como si fueran sus raíces, cuando es justo lo contrario, son los estados los que crean a las naciones. Pretender creer que, sobre una base racial, cultural o idiomática, se puede, incluso se debe, crear un estado nación, es negar la teoría de la evolución de Darwin. Es como intentar detener la evolución de la especie humana en el Austrolopitecus y tele-transportarlo al mundo actual, sólo porque en este momento de la evolución nuestros privilegios estaban más protegidos.
La libertad requiere de la ley y ésta es monopolizada por los estados, de manera que el nacionalismo, en sí mismo, es una negación de la libertad porque le niega al estado su capacidad de legislar sobre la tribu. La igualdad, decía Popper, ante la ley, no es un hecho, sino una exigencia política basada en una decisión moral y es independiente de la teoría, presumiblemente falsa, de que todos los hombres nacemos iguales. Si negamos la igualdad frente a la ley de todos, con independencia de las condiciones o decisiones personales, estamos cometiendo una gran inmoralidad, quizás la mayor que un estado puede ejecutar contra sus ciudadanos.
Ciudadanos ha abierto un melón que era un tabú en España, porque en nuestro país todas estas consideraciones han sido obviadas en la creencia de que nuestro estado es una suma de distintas raíces tribales o nacionales, renegando de la tesis darwiniana; obviando que el estado nación quedó superado por Kant y todo el entramado político, económico, filosófico y cultural posterior. España no es la suma de voluntades tribales o regionales, sino producto de una voluntad colectiva.
Los privilegios de una tribu sobre el resto de la comunidad estado, de una lengua local sobre la de todos, constituye el ejemplo más aberrante de que el tradicionalismo medieval pervive todavía en España y utiliza los mismos nombres que datan de la Edad Media: lendakari o Generalidad. Pero no nos engañemos, lo que pretende el fomento de la desigualdad es el mantenimiento de unos privilegios de unos pocos sobre el conjunto.
El nacionalismo se empeña en retroceder en la película de nuestra historia hasta encontrar el momento raíz de su identidad y traerlo al día de hoy. Es como si yo pretendiera regresar a los veinte años y volver con ellos a mi mundo; pero no a los diez ni a los treinta, sólo a los veinte, cuando me encontraba en mi mejor momento, totalmente absurdo.
Pero la libertad también exige moralmente la protección de las minorías lingüísticas, religiosas, culturales dentro de cada estado de los ataques de la mayoría; casi diría que la principal razón para la existencia de la ley y del gobierno es la protección de las minorías, y por tanto de los derechos de la tribu a preservar sus elementos diferenciadores, pero nunca a costa de la libertad y la igualdad. Si el gobierno flaquea en este objetivo, pierde su razón de ser. Por esa razón, que los partidos políticos se hayan mostrados reacios a reconocer que la lucha contra el independentismo es sobre todo una exigencia moral basada en los dos principios inalienables de nuestra existencia democrática: la libertad y la igualdad ante la ley, constituye la irrefutable prueba de que los partidos tradicionales necesitan una gran refundación.
No pueden seguir al pairo de la opinión pública, porque como dice Popper, no se dan cuenta que, por su anonimato, la opinión pública es una forma irresponsable de poder, y especialmente peligrosa cuando emana y se conforma desde los aparatos del estado, convirtiendo a nuestro sistema en una dictadura de los medios que ahoga la libertad para la defensa de intereses de la minoría frente a la gran mayoría.
El drama de España es muy similar al de Rusia; países que pasaron del absolutismo al radicalismo y de ahí a la democracia, sin haber sido tamizados por el filtro de las revoluciones liberales, como sí ocurrió en el resto de Europa. Es decir, a España le faltó un proceso de la evolución social y cultural occidental, y los problemas que el liberalismo pudo resolver en una determinada coyuntura, son insolubles con las reglas de la democracia del bienestar del estado actual. Hemos dado tanto valor a la paz que estamos dispuestos a renunciar a nuestros derechos individuales en aras de evitar el conflicto, en nuestro caso territorial, negando la evidencia de que necesitamos, como sociedad plural y moderna, un claro conflicto de ideas y de valores por los que debemos luchar.
La paz del silencio y la resignación a la que pretenden conducirnos los nacionalistas y los partidos tradicionales, constituye una rendición sin paliativos de la libertad y la igualdad en España. Sin conflictos ni lucha por los derechos seríamos una legión de hormigas y no una sociedad avanzada.
El estado de bienestar resulta tremendamente peligroso y pernicioso en la defensa de estos valores universales. El estado nación se defiende y justifica en la amenaza a la minoría, que en su territorio tribal es mayoría, y sobre todo en la obtención de un mayor grado de bienestar. Solamente de esta manera se puede convencer a tanta gente de abocarse a un camino al pasado. Pero los españoles no nos damos cuenta de los peligros del estado de bienestar, que los tiene, y el principal es que pretende descargar a las personas de sus responsabilidades hacia sí mismas y hacia los que dependen de ella. Sacrificamos nuestra libertad personal en aras de un pretendido bienestar que pretendemos nos regale el estado como si fuera Papá Noel apoyado en una fábrica de bienestar infinito manejada por elfos. Pero debemos llamar la atención que cuando se liga nacionalismo con el estado social, se está enmascarando una ambición totalitaria disfrazada de Caperucita.
Ciudadanos llega a este debate casi doscientos años tarde, pero eso no supone que hayan perdido actualidad o categoría moral los valores de la libertad y la igualdad. Muy al contrario, reclamarlos y provocar, incluso si es necesario, un conflicto por su vigencia, es una exigencia a la que España no puede renunciar. Ciudadanos ha despertado conciencias que estaban adormecidas por la creencia de que estamos condenados a no ser libres ni iguales, en aras de la paz, y contra este adoctrinamiento de que o la igualdad o el caos, debemos decir que prefiero el caos con igualdad y libertad a la paz de la resignación.

martes, 15 de agosto de 2017

Tenía que ser el zorro y eres tú.


Tenía que ser el zorro y eres tu

He pasado toda la vida indagando qué es el amor y que lo hace diferente y tan especial de otros sentimientos. Siempre tuve la sospecha de que el amor existe en todos los seres vivos, pero que cuando se da entre humanos es algo irracional, que digo, casi incomprensible. Sabemos que es un gran motor de construcción, también de destrucción, pero que incluso cuando esto ocurre, siempre lo que queda es mucho más de lo que había en un inicio. A menudo tardamos mucho tiempo, obcecados por el dolor, en entenderlo y asumirlo, pero la humanidad no habría llegado a estos tiempos de prosperidad y solidaridad si no hubiera existido el amor en todas sus formas.

Y tenía que ser el zorro el que explicara al Principito qué significa y qué lo convierte en algo imprescindible, con una simpleza que ya quisiera para explicar conceptos o sentimientos que resultan mucho más sencillos, o al menos así me lo parecen. Lo auténtico se explica con pocas palabras; lo que no lo es, requiere de grandes circunloquios, nunca olvides esta verdad.

El amor es domesticar y ser domesticado. Al principio, cuando se planta ante nosotros, nos llama sigilosamente pero no lo vemos, apenas lo vislumbramos entre la desconfianza, la indiferencia y tanta maleza humana. Cuando por fin lo tenemos enfrente, queremos ignorarlo por miedo, o al menos alejarlo de nosotros. Y cuando por fin accedemos a él, descubrimos que nos hemos ligado a una persona, a la otra persona y que esa unión es de una intensidad que asusta, pero que nos llena de tal manera que somos incapaces de negarnos ante su insistencia. Si eso te ocurre en tu vida, no te encierres, ni mucho menos, sino que avanza sin temor y con paso firme hacia él.

Se nos aproxima poco a poco, casi a hurtadillas y nos mira; pero cuando nos cautiva sólo ansiamos que vuelva cada vez más temprano; siempre lo queremos más y antes. El tiempo se hace eterno cuando esperas a quien ha de domesticarte, y una vez que por fin se presenta ante ti, desearías que el tiempo se detuviera. Y es que el reloj de la felicidad es veloz, se nos esfuma el tiempo cuando nos toca de lleno; por eso debemos alimentarla continuamente, domesticarla, para que no se vaya de nuestro lado y le venza al paciente y amenazante reloj de la infelicidad.

A menudo queremos creer que nuestro amor es único porque es bello o inteligente, o gracioso o auténtico; pero lo que lo convierte en el mejor, es el tiempo que dedicamos a cultivarlo, como a la rosa. El amor que dedicamos y nos dedican es lo que nos hace importantes.

Incluso ocurre que solemos buscar en lo material el sustento de la vida, la solución a nuestros problemas cuando lo que realmente importa es invisible a nuestros ojos. Nunca sobrevalores lo que ves sobre lo que sientes. Se ve mucho más y más lejos con el corazón que con la vista; y siempre, siempre desconfía más de lo que perciben los sentidos de lo que insistentemente te grita el corazón, tirando de la manga como un niño a un mayor para llamar su atención. Tu corazón sabe mucho que mejor que tu cabeza qué quieres y qué necesitas.

Los que no quieren amar por temor al desamor, los que no se atreven a escuchar al corazón frente a lo que dicta el cerebro por temor al fracaso, desprecian su naturaleza y sobre todo seguirán vagando por el planeta como el Principito por el mundo sin saber lo que desea. Curioso el ser humano que se empeña en perseguir algo que no quiere o busca, simplemente para no detenerse, como si vagar fuera caminar, como si dar un paso tras otro fuera caminar.

En la vida encontramos personas, miles, no sé a cuantas personas se puede conocer en una vida, pero ¿Sabes qué? la gran mayoría de los hombres no nos dice nada, pasa por delante de nosotros y no nos animan a salir de la madriguera; es más casi nos escondemos de ellos. Es normal, no te preocupes, siempre hay alguien agazapado esperando a encontrarte y a que le encuentres. Pero no caigas en la monotonía de pensar que nada bueno te va a ocurrir y que todo será como siempre, y que debes resignarte. El que introdujo esa palabra en el diccionario, resignación, debería estar en el cementerio de los personajes olvidados.

Muchas veces no soportamos la monotonía, nos produce una soledad y melancolía indescriptibles, y es cierto. Sin embargo, la monotonía es la prueba de fuego que todos los hombres y mujeres debemos afrontar para alcanzar lo que realmente aspiramos; para encontrar a esa persona o esa vida que nos anime a salir de bajo tierra. La mayoría, ante la insoportable rutina, no escuchan al corazón, sino que creen que lo esencial lo ven con los sentidos y se echan en brazos de lo que piensan será su salvación. Cuando no escuchamos al corazón y optamos por lo que nos aconseja el sentido común, creemos que estamos saliendo de esa angustiosa monotonía, cuando sin darnos cuenta estamos sembrando en nuestro corazón la semilla de la indiferencia y nos estaremos resignando. No vuelvas a usar esta palabra, destiérrala de tu diccionario.

Cuando el Principito deja a su zorro domesticado para continuar su camino, éste llora por perder a su amigo, se siente triste y desolado, pero descubre que en la amistad que tuvo y que nunca se perderá, encuentra sentido a lo vivido porque se le representará en tantas cosas buenas que se le aparecerán en la vida y que antes de amar le parecían irrelevantes. ¡Quién no ha sido domesticado, nunca conocerá la felicidad¡, El Principito seguirá su camino para resolver el problema de su planeta, pero habrá dejado un amigo, un compañero que siempre estará a la vuelta de la esquina cuando lo necesites; esa es la esencia del amor, que es inquebrantable.

A veces sentimos una terrible ansiedad de felicidad, hasta tal punto que nos angustiamos cuando en un instante parece que la perdemos. La felicidad es un éxtasis de tal magnitud que no podemos aspirar a su presencia permanente en nuestras vidas, pero la seguridad de que nos ronda a cada cosa buena que hacemos, a cada amistad que construimos, que no sólo no nos ignora, sino que sabe aparecerse en cuanto la llamamos, nos hace ser felices.

Llenar la vida de instantes maravillosos es tarea imposible, pero no tener esos destellos de luz, solitarios, fulgurantes y sorprendentes es una ausencia imperdonable que nos hace morir en vida. Pero ten en cuenta una cosa, el amor nunca muere del todo, puede mutar, pero siempre subyace. La rosa muere y se convierte en abono de un nuevo amor y así la humanidad ha ido creciendo, pero ese amor convertido en abono es el mismo que antes estaba en la erguida rosa. Nunca des al amor por muerto, porque siempre te acecha, milagrosamente, te ronda y te atrapa.  Es más fácil que el amor te dé por muerto a ti, si caes en la monotonía y en el letargo, por eso nunca te rindas en su búsqueda y en su preservación.

¿Y quién no quisiera ser esa rosa que es regada cada día con amor, protegida de los peligros que nos acechan, podada y adornada con suma delicadeza? Esa rosa que irradia la belleza de la simplicidad, el olor de la dulzura, el tallo de la inocencia y el color de la pasión.

Tu eres esa rosa que quiero proteger, abrigar, defender; la que quiero oír cómo desea, cómo se queja y también quiero escuchar tus silencios. Todo lo que hay en ti tiene sentido en mí, y mi dedicación hacia ti y la tuya hacia mí, es lo que nos hace únicos por encima de nosotros mismos. Nada más deseable que ser domesticado por un corazón entregado y eso lo tienes asegurado desde el día que apareciste en mi vida.

Muchas personas son aparentemente bellas y los sentidos nos inclinan hacia ellas, pero están vacías. Desconfía de ellas. Pero cuando encuentres a quien lejos de estar vacía, está llena de buenos sentimientos y te colma con ellos, entonces merece la pena morir por esa persona, y tú, lejos de sólo llenarme, me sacias y sin duda eres por quien merece la pena vivir y morir.

Hoy te veo como una pequeña rosa, como un capullo que apenas asoma sus pétalos buscando la luz que te alimente y guíe. Poco a poco verás como tu jardinero, con cariño y paciencia, te va modelando, y tú, a su vez, sin darte cuenta, le modelas a él. Porque en mis cuidados hacia ti está mi propia recompensa, esa es la esencia del amor.

Todos crecemos e incluso nos llegamos a creer perfectos, indestructibles, pero nunca olvides que eres una frágil rosa que no puede vivir sin mis cuidados, como yo no podría vivir sin verte crecer y abrirte a la luz con todos tus pétalos desplegados.

Lejos, muy lejos, yo ya no estaré aquí, llegará el día de la poda, pero cuando eso ocurra guardaré un pétalo tuyo en el álbum de la vida, para saber y recordar que fuiste parte de mí y yo de ti. Nunca te creas tan importante para pensar que no necesitas de mis cuidados, porque no sólo te equivocarás, sino que te frustrarás cuando descubras que en el fondo eras sólo una rosa, una maravillosa rosa, mi rosa.








Entonces apareció el zorro.
–Buenos días –dijo el zorro.
–Buenos días –respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
–Estoy acá –dijo la voz – bajo el manzano...
–¿Quién eres? –dijo el principito –. Eres muy lindo...
–Soy un zorro –dijo el zorro.
–Ven a jugar conmigo –le propuso el principito–. ¡Estoy tan triste!...
–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado.
–¡Ah! Perdón –dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
–¿Qué significa “domesticar”?
–No eres de aquí –dijo el zorro – ¿Qué buscas?
–Busco a los hombres –dijo el principito –.¿Qué significa “domesticar”?
–Los hombres –dijo el zorro – tienen fusiles y cazan.
¡Es muy molesto! También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
–No –dijo el principito –. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
–Es una cosa demasiado olvidada –dijo el zorro –. Significa “crear lazos”.
–¿Crear lazos?
–Sí –dijo el zorro–. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos.
Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros.
Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
–Empiezo a comprender –dijo el principito. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
–Es posible –dijo el zorro –. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!
– ¡Oh! No es en la Tierra –dijo el principito.
El zorro pareció muy intrigado:
–¿En otro planeta?
–Sí.
–¿Hay cazadores en ese planeta?
–No.
–¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
–No.
–No hay nada perfecto –suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
–Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conocerá un ruido de pasos que será diferente de todos los otros.
Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
–¡Por favor... domestícame! –dijo.
–Bien lo quisiera –respondió el principito –, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
–Sólo se conocen las cosas que se domestican dijo el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
–¿Qué hay que hacer? –dijo el principito.
–Hay que ser muy paciente –respondió el zorro –.Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente volvió el principito.
–Hubiese sido mejor venir a la misma hora, dijo el zorro. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré.
A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
–¿Qué es un rito? dijo el principito.
–Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas. Entre mis cazadores, por ejemplo, hay un rito, el jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores bailaran no importa cuándo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domesticó al zorro.
Y cuando se acercó la hora de la partida:
–¡Ah!... –dijo el zorro–. Voy a llorar.
–Tuya es la culpa –dijo el principito–. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara...
–Sí –dijo el zorro.
–¡Pero vas a llorar! –dijo el principito.
–Sí –dijo el zorro.
–Entonces, no ganas nada.
–Gano –dijo el zorro–, por el color de trigo.
Luego agregó:
–Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás…que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
–Ustedes no son en absoluto parecidas a mi rosa: no son nada aún –les dijo. Nadie las ha domesticado y no han domesticado a nadie. Son como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
–Son bellas, pero están vacías –les dijo todavía. No se puede morir por ustedes.
Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse.
Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió donde el zorro.
–Adiós –dijo.
–Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto.
Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón.

Lo esencial es invisible a los ojos.

–Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito, a fin de acordarse.
–El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
–El tiempo que perdí por mi rosa... –dijo el principito, a fin de acordarse.
Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro– . Pero tú no debes olvidarla.
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
Eres responsable de tu rosa...
–Soy responsable de mi rosa... –repitió el principito, a fin de acordarse.


sábado, 29 de abril de 2017

ESPAÑA, DE CORTE A CHECA


Agustín de Foxá describió con su prosa elegante la transformación que sufrío España desde una corte frívola, corroída por la corrupción y las debilidades institucionales que la habían puesto en manos de unos militares más aficionados al Jerez y a las mujeres que a sus deberes de Estado, con la complicidad de unos cuantos pre revolucionarios que pasaron del fascismo al comunismo sin pudor alguno y de los empresarios arruinados que vendieron a precio de oro sus negocios al estado para crear los primeros monopolios industriales del siglo XX; hacia la Segunda República y de ahí al régimen de terror de las checas a partir de la victoria del Frente Popular en 1936 y que también reflejó con maestría Arturo Barea.

Aunque la España de hoy está muy lejos de aquella realidad por su fortalecimiento institucional, el desarrollo económico y el régimen de libertades de nuestra Constitución, hay algunos que se empeñan en devolvernos a lo más siniestro de nuestra historia, y además justificarlo en nuestro propio interés, cuando en el fondo sólo se sirven a si mismos. Cuando alguien justifica su acción en el interés de los demás, salgan corriendo porque lo que quieren decir es que lo van hacer a su costa.

La corte, es decir el poder tradicional, ya sea político, económico o cultural necesita una catarsis sin precedentes en nuestro país. La ciénaga se ha extendido a todos las instituciones en sentido de Douglass North, incluyendo la Constitución, la Ley, la Justicia, los códigos de conducta, las costumbres, y todo este catálogo de elementos que definen nuestro modelo de vida;  y nada de lo que ocurre es ajeno a la desertización a la que están llevando a nuestro país, al que algunos quieren borrar hasta el nombre y la identidad, sólo para su propio beneficio.

En lo político, desde la más alta institución hasta el más pequeño concejo necesitan de una involución para desquitarse de todas las mañas que ya reflejaba nuestra literatura picaresca y que sin solución de continuidad ha llegado a nuestros días. La dignificación de la política, la economía y la cultura requiere de una catarsis que no podrán acometer los que nos llevaron a esta extenuación.

Los casos recientes de corrupción en el Partido Popular muestran que el partido más importante por número y representación de nuestro país, es o era o no sabemos con certidumbre, aprovechado por significados dirigentes a los que ahora se pretende rebajar su importancia como estrategia de defensa, como la plataforma desde la que se robaba, se extorsionaba, se defraudaba. Y todo esta calculada y planificada trama actuaba supuestamente a oídos sordos de todos aquéllos que se beneficiaron políticamente de toda esta camorra, pero que no querían saber ni conocer. Es como la madre del hijo que llega borracho todos los días a casa y lo justifica por una intoxicación alimentaria. España no puede seguir en manos de una red de corrupción, que siendo minoritaria en número no lo era en calidad y relevancia, y por el buen hacer y el respeto que merecen todos los militantes y cargos públicos honrados, el Partido Popular debe refundarse sobre bases y personas nuevas. El paseíllo de la audiencia cada vez se parece más a las fotos de familia de gobiernos y parlamentos y ningún país se merece ser maltratado de semejante manera por los usurpadores de los sueños de los ciudadanos para esquilmar los bolsillos de los trabajadores y empresarios y crear una política paralela de despachos e intereses al margen de las instituciones democráticas. Ignacio González presuntamente representa esta forma política que todos los gobiernos sucesivos han ido alimentando y de la que se han beneficiado muchos de los políticos que ahora vemos romper a pucheros cuando se dan cuenta que su Barbie mundo se está destruyendo, mientras que por la trágica realidad de los ciudadanos con desigualdades, desempleo y desesperanza, nadie con responsabilidad ha llorado.

Madrid no esta tan lejos de Génova como para alegar ignorancia, ¡tanto le querían a Ignacio González que le firmaban todo sin mirar qué había detrás, por amor de esposa fiel¡. Y todavía dicen que puede haber más y nos alertan sobre otras posibles vinculaciones con actos ya casi olvidados como el golpe de estado que supuso el Tamayazo de los que esta trama no debía ser tan ajena.

Pero la economía también necesita de una refundación. El empresario pesebre que vive de la subvención y de los contratos públicos es un mero conseguidor que no necesita organizar sus medios de producción de una forma eficiente sino sólo tener un amigo sobornable con poder, y la palabra empresa le viene muy grande, por muchos empleados que tengan, a lo que parece más bien un casino o un chiringuito. A una parte de la clase empresarial le falta un poco de ese liberalismo que dicen ambicionar pero que en el fondo detesta frente a la comodidad del oligopolio o la concesión, mientras que decenas de miles de autónomos y pequeños empresarios deben sufrir a Hacienda, a la políticas lingüísticas y a los acuerdos entre suministradores para encarecer los productos, que constituyen precisamente las fortalezas de esta clase empresarial podrida que debe ser expulsada de nuestro sistema por mucho glamour que aporten.

Y también podríamos hablar de la cultura de la subvención frente a la libertad de creación individual; de la educación manipulada por intereses políticos, de los sindicatos esquilmando a los trabajadores y la seguridad social mientras privilegian a sus cuadros.

Y hoy como entonces, la alternativa a esta corte podrida no la asunción de responsabilidades y la reconstrucción del sistema, sino su destrucción a través del régimen de las checas que pretenden imponer Pablo Iglesias y sus brigadas antidemocráticas que sinceramente no creo que sea compartido por una gran mayoría de sus votantes que han caído en sus redes empujadas desde un sistema que no ha sabido responder a sus necesidades, pero que están muy lejos del marxismo leninismo.

Podemos no respeta las instituciones y en consecuencia no nos respeta a los españoles; somos meros instrumentos de su ambición de poder para gobernar España bajo el modelo de ese adalid de la democracia y la prudencia que es Nicolás Maduro, el que se vanagloria de los asesinatos políticos que su régimen corrupto produce a diario para que puedan seguir manteniendo los dirigentes, supuestos libertadores, sus millonarias cuentas en los paraísos fiscales. Tras cualquier operación populista de izquierda se esconde la ambición irrefrenable por la acumulación de capital marxista necesaria para la revolución comunista, con la salvedad que ya no es el empresario el que acumula sino el propio gobierno corrompido.

El máximo exponente de su falta de respeto por las Instituciones con mayúsculas, aquéllas que aunque débilmente, nos separan del caos y por eso constituyen su blanco de ataque, es la moción de censura que anuncia y que no presentará o que transformará, al estilo separatista, por un referéndum de caja de cartón en la calle tan manipulado como sea posible para justificar su ataque a unas instituciones que son el enemigo del pueblo, la misma estrategia de todos los revolucionarios. Pero esta anunciada moción no lo es contra el gobierno, elemento harto curioso, sino contra otro partido político.  El mismo que en 2004 se lanzó a las calles para violentar la voluntad popular en la jornada de reflexión, pretende una vez más con ese estilo mezcla de chavismo y matonismo, alterar la voluntad democrática del PSOE, seguramente en connivencia con su colega de marcha, Pedro Sánchez, que espera beneficiarse de esta acometida y en caso contrario tener suficientes elementos para alegar, en su eterna condición de víctima, que el aparato le ha usurpado su legítimo y casi divino destino a ser secretario general del PSOE, y unirse al espolón que pretende desmontar el Partido Socialista, la única barrera que separa a Podemos de alcanzar el poder. Esta y no otra es la maniobra de Pedro y Pablo, unos trogloditas Picapiedras que sólo saben usar el menhir como arma de futuro.  Eso sí la moción de censura contra el PSOE es como marca la Constitución de índole constructiva con un candidato alternativo que no es otro que Pedro Sánchez.

Si el sentido común impera y toda esta maniobra fracasa, no debe haber piedad con los que un día formaron parte dentro del PSOE de esta operación que concluyó en 1936 con la implosión del PSOE maniatado por comunistas y anarquistas, en un régimen de checas. El PSOE de hoy no puede aspirar a formar parte de unas confabulaciones que sólo tienen una víctima del tamaño del territorio nacional. Pero el PSOE tiene una inmensa tarea para superar sus propias debilidades que no han sido tan diferentes de las que ahora nos entretienen con el Partido Popular.

Cualquier connivencia, colaboración o comprensión con este movimiento revolucionario debe ser cortada de raíz, y si algún día alguien en el Partido Popular pensó que esta maniobra de diversión de la izquierda le podría reportar algún fruto, que piensen hoy cuál es el camino al que ellos mismos se dirigen, al desfiladero, del que sólo podrán salir con menos equipaje y más honestidad.

El tiempo corre para Pablo Iglesias a medida que ve como el Partido Popular no levanta cabeza y su gran enemigo en la izquierda puede resurgir de sus cenizas para poner al comunismo de checas en el lugar del que nunca debió salir, del zulo de sus colegas que arruinaron durante años la vida de tantos españoles.

No puede haber compasión con quien tantos males promulga, y más vale a los constitucionalistas que son la gran mayoría, con todas sus diferencias, ponerse de acuerdo para identificar y eliminar al enemigo común que es el autoritarismo y el despotismo de esta izquierda radical que sólo pretende la subversión del país para ponerlo a sus pies.

Pero no será este Partido Popular de corte frívola y con más millas acumuladas viajando a Suiza y visitando concejales de urbanismo y constructores que en visitar sus sedes locales y provinciales, quien sea el que pueda detener esta amenaza, ni quien pueda representar al centro derecha español, imprescindible para mantener el impulso económico, social y político de España. Este partido no está habilitado para detener el secesionismo con el que parece que comparte hasta porcentajes. Sólo una profunda refundación acompañada de la escoba de Los Sirex que barra todo cuanto de podrido tiene el partido y elimine las mañas que no son nuevas en la política pero que en la sociedad de hoy son inaceptables, permitirán devolver la credibilidad y la confianza a un electorado cada vez más desconectado de las instituciones a las que acaba culpando de todos sus males, cuando son precisamente las únicas que pueden salvarnos de estos desalmados.


Si no lo hace, el Partido Naranja se acabará llevando el gato al agua como ha ocurrido en Francia donde los partidos tradicionales que han gobernado durante décadas han sido barridos de las urnas por su propia corrupción e ineficacia. Si el Psoe se equivoca y opta por su auto destrucción y el PP se empeña en negar la evidencia y opta por aguantar sin agenda política con la única esperanza de sobrevivir un día más en el poder para no hacer nada o para controlar los daños de sus propias tropelías, corremos el riesgo de acabar en manos de los que ambicionan destruir nuestro modelo de convivencia. A Albert Rivera le falta mucha mala leche y un partido real detrás para poder competir contra Podemos en un mano a mano, por lo que un nuevo Partido Popular y un Partido Socialista renovado y anclado en los principios fundacionales que le llevaron al poder en 1982, son la única línea de defensa que tenemos contra la Checa. Esperemos que una vez más, como en los escasos pero necesarios momentos de lucidez que ha tenido este gran país, no se dejen llevar por el verbo fácil, el maquillaje y el egoísmo y tengan el sentido de estado que nunca debieron abandonar para mantenernos en la senda de estabilidad y democracia que hoy está amenaza como en muchas décadas por el bolchevismo y la corrupción.

viernes, 14 de abril de 2017

TRUMP Y EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL



Hace apenas ochenta días, el recién elegido presidente anunciaba desde el Capitolio que los Estados Unidos no volverían a las andadas en la política exterior y que América sería lo primero, renegando de la política exterior de sus antecesores. Pero con este presidente ochenta días es una eternidad y ahora tenemos algo tan novedoso e imprevisible que todas las cancillerías no salen de su asombro intentando escudriñar cuál es al auténtico Donald Trump.

En 2013, cuando el nuevo presidente no tenía agenda política, se manifestó activamente contra cualquier intervención en Siria y criticó la atención que Obama había puesto en resolver los problemas del mundo en lugar de solucionar los de los propios norteamericanos. Este y sólo este simple mensaje fue el eje de su campaña que se alargó hasta su discurso inaugural, un discurso aislacionista y proteccionista. Todo eso es hoy papel mojado. Ahora son muchos los que ya ven los aciertos de Trump con este cambio, pero nadie tiene la seguridad que hay por detrás y por delante de esta transformación y sobre todo hacia dónde nos llevará.

La campaña que hizo a Trump presidente, tal como anunció en varias intervenciones, con respecto al mundo se basó en cinco ejes anclados en el siguiente axioma:

“Me gustaría hablar sobre cómo desarrollar una nueva dirección en política exterior que sustituya la aleatoriedad por el propósito, la ideología por la estrategia, y el caos por la paz”. “Es hora de sacudir el óxido de la política exterior estadounidense”; más que una declaración parece un jeroglífico egipcio que ni Enigma sería capaz de descifrar.

martes, 11 de abril de 2017

ILSA LUND ¿POR QUÉ NO SUBISTE AL TREN?

Salvo que sean aficionados al cine, mucho no sabrán quién es Ilsa Lund; pero si les digo que es el personaje de la bellísima Ingrid Bergman en Casablanca, entonces ya sabrán de quien estamos hablando. Realmente ella es la película; y un secundario jefe local de policía llamado Louis Renault, su contraparte. Rick, Victor Laszlo y el resto de personajes me parecen figurantes frente a la potencia que emanan mis protagonistas.

Ilsa representa todos los más nobles sentimientos, como si pudieran convivir en tan frágil cuerpo, y Renault,a pesar de su sarcasmo, esconde un corazón que desborda humanidad. Algunas de sus frases son antológicas como “capturen a los sospechosos habituales” .

Victor Laszlo, por muy resistente que fuera al nazismo, me parece un cursi, engreído, que piensa que todos deben estar a su servicio, incluyendo a Ilsa. Ni siquiera es capaz de apreciar su belleza; es sólo un instrumento más de su arrogancia.

Rick sólo tiene una escena brillante en la estación de París en plena estampida ante la llegada nazi, desesperado ante el plantón que le da Ilsa, por razones muy nobles pero incomprensibles. Plantón que también, de forma que todavía no he podido superar, le propina Rick a Ilsa cuando le obliga a subir al avión con su esposo camino del exilio o del regreso al campo de batalla, con otra de las maravillosas frases de la película de Curtiz, cuando le sugiere a Ilsa que se arrepentiría de la decisión de quedarse con él “ tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto y para el resto de tus días”; mentira cochina.

Las buenas películas como las obras de teatro que siempre te dejan insatisfechos con el argumento o con el final, son las que más se recuerdan, y de toda esta película, mas allá del canto espontáneo de La Marsellesa, que impresiona, siempre me quedan dos grandes dudas, ¿ Por qué Ilsa Lund no se subió al tren en París? y ¿ Por que se subió al avión rumbo a Lisboa dejando a Rick con Renault abandonando parsimoniosamente la pista del aeropuerto de Casablanca?.

Ilsa se equivocó dos veces y todos lo sabemos. Primero se dejó llevar por los sentimientos nobles más que por las pasiones abandonando a Rick por el petulante Victor; la guerra contra Hitler no merecía sacrificio mayúsculo como éste. Pero que no se subiera al avión, me produce urticaria. ¿ Por qué no dejar a Victor en manos de Renault y volar para comenzar una nueva vida en paz y felicidad?

Pero así somos las personas, a menudos optamos por los caminos mas difíciles y tortuosos que a menudo, o mejor dicho siempre, llevan a destinos oscuros y melancólicos. Rick e Ilsa forman la pareja perfecta; con sus incongruencias pero con la complicidad de quien no necesita decir nada para hablar. Sus miradas aderezadas con la increíble iluminación de la película, no necesitan de mayor explicación. Pero si ésta era la realidad, vuelvo a mi cuestión ¿ Por qué no se subió al tren?

El mundo se mueve por una enconada batalla entre sentimientos: odio, amor, deseo, venganza, sentido del deber, ignorancia, nihilismo. Es difícil definir en cada momento cuál es el factor más determinante que mueve al mundo, pero para Ilsa, cuando tuvo que elegir por el amor, se decantó por el sentido del deber, y cuando se subió al avión se abalanzó sobre la eterna melancolía, sentimiento que debió compartir con Rick el resto de sus vidas como muchos de sus espectadores.

Los nazis mataron a millones de personas, y la guerra se ganó en campos de batallas y en la arena política. Ilsa no debía subirse al avión para terminar con Hitler; pero más hubieran hecho Ilsa y todos los hombres en aquellos momentos si entre el sentido del deber y el amor, se hubieran decantado por éste ultimo.

El deber es una palabra que impone, incluso produce miedo; es la excusa que nos imponen o nos auto imponemos para no hacer aquello que deberíamos hacer, para no escuchar ninguna otra voz en el interior que la que resuena en todo el ambiente que nos rodea. Por sentido del deber millones de alemanes se hicieron nazis y convirtieron Europa en un gran crematorio; por sentido del deber se cometen todo tipo de tropelías; pero no conozco de daño alguno digno de comentario que haya producido el amor. Si tuviéramos que definir la guerra, sería la ausencia total y absoluta de amor e Ilsa ahondó con su decisión aun más en la amargura de esa guerra.

Rick e Ilsa hubieran formado una gran pareja con hijos y nietos, algunos de los cuales se habrían hecho famosos y hoy en día estarían visitando los platos de televisión, narrando la extraordinaria aventura de sus abuelos. Con Victor no sólo se terminó el amor sino la estirpe. Sin nadie que te recuerde, parece como que no has vivido; y si viviste marcado por el deber, tu memoria será corta y vacía.

Quizás la película no podía tener otro guión, ni siquiera otro final, porque los finales felices no suelen ser muy taquilleros ni apreciados por la crítica, pero en la vida real, nunca aspiren a un final solo apto para los críticos, sino piensen en ustedes mismos, y si tienen que decidir, súbanse al maldito tren.