lunes, 20 de mayo de 2024

Hay que subir los salarios medios







 

Durante los últimos años, el gobierno ha puesto el énfasis en subir el Salario Mínimo Interprofesional, lo que sin duda parece una medida justa teniendo en cuenta el alto número de perceptores de esta miseria. Sin embargo, esta subida, no ha  supuesto un incremento generalizado de las rentas, ya que la actualización del SMI no ha presionado al alza a todos los sueldos más cercanos en la banda baja, sino que ha conllevado que haya más asalariados con el nuevo SMI. Es decir, se ha beneficiado a un colectivo que supone alrededor del 12% de la población laboral afectando de forma negativa a la competitividad en el corto plazo, al tratarse de una medida no asociada a mejoras en la producción o en el servicio, y no ha empujado a la cadena salarial en su conjunto hacia arriba.

 

Esta subida de los sueldos con menor capacitación acercándolos a los sueldos medios de licenciados y diplomados, constituye un peligroso incentivo negativo que está ya produciendo efectos muy distorsionadores en el mercado laboral. Una persona con el SMI más las ayudas y beneficios que le corresponden, se acerca peligrosamente a los salarios que exigen de una titulación o de una capacitación más alta. La  primera consecuencia es que los jóvenes orientan su formación hacia dónde va el mercado, básicamente a la Administración y a la hostelería y turismo, que este año alcanzará cifras récords en nuestro país. Salvo las aspiraciones vocacionales, el esfuerzo de prepararse no se justifica y esto es una tragedia.

 

La economía va bien, como un cohete, pueden aplicarse los términos que se quieran, pero los datos no apuntan esa dirección. Desde el primer trimestre de 2022 al primero de este año, el empleo ha crecido en 1.084.000 personas, un 5,3%. Casi 800.000 de estos nuevos empleos han ido a las administraciones públicas (281.500) y a servicios relacionados con comercio, ocio y turismo (514.300), es decir, crecemos en la banda donde los sueldos son más bajos y el valor añadido inferior, consecuencia, nos empobrecemos globalmente. Una economía que pierde un 7% del empleo agrícola y un 25 % de la construcción en dos años, sectores básicos y tractores, o apuesta por el talento o está condenada.

 

Este gap entre nuestra población formada en nuestros colegios y universidades en los últimos veinte años y la demanda del mercado, provocan que en los últimos cinco años dos de cada cuatro empleos creados hayan sido para personas extranjeras o hijos de extranjeros, cuyo nivel de formación medio está más adecuado para los servicios con menor remuneración. Consecuencia, crecemos económicamente pero no somos capaces de colocar a nuestros licenciados en centenares de nuevas titulaciones que tenían por objetivo crear una universidad mastodóntica, pero incapaz de saciar las necesidades reales de la economía del siglo XXI.

 

Si analizamos los datos de sueldos, nuestro salario medio se sitúa en el puesto 10 de la Unión Europea, pero nuestros directores de ventas están en el puesto 26, un Project manager en el 22, un analista de datos en el 24, un desarrollador de software en el 23 y un ingeniero español en el 21. Si tenemos en cuenta que nuestro nivel de precios se encuentra alrededor de un 95% de la media de la Unión, terminamos entendiendo la descapitalización que sufre nuestra sociedad.

Según el GICI, que mide cómo de competitivo es cada país para atraer talento, España que es la economía 16 del mundo se encuentra en el puesto 29 a nivel global de atracción de talento, y dentro de la Unión Europea en el 20, siendo la quinta economía de la UE. De esta manera solo tenemos una manera de continuar creciendo que es ahondar en el modelo de sueldos bajos, turismo y Administración hasta que colapsemos todos.

 

Esta situación es dramática en determinadas profesiones esenciales para el bienestar y el crecimiento económico de nuestro país. Comencemos por la medicina, dentro de diez años tendremos un 30% menos de médicos; con la presión del envejecimiento, el resultado ya lo estamos viendo. Crece la sanidad privada que ofrece mejores sueldos frente a la pública, pero en ninguno de los dos casos la oferta de los próximos años cubrirá la demanda. Es decir, la sanidad española se muere por esta deficiente política del mercado laboral. Un segundo aspecto se refiere a las carreras técnicas. Las universidades politécnicas reducen cada año su alumnado y el talento se rifa entre las empresas como en un bazar, pero nadie hace nada para evitar esta situación por esta mala política de penalizar al capacitado para los trabajos más valiosos con una presión fiscal insoportable y con unos sueldos que visto el panorama no justifican dedicar muchos esfuerzos.

 

Quién más perjudica el modelo es la propia acción del gobierno. Las tarifas horarias que paga la Administración por servicios de ingeniería y sueldos públicos rayan en lo ridículo, y la competencia entre empresas para conseguir contratos con los grandes clientes se basa exclusivamente en precio, es decir el sistema presiona a reducir los sueldos de médicos, ingenieros, arquitectos, biólogos, etc mientras que en la hostelería no tiene ningún rubor en subir sus precios un 25% para poder pagar mejores salarios, sin reducir el margen de beneficio. La flexibilidad del precio cuando el cliente es un desarmado particular es enorme, comparada con la de una Administración o un gigante de la automoción.

 

Si nuestro modelo va a ser crecer gracias al turismo, ya que soporta el precio que se imponga por viajar, no tenemos más que ver el alza de precios de hoteles y restaurantes, tendremos que irnos a vivir a otro sitio los locales para satisfacer a los cien millones que llegarán con seguridad en 2025. La calidad de la oferta será cada vez más deficiente y el turista se acabará yendo a otros destinos, los trabajadores extranjeros que vinieron se volverán a su casa, y quedaremos los licenciados españoles para trabajar en el campo y en la hostelería, sin médicos a los que acudir y sin empresas de tecnología punta que nos garanticen participar del desarrollo económico y social de los próximos años.

 

En inadmisible que los jóvenes ingenieros cobren sueldos de 28.000 euros brutos anuales y que un médico de la seguridad social con dedicación exclusiva y guardias gane 3.000 euros netos al mes. Es aquí donde tenemos el cuello de botella de nuestro sistema económico y laboral, la razón de la desindustrialización, la razón de la enorme y continuada pérdida de capital humano. Gran parte de la responsabilidad la tiene el estado que es directa o indirectamente un gran consumidor de estos servicios y que tiene las herramientas para forzar al alza estos salarios con tarifas más elevadas.

 

Si no lo hacemos pronto, a la vuelta de treinta años el país habrá entrado en una espiral de envejecimiento, despoblación y de pérdida del tren de la competitividad internacional.

 

Veamos, qué beneficioso sería cambiar el modelo. La industria de Defensa, que está mostrando una gran capacidad para atraer talento, ser competitiva en los mercados internacionales y ganar dinero, la fórmula es pagar casi un 35% más que el resto de la industria manufacturera con paridad de sueldos entre sexos, siempre y cuando los clientes acepten costes más elevados a cambio de fomentar la economía y el conocimiento nacional.

 

Pagar adecuadamente el esfuerzo y la capacidad es sin lugar a dudas un enorme ejercicio de justicia social y de racionalidad económica. No se trata de ganar votos sino de que el sistema funcione eficientemente y de forma sostenida en el tiempo y ahora mismo el mensaje que estamos enviados a los jóvenes es de que el mérito no tiene recompensa, de que el esfuerzo no te lleva a mejores trabajos, y así nos condenamos todos. Debemos empezar desde la escuela a crear un sistema que incentive el esfuerzo, el rendimiento y ponga el acento en la formación técnica que es dónde debemos  invertir, y claro, para eso, también hay que pagar mejor a los maestros, que son el pilar del futuro y están mal pagados, sin instrumentos y herramientas para hacer su trabajo adecuadamente.

lunes, 13 de mayo de 2024

LA VÍCTIMA DE LAS ELECCIONES CATALANAS SERÁ CATALUÑA






Los resultados de las elecciones autonómicas catalanas se puede resumir en:

a) La abstención por ideologías no ha sido relevante. Es decir, no es que se haya producido una desmovilización del voto nacionalista y una movilización del voto no nacionalista. Los datos de participación por municipios no sostienen esta hipótesis, como de envergadura suficiente para justificar el vuelco.
b) La «épica» de los encarcelados o exiliados no ha servido para nada. Básicamente han hecho el canelo.
c) El voto de la derecha no nacionalista suma casi 600.000 votos, solo 80.000 votos menos que Junts y 180.000 votos más que ERC, lo que desarma todo el esquema de concesiones que se ha venido haciendo al independentismo, y deslegitima el procés.
d) Si Cataluña fuera independiente, nadie dudaría de que Illa presidiría un tripartito de izquierdas, pero obviamente la situación es muy diferente.
e) Las estrategia de cada una de las partes conducen a una situación de bloqueo, que casi es lo mejor que puede ocurrirle a Sánchez.
f) La estrategia de PP y VOX, después de las experiencias pasadas, es instalarse en el NO, esta pelea por el gobierno de Cataluña no va con ellos.
g) La estrategia de ERC pasa por irse a la oposición. Las divisiones internas en ERC no lo son sobre el rumbo general del partido sino en la estrategia, y ahora mismo con el descalabro, continuar en un gobierno de forma minoritaria sería suicida para la existencia del partido.
h) La estrategia de Illa pasa por gobernar siempre y cuando eso no ponga en peligro la mayoría de Sánchez en Madrid.
i) Para Junts, la estrategia válida para reconstruir el secesionismo y liderarlo es la confrontación directa con Sánchez. Pedirá gobernar en Cataluña con el apoyo del PSC, como el Psoe hace en Madrid, siendo segundo. La negativa del Psoe llevará al bloqueo y vuelta a las elecciones. Eso salvo que Puigdemont, instalado ya en España, decida que será más fácil reconstruir su liderazgo y el secesionismo con un gobierno de PP y VOX en Madrid.

Existen tres hitos en las próximas semanas que determinarán el camino que se adopte:

La presidencia del Parlamento catalán, nos dirá mucho sobre el equilibrio de fuerzas. No podemos olvidar que es la presidencia del Parlamento quien propone al candidato. Aquí existen dos opciones. La primera es que los nacionalistas voten en bloque por una presidencia nacionalista ( lo que sumaría 61 votos) lo que dejaría a un posible candidato socialista con 47 votos. Aquí sí serían claves los votos del PP, para dar la presidencia a un no nacionalista, suponiendo que el PSC todavía no lo es, y eso suponiendo que el PP quiera validar la política de Sánchez en Cataluña, lo que sería la segunda opción. Quizás sea lo más racional pero lo menos aconsejable electoralmente para el PP.

Las elecciones europeas, a pesar de que suelen tener una baja participación y que el voto adopta posiciones muy dispares respecto de otros procesos, nos dirán si el secesionismo sigue en caída libre en Cataluña o recupera la mayoría. Esto determinaría los siguientes pasos de Puigdemont. A nivel nacional habrá que ver qué beneficio recibe Sánchez en las europeas del voto en Cataluña y cuál es el de Feijoo. Eso determinará cual sería la potencial relación de fuerzas en caso de unas elecciones generales en España. Un aceptable resultado del PSOE en las europeas podrían llevar a Sánchez a convocar elecciones para sacudirse la dependencia de Junts.

Finalmente, el resultado práctico de la Ley de amnistía. Si comienza una batalla judicial por su aplicación y se demora el regreso a España de Puigdemont, Junts tendría la excusa perfecta para forzar nuevas elecciones y demostrar que todo su argumentario era cierto y reforzar esta tesis dejando caer a Sánchez.

En conclusión que será la política en Madrid la que determine qué pasará con el gobierno de Cataluña. Si Illa vuelve a ganar y no gobierna, una repetición electoral le pasaría factura ya que una parte del voto de izquierdas que acumuló en esta ocasión única, retornaría a sus lugares de acogida, en los Comunes y en ERC; si Illa gobierna en minoría, será un calvario para él y para su partido y para todos, si vamos a elecciones, una candidatura nacionalista liderada por Puigdemont generaría una polarización que habría que ver a quién beneficia, lo que es seguro es que perjudicaría a la moderación de Salvador Illa.

y de los catalanes ¿ quién se ocupa mientras?  El mensaje final es que los catalanes no solo pasan de secesionismo, sino cada vez más del sistema, y esto se debe a que lleva desgobernada más de veinte años.



viernes, 10 de mayo de 2024

¿PARA QUÉ HA SERVIDO LA GUERRA EN GAZA?



Las guerras tienen causas, detonantes, desarrollos y al final la victoria o la derrota. Si la guerra acaba sin ningún bando victorioso, eso significa que bien la guerra no tenía sentido o bien que no se ha terminado.

De las causas ya se ha hablado mucho y del atroz ataque perpetrado por Hamas, la autoridad militar y política de la franja de Gaza en octubre pasado como detonante, también. De la legitimidad de Israel para defenderse de los continuos ataques y de intervenir militarmente en Gaza, más allá de quienes tienen posicionamiento políticos muy significados, creo que no hay duda.

Pero las guerras hay que evaluarlas en términos de cuál era la misión, ¿a qué Netanyahu ha enviado sus tropas a Gaza? Si la respuesta era: eliminar la capacidad de combate de Hamas, o digamos en plata, destruirlo físicamente, por lo que sabemos todavía quedan batallones en activo, más los que suponemos que se han marchado para continuar su guerra en el futuro, así que a pesar de todo el destrozo, Hamas continuará existiendo y en un años de reclutamiento habrá recompuesto sus fuerzas, voluntarios y apoyos no le van a faltar. Si era recuperar a los rehenes vivos, tampoco se ha conseguido el objetivo; si era hacer una demostración de fuerza que atemorizase tanto al enemigo que nunca volviera a atacar, tampoco parece que se haya conseguido. Es decir, no se ha conseguido nada positivo a futuro, salvo que el objetivo fuera la satisfacción personal por el castigo infringido, que al final parece que es el único resultado obtenido, y no es para vanagloriarse.

La operación militar de siete meses para ocupar un territorio del tamaño de casi la mitad de la ciudad de Madrid y plano como la palma de la mano, se me antoja que contiene errores. Lo hubiera entendido si se hubiera tratado de una guerra quirúrgica, pero la dimensión de los daños producidos, no atestiguan que se haya tratado de una operación de precisión sino de una ocupación militar de un territorio para terminar con una amenaza que dura ya décadas.

Pero ¿qué queda después de la batalla, después del daño que se ha producido entre los dos bandos contendientes? ¿Qué ha ganado Israel en esta guerra y qué ha perdido?, y asimismo ¿qué pasará con Hamas y Palestina?. Este es el análisis interesante de cara a futuro. Se trataría de averiguar si esta tragedia conducirá a un escenario más positivo, aun reconociendo lo complejo de este término en la zona o a uno más negativo.

Israel puede tener dos objetivos alternativos existenciales a futuro. Sobrevivir como estado en permanente estado de guerra contra sus vecinos, y para ello necesita a Estados Unidos y por supuesto una cierta solidaridad occidental y que sus enemigos no se vuelvan más fuertes, o generar un cierto espacio de convivencia donde todo el mundo respete el derecho a existir del otro. A día de hoy ambas posibilidades se presentan bastante inviables, lo que supone una tragedia para Israel, que tiene mucho más que perder, frente a los que han pedido casi todo.

Es imposible entender todo este conflicto sin Irán, pero tampoco podemos caer en el error de pensar de que todo lo que ha pasado alrededor de Israel en estos últimos cuarenta años tiene que ver con la acción terrorista de Irán. Hay circunstancias que son producto de la irresoluble voluntad de ambas partes de prevalecer sobre el otro, y esto hace inviable la paz y la seguridad.

¿Qué hace falta para que ambas comunidades desistan de sus diferencias, de que los palestinos reconozcan el derecho de Israel a existir en sus territorios históricos y que los palestinos puedan existir sin necesidad de atacar Israel y tener un reconocimiento internacional? muchas preguntas sin respuestas.

El reconocimiento de los territorios palestinos no solo es un gran error estratégico sino que además no va a traer más seguridad, pero es muy difícil luchar contra la televisión y la información o desinformación que se ha generado. Convertir a un enemigo por muy malvado que sea en un mártir no es una buena decisión. Si no mantenemos firmemente que solo la paz y la seguridad pueden conducir a un reconocimiento oficial que debe ser mutuo, estaremos desprotegiendo a Israel, el estado atacado. Es decir no se puede reconocer Palestina sin que esta reconozca a Israel y viceversa, porque es a ellos a quiénes más afectan estas decisiones y es en esta línea en la que Occidente debe trabajar. Lo demás daría a entender que se pone a un mismo nivel al terrorismo que inició esta guerra con un ataque atroz con el derecho de autodefensa que asiste a cualquier país. ¿Deberíamos sentir compasión por el régimen nazi cuando sus ciudades eran masacradas por los aviones aliados? Nadie dudaba de que la destrucción de Alemania era la única forma de ganar la guerra, pero si Roosevelt hubiera tenido enfrente la televisión y Twitter, con una adecuada manipulación de Goebbels, la situación habría sido muy diferente.

Llegados a este punto, lo más importante es que los mensajes sean claros. La guerra no ha sido exitosa, no ha conseguido sus objetivos ni va a traer más paz y seguridad. Si Israel se queda en Gaza volverá a sufrir como en el pasado y si se retira tendrá a un territorio que solo ha acumulado más odio contra Israel y que encontrará apoyo para continuar su lucha. Es decir, el objetivo último de la misión no se va a conseguir. El objetivo primario de recuperar a los rehenes hace mucho meses que pasó a segundo término, y es lógico, ya que la gran mayoría de ellos han sido asesinados, se trata de evitar que algo así vuelva a repetirse.

Necesitamos proveer seguridad a Israel, y a continuación a los territorios palestinos. Luego es necesario un acuerdo de territorios que posibilite el desarrollo económico y social de los territorios palestinos; sin desarrollo no hay futuro para nada más que la guerra. Nadie en Israel puede creer que este estatus se va a mantener siempre. Algún día Palestina será un estado e Israel debería prepararse para este hecho y debe asumir que por muy sólidos que sean sus cimientos, la multiculturalidad será cada vez mayor en el país, es cuestión de tiempo, algo contra lo que no se puede luchar.

La historia juzgará si Netanyahu acertó en sus decisiones, pero cuesta creer que tanto sufrimiento pueda justificarse algún día salvo que fuera para traer la paz definitiva, y estoy absolutamente seguro de que no es así. Los dos pueblos han visto y sufrido el dolor, la tragedia, la violencia como pocos, es hora de cambiar la táctica y pensar en el futuro y para que ellos puedan hacerlo necesitan de mucha ayuda de todos, si no, el mundo del siglo XXI continuará asistiendo a la tragedia de dos pueblos que son incapaces de entenderse y convivir. Tengo la duda de que si Dios bajara a Jerusalén y dijera que no existe, serviría para algo, pero ya está bien de pelear porque Josué «conquistó toda la región…destruyó todo y los mató a todos; no quedó nada, ni dejó vivo a nadie, tal y como el Señor, el Dios de Israel, se lo había ordenado», como nos dice el Sefer Yehoshúa o Libro de Josué para los cristianos; o porque el Corán señale: «matadlos donde deis con ellos y expulsadlos de donde os hayan expulsado»

Tan poderosos sentimientos y creencias no deberían utilizarse para justificar la violencia sino para la paz y el entendimiento. Lo único que tengo claro es que el destino seguro de los violentos es el infierno, a ver si se enteran





domingo, 21 de abril de 2024

GLOBAL CRISIS AND USA 2024 ELECTIONS What can we expect

 GLOBAL CRISIS AND USA 2024 ELECTIONS, what can we expect?


There is a widely recognized theory that foreign policy has had relatively little influence on American voters in the presidential elections. This is not entirely true, since the Founding States granted the exclusivity of foreign policy to the president, so that he would not interfere in domestic decisions. It is very possible that nuances do not matter, but when it comes to serious threats and war conflicts, the history of the last hundred years shows us that foreign policy has always influenced presidential elections.

 

North American elections since 1948 have been decided with margins of less than 5%, except when there were powerful third candidates such as Wallace in 1968 and Perot in 1992. If we analyze the times of war between the awareness of the threat of war, military development and perception of the end or defeat. We can say that when there is fear of conflict, the American voter votes for continuity. This happened in 1948 with Truman, 1964 with Johnson, with the highest percentage of the popular vote in history, with Nixon in 1972 in the face of the conflict in the Middle East and Bush in 2004. It also happened when the United States was at war with the expectation of a victory. It happened with Roosevelt, Eisenhower, and Bush. When conflicts entered their declining phase: Korea in 1952; Vietnam in 1968, Iraq and Afghanistan war in 2008, they voted for change.

 

In other words, history shows us that given the uncertainties of the war in Ukraine and the Iranian threat after the attack, we should expect more continuity avoiding adventures, especially when those that are announced turn out to be tremendously aggressive against allies and tenuous with enemies.

 

The American foreign policy elite is debating the merits and failures of the war in Gaza after the Hamas attack and this debate, which is of little interest to the big public. Trump has joined to this intellectual debate, but he does not miss the opportunity to screw up and create more enemies, which does not help his presidential image.

 

Trump's statements with an absolute lack of political vision and contradicting what has been the bipartisan tradition in the United States, seek short-term political gain without evaluating the consequences of the next day. Faced with an action or decision that he can make profitable that day, he is capable of calling Putin a "genius", criticizing the Israeli army and the prime minister and at the same time praising the terrorist operational action of Hamas last October. The next day he tries to fix it with another statement in the completely opposite direction. Trump still does not understand that in the foreign policy of the United States there can be no opportunism but principles and what the American people want is not to have to think about what is happening abroad, and to focus on domestic aspects, but they are not willing to question his global leadership role.

 

The repeated argument that "that would not have happened with me" remains very weak since it does not provide any information to explain that opinion, beyond the fact that he met with the North Korean leader whom he called a statesman but who continued with his ballistic essays and that has sought to fraternize with the enemies of the West to seek understandings that should be unacceptable.

 

There is no doubt that the war in Gaza and the attack by Iran impact the Jewish voter in the United States, traditionally Democratic. Although Trump was the one who decided to move the embassy to Jerusalem, he has always complained that American Jews have not recognized him, which shows that he does not understand that the dynamics of the diaspora, particularly in the United States, differ from what happens In Israel.

 

All the assets that the Republican could have reaped in Gaza have been lost due to Biden's decisive and explicit support for Israel and the military intervention against the Iranian attack. It is true that there is a part of young Democratic voters who watch the images of Gaza with horror, but given the threat of Trump's arrival, it does not seem that they are going to deviate from supporting Biden, although it is an element that the president does not can ignore.

 

The other hot potato is Ukraine and Europe's position. Here the differences between the two candidates are absolute. Trump, who even aired Biden's son's ties in Ukraine in court, has always declared himself an admirer of Putin and his way of understanding politics. This mix of religious nationalism from the Russian leader dazzles Trump who has become a Bibles seller. However, the majority of the American population sees Russia as a threat like when Stalin was there and does not understand political sympathies or closeness. It's much simpler, Russia attacks a democracy and it's time to defend it.

 

Polls in the United States already show a trend of Democratic recovery and a slight decline in Trump, that could be accelerated by an explosive statement in a trial, a conviction or news that could affect his reputation. Seven months before the elections, everything is open and the events that occur in Israel and Ukraine will support this slight trend of recovery for Biden.

 

But we cannot forget that in the United States it is not the one who wins the most votes but the one who obtains the most electors for the electoral college, which have a correction to benefit less populated states in which the Republicans always win. Once again, the key states will be Pennsylvania, Michigan, Georgia, Arizona, Minnesota, Wisconsin and North Carolina, which have 97 electoral votes and are still very open. Trump needs to win Pennsylvania, where he is trailing, or Georgia, where he is clearly ahead, to be president, assuming he wins Nevada, Arizona, Wisconsin, and North Carolina. Biden winning Georgia, Pennsylvania, Michigan and Minnesota would be president. The point is that these states do not ignore foreign policy at all because of the industries and military facilities that exist in their territories ,and this is an advantage that Biden has.

 

The president has seven months to reinforce the United States' position in the Middle East and regain leadership of the war against Russia with the upcoming approval of the enormous aid package that many moderate Republicans are going to support, in another kick in the ass of Trump. This, meanwhile, has three challenges: not to screw up, to emerge successfully from the trials and this first is the one that can cause the most damage among the ultra-religious voter, and that the events damage the reputation of the president, too many factors.

 

In April 2016, Hillary Clinton led Trump by ten points and lost, and Biden had a lead of 5.5 points and maintained it in November. This shows that the elections have only just begun and that any factor with such small differences can dynamite one of the two campaigns.

 

The truth is that in January 2024, Trump's average advantage over Biden was 4.3 points and today it is 0.2 points with agencies like Reuters that already gave Biden a 3-point advantage yesterday, but it is still small samples.

 

Attacks, international threats and insecurity are factors that, managed correctly from the White House, can lead to victory. But for these same reasons, a terrorist attack, cyber-attacks on the electoral system, the success of a new Iranian attack, would greatly question the current tenant of 1600 Pennsylvania Av.

 

Biden has three objectives for this summer: avoid a strong escalation in the Middle East with a new Iranian attack or a response from Israel; achieve a ceasefire in Gaza, once Israel's strategic objectives have been achieved before the summer and the "trap package" of financial aid to Ukraine, Israel and for the border with Mexico is approved, Trump's biggest electoral argument. If Biden gets support for this package in Congress, he will have greatly strengthened his chances of victory; if he does not get it, then events could turn against him.

 

crisis global y elecciones usa 2024, ¿ Qué podemos esperar?

CRISIS GLOBAL Y ELECCIONES USA 2024, ¿qué podemos esperar?
Enrique Navarro






Existe una teoría ampliamente extendida de que la política exterior ha influido relativamente poco en los votantes norteamericanos en las presidenciales. Esto no es del todo cierto, desde el momento en que los estados fundacionales otorgaron la exclusividad de la política exterior al presidente, con el fin de que no interfiriera en las decisiones domésticas.

 Es muy posible que los matices no influyan, pero cuando se trata de graves amenazas y conflictos bélicos, la historia de los últimos cien años nos muestra que siempre la política exterior ha influido en las elecciones presidenciales. Las elecciones norteamericanas desde 1948 se han decidido con márgenes inferiores al 5%, excepto cuando había terceros candidatos potentes como Wallace en 1968 y Perot en 1992. Si analizamos los tiempos de conflictos bélicos entre la conciencia de la amenaza bélica, el desarrollo militar y la percepción del final o de la derrota. Podemos decir que cuando existe el temor a un conflicto, el elector americano vota por la continuidad. Esto sucedió en 1948 con Truman, 1964 con Johnson, con el mayor porcentaje de voto popular de la historia, con Nixon en 1972 ante el conflicto en Oriente Medio y Bush en 2004. También sucedió cuando Estados Unidos estaba en guerra con la expectativa de una victoria. Ocurrió con Roosevelt, Eisenhower, y Bush. Cuando los conflictos entraron en su fase de decadencia: Corea en 1952; Vietnam en 1968, guerra Irak y Afganistán 2008, se votó por el cambio. 

 Es decir la historia nos muestra que ante las incertidumbres de la guerra en Ucrania y la amenaza iraní tras el ataque, deberíamos esperar más continuidad y evitar aventuras, especialmente cuando las que se anuncian resultan tremendamente agresivas contra los aliados y tenues con los enemigos. La elite de la política exterior americana debate sobre los méritos y fallos de la guerra en Gaza después del ataque de Hamas y a este debate, que interesa poco a la generalidad, se ha sumado Trump, que no pierde ocasión para meter la pata y crearse más enemigos, lo que no le ayuda en su imagen presidenciable. 

Las declaraciones de Trump con una falta de visión política y contradiciendo lo que ha sido la tradición bipartidista en Estados Unidos, buscan el rédito político a corto plazo sin evaluar las consecuencias del día siguiente. Ante una acción o decisión que puede rentabilizar ese día es capaz de llamar «genio» a Putin, criticar al ejército de Israel y al primer ministro y alabar a la vez la acción operativa terrorista de Hamas de octubre pasado. Al día siguiente intenta arreglarlo con otra declaración en sentido totalmente contrario. Trump todavía no entiende que en la política exterior de Estados Unidos no puede haber oportunismo sino principios y el pueblo americano lo que quiere es no tener que pensar en lo que sucede fuera, y centrarse en los aspectos domésticos, pero no está dispuesto a cuestionar su papel de liderazgo mundial. El repetido argumento de que «conmigo eso no habría pasado», sigue siendo muy débil ya que no aporta ninguna información que explique esa opinión, más allá de que se reunió con el líder norcoreano al que tildó de estadista pero que siguió con sus ensayos de misiles y que ha buscado confraternizar con los enemigos de Occidente para buscar entendimientos que deberían ser inaceptables.

No cabe duda de que la guerra en Gaza y el ataque de Irán impacta sobre el votante judío en Estados Unidos, tradicionalmente demócrata. Aunque Trump fue quien decidió trasladar la embajada a Jerusalén, siempre se ha quejado de que los judíos norteamericanos no se lo han reconocido, lo que demuestra que no entiende que la dinámica de la diáspora, en particular en Estados Unidos, difiere de lo que ocurre en Israel. Todos los activos que el republicano podría haber cosechado en Gaza se le han ido por el decisivo y explícito apoyo de Biden a Israel y la intervención militar contra el ataque iraní. Es cierto que hay una parte de los votantes jóvenes demócratas que asisten con horror a las imágenes de Gaza, pero ante la amenaza de la llegada de Trump, no parece que vayan a desviarse de apoyar a Biden, aunque es un elemento que el presidente no puede ignorar. 

 La otra patata caliente es Ucrania y la posición de Europa. Aquí las diferencias entre los dos candidatos son absolutas. Trump que aireó hasta en los tribunales los vínculos del hijo de Biden en Ucrania, siempre se ha manifestado un admirador de Putin y de su forma de entender política. Esta mezcla de nacionalismo religioso del líder ruso encandila a Trump que se ha convertido en vendedor de biblias. Sin embargo, la mayoría de la población americana ve en Rusia una amenaza como cuando estaba Stalin y no entiende de simpatías o cercanías políticas. Es mucho más simple, Rusia ataca a una democracia y toca defenderla.  

Las encuestas en Estados Unidos ya muestran una tendencia de recuperación demócrata y ligera bajada de Trump, que podría acelerarse ante una declaración explosiva en un juicio , una condena o una noticia que pudiera afectar a su reputación. A siete meses de las elecciones, todo está abierto y los acontecimientos que se produzcan en Israel y en Ucrania, apoyarán esta ligera tendencia de recuperación para Biden. Pero no podemos olvidar que en Estados Unidos no gana el más votado sino el que obtiene más electores para el colegio electoral, que tienen una corrección para beneficiar a estados menos poblados en los que los republicanos siempre ganan. Una vez más los estados claves serán Pensilvania, Michigan, Georgia, Arizona, Minnesota, Wisconsin y Carolina del Norte que suman 97 votos electorales y que están todavía muy abiertos. Trump necesita ganar en Pennsylvania, donde va por detrás o Georgia donde va claramente por delante, para ser presidente, suponiendo que gane en Nevada, Arizona Wisconsin y Carolina del Norte. Biden ganando Georgia, Pennsylvania, Michigan y Minnesota sería presidente. La cuestión es que estos estados no pasan absolutamente de la política exterior por las industrias e instalaciones militares que existen en sus territorios y esta es una ventaja con la que cuenta Biden. 

 El presidente tiene siete meses para reforzar la posición de Estados Unidos en Oriente Medio y retomar el liderazgo de la guerra contra Rusia con la próxima aprobación del enorme paquete de ayuda que muchos republicanos moderados van a apoyar, en otra patada que darán en el culo de Trump. Este, mientras, tiene tres retos: no meter la pata, salir airoso de los juicios y este primero es el que más daño puede producirle entre el votante ultra-religioso, y que los acontecimientos dañen la reputación del presidente, demasiados factores. En abril de 2016, Hillary Clinton llevaba diez puntos de ventaja a Trump y perdió, y Biden llevaba una ventaja de 5,5 puntos y la mantuvo en noviembre. 

Esto demuestra que las elecciones no han hecho más que empezar y que cualquier factor con tan escasas diferencias puede dinamitar una de las dos campañas. Lo cierto es que en enero de 2024, la ventaja media de Trump sobre Biden era de 4,3 puntos y hoy es de 0,2 puntos con agencias como Reuters que ya daban 3 puntos de ventaja ayer a Biden, pero se trata todavía de muestras pequeñas. Ataques, amenazas internacionales e inseguridad son factores que manejados acertadamente desde la Casa Blanca pueden dar un triunfo. Pero por estas mismas razones, un golpe terrorista, ciberataques sobre el sistema electoral, el éxito de un nuevo ataque iraní, cuestionarían y mucho al actual inquilino del 1600 de Pennsylvania Av.  

Biden tiene tres objetivos para este verano: evitar una fuerte escalada en Oriente Medio con un nuevo ataque iraní o una respuesta de Israel; conseguir un alto el fuego en Gaza, una vez alcanzados los objetivos estratégicos de Israel antes de verano y que se apruebe el «paquete trampa» de ayuda financiera a Ucrania, Israel y para la frontera con México, el mayor argumento electoral de Trump. Si Biden consigue en el Congreso un respaldo a este paquete habrá reforzado y mucho sus posibilidades de victoria, si no lo consigue, entonces los acontecimientos se podrán volver en su contra.