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domingo, 1 de enero de 2017

DÓNDE PONER LOS OJOS EN 2017

Cada año nuevo todos los que nos dedicamos de manera profesional o aficionada a analizar la realidad geo-estratégica internacional solemos hacer predicciones de lo qué puede ocurrir o de dónde debemos poner la atención para estar al día de los acontecimientos. Por regla general existe la deformación profesional a ser negativos ya que sin duda esto contribuye a realzar la opinión del analista en la sociedad. De hecho casi todos los análisis que he podido leer en estos días tanto en blogs como en prensa nacional e internacional auguran un 2017 más complicado y con más violencia e incertidumbres que en 2016.

A mi juicio, cualquier evaluación debe tener en cuenta el realismo político y en consecuencia no deben esperarse cambios radicales en la actuación política de los grandes líderes en los próximos meses y en consecuencias circunstancias sobrevenidas y no esperadas. La política se ha convertido en el arte de ganar tiempo; no busca ni revoluciones ni implosiones. Simplemente tener un año más estable puede ser un gran logro, aunque se base en unos desequilibrios a largo plazo que puedan llevarnos al caos. Es decir que mientras que navegamos rumbo al caos, del que solo nos podrá salvar la tecnología, tener algunas singladuras de buen tiempo y mar en calma puede convertirse en un gran éxito que ponga en la cúspide a presidentes y líderes políticos, que apenas fueron capaces de conseguir lo mismo en el pasado, o de catapultar a otros que llegaron con tan malas expectativas para muchos, que salvo una guerra nuclear, acabarán 2017 siendo los grandes adalides de la seguridad y prosperidad mundial. Y uno de ellos podría ser Donald Trump.

Tampoco se trata de hacer una lista exhaustiva de potenciales lugares de conflicto que nos harían ya añorar el 2016, sino de realmente poner la atención en aquellos focos que realmente pueden tener un efecto dinamizador o dinamitador de la realidad tal como la hemos conocido en estos años.