Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de mayo de 2024

SOMOS EL PAÍS 145




Salvo que nuestros intereses mundiales descansen en el salmón y la cerveza, es un error inconmensurable.


 

España se ha convertido en el país 145 del mundo en reconocer el Estado  Árabe Palestino, algo que todavía no ha hecho Hamas, que niega su existencia por las implicaciones que tiene sobre el reconocimiento de Israel. El Presidente de gobierno en su anuncio matinal, de hecho podría ya prescindir del Consejo de Ministros, invoca los acuerdos de Oslo que reconocían la solución de dos estados, algo que estuvo cerca de conseguirse, según ha narrado el ex primer ministro Ehud Barak, pero que fracasó por no sé qué restos arqueológicos potenciales, pero que admitía la cesión del 95% de los territorios palestinos y soberanía palestina en zonas de Jerusalén Este. Pero este intento de Barak, Arafat y Clinton en Camp David en el año 2000, fracasó por la negativa de los palestinos y por la espiral de violencia generada por los radicales de cada lado. Ariel Sharon y Netanyahu, que nunca creyeron en este acuerdo, optaron por dinamitarlo con más colonos judíos en Jerusalén Este y con actos de provocación que solo buscaban una respuesta violenta. La Franja de Gaza alejada del poder de Ramala, y con el apoyo de Irán, se puso en manos de Hamas con el único objetivo de destruir Israel o morir en el intento. 

 

Solo hubo un hombre que pudo dar una cierta estabilidad, el ex primer ministro Salam Fayyad, pero se quedó solo. Lanzó un plan que promovía el fin de la corrupción, el desarrollo económico e institucional y el establecimiento de una relación de seguridad con Israel, fundamental para su desarrollo económico. Su pragmatismo fue lo que provocó el golpe de estado de Hamas en Gaza y su enfrentamiento furibundo contra la Autoridad Palestina. La seguridad y la prosperidad deben ir de la mano, y ahora ambos objetivos parecen muy lejanos en el fragor de la batalla y el odio, es el resultado típico de la polarización.

 

Por mucha alegría que haya producido en los palestinos este reconocimiento que hubiera firmado el mismísimo Franco, siento decirles que esto no tiene nada que ver con ellos, sino con el carácter emocional del español. Nuestro presidente ha descubierto cómo movilizar a su favor las pasiones y los odios ibéricos. Se tomó una tregua trampa de cinco días y ahí tiene a Salvador Illa a punto de gobernar en Cataluña; ahora para las Europeas, reconoce al estado árabe palestino , porque las encuestas que de verdad le hace Tezanos, señalan que esto le atraerá el voto de izquierdas que necesita para acercarse al PP y desanimar a Feijoo de que será presidente del gobierno en esta década. Si hay elecciones generales pronto, me temo el reconocimiento del Sahara Occidental, no hay cambio de timón que no esté justificado ante tan altos intereses.

 

Netanyahu ha cometido dos errores también en clave interna: negar las evidencias de que Hamas preparaba un atentado y segundo enfrascarse en una guerra sin un plan y sin una salida. Por trágicos que fueran los atentados terroristas no hay justificación para matar a 40.000 palestinos. La guerra ha sido la única salida que tenía Netanyahu, pero sinceramente y es un clamor mundial, es ya insostenible además de que no ha conseguido resultado alguno. Hamas ayer atacó Tel Aviv desde el norte de la Franja, la demostración palpable de un fracaso. Encima de los muertos, hay algo peor, que en esta guerra no hay ni honor, ni gloria ni victoria. 

 

¿Por qué es un error reconocer ahora al estado palestino hoy?

 

Primero, y para mí lo más grave, porque no hay un consenso político en la decisión. No se ha llamado a los partidos a consultas, y un país que maneja la política exterior al arbitrio de una persona, está condenado al fracaso. Si algo necesita la política exterior es estabilidad independientemente de quién gobierne en cada país.

 

Lo segundo es que si queremos liderar en Europa, debemos ir de la mano con Francia, Italia, Alemania y es inconcebible que tanto luchar por fortalecer la Unión Política Europea para que luego, cuando no sirve a los intereses personales del gobierno, se dinamite. Hoy somos menos Europa. Hemos dejado en evidencia a nuestros principales socios europeos ante una decisión electoralista de un trasfondo enorme. Salvo que nuestros intereses mundiales descansen en el salmón y la cerveza, es un error inconmensurable.

 

No se comprende por qué todavía hay rehenes en poder de Hamas, y esta Declaración debería haber tenido condiciones como la liberación de los secuestrados y la devolución de los cadáveres; no hacerlo contraviene el principio básico de neutralidad y nos pone del lado de Hamas, por mucho que lo neguemos. Ahora, esta declaración incondicional, solo sirve para respaldar a Hamas y demonizar a Israel, y así lo perciben ambas poblaciones.

 

No se comprende que se hable de la amistad con un país cuando se procede unilateralmente reconociendo a otro que tiene en su acta fundacional destruir el estado supuestamente amigo; la renuncia a esta reclamación debería haber sido otra condición del Reconocimiento, en lugar de que miembros del gobierno español hagan suyas las tesis del Gran Mufti de Jerusalén y colega de Adolf Hitler, de exterminar al pueblo judío en Palestina.

 

Finalmente, este posicionamiento nos inhabilita para ser interlocutores, como lo fuimos en los acuerdos de Madrid que dieron lugar a los de Oslo. España ya no puede hacer nada para la búsqueda de ese acuerdo porque nuestro supuesto estado fraternal nos negará ese papel.

 

Podría entrar en otras consideraciones como es el hecho de que se trata de una dictadura donde no hay elecciones, o que Irán, el padre de Hamas, atacó con cientos de drones Israel hace unas semanas. ¿Quiénes defendieron a Israel interviniendo militarmente? Francia, Reino Unido y Estados Unidos, pero ¿qué hubiera hecho España si hubiera tenido esta capacidad ante este posicionamiento? mejor no buscar respuestas.

 

Israel tampoco es Netanyahu. Hay mucha gente en Israel que quiere la paz y la seguridad y que entienden que todas las demás salidas han fracasado. La ocupación jornada y egipcia, la ocupación israelí, la autonomía palestina, nada ha servido para que haya más paz y seguridad. No hay otra salida para Israel ni para los palestinos que una solución de dos estados. Deberán implementarse muchos acuerdos para la seguridad y la prosperidad económica de ambos territorios, pero nosotros ya no seremos parte del éxito. 

 

Es cierto que Netanyahu nunca ha creído en la solución de los dos estados, y de hecho, las declaraciones de algunos líderes políticos de Israel en el pasado aluden al interés de Israel en el enfrentamiento entre Hamas y la ANP como argumento necesario contra la solución. ¿Cómo reconocer a un estado qué vive en una guerra civil y que amenaza a diario Israel? La respuesta es negar la posibilidad de una solución diferente a la militar.

 

Pero quién más debe temer al reconocimiento del estado, es el propio pueblo palestino. Un estado es un sujeto responsable, y si se ataca desde un país y ese sujeto de soberanía reconocido, no solo no detiene a los terroristas sino que los ampara o incluso son los mismos dirigentes del estado, entonces Israel, como cualquier estado, tendría todo el derecho legítimo para destruir ese país, y nadie podría hablar de genocidio sino de victoria rotunda.

 

Pero más allá de todos estos temas coyunturales propios de una opinión pública volátil y cortoplacista, nuestra relación con Israel que promovió el partido Socialista, es sólida y perdurará en el tiempo. Por mucho que se alegren los palestinos, nuestras relaciones de seguridad, tecnológicas, culturales y financieras con Israel siempre serán mucho más importantes. Ellos seguramente seguirán condenados, sin libertad ni derechos individuales, esos que tanto reclamamos aquí pero que miramos de soslayo cuando sirven a intereses electorales, y mientras, en Israel seguirá celebrándose el Gay Parade, los árabes seguirán en la Knesset y el país de leche y miel seguirá siendo admirado en todo el mundo. Lo mismo pasará con España. Los lazos son tan fuertes que Israel y España tendrán un vínculo indisoluble, por mucho que le pese a algunos.


Pero la amistad no es un cheque en blanco, y eso lo deben entender todos, se asienta en la confianza y en el respeto, sin chantajes de conmigo o sin mí, que son impropios de estados del siglo XXI, ni en ampulosas o desafortunadas declaraciones. . 



viernes, 17 de febrero de 2017

LA NUEVA HOJA DE RUTA DE TRUMP PARA EL CONFLICTO ENTRE ISRAEL Y PALESTINOS.


Desde el 30 de octubre de 1991 que se celebró la conferencia de Madrid, el camino hacia la solución del conflicto entre palestinos e israelíes, para simplificar, ha estado viviendo de un irrealismo mágico que ha sido la causa de los numerosos conflictos posteriores y sobre todo de una oleada de ataques terroristas sobre Israel que a su vez han generado intervenciones militares en represalia con miles de víctimas. Cuando los políticos occidentales quieren hacerse una fotografía a costa de los pequeños estados, cometen unos destrozos cuyas consecuencias no tardan en percibirse, y en eso básicamente consistieron las conferencias de Madrid y la de Oslo.

Pero a este espejismo contribuyeron de especial manera los laboristas de Israel que en un exceso de buenismo pensaron que era posible negociar con una organización terrorista, sentarse y firmar acuerdos y que se cumplirían, negando lo que la historia les había enseñado a los judíos desde 1949. Muchos de los males que han acontecido a posteriori tienen su origen en el error del gobierno de Rabin de pensar que se puede confiar en los que sólo anhelan destruirte. Este error estratégico del laborismo le ha costado estar fuera del gobierno durante muchos años cuando fue durante los primeros treinta años del estado, el partido hegemónico.

Trump, que practica también una especie de irrealismo político en cuanto al análisis y soluciones a los problemas de su país, ha sido quien ha recalcado con acierto cuáles son los tres puntos principales para conseguir un auténtico proceso de paz y garantizar la seguridad del estado de Israel y de sus vecinos.

En primer lugar, dejar que sean las partes las que lleguen a un acuerdo. Si no ha habido un acuerdo hasta ahora ha sido por la clara interferencia de occidentales y árabes que nunca han querido un acuerdo estable entre las partes, para salvaguardar sus intereses particulares en la esfera global o regional. 

Después, señalar la amenaza que supone Irán y en particular su programa nuclear y no sólo para Israel. El régimen de los ayatollás ha sido financiador, sponsor y proveedor de los atentados terroristas ocurridos en los últimos años contra Israel y ha contribuido a alimentar el odio a Israel dentro de los estados palestinos, a lo que sin duda también han contribuido otros estados árabes. Los jóvenes palestinos son educados en una cultura del odio en escuelas financiadas por potencias extranjeras, y así es muy difícil construir una paz duradera.

Y en tercer lugar remarcar que el principal aliado de Occidente en la región es Israel, abandonando las prácticas de Obama de cultivar las relaciones de amistad a otros países de la región en su estrategia, incluyendo reverencias protocolarias del presidente de Estados Unidos al rey de Arabia.  Este es el principal elemento de la estrategia. Si los que quieren destruir a Israel saben que Occidente y en particular Estados Unidos estarán siempre del lado del único estado democrático y plural de la región, se lo pensarán dos veces antes de amenazar la existencia pacífica del estado de Israel y se sentarán a negociar con un espíritu más constructivo.

Si estos tres puntos se mantienen por parte de la administración Trump, habremos avanzado mucho en el camino de la solución del conflicto y sin duda se habrá construido una buena parte del camino hacia la seguridad en la región.

Sin embargo el presidente Trump al mencionar las posibilidades de solución, ha cometido a mi juicio dos errores. El primero es considerar cómo válida la solución de un estado, y el segundo, excluir la solución más plausible y seguramente menos viable que es la de tres estados.

La solución de un estado a la que rápidamente se sumaron los representantes de la Autoridad Palestina es inviable ya que conllevaría la práctica desaparición del estado de Israel. Hoy, por primera vez desde la independencia de Israel, entre los territorios palestinos e Israel viven casi seis millones y medio de árabes frente a seis millones cuatrocientos mil judíos, con una tasa de crecimiento de estos últimos que es la mitad de los árabes. Cuando en 1948 los árabes entraron en Jerusalén y expulsaron a los judíos que llevaban viviendo la ciudad del Templo durante siglos, expresaron su alegría; “por primera vez en tres mil años no hay un solo judío en Jerusalén”. Pretender que los palestinos dominen con sus modos poco democráticos y violentos todo el estado es inadmisible e inviable y condenaría al pueblo judío a un nuevo destierro. Incluso tengo serias dudas de que el millón ochocientos mil árabes que viven en Israel quisieran ser gobernados por Abbas o por Hamas.

En cuanto a la delimitación de fronteras entre los posibles dos estados, no se puede continuar en el irrealismo político de pensar que se pueden revertir políticas de asentamientos por ambas partes realizadas durante décadas. Las actuales fronteras deberían resultar definitivas. Algunos ajustes podrían hacerse en un sentido u otro, pero no tiene sentido ni lógica histórica pensar en alterar el estatus de Jerusalén Este como parte del estado de Israel. Otra cuestión es que la ciudad y sus alrededores tengan un estatuto especial en cuanto acceso a lugares sagrados y una zona de intercambio comercial y cultural más abierta, siempre condicionada al mantenimiento de la seguridad. La única manera de asegurar que la ciudad de las tres religiones lo siga siendo es que quede bajo la soberanía de Israel.

Esta tesis no sólo es realista sino que obedece a la secuencia de acontecimientos y resoluciones producidas desde 1949. El acuerdo de partición de Naciones Unidas quedó invalidado desde el momento en que los países árabes no lo aceptaron e invadieron los territorios de Israel.  A partir de este momento, sólo existen tres acuerdos válidos y vinculantes. El armisticio de 1948 firmado entre Israel y los países árabes; y los acuerdos de paz con Egipto y Jordania. Sobre estas bases, debería construirse el camino de la solución.

El empecinamiento de los palestinos en no admitir la existencia de un estado judío en la histórica tierra de Israel es la principal razón por la que la solución de dos estados nunca será posible. Sin este reconocimiento, permitir un estado palestino sería un error de consecuencias terribles y muchos estados occidentales reconociendo al estado palestino están poniendo a Israel, nuestro aliado si basamos estas relaciones en una comunidad de creencias y valores, en una posición de alta vulnerabilidad. Ningún país debería reconocer lazos diplomáticos con los palestinos hasta cumplir con este primer paso y nadie debería proceder antes que Israel que sin duda es el más interesado en hacerlo.

Y sobre esta base la teoría de los tres estados debería ser tomada como la que proporcionaría la mayor seguridad y estabilidad para las partes. La incorporación de Gaza a Egipto, como así fue históricamente y de la Cisjordania a Jordania como un estado federado. De esta manera los palestinos vivirían en estados árabes y con una estabilidad política y económica e Israel tendría la seguridad de tener unos vecinos que lo reconocen como estado y que son fiables. Cabe recordar que los palestinos no son un pueblo anclado en un concepto de nación; son los árabes que vivían en Palestina, los mismos que vivían en Jordania o Siria. No existe un estado palestino ni nunca existió. Del imperio egipcio, pasaron al romano y de ahí al otomano, y los grandes procesos de descolonización y nacionalismo comenzaron en las primeras décadas del siglo XX.  De esta manera la creación de un estado palestino obedece a una conveniencia que las partes deben admitir; pero conviene recordar que las tierras que fueron anexionadas en 1967 eran de Jordania Siria y Egipto y cualquier reversión debería hacerse a los mismos estados que sufrieron la amputación de parte de sus territorios y no a una entidad distinta.

La otra opción es la de dos estados, compleja por la división geográfica entre Gaza y Cisjordania y sobre todo por la política; la única razón por la que no están en guerra ambas zonas es porque Israel los separa. La viabilidad económica de Palestina en estas condiciones estaría muy limitada y su dependencia de Israel sería su única posibilidad de prosperar. Para ello sólo hay tres condiciones básicas: reconocer al estado de Israel; llegar a un acuerdo de fronteras y respetar a las minorías que puedan vivir en el territorio del otro; es decir que los judíos puedan continuar viviendo en los territorios palestinos en las mismas condiciones que los árabes en Israel. Algunos ajustes serían necesarios y decenas de asentamientos deberían desmantelarse, como ya ocurrió en Gaza, pero a cambio de una paz estable no parece un precio excesivo. Israel ha ofrecido incluso transferir territorios de su soberanía de mayoría árabe a la Autoridad Palestina, si sus habitantes, lo que me genera muchas dudas, estuvieran de acuerdo.

Los palestinos necesitan vivir en paz y poder desarrollar su economía; no pueden seguir viendo como sus esperanzas y expectativas se ven destruidas por las olas de violencia. Ellos a la vista de la realidad, son los principales perjudicados. Por primera vez en la historia tienen la oportunidad de tener un estado propio, viable y seguro y una vez más van a echar por la borda esta gran oportunidad por anteponer el odio a la esperanza.

Si comparamos la extensión del territorio de las doce tribus de Israel con el actual, se trata de un tercio de los territorios que iban desde los territorios de la tribu de Aser a los de Amalec y atravesando el Jordán a los de Manases y Gad.  Si excluimos el inhabitable desierto del Neguev, el territorio cedido por Israel a la Autoridad Palestina supone casi la mitad del territorio bajo su control después de 1967, entregando gran parte de Judea y de Samaria, territorios conquistados por los judíos hace tres mil años.

Lo cierto es que Donald Trump no ha inventado nada nuevo con respecto a Israel; ha venido a reinstaurar parcialmente la doctrina Reagan que el propio presidente manifestó en un discurso el primero de septiembre de 1982 y que se basa en los siguientes axiomas:

“No voy a permitir que el pueblo de Israel quede a merced de la artillería enemiga con solo diez millas de territorio entre los palestinos y el mar”;

“Estados Unidos no apoyará ni la creación de un estado palestino independiente ni la anexión por Israel de los territorios de la Franja Oeste”

“El autogobierno con la asociación de los territorios palestinos a Jordania ofrece la mejor solución para una paz duradera”.

Esta posición estaba perfectamente alineada con lo que todos los representantes occidentales manifestaron en el debate de la Resolución 242 de 1967 de Naciones Unidas indicando que “Israel no podía ser forzado a volver a las frágiles y vulnerables líneas de demarcación del armisticio de 1949”.

La solución de dos estados no es tampoco una quimera si se dan las condiciones básicas. En Cisjordania existen actualmente unos 130 asentamientos reconocidos judíos con una población de 350.000 personas. Casi el 60% de los judíos que habitan en la Cisjordania viven en cinco distritos (Ma’ale Adumim, Modiin Illit, Ariel, Gush Etzion y Givat Ze’ev)  que se encuentran a pocos kilómetros de la Línea Verde. El propio Arafat reconoció en Camp David la idea de que los grandes asentamientos judíos quedaran bajo la soberanía de Israel. El área en disputa supone apenas el 1,7% del territorio construido de Cisjordania, menos de setenta kilómetros cuadrados, la mitad que la ciudad castellana de Segovia. Israel admite que por razones de seguridad un amplio número de asentamientos deberán entregarse al nuevo estado palestino, pero su impacto sobre la población no superaría los cincuenta mil personas, que bien podrían reubicarse o bien continuar viviendo en sus asentamientos bajo la Autoridad Palestina con algún tipo de doble nacionalidad y acuerdos de seguridad.

Irán es sin duda otra cuestión crítica dadas las claras intenciones de Teherán con respecto a Israel y el desarrollo de su política nuclear, que ha sido retrasada por la acción de la inteligencia de Israel más que por la acción de todos los demás gobiernos amenazados. Si hoy existen unos débiles acuerdos con Irán se debe a la extraordinaria acción del Mosad para destruir las centrifugadoras y toda la infraestructura que les acompañaba. Pero como ha señalado Trump, la adquisición de capacidades nucleares por Irán es inadmisible y un casus belli para toda la región y Occidente.

Irán sin embargo es una cuestión más crítica para Estados Unidos. Tiene la llave de la estabilidad en Irak y es esencial en la lucha con el Daesh, además de tener como aliados a Rusia y a Assad. Si Trump opta por desmarcarse del acuerdo con Irán tendrá de aliados a árabes e israelíes, pero la situación en Irak y Siria podría complicarse y mucho. Una Siria apoyada y controlada por Irán sería la peor pesadilla para Israel.  No parece que Trump vaya a ir más allá con Irán mientras que la situación en Irak y Siria no se aclare y el Daesh sea eliminado, pero si Irán baja la guardia en los dos escenarios, el Califato podría retomar fuerza y entonces habría que redefinir la prioridades. Todo un reto para la diplomacia norteamericana.


Netanyahu se puede ir contento de este viaje; le ha tocado la lotería; pero ahora tiene que afrontar sus problemas internos que pueden arruinar su carrera política y generar una gran inestabilidad institucional que es lo que menos necesita ahora el estado judío ante la oportunidad que se presenta con el apoyo de Estados Unidos, y con las relaciones aceptables con Egipto y Jordania y en menor medida con Arabia, para convencer a los Palestinos de optar por una solución estable y duradera. Como presiento que ni a egipcios ni jordanos les hace mucha gracias acoger a estos hermanos en la fe que siempre le han ocasionado más problemas que beneficios, lo que solucionaría gran parte del problema, sólo nos queda seguir en la búsqueda de una solución de dos estados en paz, reconocidos mutuamente y con fronteras seguras. Esta sería un buen second best, si la primera opción no fuera viable, lamentablemente.

domingo, 1 de enero de 2017

DÓNDE PONER LOS OJOS EN 2017

Cada año nuevo todos los que nos dedicamos de manera profesional o aficionada a analizar la realidad geo-estratégica internacional solemos hacer predicciones de lo qué puede ocurrir o de dónde debemos poner la atención para estar al día de los acontecimientos. Por regla general existe la deformación profesional a ser negativos ya que sin duda esto contribuye a realzar la opinión del analista en la sociedad. De hecho casi todos los análisis que he podido leer en estos días tanto en blogs como en prensa nacional e internacional auguran un 2017 más complicado y con más violencia e incertidumbres que en 2016.

A mi juicio, cualquier evaluación debe tener en cuenta el realismo político y en consecuencia no deben esperarse cambios radicales en la actuación política de los grandes líderes en los próximos meses y en consecuencias circunstancias sobrevenidas y no esperadas. La política se ha convertido en el arte de ganar tiempo; no busca ni revoluciones ni implosiones. Simplemente tener un año más estable puede ser un gran logro, aunque se base en unos desequilibrios a largo plazo que puedan llevarnos al caos. Es decir que mientras que navegamos rumbo al caos, del que solo nos podrá salvar la tecnología, tener algunas singladuras de buen tiempo y mar en calma puede convertirse en un gran éxito que ponga en la cúspide a presidentes y líderes políticos, que apenas fueron capaces de conseguir lo mismo en el pasado, o de catapultar a otros que llegaron con tan malas expectativas para muchos, que salvo una guerra nuclear, acabarán 2017 siendo los grandes adalides de la seguridad y prosperidad mundial. Y uno de ellos podría ser Donald Trump.

Tampoco se trata de hacer una lista exhaustiva de potenciales lugares de conflicto que nos harían ya añorar el 2016, sino de realmente poner la atención en aquellos focos que realmente pueden tener un efecto dinamizador o dinamitador de la realidad tal como la hemos conocido en estos años.

lunes, 26 de diciembre de 2016

ISRAEL: SOLOS CONTRA EL MUNDO

Este es un mundo complejo, a menudo difícil de entender, sobre todo porque parece que son intereses muy particulares y coyunturales los que lo rigen. Lo ocurrido en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el pasado viernes condenando la construcción de unas centenares de viviendas en Jerusalén Este, con la abstención de Estados Unidos, ha sido una gota demasiado grande que ha conseguido colmar la paciencia no sólo de Netanyahu, sino de una gran mayoría de los habitantes del estado de Israel. Aunque todos sabemos que conseguir la unanimidad en un posicionamiento político en Israel es tarea imposible y siempre hay voces discordantes, las que normalmente no existen en sus países vecinos, incluyendo a los mimados por la comunidad internacional de la Autoridad Nacional Palestina, esta vez el pueblo de Israel se siente golpeado por sus propios supuestos amigos.

Israel sabe perfectamente que su supervivencia depende de la solidaridad de las democracias del mundo y si éstas muestran fisuras en su apoyo a Israel y más en votaciones públicas, estarán condenando a Israel a su desaparición. En esta línea debe entenderse la reacción del primer ministro Netanyahu, que necesita con esta postura ganar tiempo para que la llegada de Trump sea una catarsis sobre las relaciones mantenidas entre Obama e Israel y también para mantener en el gobierno a la única coalición que garantiza una estabilidad política en Israel, que está soportada por Bennet y Lieberman, dos halcones con respecto a la política de asentamientos en los supuestos territorios palestinos.

El texto de esta resolución sponsorizada, entre otros, por la Venezuela de Maduro, -y no por Egipto como se pretende hacer creer en un juego de confusión-, lo cual ya debía haber sido motivo suficiente para que no gozase con el apoyo de la comunidad internacional -una vez más reforzamos a una dictadura comunista para condenar a una democracia liberal-, utiliza unos términos desafiantes contra Israel como nunca antes había ocurrido y una vez más pone en el mismo plano el derecho a la legítima defensa de un estado con los actos terroristas contra Israel.

Es muy posible que el pragmático Netanhayhu, sea consciente de que está sobreactuando, pero los gestos en la política son demasiado importantes como para despreciarlos. Para mantener una mayoría política y evitar el abismo de unas elecciones en un país muy fragmentado políticamente, el primer ministro debía tomar el liderazgo de la revuelta contra el mundo, para que no fueran otros los que obtuvieran el rédito político, y parcialmente debemos entender de esta manera el comportamiento del gobierno de Israel en estos días, suspendiendo las relaciones diplomáticas con todos los miembros del Consejo de Seguridad, incluyendo a España, lo que para nosotros debía ser un motivo de reflexión especial.

Esta resolución como todas las que han condenado a Israel desde 1980 son consecuencia formal de la resolución 478 de 1980 que condenó la anexión de lo que en terminos muy vagos denominamos Jerusalén Este y los territorios de Jordania de la Cisjordania, bajo la presidencia de Carter y en pleno secuestro de la embajada de Teherán; y esto explica parte del problema, Estados Unidos declaró ilegal la ocupación y anexión de este territorio  y a partir de ahí cualquier minúsculo acto administrativo de Israel en la zona origina un ciclón de acciones internacionales donde se consigue que los israelitas sean vistos y percibidos como los agresores y los palestinos como las víctimas.

Basar la legitimidad o legalidad en las decisiones de un Consejo de Seguridad que no ha condenado la ocupación de territorio español por Reino Unido durante la guerra civl o la anexión militar de Crimea por Rusia o de islas en disputa en el mar de China por China, frente a una historia induscutible, frente a una victoria en el campo militar en una lucha por la supervivencia y frente a una seria de decisiones administrativas analizadas con lupa por el tribunal supremo de Israel que ha ordenado la demolición de miles de viviendas ilegales desalojando a colonos israelitas que vivieron en esos territorios por generaciones, muestran que la comunidad internacional no es justa ni equitativa con Israel.

Esta resolución contiene, a mi juicio, tres errores políticos de bulto que dificultarán en gran medida la conclusión de un proceso de paz que en realidad nunca ha existido por la falta de voluntad de los dirigentes palestinos y de sus apoyos del mundo árabe y sobre todo por la exquisita e incomprensible neutralidad en el mejor de los casos, de los países europeos.

El primer error ha venido siendo consecuencia de unos Acuerdos de Partición basados no en la legitimidad histórica sino en la conveniencia de las potencias y en particular del Reino Unido y Francia después de la Segunda Guerra Mundial. Israel existe porque el pueblo judío luchó por sus territorios, que es como se han construido todas las grandes naciones; por la compra de tierras con dinero particular que los árabes vendían a diez veces su precio y sobre todo por la vergüenza moral que sufrió Occidente al conocerse la magnitud del holocausto nazi ante el cual, y antes de 1939, seis años después de haber comenzado, nadie había movido un pie para parar a Hitler cuando la comunidad internacional era consciente de las leyes racistas del nacionalsocialismo. Israel no se concibe sin su histórica capital, Jerusalén, ¿Cualquier persona que estudie la Biblia o la historia puede imaginar una circunstancia distinta? Dejar la ciudad milenaria del templo de Salomón como lugar neutral demostró la incapacidad de Occidente para determinar un estado viable de Israel en 1948, y de aquellos polvos vienen estos lodos. 

Palestina nunca ha existido como Estado y por tanto cualquier aspiración a una tierra para los Palestinos debería haber sido resuelta por los estados árabes pero no a costa de Israel. Sin embargo, el estado judío ha realizado un denodado esfuerzo por alcanzar un acuerdo con la Autoridad Palestina fundada por un grupo terrorista reconocido internacionalmente, en la base de paz por territorios. Este fue un concepto desarrollado por los judíos, es decir una concesión de otorgar a los palestinos una gran porción del territorio judío a cambio de seguridad. La Autoridad Palestina tomó aquellos territorios que de forma interesada le entregó Israel para constituir su incipiente estado, pero nunca cumplieron su parte del acuerdo, la seguridad que prometieron. 

Cuando Israel ocupó una parte esencial del territorio dentro de sus fronteras milenarias en 1967, y después en 1980 cuando su parlamento aprobó la anexión al Estado, ofreció a los árabes la nacionalidad israelita, pero la presión internacional impidió lo que era una aspiración de la gran mayoría de los habitantes de estos territorios que era vivir en paz y bajo la cobertura de un estado democrático en el que viven en paz, democracia y seguridad más de un millón de árabes. Las ciudades árabes de Israel son de todo el mundo las que gozan de más derechos, menos desigualdades y mayor renta per cápita; pero a aquéllos que pretenden manipular la realidad para favorecer sus propios intereses, no les interesa el bienestar del pueblo árabe sino mantener la tensión sobre la única democracia de Oriente Medio para mantener sus regímenes autoritarios.

El segundo error es pensar que evitando los asentamientos en Jerusalén Este se favorece el proceso de paz. Éste todavía es más grave. Impedir la construcción de unas cientos de viviendas en Jerusalén  es una toma de posición internacional, una imposición del mundo en el proceso de paz. Es reconocer que los palestinos tendrán toda la legitimidad y apoyo internacional para sus reclamaciones y esto pone a Israel en la peor posición negociadora posible. No es una cuestión de reducir el tamaño o las capacidades del futuro estado palestino. Israel siempre ha ofrecido compensar con territorios en otras zonas, mucho mayores a cambio del reconocimiento de su capital indivisible. ¿A qué grado de idiotismo histórico hemos llegado para querer poner ciudades como Belén en manos de un estado que niega los mas mínimos derechos a la libertad religiosa? y si no, que se lo pregunten a los miles de cristianos palestinos forzados a abandonar los lugares en los que han vivido durante siglos sin ningún apoyo o reconocimiento de la comunidad internacional. Esta resolución dinamita las posibilidades para un entendimiento entre dos vecinos condenados a entenderse y dará alas a todos aquellos grupos terroristas que atacan todos los días al estado de Israel y que se sentirán reforzados en sus aspiraciones. Cuando el Consejo de Seguridad condena a israel en relación con una pretensión de la Autoridad Palestina, está dando argumentos a los terroristas para incrementar la tensión con nuevos atentados terroristas que traerán mas conflicto y más inseguridad, es decir exactamente lo contrario que en teoría se pretende conseguir.

El tercer error,y en mi opinión el que produce mayor daño, es que la comunidad internacional ha perdido al calor de los acontecimientos que han ocurrido en estos años con la primavera árabe, la aparición del Estado Islámico, los golpes terroristas en Europa y la guerra en Siria, la perspectiva de lo que debe hacerse y lo que debe evitarse. Se ha creado la convicción en muchas sociedades que condenar a los arrogantes israelitas nos dará más seguridad, generará menos odio en el mundo árabe frente a Occidente y contribuirá a rebajar la tensión en la región. Lo que nos hace más seguros es que estemos más unidos los que pensamos igual y que seamos más fuertes. La división en las democracias occidentales entre la que debemos incluir Israel, es la victoria de los intolerantes y de los que quieren derrumbar los cimientos de nuestras sociedades. Mostrar fisuras en momentos tan convulsos no contribuye ni a generar más seguridad ni por ello vamos a ganar adeptos entre aquéllos que todavía abogan por la destrucción del estado de Israel. Si el mundo va a tratar con exquisita igualdad a Israel y a los países no democráticos y grupos terroristas que abogan por su desaparición; si tomamos postura por los 200 millones de árabes de la región frente a los 6 millones de judíos que viven en Israel, por una cuestión administrativa, estaremos haciendo un flaco servicio a la paz mundial y a la supervivencia del mundo occidental democrático y humanista que hemos conocido en los últimos doscientos años en el mundo libre.

A corto plazo, ¿Qué debemos esperar? ¿Debe Netanyahu depositar todas sus esperanzas en el presidente electo de Estados Unidos? Esta es la verdadera prueba de fuego de Israel. Obama no ha sido precisamente un gran valedor de Israel, pero lo cierto es que la mayoría de los judíos norteamericanos, esenciales por su influencia en la sociedad y vida política americana, votaron en una inmensa mayoría por Clinton, igual que antes lo hicieron por Obama. Esta desafección entre los judíos norteamericanos e Israel es a mi juicio la mayor amenaza para el estado judío. Curiosamente han sido los republicanos quienes mejor han entendido cómo debía ser esta relación de profunda amistad, mientras que en la progresista comunidad judía norteamericana se ha extendido la creencia de que la paz es posible y que Israel debe estar dispuesto a ceder todo lo necesario para tener un pedazo de tierra seguro, ignorando la historia, que es la verdadera legitimidad del estado de Israel y de sus fronteras.  Muchos congresistas y senadores americanos republicanos no perdonan a los lobbies judíos que siendo ellos los que más han hecho por la seguridad y reconocimiento internacional de Israel, no hayan sido capaces de movilizar el voto hacia los republicanos. No tengo duda que Trump será un soporte politico esencial para Israel, pero tengo mis dudas de que la mayoría republicana le soporte. También tengo mis dudas de que en el juego de alianzas en el futuro y en especial en sus relaciones con Rusia, la posición inicial no pueda variar. La complejidad de los intereses en la región y la falta de un apoyo politico interno en la sociedad norteamericana a decisiones más concluyentes en favor de Israel, pueden hacer varias estos posicionamientos internacionales. Trump ha aprovechado también esta decisión para reforzar sus ataques a las Naciones Unidas, pero a día de hoy, lamentablemente no hay alternativa mejor a la ONU para mantener una globalidad en las decisiones políticas; tampoco parece que vaya a producirse una unanimidad internacional a corto y medio plazo en lo que es un clamor que es variar la composición del Consejo de Seguridad, basado en la situación geopolítica de 1945. La asusencia de India, Alemania y Japón desautorizan en gran parte a este organismo como representante de los intereses globales. 

Ya sabemos que es muy difícil dejar el poder, pero las acciones de Obama en estas últimas semanas después de saber que su política exterior había sido derrotada por sus conciudadanos, muestran la intransigencia y la falta de estilo de esta administración saliente que debía haber dejado que la nueva administración hubiera tomado aquellas decisiones más convenientes y trascendentes conforme la voluntad manifestada del pueblo norteamericano. Poner chinitas a Trump no es precisamente una muestra de patriotismo ni de aceptación de la derrota. Por una cuestión personal y partidista Obama ha dejado caer una vez más a nuestro más fiel e importante aliado en la región, cuando lo elegante hubiera sido dejar esa decisión al nuevo inquilino de esa Casa Blanca que tanto le está costando dejar.

Pero Israel sabe que no puede vivir de espaldas a todo el mundo y necesita sobre todo de Europa, que está una vez más encerrada en los barrotes de la amenaza islamista radical, la creciente islamofobia que en Europa va de la mano del antisemitismo y de los populismos que buscan siempre culpables endógenos como hicieron en los años veinte, y del oro negro que nos regalan a precio de saldo los grandes productores del mundo, la inmensa mayoría de los cuales no reconocen la existencia del estado de Israel. Basar toda la estrategia de seguridad en Trump no parece muy aconsejable, pero si Europa no se posiciona claramente en favor de Israel, Netanyahu deberá buscar amigos en otros lugares y sin duda uno de los más próximos se encuentra en Moscú; si Putin y Trump se alían para apoyar a Israel, Europa habra dado un paso más en su proceso de insignificancia política y lo que es más grave, perdiendo las referencias de nuestra civilización por favorecer a los que son diferentes y nos amenazan, seremos más débiles, la libertad y la democracia estarán más amenazadas y nuestra economía se empobrecerá al ritmo que nuestros valores se ven arrumbados por decisiones oportunistas o populistas.

jueves, 29 de septiembre de 2016

ISRAEL PIERDE SUS RAICES: ADIOS A SIMON PERES


El pueblo judío es sin duda el más longevo de la historia de la humanidad que se ha mantenido fiel a sus principios. Ninguna otra religión existente hace cinco mil años subsiste. El Dios de cristianos y musulmanes es judío y se le apareció a Abraham y Moisés, pese a quien pese. Nada de lo acontecido en la historia de la humanidad en los últimos milenios se puede entender sin lugares bíblicos como  Jerusalén, Jericó, sin el Jordán y tantos otros. Un pueblo condenado en masa al destierro y desperdigado por todos los mundos conocidos con el único fin de que flaquearan en su fe, sin embargo nadie entendió lo que significa para un judío ser judío. Ningún otro pueblo ha sido tan masacrado, condenado, vilipendiado y segregado como el pueblo de Israel y sin embargo nunca cejaron en su espíritu inquebrantable de supervivencia. La contribución del pueblo judío a la ciencia, la cultura y el arte ha sido esencial en el desarrollo humano, basta ver la lista de premios Nobel judíos para apreciarlo. El mundo sería otro sin la contribución del pueblo judío a la humanidad.

Un pueblo que pasó miles de años esperando volver a su hogar del que fueron despojados por la fuerza y que otros vinieron a ocupar para borrar el rastro del pueblo judío. Entre esos desperdigados descendientes de Jacob, de Saúl, de David y de Salomón se hallaba la familia Persky, que durante generaciones había sobrevivido en el este de Polonia. Su padre infundido del espíritu sionista de la época tras la declaración Balfour y el movimiento iniciado por Theodor Herzl, desplazó a su familia a unos inhóspitos territorios ocupados por palestinos y bajo soberanía británica tras la derrota turca en Extremo Oriente.  Con este paso no sólo permitió que Simon Peres su uniera a la épica histórica de la creación del estado de Israel desde su temprana incorporación al Hagana, el movimiento político y militar moderado que lideró la fundación del Estado junto a los extremistas más belicosos contra los británicos del Irgun, sino que salvo la vida ya que todo el resto de la familia murió en los campos de exterminio nazis

Ha muerto el último padre fundador de Israel, junto a figures históricas que aparecen ya en penumbra con la losa de los años como Ben Gurion, Weizman, Golda Meir, Rabin, Moshe Dayan. A partir de hoy Israel deberá caminar hacia adelante huérfano, y para ese Israel del futuro trabajó sin descanso Simon Peres.