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jueves, 19 de junio de 2025

Contribución para la próxima cumbre de la OTAN

 


EL PAPEL DE EUROPA Y DE ESPAÑA ANTE LA CUMBRE DE LA ALIANZA ATLÁNTICA A CELEBRAR EN LA HAYA. (24-26 de junio de 2025)

La próxima cumbre de la OTAN se presenta como un potencial enfrentamiento entre las necesidades, los deseos y la realidad. Cualquier planteamiento que suponga fijar una cifra en base al PIB, solo puede tener una consideración política. El dinero no lo puede todo y en Defensa menos. Alcanzar el 5% del PIB es innecesario y pernicioso para cualquier país y para España más, teniendo en cuenta la dimensión de la amenaza. Incluso alcanzar un 2,5% sobre el PIB para países como el nuestro en dos años, sería un tremendo error y generaría enormes deficiencias.

Esperamos una actitud más constructiva de Washington a la vista de la realidad de la invasión de Ucrania y de la enorme respuesta europea. Pero Europa no debe aceptar chantajes ni imposiciones, que de venir, deberían llegar de nuestros enemigos. Podemos construir un espacio de seguridad mucho más equilibrado en Europa entre Estados Unidos y el resto de países, pero ajustado a las necesidades reales de cada escenario. Estados Unidos gastará el 3,2% de su PIB en Defensa en 2025 y sin embargo, Europa apenas supone para los Estados Unidos, el 10% de su esfuerzo militar, lo que explícitamente indica que las necesidades y en consecuencia los recursos que deben allegarse son muy diferentes.

Mi objetivo es realizar un análisis desde las necesidades, los retos y las capacidades existentes para determinar unos valores ajustados a los requerimientos y no a meras especulaciones diplomáticas.

¿Cuál es la dimensión de la brecha entre Europa y Estados Unidos en materia militar?

Europa necesita disponer de una adecuada disuasión militar sobre Rusia y una capacidad bélica que la permita derrotar en un escenario de guerra convencional a Moscú sin contar con Estados Unidos. Una situación que se plantearía potencialmente entre tres y cinco años, después de haber terminado la guerra de Ucrania y de que Rusia haya recompuesto sus fuerzas.

La brecha actual entre Europa y Estados Unidos presenta tres características definitorias.

Ante una amenaza real no se trata de cubrir una diferencia de capacidades en tiempo de paz, sino de guerra, lo que acentúa la dimensión del déficit europeo. No tenemos que cubrir los 128.000 efectivos con su material actualmente estacionados por Estados Unidos en Europa, sino los 300.000 que serían desplegados en caso de una agresión rusa.

Estados Unidos ha invertido en modernización y desarrollo en los últimos diez años 2 billones de dólares mientras que Europa ha invertido 500.000 millones. Teniendo en cuenta los largos períodos de maduración, esta es la diferencia que necesitamos cubrir, que es mucho mayor que el diferente volumen de gasto militar de 2025, y de ahí que el esfuerzo europeo deba ser muy superior a los Estados Unidos en los próximos años, pero con un límite temporal de una década como máximo.

Finalmente, estamos hablando de un escenario de guerra convencional frente a Rusia, que tiene la quinta parte de la capacidad militar china, a la que se enfrenta Estados Unidos. Es decir, el potencial enemigo ruso es una amenaza muy inferior militarmente al gigante asiático, pero en nuestro defecto, tenemos el hándicap de compartir una enorme frontera terrestre, a diferencia de los miles de kilómetros de océano que separan a China de la costa norteamericana.

En la actualidad, el ejército ruso es considerablemente más grande, más experimentado y está mejor equipado que la fuerza que invadió Ucrania en 2022. Ahora posee una valiosa y única experiencia en el campo de batalla. La presencia rusa en Ucrania a finales de 2024 era de aproximadamente 700.000 soldados, mucho más que la fuerza de invasión de 2022. Son más y están más entrenados y con el soporte de Corea del Norte podrían llegar a casi dos millones de efectivos militares.

La producción de equipamiento de Rusia se ha incrementado rápidamente. Solo en 2024, Rusia produjo 400 carros de combate nuevos y renovó unos 1.200. En cuanto a blindados se entregaron 1.000 unidades y se modernizaron 4.000, así como se incorporaron 450 piezas de artillería de gran calibre. Durante el año pasado se entregaron más de 1.800 drones kamikaze. Si Rusia mantiene estos ratios una vez acabada la guerra de Ucrania, los niveles de equipamiento serán más  amplios y modernos que los anteriores a 2022 en apenas cuatro años. Ante un escenario de mantenimiento de sanciones, Rusia estaría abocada a mantener su presión industrial y militar sobre Europa salvo que se produjera una improbable involución interna.

Las evaluaciones de la OTAN, indican que Rusia estará lista para atacar en algún lugar de Europa dentro de cuatro a ocho años. Con los ejercicios militares cuatrienales Zapad que se llevarán a cabo en Bielorrusia en el verano de 2025 se mostrará la capacidad de Rusia para gestionar ejercicios militares a gran escala incluso durante una guerra en curso y Putin no va a dejar pasar la oportunidad de demostrarlo.

¿Qué necesita Europa?

La primera prioridad de Europa es continuar apoyando a Ucrania que es nuestra primera línea de defensa frente a Rusia. Si Ucrania decide no aceptar una rendición total o parcial, Europa está en condiciones de proporcionar armas adicionales a Ucrania para asegurar que sus capacidades están estabilizadas e impedir avances significativos de Rusia sobre su territorio. Es cierto que Ucrania y la UE dependen de algunos activos estratégicos críticos de Estados Unidos, incluido inteligencia y comunicaciones satelitales y que estos son difíciles de reemplazar a corto plazo, pero hay sustitutos si es necesario, no tan efectivos, pero suficientes frente al nivel de la tecnología de Moscú.

Muchos se preguntan si Europa puede salvar a Ucrania. Los números son bastante elocuentes.

Desde febrero de 2022, el apoyo militar de Estados Unidos a Ucrania ha ascendido a 64.000 millones de euros, mientras que Europa, incluido el Reino Unido, envió 62.000 millones de euros. En 2024, el apoyo militar de Estados Unidos ascendió a 20.000 millones de euros de un total de 42.000 millones de euros. Para reemplazar a Estados Unidos, la UE tendría que gastar solo otro 0,20% de su PIB lo que no parece una cifra descabellada. El problema es cuánto de esta ayuda se puede proporcionar desde la industria europea. La respuesta es que para el combate en el frente ruso, la industria europea tendrá suficientes capacidades para mantener la capacidad militar de Ucrania en dos años. Si dentro de dos años los frentes están estabilizados, el panorama cambiará notablemente.

Un escenario significativamente más desafiante para Europa sería un improbable acuerdo de paz aceptado por Ucrania y que resultara beneficioso para Rusia. En tal caso, es probable que Moscú continúe su acumulación de material militar creando un desafío militar formidable para toda la UE en muy poco tiempo, dada la producción rusa actual. Este sería nuestro peor escenario.

Como señalaba, ante la eventualidad de tener que cubrir la aportación potencial norteamericana en caso de conflicto, Europa necesitaría incrementar su capacidad de combate en unos 300.000 efectivos, con un enfoque en fuerzas mecanizadas y blindadas para reemplazar las unidades pesadas del ejército estadounidense. Esto se traduce en aproximadamente 100 nuevas brigadas europeas.

El problema añadido es que no solo habría que reemplazar con 29 países a los 300.000 norteamericanos que nos faltarían, es que habría que darles el respaldo que sí tendrían los norteamericanos de todo el poder de los habilitadores estratégicos estadounidenses, incluidos la aviación estratégica y los activos espaciales, de los que carecen de los ejércitos europeos. Cubrir esta brecha sería una acción prioritaria, y para ello necesitaremos mucho soporte industrial norteamericano a corto plazo.

Europa, incluido el Reino Unido, actualmente tiene 1,47 millones de personal militar en servicio activo, pero su efectividad se ve obstaculizada por la falta de un mando unificado. La OTAN trabaja bajo la suposición de que el Comandante Supremo Aliado en Europa sería un general estadounidense de alto rango, pero eso solo puede funcionar si Estados Unidos toma un papel de liderazgo y proporciona habilitadores estratégicos. Es decir el mando conjunto unificado europeo es obligatorio y debe ser una acción inmediata su implantación.

Necesidades de equipamiento y producción industrial.

Generar rápidamente tales aumentos requiere un esfuerzo extraordinario, aunque la experiencia muestra que las economías de mercado pueden hacerlo si se asignan los recursos y se flexibilizan los procedimientos. Tomando como ejemplo un Cuerpo de Ejército de Estados Unidos, la disuasión creíble europea, requeriría un mínimo adicional de 1.400 carros de combate, 2.000 vehículos de combate de infantería y 700 piezas de artillería (obuses de 155 mm y lanzacohetes múltiples). Esto es más poder de combate que el que actualmente existe en las fuerzas terrestres de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido combinadas. Esto nos da una idea del esfuerzo inmediato que debe realizarse.

Proveer a estas fuerzas con suficientes municiones será esencial, más allá de las existencias mínimas disponibles actualmente. Por ejemplo, un millón de proyectiles de 155 mm sería el mínimo para un stock lo suficientemente grande para 90 días de combate de alta intensidad. Europa también tendría que generar capacidades de aviación de combate de quinta generación para tener una clara superioridad, y de transporte táctico y estratégico, así como capacidades de misiles de todo tipo, guerra de drones, comunicación e inteligencia. Esto incluye aumentar la producción de drones para igualar a Rusia, a un nivel de aproximadamente 1.500 municiones merodeadoras de largo alcance por año. Mientras tanto, se tendrían que reclutar y entrenar a 300.000 nuevos efectivos.

Las iniciativas de la Unión Europea de un fondo de 800.000 millones de Euros más las nacionales que se manejan, como en Polonia donde el 70% del incremento presupuestario se ha dedicado a adquisiciones o el fondo de deuda alemán Sondervermögen que hasta ahora se ha destinado exclusivamente a compras de equipamiento, son cifras realistas, pero por si solas no garantizan el éxito. Son necesarias muchas más iniciativas nacionales con recursos presupuestarios estables para garantizar una continuidad en el esfuerzo inversor.

Para que esta inversión resulte eficaz será necesario incrementar las adquisiciones a escala europea para obtener mejores costes y alcanzar una gestión más eficiente de la inversión. Tanto dinero en un sector con escasa transparencia exigirá, asimismo, de rigurosos controles de gestión para evitar subsidios y preferencias que vayan en detrimento del objetivo común.

En la actualidad, un incremento enorme de la demanda implicaría una incapacidad de asumir las obligaciones industriales, daría lugar a cuellos de botella, incremento de costes y falta de trabajadores especializados así como problemas añadidos por las limitaciones regulatorias. Aunque Europa compra el 60% de sus necesidades en su mercado doméstico, hay equipos que necesariamente deben adquirirse en Estados Unidos como aviones de combate de quinta generación, sistemas en buques, artillería de precisión, sistemas de observación de baja órbita, sensores de obtención de inteligencia, y algunos equipos y componentes críticos. Un objetivo a medio plazo será eliminar esta deficiencia, pero esto requiere de muchos cambios y de al menos una década.

Europa es incapaz de gastar un 5% del PIB en su defensa. Aunque tenga el dinero, son demasiados recursos para la ambición estratégica de Europa, que no necesita un arsenal nuclear de miles de cabezas, ni ocho grupos aeronavales ni mantener bases alrededor del mundo con los costos de vida del militar norteamericano. España en particular debe poner pie en pared y explicar cómo se pueden cumplir los objetivos militares sin sobrepasar el 2,5% del PIB.

Hay que trazar un plan paulatino para no crear cuellos de botella. «Vísteme despacio que tengo prisa» es la máxima. Un incremento rápido de la demanda colapsará la cadena de suministro y la encarecerá si no se han tomado las medidas para asegurar que ningún elemento necesario para la producción queda descontrolado. Hemos dado la vuelta al embudo. Antes la parte ancha eran las materias primas y la cadena de suministro y la estrecha eran los contratistas de defensa; hoy es al revés y esta competencia por recursos limitados puede destrozar al sector industrial en su conjunto y poner el peligro los objetivos.

La decisión del gobierno de alcanzar el 2% del PIB, teóricamente en 2025, salvo que sea un brindis al sol de Europa, es una calamidad, un error de enormes consecuencias. Necesitamos diez años para alcanzar la autonomía estratégica y no vamos a acelerar este proceso por muchos recursos que tengamos a corto plazo. Los vamos a despilfarrar, aunque comprendo la euforia de los accionistas ante los beneficios que se van a generar.

¿Cuáles son las necesidades y cuánto nos va a costar?

En la estimación del gasto necesario hay que tener en cuenta que las inversiones deben intensificarse a corto y medio plazo para reducir la brecha existente, considerando un abandono de Estados Unidos de la guerra convencional en Europa en caso de una agresión rusa, para luego entrar en una senda de estabilidad. Es decir, debemos en España subir a un ratio medio que estimo en el 2,5% del PIB ( 42.500 millones de Euros, 18.000 millones anuales para inversiones para los próximos siete años, para luego mantenerse en el 2% del PIB ( 34.000 millones de Euros y 14.000 millones año para inversiones)

Europa necesita incrementar en 300.000 efectivos sus fuerzas armadas que sería la aportación teórica norteamericana en caso de un conflicto. Esto supone un 20% de incremento sobre los actuales efectivos disponibles. Esto nos permitiría crear 100 brigadas. Harían falta entre cinco y siete años para alcanzar este número con su correspondiente equipamiento. Esto supondría un incremento del coste de personal de 60.000 millones al año, entre sueldos, beneficios y formación. Adicional a este incremento, aumentarán las retribuciones y las condiciones de vida de la tropa profesional haciendo mucho más atractiva la carrera militar., imprescindible ante el desierto demográfico europeo. Unido a la anterior hay que aumentar la disponibilidad de los efectivos y su entrenamiento. De poco nos sirve tener un millón y medio de militares si nos cuesta un año movilizarlos a todos. Aquí entra en juego la preparación para el combate. Esto requerirá de una inversión en centros de entrenamiento, campos de maniobra, sistemas de simulación y unas instalaciones de mantenimiento exquisitas. Una inversión cercana a los 50.000 millones de euros. Además, un millón y medio de hombres y mujeres no serán suficientes en un conflicto a gran escala. La movilización de una reserva de al menos otro millón de efectivos, será imprescindible para garantizar las rotaciones adecuadas en caso de una guerra larga, que es el caso más probable a la vista de las lecciones de Ucrania.

En cuanto al equipamiento hay que distinguir cinco dominios:

Sistemas C4 ISR : Teniendo en cuenta que un conflicto en Europa sería manejado por la OTAN bajo el mando de Estados Unidos y con toda la cobertura americana de estos sistemas, en el entorno de un abandono norteamericano, resulta perentorio reforzar estos sistemas. Aquí se incluyen sistemas de observación, sistemas de comunicaciones seguras, radares tipo AWACS, aviones ELINT, sistemas de comunicaciones seguras, sistemas de navegación etc. En definitiva ese corazón que no se ve pero que marca la diferencia entre un ejército vencedor y uno derrotado.

Como la mayoría de los países tienen arquitecturas ya coordinadas en el marco OTAN, será una inversión significativa pero no inmensa. Una inversión de 80.000 millones permitiría igualar al menos la capacidad actual rusa. Crear un sistema y ponerlo en operación tomaría al menos 10 años y habrá que hacerlo con alguna dependencia de Estados Unidos para conseguirlo en un tiempo razonable.

El aspecto aéreo de la guerra, especialmente los drones y los misiles, serán nuestra mayor baza disuasoria. Quiero destacar la vital importancia de la Iniciativa Escudo del Cielo Europeo en el que un gran conglomerado industrial europeo deberá tomar el liderazgo de este macro-proyecto, muy ambicioso en lo tecnológico e industrial y que supondría una inversión de 200.000 millones de Euros.

Equipo terrestre. Entre las deficiencias actuales de Europa y lo que supondría el incremento de estas cien brigadas por la desconexión norteamericana, los datos que manejo son los siguientes basados en las consideraciones elaboradas por el Instituto de Estudios Estratégicos.

Se ofrecen algunos ejemplos de soluciones en el mercado, no con carácter exhaustivo.

Equipo naval. El objetivo sería reemplazar a la VI Flota de los Estados Unidos con la adquisición de plataformas navales y aviones embarcados similares a las capacidades de la Armada norteamericana en el escenario del Atlántico Norte.




Equipamiento aéreo. Por una parte, Europa necesita una clara superioridad aérea con aviones de quinta generación F-35. No existe alternativa en el mercado a corto plazo; e incrementar la flota de aviones de cuarta generación para suplir a la flota de F-16 estacionada en Europa. Dotar a estas unidades de misiles de última generación y la capacidad de proyección estratégica y táctica son igualmente elementos muy relevantes. Dotar a los Eurofighter y Rafale de drones leales permitiría un salto cualitativo enorme para estas plataformas en la larga espera hacia el FCAS:



A las plataformas anteriores habría que sumar todo el material de despliegue y de campaña. Camiones, puentes móviles, puentes lanzables, hospitales de campaña, campamentos, unidades médicas avanzadas, cocinas de campaña, contenedores, vehículos, generadores, camiones, cisternas, bulldozers, grúas, volquetas y apisonadoras. Aspectos fundamentales que implicarían una inversión adicional de 60.000 millones de euros.

Finalmente la munición. Europa necesitaría un stock de 1.000.000 de disparos de 155 mm para 90 días de guerra. Asimismo existencias suficientes de munición 5,56 mm 12,7 mm, 9 mm, morteros, granadas, cohetes. Una inversión que ascendería a 90.000 millones de euros.

El total de la inversión para cubrir el déficit norteamericano y equilibrar la situación con Rusia asciende a 1.000.000 millones de euros que deberían asignarse de forma progresiva durante los próximos siete años, para que dé tiempo a preparar la producción y planificar las entregas.

A esto deben sumarse los créditos para modernización, mantenimiento y reposición del material existente en cada país, más las inversiones en nuevos desarrollos como el FCAS, que cada país deberá asignar para no perder las capacidades actuales y mantener la superioridad tecnológica. Esto supone un adicional anual de unos 50.000 millones de euros para los 29 países en los próximos treinta años.

Conclusiones.

No hay dudas sobre la necesidad de que Europa debe planificar su capacidad militar a futuro en el escenario de un abandono convencional de Estados Unidos. Las conclusiones son que con un 0,2% del PIB europeo se puede mantener militarmente a Ucrania con unos 40.000 millones de Euros al año. El segundo reto es que debemos reemplazar a los 300.000 efectivos norteamericanos que se desplazarían en caso de guerra con todo su equipamiento. Asimismo es necesario movilizar una reserva de un millón de efectivos. Finalmente el plan de inversiones a siete años asciende a 1.000.000 millones de euros que deberán asignarse de forma creciente para no saturar a la industria.

En el caso español, teniendo en cuenta nuestra ubicación geográfica, el esfuerzo en Defensa debería desglosarse en tres programas.

  1. A)  El de modernización y nuevas adquisiciones: un presupuesto a siete años que asciende a 120.000 millones de euros, asignados de forma creciente. Este presupuesto separado iría dirigido a eliminar el hueco actual en equipamiento más el incremento en un 20% del número de efectivos.

  2. B)  Una vez terminado el periodo citado, un presupuesto del 2% del PIB, que supondría unos 30.000 millones de euros de 2025, sería más que suficiente para mantener esta fuerza operativa y disponible.

  3. C)  Finalmente, las industrias deben alcanzar acuerdos con sus colegas europeos para blindar la autonomía estratégica de Europa y esto exige de un plan de capacitación de la industria. Solo se debería adquirir fuera todo lo que no se ha desarrollado en Europa o resultaría imposible adquirir internamente para cumplir con los plazos. La Comisión Europea deberá establecer un mecanismo de aprobación de equipos ITAR para nuestra Defensa.

El planteamiento de un gasto en defensa sobre el PIB es poco significativo del esfuerzo y la necesidad de cada país. La Unión Europea respeta el principio de soberanía y establece coordenadas, pero no todos los países tienen los mismos retos y amenazas, y por tanto el objetivo de un porcentaje del PIB debe ser solo un indicador.

Un objetivo superior al 3% del PIB en términos generales, es innecesario, generaría ineficiencias y no sería equilibrado con las amenazas. No se disuade con la billetera sino con la resolución y las armas y es en estos dos puntos en los que debemos incidir en la cumbre Atlántica.

El establecimiento de una European Buy Act , similar a la que posee Estados Unidos, obligará a las empresas extranjeras a localizarse en el continente, generar aquí trabajo, depositar la propiedad de su tecnología y nos garantizará la autonomía estratégica. España por sus costos y su lejanía de los frentes hipotéticos, se encuentra en unas condiciones excepcionales para atraer la inversión extranjera tanto de Asia como de América. Deben evitarse acuerdos de colaboración que no satisfagan estos objetivos. Todo lo que un país no puede exportar a terceros carece de interés para nuestro gobierno, porque es en las exportaciones donde debemos equilibrar el gap actual.

El gobierno español ha dado pasos sin antecedentes en nuestra historia en cuanto al incremento del gasto militar, en un país con una larga tradición neutralista y pacifista, y participa en numerosas misiones internacionales. Además, España tiene un posicionamiento en el mundo vital para la seguridad europea: los lazos con América Latina y con el mundo árabe son muy importantes para nuestra seguridad. España tiene una voz propia y para reforzarla nuestro compromiso con la seguridad europea debe ser firme y significativo.

El gobierno en el lanzamiento de los programas debería establecer cinco criterios básicos:

  1. a)  Cumplimiento de las directivas europeas de compras en Defensa sin abusar de la cláusula de excepcionalidad del 346 del TUE. Si queremos tener acceso a otros mercados no podemos pretender hacerlo echando el cerrojo español. La competencia siempre es beneficiosa para todos.

  2. b)  Las inversiones deben dirigirse a empresas que tengan su actividad industrial en España y que posean autoridad de diseño sobre los bienes y servicios, circunstancias que deben acreditarse en aras de la pretendida soberanía. Asimismo se deberá establecer un mecanismo para garantizar que los sistemas adquiridos no padezcan de potenciales restricciones ITAR o similares, y si lo padecen, existen previsiones para evitar su efecto negativo.

  3. c)  El afán inversor no es necesario, el camino de los nuevos programas no debe caer en las prisas y en la omisión de trámites importantísimos como unos buenos requerimientos técnicos, una adecuada planeación industrial y una seguridad en suministros y entregas. La colaboración entre empresas es imprescindible para no caer en sistemas con demasiado contenido internacional.

  4. d)  Los plazos de entrega son básicos. Estos fondos son para un proceso de rearme urgente no para establecer capacidades industriales a diez años vista cuando con un poco de suerte estaremos regresando a porcentajes de gasto en defensa mucho más bajos. La disponibilidad es crítica, y en este sentido, asegurar la cadena de suministro de aquellos bienes más escasos y valiosos debe ser un objetivo de la política de inversiones de la Unión Europea.

  5. e)  Es urgente la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para poder liberar créditos futuros para los programas plurianuales que ahora mismos están capados por la falta de aprobación, limitando la capacidad de contratación de los programas principales. La financiación debe cubrir la modalidad de contratos de suministros o de fabricación con pago aplazado; la simple financiación no puede ir asociada a contratos futuros ya que implicarían su consideración de pasivo para las empresas, podrían ser ayudas contrarias a la UE y desvirtuarían los principios de libre concurrencia y transparencia que rigen en la Directiva de compras de la Unión Europea.

Corresponde a los Estados Unidos definir cuál quiere ser su papel en la defensa de Europa. Un socio confiable, un espectador o un enemigo. Europa aspira al primer objetivo pero debe estar dispuesta a afrontar el tercer escenario, si hiciera falta para garantizar la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos. Europa se encuentra en un cruce de caminos; no puede equivocarse y tomar una dirección que ponga en duda sus principios, valores y su unidad, porque ese escenario sería el peor posible.


domingo, 2 de junio de 2024

LA INDUSTRIA DE DEFENSA TERRESTRE EUROPEA ANTE LA AMENAZA RUSA (II)

 



Para entender cuál es el estado actual del sector y hacia dónde se moverá en los próximos años, debemos  analizar qué resultado han dado los sistemas de armas enviados a Ucrania. Definitivamente los sistemas MRLS, sistemas de defensa antiaérea como los Patriot y la amplia gama de misiles europeos y los UAVs, han sido los elementos diferenciadores. Sin embargo, los anticuados vehículos de combate apenas han resultado eficaces no produciendo el efecto deseado. La razón es que solo las nuevas tecnologías marcan el rumbo de esta guerra como de todas las demás. Los carros que iban a suponer un cambio cualitativo el verano pasado, hoy ya no existen, están averiados o preservados para unas pocas operaciones.

    Los tres parámetros del éxito en el combate en la historia siguen siendo los mismos: movilidad, potencia de fuego y protección. La cuestión es que ante la variación de las amenazas, estos tres elementos deben actualizarse rápidamente para resultar eficaces.

    Si hablamos de carros de combate tenemos dos experiencias opuestas. Las tremendas pérdidas rusas en Ucrania ante los ataques de drones, lanzacohetes lanzados a corta distancia y artefactos improvisados. Rusia ha perdido más de cuatro mil vehículos de combate, mientras que ante el mismo entorno de amenaza, Israel no ha perdido ningún Merkava en Gaza. La diferencia es, sin duda, el sistema de protección activa Trophy. Hoy en día, la diferencia entre tener una carro de combate eficaz o un blanco con escasa capacidad de evitar un ataque directo y muy vulnerable es la protección activa, como el Trophy de Rafael, el alemán ADS o el ruso Arena, todos con ellos con limitaciones significativas al agotarse su munición de defensa, pero añadiendo una protección adicional muy valiosa. De ahí que una buena parte de países se hayan embarcado en procesos de adquisición de nuevos carros con estos sistemas, como el nuevo Leopard 2A8. Por esta misma razón se ha constituido el consorcio EuroTrophy GmbH entre KDNS, GDELS y Rafael Advance Defense Systems, con el fin de europeizar una solución crítica para todos los vehículos de combate de nueva generación.

    Siete países han adquirido o van a adquirir esta costosa versión, cercana a los treinta millones por unidad; tres veces más que nuestro Leopardo 2E. Los nuevos carros incorporan cañones de 55 calibres incluso Rheinmetall trabaja en un cañón de 130 mm, pero a ello se unirán estaciones remotas, mayor blindaje en la parte superior y sistemas de enjambre de drones anti drones. España debería considerar modernizar sus carros con este tipo de soluciones para mantenerlos en primera línea del estado del arte. En Europa, Italia ha abandonado la continuidad de su Ariete y optará por el Leopard 2A8, mientras que Francia y Alemania piensan en un carro del futuro, lo que deja al Leclerc como un carro necesitado de una modernización profunda y lo mismo ocurre con el Challenger 2 británico.

    Los carros de combate plantean grandes limitaciones debido a su peso que ya ronda las 70 toneladas, unido a que su alcance de fuego efectivo sigue siendo muy corto requiriendo acercarse al objetivo lo que lo hace vulnerable. Los vehículos de combate sobre cadena presentan casi todas las ventajas de los carros, pero con un peso de unas 20 toneladas menos, lo que permite su transporte y despliegue de manera más rápida, además tienen una menor firma lo que aumenta su capacidad en el campo de batalla.

    En la actualidad el mercado europeo de vehículos de cadena está liderado por el ASCOD de General Dynamics y el Puma de KDNS Alemania y Rheinmetall, mientras que otros como el CV-90, el Dardo o el Marder han quedado atrás al no incorporar soluciones más innovadoras. El Borsuk polaco, derivado del K-9 coreano, también queda muy lejos en prestaciones de los anteriores.

    GDELS presentó en la reciente feria de armamento de Rumanía, el ASCOD incorporando el sistema Trophy de Elbit, lo que unido a las mejoras que pueden incluir el blindaje para llevarlo a un nivel similar a los carros y una torre con un cañón de hasta 120 mm, puede ofrecer una capacidades muy similares y más eficientes que la del carro de combate.

    Finalmente en el campo de los vehículos de combate sobre ruedas 8x8, el mercado es más amplio con vehículos AMV de Patria, Piraña III y V de GDELS, Bóxer de KDNS Alemania, Centauro y Freccia de Iveco Oto Melara, Pandur de GDELS y VBCI de KDNS Francia. Todos ellos, con pesos superiores a las 30 toneladas superando algunos de ellos las 42 toneladas, ofrecen capacidades cercanas a los anteriores, pero a cambio ofrece un transporte y una movilidad mucho más eficientes equipando casi los mismos sistemas de armas que los anteriores.

    Hoy en día podemos decir que la triada de movilidad que deben equipar todos los ejércitos europeos debería incluir carros de combate con sistemas de protección activa, vehículos de cadenas con sistemas similares y vehículos 8x8 con un nivel mínimo cinco de protección como el caso del VBCI rumano, para compensar la ausencia de otros sistemas adicionales de protección.

    Si los nuevos programas son importantes, el timing también lo es, y los ejércitos europeos no pueden esperar al final de la década para disponer de un número suficientemente relevante de estos nuevas plataformas, ya que Rusia podría disponer de una flota enorme y renovada para 2030.

    En los últimos años los países que se han decantado por nuevos carros Leopardo 2A8 son: Alemania (18 ordenados + 105 opción); Holanda ( 18 ordenados) Noruega ( 54 ordenados + 18 opción) Lituania ( 50 previstos)  República Checa (70 previstos) y a esto se suma la modernización de 44 carros daneses a la versión 2A7 que está en curso. Los Challenger 3 británicos incorporarán el sistema Trophy. De momento solo los Leclerc sigue poniendo más el énfasis en los sistemas de protección pasiva. Es de esperar que al menos los grandes países usuarios de Leopardo se orienten a las versiones más modernas y que los del M-1 Abrams como Polonia puedan equiparse con la misma solución.

Entre los vehículos de cadenas, los principales programas lanzados en los últimos años se encuentran: Dinamarca ( 44 CV90 de Bae Hagglunds); Noruega ( 104 CV90, 2009 y 144 CV90, 2012)  Suecia ( 50 adicionales CV90 en 2023); República checa ( 230 CV90, en 2023)  Eslovaquia (152 CV90 en 2022)  Polonia (1400 Borsuk previstos) Alemania (50 Pumas adicionales en 2023) Reino Unido (589 ASCOD en 2012) España ( 394 firmados en 2024), Hungría (218 Lynx, en 2020) y Grecia (250 Lynx en 2023). Muchas de estas adquisiciones son continuaciones de pedidos anteriores.

Entre los países que ya han iniciados acciones preparatorias para nuevos vehículos de esta clase están Portugal para reemplazar sus 200 M-113; Estonia que ya ha realizado una lista corta entre Otokar, Hanwha y ASCOD para adquisición en 2018 y Rumanía que ya ha lanzado una potencial compra de 246 vehículos más una opción de 52 para 2031 y en la que compiten el Lynx y el ASCOD. Alemania ha adquirido Automecanica, un fabricante de camiones para la fabricación local mientras que GDELS ya tiene una empresa en producción con los Piraña V. La presentación en la reciente Black Sea Aerospace & Defence en Bucarest del ASCOD con el Trophy de Rafael, que tiene también una fuerte vinculación con el país, sitúa al vehículo español en una posición de partida más favorable. 

Francia e Italia deberán lanzar sus programas de reemplazo de los inoperativos AMX-10 y de los Dardo, aunque estos están siendo sometidos a una modernización que podría alargar su vida diez años más. 

Alemania tendrá que abordar la continuidad del Puma para la próxima década. Dispone del Lynx diseñado para el mercado exterior al que podría incorporarse un sistema de protección activa como el MUSS de Hensoltd que incorporan los Puma alemanes. Podría ser una opción pero no parece que el vehículo cumpla actualmente con los requerimientos del Bunderwehr, por lo que las opciones por otros vehículos como el CV 90 y el ASCOD podrían encontrar acomodo en un país que lleva casi un siglo liderando la fabricación mundial de vehículos blindados de combate. Mientras que países que no disponen de vehículos modernos de estas características como Bélgica y Bulgaria deberían plantearse adquirir esta capacidad.

En el mundo de los vehículos de ruedas 8x8 (excluyo el 6x6, aunque ahora exista una tendencia a recuperar sus valores y que se hayan vendido en varios países las plataformas de Patria 6x6 como a Suecia con 321 unidades recientemente) las plataformas más renovadas que actualmente ofrece la industria son el Piraña V de GDELS, el VBCI de KDNS Francia, el Boxer de KDNS Alemania, Freccia de Iveco Oto Melara, y AMV de Patria.  Dejo fuera al Stryker de GD Co (USA) aun cuando Bulgaria firmó un contrato FMS el año pasado para adquirir 183 Stryker.

Entre las adquisiciones más recientes se encuentran: Holanda (38 Boxer previstos para 2025 ); Italia (30 Freccia en 2019; se esperan más adquisiciones hasta que culmine el desarrollo de la nueva plataforma VCC); Dinamarca (360 Piraña V en 2016); Rumanía (380 Piraña V entre 2018 y ampliación posterior)  Polonia (150 Rosomak-L, una versión más alargada, en 2023, más 150 vehículos vendidos a Ucrania en 2023, financiados por fondos americanos y europeos)  Alemania (122 Boxer, nuevo pedido), Reino Unido (523 Boxer en 2019 ) España (348 Piraña V denominación local Dragón, en 2019 de un total de 998 unidades en tres series) Lituania (88 Bóxer en 2016). En general todos los países están actualizando sus versiones más antiguas incorporando las soluciones recientemente implementadas en las nuevas adquisiciones.

Países que deberán embarcarse en programas de ruedas a corto plazo serían Grecia y Noruega que carecen de esta capacidad. A ello se une que tanto Alemania como Francia deberán incrementar significativamente sus dotaciones de vehículos de combate ya que su número actual se antoja muy reducido para el tamaño y relevancia actual de sus ejércitos.

El cuarto aspecto clave será la artillería autopropulsada de 155mm. Todavía son varios los países que disponen de sistemas de origen norteamericanos de los años 70 como los M109, como es el caso de España. La única plataforma operativa de diseño europeo es el PZH 2000, aunque se trata de un diseño más bien antiguo. En la actualidad las plataformas sobre ruedas con capacidad para portar un obús de 155/52 o 55 calibres serán las que dominarán este mercado en los próximos treinta años, ya que son plataformas más versátiles, con menos señal y con un peso inferior al PZH 2000 en unas 15 toneladas, lo que es una diferencia muy sustancial. La nueva plataforma 10x10 de GDELS con la torre de KDNS Alemania, permitirá gracias a la distribución del retroceso sobre cinco ejes, un disparo en movimiento muy eficiente lo que reduce su vulnerabilidad y aumenta su eficacia . Sin duda será una referencia en las próximas décadas, tanto para obuses como plataforma para el Himars o el Puls. Teniendo en cuenta las flotas anticuadas europeas de los principales ejércitos tanto de M109 de 155 mm o los viejos de la órbita soviética de 152 mm, como de MRLS, el número de plataformas que deben renovarse serían de 691 artillería autopropulsada de 155/152 mm y 370 sistemas MRLS.

Conclusiones

Europa tiene un gran reto por delante, incrementar de forma muy significativa sus unidades de vehículos de combate y de artillería de última generación. Aun cuando se han lanzado programas muy importantes, como en España o en Polonia, los cinco grandes ejércitos europeos requieren de incrementar sus dotaciones, y además hacerlo de forma acelerada. Los programas de artillería autopropulsada y MRLS son asimismo imprescindibles, y las unidades en proceso de incorporación son la décima parte de las necesidades. Según mis cálculos entre los programas iniciados en los últimos tres años más los que se sucederán a lo largo de la década, la inversión será de 16.500 millones de Euros.

Muchos pueden preguntarse si ante las debilidades mostradas por el armamento ruso y por su industria, es necesario este proceso de rearme. Existen dos razones que abonan esta teoría. Rusia ha preservado su aviación de combate y sus sistemas de defensa antiaérea en Ucrania, sacrificando incluso una rápida victoria. Además, ha comenzado la producción de sus vehículos de última generación y aunque los ritmos son lentos, ya son mucho más rápidos que los europeos, lo que evidencia que esta producción no está pensada para Ucrania. 

Europa necesita disponer de una capacidad para vencer militarmente a Rusia, no solo para detenerla, y no es una cuestión de ambición o de agresión, es que solo una enorme superioridad militar convencional puede contrarrestar la capacidad nuclear táctica de Rusia, si no estamos a dispuestos a desarrollar armamento nuclear táctico. La mejor manera de derrotar a Rusia y devolverla a la esfera de las democracias y la libertad es venciéndola industrial y tecnológicamente. Cuando Rusia sepa que no puede ganar, estará abocada a cambiar su política exterior y de seguridad, que es el objetivo último y devolver la paz y seguridad al continente.


viernes, 31 de mayo de 2024

LA INDUSTRIA DE DEFENSA TERRESTRE EUROPEA ANTE LA AMENAZA RUSA (I)


 

A pocos días de la próxima feria de Euro-Satory, la más importante de armamento terrestre en Europa, resulta oportuno, a la luz de la guerra en Ucrania y la amenaza rusa, analizar cuál es el estado de nuestros ejércitos en cuanto al dominio de la movilidad terrestre ante una eventual conflagración bélica con Rusia y de la capacidad industrial para dar respuesta a este reto.

    Parafraseando a algún teórico de la guerra, podemos afirmar que las batallas las lucha la Infantería, las gana la logística, pero las guerras las ganan las industrias. Lo pudimos ver en Alemania entre 1939 y 1941, gracias al esfuerzo industrial alemán iniciado en 1934 y en el caso de los Aliados a partir de 1943, gracias al impulso industrial desde 1939, especialmente en Estados Unidos.

    Desde que Putin accedió al gobierno, ha puesto un enorme empeño en modernizar su industria militar, reorganizando su estructura e iniciando programas de armamento de nuevas generaciones. Hoy podemos indicar que estos dos procesos, aunque se iniciaron hace unos veinte años, estaban muy lejos de culminarse cuando Rusia decidió invadir Ucrania. El cálculo de Moscú a comienzos de 2022 era que bastaría con una enorme presión militar sobre la débil Ucrania para que esta se rindiera, sin necesidad de exponer el escaso material moderno del que disponía en ese momento. La corrupción endémica y la escasez de talento en las industrias para abordar nuevos programas han dilatado mucho los plazos de lanzamiento y entregas de nuevos programas que apenas se encuentran en fases de prototipos y pruebas, generando grandes dudas sobre su potencialidad real.

    Europa entre 1990 y 2015, se preparó militarmente para operaciones en el exterior, lejos de sus fronteras, con escasas necesidades de potencia de fuego y con amenazas de baja intensidad, desmontando una gran parte de su industria terrestre y de munición. Los programas aeronáuticos y navales absorbieron una enorme parte de los recursos presupuestarios, alrededor del 70% en los países europeos, pensando en términos supuestamente modernos de que el dominio del aire y del mar entregaría el de tierra.

    Los ejércitos europeos, en casi todos los casos, a día de hoy todavía disponen de material rodante con más de cuarenta años en servicio. Solo con la anexión de Crimea por Rusia en 2014, comenzaron las preocupaciones por la amenaza rusa, que se concretaría en una acción ofensiva en febrero de 2022 para la ocupación de territorio ucraniano, en el más puro sentido de la guerra clásica. Este cambio de escenario obligó a reconfigurar todas las prioridades y a iniciar nuevos programas comenzando por los países de Europa del Este que sentían más cercana la amenaza. Incluso las plataformas más modernas como Bóxer, Centauro y VBCI ya acumulan unos quince años de operación en sus respectivos ejércitos y requieren de una profunda modernización o reemplazo.

    En 1991, y como consecuencia del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, se firmó un Tratado de Reducción de Fuerzas Convencionales en Europa. Se pretendía reducir el número de plataformas desplegadas en el teatro de operaciones del centro y norte de Europa, para evitar una tentación agresora. Se determinó un límite máximo por contendiente de 20.000 carros de combate y 30.000 vehículos de combate. Hoy en día toda Europa dispone de 3.000 carros de combate y 8.000 vehículos blindados, muy por debajo del mínimo de seguridad planteado  entonces cuando había desaparecido la gran amenaza. Si tenemos en cuenta las pérdidas sufridas por Rusia en la guerra de Ucrania, unos 2.000 carros y 5.000 vehículos blindados, en un conflicto menor ante un enemigo escasamente preparado, nos daremos cuenta del primer gap: nuestros ejércitos no están suficientemente dotados para disuadir a Rusia, y en caso de una guerra, para garantizar la victoria.

    ¿Por qué Rusia, a pesar de estas pérdidas, dispone todavía de una capacidad militar tan importante?; ¿por qué Europa no ha sido capaz de proveer suficiente armamento a Ucrania en estos dos años? Y por último, ¿cuál es el estado de los programa actuales y futuros y qué debe modificarse en ellos para disponer de una capacidad militar muy superior a la de Moscú, única manera de garantizar la paz y la seguridad ante un enemigo que dispone de más de 1.000 cabezas nucleares tácticas?

    Rusia está sometida a un embargo muy restrictivo que apenas ha afectado a su industria militar ya que China le suministra numerosos equipos electrónicos y materiales indispensables para mantener la industria terrestre. Los ingresos de las ventas de petróleo a India con descuentos significativos, y la intermediación de compañías de Turquía, Emiratos Árabes y Hong Kong, le han permitido obtener las divisas necesarias para financiar las importaciones y obtener material crítico de carácter dual. Pero lo más relevante es que Rusia se haya sometida a una economía de guerra. Decenas de empresas de automoción, centenares de mecanizados y una enorme cantidad de industria auxiliar han sido militarizadas, de ahí que toda la economía rusa esté el servicio de la guerra en Ucrania, habiéndose decelerado enormemente la industria de automoción, ferroviaria y del acero.

    Es cierto que durante 2023 el Ejército Ruso recibió una media de 125 carros al mes cuando perdía unos sesenta, para preparar la ofensiva de 2024, pero debemos señalar que el 80% de estas entregas son carros T-62 y T-55 modernizados, aunque siguen siendo tremendamente vulnerables por sus emisiones de gases, tamaño, escaso blindaje etc. Las reservas estratégicas de Rusia en carros, estimadas en unos 5.000 carros ha sido consumidas en un 50%. Es decir, Rusia a este ritmo no tendrá capacidad de modernizar más carros a final de año. Lo mismo ocurre con los vehículos de combate, en los que produce el doble de los que pierde, pero también un 70% son vehículos con más de cuarenta años. La modernización se centra en comunicaciones, blindaje, óptica y algunos de ellos llevan una protección anti dron, pero si Ucrania resiste un año, a este ritmo de pérdidas, Rusia estará casi desarmada en verano de 2025, de ahí el interés sobrevenido mostrado por Putin por un acuerdo rápido.

    La factoría Uravalgonzavod, el mayor fabricante mundial de carros de combate, apenas ha sido capaz de entregar en estos dos años un centenar de carros nuevos Armata o vehículos de combate Terminator , debido a los problemas endémicos de la industria rusa. No parece que a corto plazo esta situación vaya a cambiar, por lo que el fracaso de esta ofensiva rusa, dejaría a las fuerzas ocupantes en una situación de extrema debilidad. Sin embargo, la producción de munición de 152 mm sigue a un ritmo enorme habiéndose multiplicado por cuatro en el último año, gracias a la concentración de la fabricación de munición en grandes calibres. Además Corea del Norte ha militarizado las fábricas de munición con mano de obra casi esclava y ya ha entregado un millón de disparos de 152 mm. El gap ruso está en plataformas pero no parece que por munición vaya a perder la guerra.

    La producción de computadores, equipos electrónicos y ópticos se incrementó en un 40% en 2023, gracias a las importaciones desde China. Turquía, hasta febrero de este año que Biden firmó una orden ejecutiva con nuevas restricciones para comerciar con Rusia a 93 entidades, 16 de ellas de Turquía, el mayor número después de Rusia, ha sido un proveedor importante de equipos denominados «claves para la industria militar», lo que ha provocado serias amenazas desde la OTAN.

    China suministra equipos CNC, máquina herramienta, semiconductores, chips, y numerosos equipos auxiliares así como materia prima, todos esenciales para mantener la capacidad industrial rusa. De hecho, las importaciones de material sensible desde China se incrementaron en un 200% en 2023. Corea del Norte ha suministrado más de mil contenedores de material militar, 2,3 millones de disparos de 152 mm y  400.000 de 122 mm y  decenas de misiles tácticos usados en Ucrania. A comienzos de la guerra diecinueve dark ships con material militar arribaron al puerto ruso de Vostochni desde Corea. El temor de Occidente es que el pago sea en tecnología nuclear y de misiles balísticos lo que pondría en serio peligro la seguridad mundial.

    Existe un aspecto que se ha destacado mucho en estos dos años de guerra, la ausencia de la aviación de combate rusa sobre el espacio aéreo ucraniano. La principal causa es el tremendo retraso en los aviones de quinta generación, SU-34, y la escasez de equipos críticos para su desarrollo que tenían origen europeo. La razón de fondo es que Rusia quiere preservar intacta su aviación ante una eventual conflagración con otro país europeo o con la OTAN. Es decir, Rusia mantiene una flota operativa de unos 2.000 aviones de combate y este es un factor a tener en cuenta para dimensionar la amenaza futura.

    Ucrania, era un país apenas sin ejército, con una industria militar que había sido descapitalizada por el embargo ruso. La ayuda europea en estos dos años se ha centrado también como en el caso ruso, en material en operación o cercano al retiro, aunque en los últimos meses esta tendencia se ha invertido con compras directas de material nuevo para Ucrania que serán muy relevantes en el caso del paquete de ayuda americana, aunque la industria americana no está preparada para acelerar mucho las entregas.

    La industria europea de armamento terrestre estaba desmovilizada en 2020 con una cadena de suministro muy dimensionada para la escasez de pedidos de los últimos veinticinco años. Esta desmovilización ha supuesto la incapacidad de suministrar a Ucrania suficiente munición, especialmente de largo calibre, fundamental para el desarrollo de esta guerra. El mayor problema no está en los fabricantes sino en la cadena de suministro y de materias primas que ha costado mucho poner en marcha por el gran número de países afectados y la contracción de la oferta. Una vez más, se evidencia que la escasa autosuficiencia de la industria europea es su mayor hándicap, con alta dependencia de terceros países, muchos de ellos bajo influencia rusa o china.