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sábado, 25 de enero de 2025

WINSTON ‚ ¿ QUÉ HACES EN EL DESPACHO OVAL?


El presidente de los Estados Unidos ha devuelto el busto de Winston Churchill al Despacho Oval en una supuesta reivindicación del político conservador que más furiosamente luchó contra el fascismo y las oligarquías en Europa y contra el aislacionismo en Estados Unidos.

A comienzos de los años treinta, cuando el nazismo mostraba un rostro amable mientras cocinaba en su interior los más monstruosos crímenes, fueron muchos los que creyeron en ese movimiento que percibían como la salvación a los problemas de su tiempo. Que se acercaron a Hitler para recoger sus migajas o para reivindicarse ideológicamente en sus países. No fueron pocos.  Solo una voz se alzó desde muy al principio, ante la tiranía y la amenaza que suponía el régimen nazi. Su nombre, Winston Churchill. 

En 1934, el viejo zorro, lejos entonces del gobierno, ya alertaba al mundo de la involución que se estaba produciendo en Alemania y de las terribles consecuencias que tendría para todos. Solo un conservador demócrata convencido tenía la credibilidad para avisarnos de los peligros que se cernían. Muchos en su propio partido veían con agrado al fascismo como el medio para apaciguar a las masas obreras que clamaban por una revolución. Personajes como Ian Mosley que alababan el temor y la violencia como armas legítimas frente a los revolucionarios fueron sus adalides. Nadie se opuso con más virulencia a ellos que Winston Churchill.

Decía Churchill en su discurso de 1934 que: “Hay una nación que ha abandonado todas sus libertades para aumentar su fuerza colectiva. Hay una nación que con toda su fuerza y virtud está en manos de un grupo de hombres despiadados que predican un evangelio de intolerancia y orgullo racial sin restricciones de la ley ni del parlamento ni de la opinión pública. En ese país, todos los discursos pacifistas, todos los libros críticos con la guerra están prohibidos o suprimidos y sus autores están rigurosamente encarcelados. De su nueva tabla de mandamientos han omitido el «no matarás»”.

Hoy son muchos los que marchan a Washington convencidos de que Trump es la gran esperanza blanca que acabará con el progresismo que tanto disgusta a los que no lo comparten. Dichosos de que perseguirá a los que amenazan la seguridad y el modo de vida de unos, de los poderosos y de los que se creen dueños de los valores de sus país. Convencidos de la criminalización de la oposición como respuesta a la criminalización que de la burguesía y sus valores ha hecho la izquierda radical, incitando a la violencia contra ellos. Que apoyan el indulto de los que asaltan con violencia el Capitolio al que ya no identifican como solar de la soberanía popular. Que aplauden el que se supediten las ayudas federales al sometimiento político y que atemorizan a los empresarios si no se suman a su discurso ideológico. Eso no es libertad, eso no es democracia. 

Han llevado a la irrelevancia a la libertad de expresión diseminada entre millones de informantes anónimos ideologizados con visiones sectarias que hablan con la autoridad que en su tiempo tuvieron Emile Zola, Julio Camba, Oriana Fallaci, Nellie Bly, Ryszard Kapucinski, o Ernest Hemingway. Eso no es libertad de expresión es libertinaje. Si la crítica no puede llegar con autoridad a una inmensa mayoría, es ruido no es un discurso libre.

Es muy posible que muchos se sientan otra vez cautivados por medidas radicales para resolver supuestos problemas por la fuerza del discurso, por la deportación de inmigrantes ilegales realizada por descendientes de aquellos otros inmigrantes ilegales, por pretender recristianizar la política como se hace en los califatos, a su antojo y beneficio.

Pretenden como aquel Tercer Reich devolver una grandeza a América que como aquella Alemania nunca existió. Llegará un día, si no lo impedimos, que la cara amable dejará ver su auténtico discurso pactando con tiranos el reparto del mundo, colonizando a los países pequeños, aplastando sus posibilidades de futuro con sus políticas imperialistas.

No olvidemos que el trumpismo no es nuevo, se ancla en el viejo movimiento paleoconservador nacido con la propia independencia. Su más fiel representante e instigador fue el congresista republicano Robert Taft, que compitió por la candidatura republicana con Eisenhower en 1952.

Este declaró que frente al socialismo del New Deal, los americanos debían admirar el régimen nazi con su política aristocrática y tradicional germánica de considerar al orden como un fin en mismo, obviando que el orden es el medio para garantizar la libertad.

Taft, por estas razones, se opuso a la entrada en guerra de Estados Unidos y al apoyo militar al Reino Unido defendiendo que lo mejor que podía ocurrirle a los británicos era caer en el fascismo. Las penas de muerte de Núremberg fueron calificadas como un acto de injusticia que el pueblo americano lamentaría durante mucho tiempo. Así que, presidente Trump, saque el busto de ese digno demócrata conservador que luchó por la libertad en el mundo. Todos deben saber que si usted hubiera gobernado en 1939, habría dejado solo a los británicos y a su primer ministro. 

Además, Churchill descendía del Duque de Marlborough y se curtió en mil guerras, y Trump no deja de ser más que un especulador de casino, que en valentía y bravuconería no le llega a mi idolatrado Winston ni a la altura del betún.

Así que trate con la decencia que se merece a quién ya tiene un lugar en la parte buena de la historia, en la que usted nunca estará y póngalo en el lugar que mejor le representa, bajo la cúpula del Capitolio, aquel que usted violentó, igual que su estatua se encuentra en los jardines de Whitehall y no en Downing Street.

Usted pretende hacer con Ucrania lo que habría hecho con Reino Unido, dejarlo solo a los pies del fascismo, no por su aislacionismo sino por su desprecio por los débiles. Pretende subvertir a terceros países con su poder e influencia para extender su ideología totalitaria, nada diferente de lo que conocimos en los años treinta.

Los liberales y conservadores europeos no debemos fiarnos de lobos con piel de cordero. Los que conchabean con Donald Trump hoy, serán objeto de su burla más adelante. Los que creen que sus políticas antiwoke o liberales son honestas, se verán desilusionados cuando vean las auténticas intenciones. Solo pretenden que su visión del mundo, la de los suyos, sea la dominante y todo lo demás son estratagemas de campaña para ganar adeptos. Necesita tiempo, como ocurrió en Alemania, para demoler lentamente las instituciones de control en los Estados Unidos, para que cuando se vean sus auténticas intenciones, ya no existan instrumentos de defensa. Muchas de sus ideas son excelentes pero matizadas y emboscadas en la ambición totalitaria, pierden toda su eficacia y virtud. Que los árboles que nos agradan no nos impidan ver el bosque sombrío que hay detrás.



 


martes, 21 de enero de 2025

LA ECONOMÍA MUNDIAL EN LA ERA DONALD TRUMP



La historia como la economía progresan de una forma cíclica, o mejor dicho en un proceso de avance y freno de distinta intensidad. Los dos pasos son necesarios para que el mundo continúe en su senda. La llegada de Trump no ha ocurrido por azar ni es consecuencia de una irrupción política impredecible. Refleja gran parte de los cambios que se están produciendo en muchas sociedades como consecuencia de un largo periodo de progreso en políticas de todo tipo. 


A menudo, los cambios propiciados por revoluciones tecnológicas, o políticas, o sociales, avanzan mucho más deprisa que la capacidad de la población para absorberlos y esto produce estos momentos de revisión. El caso más paradigmático es el Imperio Romano que creó una sociedad mil años adelantada a los tiempos de la historia, de ahí que la Edad Media supusiera un enorme retroceso que ralentizó los cambios que no se asentaron hasta la Edad Moderna.


Otro fenómeno decisivo en los cambios es, que si bien hay un cierto consenso internacional o digamos un auge de las voces que claman por un replanteamiento total, es necesario que exista un líder, un país que tenga la suficiente ascendencia y poder para impulsar los cambios históricos. En este caso, la llegada de Trump es muy relevante para que este nuevo mundo sea realidad.


La descripción de todos los cambios llevaría años y el análisis de su impacto mucho más. Resulta necesario centrarse en aquellos aspectos que considero más relevantes por su significado o por su impacto. El cambio de mentalidad viene determinado por el cambio en el paradigma económico mundial de los últimos 25 años.


Tomemos el índice Fortune de las 50 empresas con mayores ingresos del mundo. En el año 2000, de las 10 mayores empresas, 5 eran de Estados Unidos, 4 de Japón y 1 alemana. En el año 2024, 8 son americanas, una de Taiwán y otra de Arabia Saudita. Si nos movemos al TOP 50, en el año 2000, había 15 americanas, 18 japonesas y 6 alemanas. En 2024, hay 25 norteamericanas, 12 chinas, 3 alemanas y 1 japonesa. Solo esta perspectiva a largo plazo nos permite entender la revolución que se ha producido en el mundo con la irrupción de China y el crecimiento continuado de Estados Unidos.


En el año 2000, la empresa europea con mayor capitalización bursátil era Nokia con 219 billones de dólares. En 2024 es el grupo de lujo LVMH con 344 billones de dólares. En Estados Unidos era Microsoft con 586 billones de dólares y hoy es  Apple con 3.458 billones de dólares, lo que indica claramente la distinta dirección y magnitud de las economías más avanzadas del mundo. Japón y Europa afrontan otro periodo de franco declive mientras que China y Estados Unidos monopolizarán mucho más poder en los próximos años. Incluso las grandes empresas del lujo europeos cuentan con asiáticos entre sus estrellas, por lo que no tardaremos mucho en perder también este liderazgo del diseño.


Este escenario de menor peso europeo y japonés en el mundo y de mayor relevancia de los dos gigantes, nos puede abocar o a un gran enfrentamiento bélico global o a la constitución de dos grandes imperios que tratarán al resto del mundo como colonias.


Sin embargo, China afronta riesgos más relevantes que Estados Unidos. Su sistema político, su demografía decadente y la creciente competencia de India, que ya la supera en población, tenderán a reducir su importancia en el mundo a medio y largo plazo, aunque seguirá siendo tremendamente relevante en lo que queda de década.


En un mundo impulsado por dos grandes polos que se verán menos preocupados por el cambio climático, los países europeos no pueden permanecer al margen de esta tendencia para no perder competitividad. En consecuencia, los grandes objetivos medioambientales se verán retrasados algunos años.


El informe Draghi sobre la competitividad europea señala como el principal objetivo europeo, junto a la brecha de innovación y a la seguridad económica, la descarbonización de la economía. La economía verde no es una oportunidad de crecimiento económico, es un coste que debemos asumir para no condenar al planeta a su autodestrucción. Sin embargo, ante las tendencias de Estados Unidos, China e India, invertir recursos en descarbonizar sin atender a los criterios de competitividad y de mayor eficiencia, afectará negativamente a la estructura de costes de las empresas europeas y ahondará la crisis que ya sufrimos en Europa desde comienzos de siglo.


Otro aspecto será el comercio. Estados Unidos es mucho menos vulnerable que China que depende más de las importaciones de materias primas y energías y de las exportaciones de productos de consumo, para mantener su senda de crecimiento. Este gap es el que más peligro presenta para el escenario geoestratégico. Frente a un Estados Unidos más dominador e independiente, China necesitará de una expansión política en África y en el Pacífico para encontrar suficientes suministros de sus carencias. Pero si China continúa acaparando materiales críticos, Estados Unidos podría encontrase en una posición de debilidad que no sería muy halagüeña para la seguridad global.


El dominio del espacio por Estados Unidos y en menor medida de China, implicará que Europa y los países más neutrales verán muy disminuido su acceso a muchas de las ventajas que se obtendrán de la explotación del espacio, aunque esto llegará a más largo plazo. Si Europa y sus empresas pierden la carrera del espacio, el efecto sobre la competitividad y el crecimiento económico será muy negativo. Space X ya ha lanzado más cohetes al espacio que todo el resto del mundo en toda su historia y pretende crear una constelación de decenas de miles de satélites en órbita. Esto solo es posible con una inversión pública y privada que nadie en el mundo puede alcanzar y gracias a una reunión de talento única en el mundo.


El deshielo del Ártico abrirá un enorme espacio del planeta al tráfico y a la explotación del subsuelo marino. Rusia lleva años posicionándose en este espacio pero en esta línea debe entenderse el interés de Estados Unidos por Groenlandia, una país con un tamaño de cuatro veces España. La guerra por los recursos del norte del planeta abrirá otro escenario de atención y de colisión.


Otro aspecto clave en la economía será la profundización en el mundo de la Inteligencia Artificial como continuación del proceso de digitalización de la economía iniciado en los años noventa. Europa ha perdido un 40% de su competitividad con respecto a Estados Unidos en lo que va de siglo por su retraso en incorporarse a las nuevas tecnologías y por permanecer anclada en la industria tradicional que se verá muy lastrada por las nuevas tecnologías que acabarán dominando a la industria en su conjunto. Si en el año 2002 China competía en el 25% de los productos fabricados en Europa, hoy ya compite en el 40%, y llegará al 50% al final de la década con unos costes totales muy inferiores y con una calidad, en el peor de los casos, similar a la europea.


El elemento demográfico contribuye de manera muy significativa a empeorar estos problemas. Mientras que la natalidad todavía muestra fuerza en Estados Unidos a lo que contribuyen significativamente los norteamericanos de origen latino, en Europa la población de origen nacional ya se reduce y obviamente envejece mientras que la inmigración se reducirá cada año ante las peores perspectivas económicas. Ante las medidas que deberá adoptar Europa para reducir su gap de competitividad con el resto del mundo, es muy previsible que la tendencia sea la contraria y que incluso pueda haber saldos negativos de inmigración en Europa en los próximos años, lo que dinamitará la estructura laboral y de protección social.


En conclusión, la pérdida continuada de competitividad de Europa desde comienzos de siglo, solo podrá reducirse con un cambio radical de las políticas europeas, lo que exigirá de la transformación del modelo económico y social que ha regido en Europa en las últimas cuatro décadas.


Como puede deducirse de las anteriores explicaciones, el papel que le queda a la empresa para revertir este escenario es reducido, pero no por eso es irrelevante. 


Ante la creciente ola de proteccionismo, deberá intensificarse la aproximación nacional a los negocios. Si en el modelo anterior la internacionalidad resultaba un activo, los gobiernos tenderán a proteger a sus empresas nacionales. Esto significará que los modelos de organización empresarial deberán ser más descentralizados por países, renunciando a la aproximación por verticales internacionales, ya que las metodologías, regulaciones y estructuras de costes diferirán por países y no podrán establecerse aproximaciones comunes a diferentes naciones.


A lo anterior se unirá la reducción de los flujos intra-compañías internacionales que se verán más perseguidos por esta nueva ola de preferencia nacional. Las compañías deberán prestar especial atención a las regulaciones que pudieran afectar al libre movimiento de flujos económicos.


Frente a las estrategias de cambio climático, no vamos a caer en el negacionismo, no obstante la cabeza pensante de la nueva administración norteamericana ha sido el mayor impulsor del vehículo eléctrico. Sin embargo, la necesidad de aumentar la independencia energética y la autosuficiencia, llevará a una expansión de la energía nuclear y en menor medida de los combustibles fósiles que verán crecimientos significativos en los próximos años. Las energías renovables continuarán creciendo pero contarán con menores incentivos por lo que solo en los países con mayor capacidad eficiente de generación encontraremos variaciones significativas.


Europa necesita rebajar de forma drástica sus costes de energía para recuperar competitividad por lo que el movimiento hacia lo nuclear y los combustibles fósiles tendrá un impulso mayor en el Viejo Continente. La matriz que llevamos construyendo desde hace años nos hace menos competitivos y esto es un lastre que no podemos aceptar a cambio de mejorar la vida en el planeta mientras que otros contaminan más y nos comen cuota de mercado. Además sustituir a Rusia como proveedor de referencia de energía por otros, ha consumido ya una enorme cantidad de recursos y dificultará la reducción de costes al menos durante diez años.


Teniendo en cuenta que la Europa rica tiene sueldos similares a los de Estados Unidos, el gap de competitividad radica en: la menor inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación en Europa en relación con el resto de países; en el coste de la energía; y en la losa de la regulación. Esto se debe a que las prioridades económicas se centran en lo social y a que no existe suficiente talento e infraestructura de innovación en Europa para absorber en el corto y medio plazo un aumento significativo de las inversiones en I+D. 


Las empresas deberán dedicar cantidades crecientes a I+D+I, lo que obligará a alterar su estructura de costes, lo que será imposible con costes laborales crecientes y con la electricidad al triple que en Estados Unidos. Los costes regulatorios y la escasez de suelo contribuyen a la menor competitividad europea y suponen lastres añadidos. Si no hay una acción brutal de los gobiernos para resolver estos problemas, la situación se agravará.


La digitalización de la economía es el elemento más significativo de esta pérdida de competitividad. De las 50 empresas tecnológicas más grandes del mundo, apenas cuatro son europeas. Este gap explica que en lo que va de siglo la economía europea en su conjunto haya crecido de media un 1,5%, la de Estados Unidos un 2,2% y la de China un 8,3%, unas diferencias muy significativas.


Todos estos elementos detallados implican que el mayor factor de crecimiento económico de Europa de las últimas décadas, el comercio internacional, se verá contraído a nivel mundial y Europa perderá una parte muy sustancial de su principal herramienta de crecimiento. Pensemos que entre 2000 y 2023 el peso del comercio internacional en el PIB europeo pasó del 30% al 46%, mientras que en Estados Unidos pasó del 25% al 26%. Una previsible contracción del comercio internacional debilitará aún más a la economía europea.


Europa ha hecho dejación de sus principales activos para controlar la inflación, de manera que se ha sustituido la producción local agrícola o industrial de consumo por Asia o África. Los europeos han podido mantener su capacidad adquisitiva pero han ido limando año a año su futuro. Las regulaciones han hecho el resto desincentivando la producción agraria e industrial de Europa.


La historia de Europa en los últimos ochenta años ha sido compleja. Tuvo que salir de la posguerra mundial perdiendo su principal activo económico que eran las colonias y pudo construir gracias a una generación excepcional y a la ayuda de Estados Unidos, una industria en el norte de Europa que atrajo a millones de europeos del sur. Cuando por fin el modelo se asentaba, vino la ampliación al Este de Europa. De pronto, más de cien millones de europeos pasaron a formar parte del amplio elenco de derechos sociales europeos, y esto hemos debido hacerlo abandonando las inversiones públicas para mantener el esquema de protección. En definitiva, que hemos perdido décadas valiosas en acometer cambios sociales y económicos que no tuvieron que afrontar ni Estados Unidos ni China, y esto explica en gran parte la irrelevancia creciente de Europa


Finalmente la economía mundial asistirá a una carrera a muerte por los materiales críticos asociados a la revolución digital y a la lucha contra el cambio climático. China extrae el 25% del cobre, el 60% del grafito y el 70% de las tierras raras del mundo, mientras que procesa el 75% del cobalto, el 70% del litio, el 100% del grafito y el 90% de las tierras raras. Una restricción en la exportación de estos productos desde China ahondaría más en la recesión en Europa y provocaría una escalada en la tensión con los Estados Unidos.


La competitividad de Estados Unidos creció en los últimos 20 años en un 15,5%, un 11,8% en Alemania, un 8,8% en Reino Unido pero se redujo en España en un 7,3% y en Italia en un 5,1%. Para entender la pérdida de riqueza de Europa basta con echar una mirada al mapa. El estado más pobre de los Estados Unidos, Mississippi, tiene un PIB per cápita de 51.300 dólares, mientras que Francia con 47.000 dólares, España con 34.000 dólares, Italia con 40.000 dólares y Reino Unido con 51.000 dólares están por debajo. Producimos más pero con más personas y menos producto por persona, lo que significa que no crecemos en factores de mayor valor añadido. El caso más paradigmático es España cuya población ocupada ha crecido en los últimos diez años un 27,35%, su PIB un 5% en términos reales y su PIB per cápita en un 4,5%.


En definitiva, Europa no se presenta como el lugar más atractivo para hacer crecer su negocio. Mientras no se produzca una involución estructural, las economías europeas continuarán con su ralentización por todos los motivos expuestos. Una revolución radical de la economía exige renunciar a muchos beneficios que ya no son sostenibles, lo que puede afectar negativamente a la cohesión entre los países europeos y en consecuencia al mayor activo que tiene Europa que es el mercado único. Si este quiebra, y ese es el objetivo de las dos grandes potencias, la recesión se transformará en decadencia y esto acabará con la Europa que hemos conocido. Solamente una catarsis como a la que ha tenido que llegar Argentina, podría convencernos a la mayoría de europeos de hacer un revolución, si no, en unas generaciones, Europa será un parque temático, lleno de ancianos y en decadencia económica.





viernes, 10 de enero de 2025

Drivers of success under the Trump and Musk new order. ( I ) The new political environment

 








Drivers of success under the Trump and Musk new order.

( I ) The new political environment


Conservatism and Liberalism have been fighting each other under different approaches since the independence of the United States and the nationalist revolutions in Europe in the eighteenth century.

We believed that the conservatives were serious and circumspect people, with profound religious sentiments. They pursued the protection of their small businesses or farms, the respect for traditional families, and everything outside of this equation was a threat. They had a strong localist, or nationalist or imperialist ambitions.

Liberals were pursuing individual and human rights, progress, globalization, decolonization, the free market, rational values more than religious ones and separation between church and State. Liberals in the United States became egalitarians close to the European socialist parties.

Today the discussion has changed, but it is not new.

Since the victory of Eisenhower in 1952, the neoconservatives ruled the Republican Party in alliance with moderates like Nixon and liberals like Nelson Rockefeller until the arrival of Donald Trump to the White house in 2017. Donald Trump was a liberal that understood the transformation of the Party in the early years of this century and assumed its basis.

The most conservative movement in the Party has been the Paleocons. They were born against the Federalists in the early years of the United States. They took a main role during the leadership of Robert Taft totally opposed to the Roosevelt’s New Deal. The Paleocons defended restrictions to immigration, isolationism, opposed to multiculturalism and supporters of apartheid policy. They dreamt of a Government under the Bible and the power of God. The movement came back with the Tea Party and religious movements under Bush administration, and after the defeat of Mitt Romney, the last neocon, in 2012, took the leadership of the Party.

It is almost impossible to define the Trump´s ideology, probably because it does not exist. His life is a long contradiction. Ha has changed values and priorities to be always successful. The victory justifies whatever change. He is pragmatic. He will conduct government as a small farm owner in the Midwest and international relations like a driver of a herd of cows from Texas. He is to make a big revolution in international diplomacy, or as I would say he is going to kill the traditional way of relations among countries. As the herd is the top priority, if he needs to cross a private property, he will do it, if he needs to occupy a private pond, he will do it and if it has to sacrifice some cows for the sake of the expedition he will do it, if he does not need to make friends he will not do it. But this is just personality, there is nothing substantial behind.

Elon Musk is different. He is the richest man in the world, and he is not the son of Rockefeller or Prince Salman. There are not big contradictions in his life. He is a traditional conservative in politics, human relations, values, but a liberal in the sense of a strong future vision. The conservatives want to keep the world frozen. Musk wants to make a revolution. In certain way he wants to replicate the Chinese model, one state two systems. Where China puts Communism, Musk puts an Edmund Burke or Carl Schmitt, the traditional conservative ideology, but where China puts capitalism, Musk puts more capitalism. He is not afraid about immigration and globalization, he is concerned about safety and no fair competition, he is convinced the world must move towards clean and sustainable mobility, to a clean energy and to Space. He is not afraid like conservatism of free speech; he fears the monolithic speech that has been spread over the last few decades. He believes that people must take care of themselves. The approach to low-income people is compassion or private solidarity and provide opportunities but reducing the duties of the governments to minimize inequalities. As much money is in the private pockets more opportunities for growth with a clear Paretian approach. In this sense he is very closed to traditional European liberalism.

American liberals or socialists have a different approach following Rawls´ theories. Just the growth of poor people is the measure of the health of an economy, no matter what happens with the middle class, it is the position of low-income people that counts. Liberals assign to the government the obligation of redistribution of everything it doesn´t matter if economy collapses or grows, which it is important is to take the money from private pockets to be put in Government´s box to be spread in those people with more needs, deducting its own significant expenses.

However, this is an old discussion. The feeling today is that middle classes with low salaries are suffering the new policies. Governments are bigger and bigger to meet their new duties, and people with lower salaries feel they pay the party but are not getting the benefits. They feel discriminated themselves by the new priorities when they are the taxpayers, the workers, the professionals, the pioneering. Small private businessmen see how Chinese competition destroy their competitiveness and feel that State´s subsidies go to big corporations dominated by a privileged community engaged to the government. They see that housing is a luxurious asset and they are not qualified to receive a house from governments, they see that land and cost of industrial infrastructure is not affordable for their businesses when it is almost free in China or India, that they pay a significant cost for energy due to environment ambitions, and they assume the bill and restrictions of climate change that is just applied for western countries.

Summarizing, the new points of the new Trump-Musk policy are:

a) Prioritizing individual traditional rights like life, free speech, private property, against new social rights.

b) More accent in religious values than in so called” woke ideology.

c) More protectionism to avoid insane competitiveness.

d) Control of immigration to keep traditional values in our societies and safety.

e) Bid for new disruptive technologies with no restriction to compete against China.

f) Create a fast drive to the future in new scenarios like Space, Artic, Seabed.

g) International relations based on businesses more than values revolutionizing the way of conducting international diplomacy.

h) Prioritize economy over climate change.

But they don´t share some important topics:

Trump wants a strong Federal State, compensating less taxes with more debt, promoting public investment, restricting the power of states in key topics like family, abortion, military power, justice, environment protection etc. He does not believe in free and independent justice. Trump is a traditional conservative, peculiar but very linked with the right wing of traditional Republican party. it was not so radical in the past, but today he has found it in this ultra conservatism position, a niche that led him to the White house.

Musk is a liberal in traditional European way, promoting free competition, innovation, prioritizing economy and talent over control of immigration, less state with less duties, less public expenses, less public investment. He has a global approach; isolationism is not an option like in Trump. In the tradeoff between safety and freedom, he opts for the last one.

It is too early to define who will win in this ideological and political battle between Musk and Trump, and what will be the new order, but we can be sure that we will see in coming years things we never thought. We are at the doors of a new big revolution in the West that will affect the whole world.

Is Europe ready for this new order?

It is difficult to answer due to the big differences among European countries. The feelings and ambitions are very far from those ones in US. In Europe, everyone looks for a subsidy -companies, professionals, farmers-. Everyone defends universal and free healthcare, a public pension system financed by taxes, etc. However, this model is obsolete because it is against demography. Everyone sees the government as the solution to the problems and nobody as a problem itself. All far right movements look for more state, more government to satisfy the demands of their new supporters that feel the current system prioritize to others, they believe in Keynes and Galbraith more than in Hayek or Friedman.

Europe has a structural problem, its demography. We are older and we need to replace this old people with young ones because our birth rates are in the underground; then, the only option is immigration, and we see it as a problem. Or we put old people to work, or we have more children (that is not going to happen), or we are to die. If Europe is not consolidated as a State and we stay as small countries in a world with new giants in Africa and Asia, we will be irrelevant in a short time

The far right and neonationalist parties don´t have a solution for these problems, they are lying to people. Closing borders, fighting against woke ideology and keeping subsidies will bring more poverty and then we will be on the hands of the Russians and Americans after two thousand years of world domination. Europe needs a third way and Musk is closer to the solution than Trump.

What can the US allies expect?

The Trump administration’s allies will be those countries that share their political view, neither historical nor cultural reasons will be relevant in this new age. American interest will be the only topic in its agenda. China is the big threat and the enemy in this competition for the world leadership. The rest of countries including north Korea or Russia will be friends or enemies depending upon their contribution to the American goals. Each European country will begin from scratch in the new scenario of relations with US, a big challenge.

If Trump is lucky like in his first mandate, his program will go ahead, however I am afraid that sooner than later all his positions will be under test and then we will check if MAGA means to come back to neoconservatism or keep the isolationist and pacifist positions.