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jueves, 19 de junio de 2025

Contribución para la próxima cumbre de la OTAN

 


EL PAPEL DE EUROPA Y DE ESPAÑA ANTE LA CUMBRE DE LA ALIANZA ATLÁNTICA A CELEBRAR EN LA HAYA. (24-26 de junio de 2025)

La próxima cumbre de la OTAN se presenta como un potencial enfrentamiento entre las necesidades, los deseos y la realidad. Cualquier planteamiento que suponga fijar una cifra en base al PIB, solo puede tener una consideración política. El dinero no lo puede todo y en Defensa menos. Alcanzar el 5% del PIB es innecesario y pernicioso para cualquier país y para España más, teniendo en cuenta la dimensión de la amenaza. Incluso alcanzar un 2,5% sobre el PIB para países como el nuestro en dos años, sería un tremendo error y generaría enormes deficiencias.

Esperamos una actitud más constructiva de Washington a la vista de la realidad de la invasión de Ucrania y de la enorme respuesta europea. Pero Europa no debe aceptar chantajes ni imposiciones, que de venir, deberían llegar de nuestros enemigos. Podemos construir un espacio de seguridad mucho más equilibrado en Europa entre Estados Unidos y el resto de países, pero ajustado a las necesidades reales de cada escenario. Estados Unidos gastará el 3,2% de su PIB en Defensa en 2025 y sin embargo, Europa apenas supone para los Estados Unidos, el 10% de su esfuerzo militar, lo que explícitamente indica que las necesidades y en consecuencia los recursos que deben allegarse son muy diferentes.

Mi objetivo es realizar un análisis desde las necesidades, los retos y las capacidades existentes para determinar unos valores ajustados a los requerimientos y no a meras especulaciones diplomáticas.

¿Cuál es la dimensión de la brecha entre Europa y Estados Unidos en materia militar?

Europa necesita disponer de una adecuada disuasión militar sobre Rusia y una capacidad bélica que la permita derrotar en un escenario de guerra convencional a Moscú sin contar con Estados Unidos. Una situación que se plantearía potencialmente entre tres y cinco años, después de haber terminado la guerra de Ucrania y de que Rusia haya recompuesto sus fuerzas.

La brecha actual entre Europa y Estados Unidos presenta tres características definitorias.

Ante una amenaza real no se trata de cubrir una diferencia de capacidades en tiempo de paz, sino de guerra, lo que acentúa la dimensión del déficit europeo. No tenemos que cubrir los 128.000 efectivos con su material actualmente estacionados por Estados Unidos en Europa, sino los 300.000 que serían desplegados en caso de una agresión rusa.

Estados Unidos ha invertido en modernización y desarrollo en los últimos diez años 2 billones de dólares mientras que Europa ha invertido 500.000 millones. Teniendo en cuenta los largos períodos de maduración, esta es la diferencia que necesitamos cubrir, que es mucho mayor que el diferente volumen de gasto militar de 2025, y de ahí que el esfuerzo europeo deba ser muy superior a los Estados Unidos en los próximos años, pero con un límite temporal de una década como máximo.

Finalmente, estamos hablando de un escenario de guerra convencional frente a Rusia, que tiene la quinta parte de la capacidad militar china, a la que se enfrenta Estados Unidos. Es decir, el potencial enemigo ruso es una amenaza muy inferior militarmente al gigante asiático, pero en nuestro defecto, tenemos el hándicap de compartir una enorme frontera terrestre, a diferencia de los miles de kilómetros de océano que separan a China de la costa norteamericana.

En la actualidad, el ejército ruso es considerablemente más grande, más experimentado y está mejor equipado que la fuerza que invadió Ucrania en 2022. Ahora posee una valiosa y única experiencia en el campo de batalla. La presencia rusa en Ucrania a finales de 2024 era de aproximadamente 700.000 soldados, mucho más que la fuerza de invasión de 2022. Son más y están más entrenados y con el soporte de Corea del Norte podrían llegar a casi dos millones de efectivos militares.

La producción de equipamiento de Rusia se ha incrementado rápidamente. Solo en 2024, Rusia produjo 400 carros de combate nuevos y renovó unos 1.200. En cuanto a blindados se entregaron 1.000 unidades y se modernizaron 4.000, así como se incorporaron 450 piezas de artillería de gran calibre. Durante el año pasado se entregaron más de 1.800 drones kamikaze. Si Rusia mantiene estos ratios una vez acabada la guerra de Ucrania, los niveles de equipamiento serán más  amplios y modernos que los anteriores a 2022 en apenas cuatro años. Ante un escenario de mantenimiento de sanciones, Rusia estaría abocada a mantener su presión industrial y militar sobre Europa salvo que se produjera una improbable involución interna.

Las evaluaciones de la OTAN, indican que Rusia estará lista para atacar en algún lugar de Europa dentro de cuatro a ocho años. Con los ejercicios militares cuatrienales Zapad que se llevarán a cabo en Bielorrusia en el verano de 2025 se mostrará la capacidad de Rusia para gestionar ejercicios militares a gran escala incluso durante una guerra en curso y Putin no va a dejar pasar la oportunidad de demostrarlo.

¿Qué necesita Europa?

La primera prioridad de Europa es continuar apoyando a Ucrania que es nuestra primera línea de defensa frente a Rusia. Si Ucrania decide no aceptar una rendición total o parcial, Europa está en condiciones de proporcionar armas adicionales a Ucrania para asegurar que sus capacidades están estabilizadas e impedir avances significativos de Rusia sobre su territorio. Es cierto que Ucrania y la UE dependen de algunos activos estratégicos críticos de Estados Unidos, incluido inteligencia y comunicaciones satelitales y que estos son difíciles de reemplazar a corto plazo, pero hay sustitutos si es necesario, no tan efectivos, pero suficientes frente al nivel de la tecnología de Moscú.

Muchos se preguntan si Europa puede salvar a Ucrania. Los números son bastante elocuentes.

Desde febrero de 2022, el apoyo militar de Estados Unidos a Ucrania ha ascendido a 64.000 millones de euros, mientras que Europa, incluido el Reino Unido, envió 62.000 millones de euros. En 2024, el apoyo militar de Estados Unidos ascendió a 20.000 millones de euros de un total de 42.000 millones de euros. Para reemplazar a Estados Unidos, la UE tendría que gastar solo otro 0,20% de su PIB lo que no parece una cifra descabellada. El problema es cuánto de esta ayuda se puede proporcionar desde la industria europea. La respuesta es que para el combate en el frente ruso, la industria europea tendrá suficientes capacidades para mantener la capacidad militar de Ucrania en dos años. Si dentro de dos años los frentes están estabilizados, el panorama cambiará notablemente.

Un escenario significativamente más desafiante para Europa sería un improbable acuerdo de paz aceptado por Ucrania y que resultara beneficioso para Rusia. En tal caso, es probable que Moscú continúe su acumulación de material militar creando un desafío militar formidable para toda la UE en muy poco tiempo, dada la producción rusa actual. Este sería nuestro peor escenario.

Como señalaba, ante la eventualidad de tener que cubrir la aportación potencial norteamericana en caso de conflicto, Europa necesitaría incrementar su capacidad de combate en unos 300.000 efectivos, con un enfoque en fuerzas mecanizadas y blindadas para reemplazar las unidades pesadas del ejército estadounidense. Esto se traduce en aproximadamente 100 nuevas brigadas europeas.

El problema añadido es que no solo habría que reemplazar con 29 países a los 300.000 norteamericanos que nos faltarían, es que habría que darles el respaldo que sí tendrían los norteamericanos de todo el poder de los habilitadores estratégicos estadounidenses, incluidos la aviación estratégica y los activos espaciales, de los que carecen de los ejércitos europeos. Cubrir esta brecha sería una acción prioritaria, y para ello necesitaremos mucho soporte industrial norteamericano a corto plazo.

Europa, incluido el Reino Unido, actualmente tiene 1,47 millones de personal militar en servicio activo, pero su efectividad se ve obstaculizada por la falta de un mando unificado. La OTAN trabaja bajo la suposición de que el Comandante Supremo Aliado en Europa sería un general estadounidense de alto rango, pero eso solo puede funcionar si Estados Unidos toma un papel de liderazgo y proporciona habilitadores estratégicos. Es decir el mando conjunto unificado europeo es obligatorio y debe ser una acción inmediata su implantación.

Necesidades de equipamiento y producción industrial.

Generar rápidamente tales aumentos requiere un esfuerzo extraordinario, aunque la experiencia muestra que las economías de mercado pueden hacerlo si se asignan los recursos y se flexibilizan los procedimientos. Tomando como ejemplo un Cuerpo de Ejército de Estados Unidos, la disuasión creíble europea, requeriría un mínimo adicional de 1.400 carros de combate, 2.000 vehículos de combate de infantería y 700 piezas de artillería (obuses de 155 mm y lanzacohetes múltiples). Esto es más poder de combate que el que actualmente existe en las fuerzas terrestres de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido combinadas. Esto nos da una idea del esfuerzo inmediato que debe realizarse.

Proveer a estas fuerzas con suficientes municiones será esencial, más allá de las existencias mínimas disponibles actualmente. Por ejemplo, un millón de proyectiles de 155 mm sería el mínimo para un stock lo suficientemente grande para 90 días de combate de alta intensidad. Europa también tendría que generar capacidades de aviación de combate de quinta generación para tener una clara superioridad, y de transporte táctico y estratégico, así como capacidades de misiles de todo tipo, guerra de drones, comunicación e inteligencia. Esto incluye aumentar la producción de drones para igualar a Rusia, a un nivel de aproximadamente 1.500 municiones merodeadoras de largo alcance por año. Mientras tanto, se tendrían que reclutar y entrenar a 300.000 nuevos efectivos.

Las iniciativas de la Unión Europea de un fondo de 800.000 millones de Euros más las nacionales que se manejan, como en Polonia donde el 70% del incremento presupuestario se ha dedicado a adquisiciones o el fondo de deuda alemán Sondervermögen que hasta ahora se ha destinado exclusivamente a compras de equipamiento, son cifras realistas, pero por si solas no garantizan el éxito. Son necesarias muchas más iniciativas nacionales con recursos presupuestarios estables para garantizar una continuidad en el esfuerzo inversor.

Para que esta inversión resulte eficaz será necesario incrementar las adquisiciones a escala europea para obtener mejores costes y alcanzar una gestión más eficiente de la inversión. Tanto dinero en un sector con escasa transparencia exigirá, asimismo, de rigurosos controles de gestión para evitar subsidios y preferencias que vayan en detrimento del objetivo común.

En la actualidad, un incremento enorme de la demanda implicaría una incapacidad de asumir las obligaciones industriales, daría lugar a cuellos de botella, incremento de costes y falta de trabajadores especializados así como problemas añadidos por las limitaciones regulatorias. Aunque Europa compra el 60% de sus necesidades en su mercado doméstico, hay equipos que necesariamente deben adquirirse en Estados Unidos como aviones de combate de quinta generación, sistemas en buques, artillería de precisión, sistemas de observación de baja órbita, sensores de obtención de inteligencia, y algunos equipos y componentes críticos. Un objetivo a medio plazo será eliminar esta deficiencia, pero esto requiere de muchos cambios y de al menos una década.

Europa es incapaz de gastar un 5% del PIB en su defensa. Aunque tenga el dinero, son demasiados recursos para la ambición estratégica de Europa, que no necesita un arsenal nuclear de miles de cabezas, ni ocho grupos aeronavales ni mantener bases alrededor del mundo con los costos de vida del militar norteamericano. España en particular debe poner pie en pared y explicar cómo se pueden cumplir los objetivos militares sin sobrepasar el 2,5% del PIB.

Hay que trazar un plan paulatino para no crear cuellos de botella. «Vísteme despacio que tengo prisa» es la máxima. Un incremento rápido de la demanda colapsará la cadena de suministro y la encarecerá si no se han tomado las medidas para asegurar que ningún elemento necesario para la producción queda descontrolado. Hemos dado la vuelta al embudo. Antes la parte ancha eran las materias primas y la cadena de suministro y la estrecha eran los contratistas de defensa; hoy es al revés y esta competencia por recursos limitados puede destrozar al sector industrial en su conjunto y poner el peligro los objetivos.

La decisión del gobierno de alcanzar el 2% del PIB, teóricamente en 2025, salvo que sea un brindis al sol de Europa, es una calamidad, un error de enormes consecuencias. Necesitamos diez años para alcanzar la autonomía estratégica y no vamos a acelerar este proceso por muchos recursos que tengamos a corto plazo. Los vamos a despilfarrar, aunque comprendo la euforia de los accionistas ante los beneficios que se van a generar.

¿Cuáles son las necesidades y cuánto nos va a costar?

En la estimación del gasto necesario hay que tener en cuenta que las inversiones deben intensificarse a corto y medio plazo para reducir la brecha existente, considerando un abandono de Estados Unidos de la guerra convencional en Europa en caso de una agresión rusa, para luego entrar en una senda de estabilidad. Es decir, debemos en España subir a un ratio medio que estimo en el 2,5% del PIB ( 42.500 millones de Euros, 18.000 millones anuales para inversiones para los próximos siete años, para luego mantenerse en el 2% del PIB ( 34.000 millones de Euros y 14.000 millones año para inversiones)

Europa necesita incrementar en 300.000 efectivos sus fuerzas armadas que sería la aportación teórica norteamericana en caso de un conflicto. Esto supone un 20% de incremento sobre los actuales efectivos disponibles. Esto nos permitiría crear 100 brigadas. Harían falta entre cinco y siete años para alcanzar este número con su correspondiente equipamiento. Esto supondría un incremento del coste de personal de 60.000 millones al año, entre sueldos, beneficios y formación. Adicional a este incremento, aumentarán las retribuciones y las condiciones de vida de la tropa profesional haciendo mucho más atractiva la carrera militar., imprescindible ante el desierto demográfico europeo. Unido a la anterior hay que aumentar la disponibilidad de los efectivos y su entrenamiento. De poco nos sirve tener un millón y medio de militares si nos cuesta un año movilizarlos a todos. Aquí entra en juego la preparación para el combate. Esto requerirá de una inversión en centros de entrenamiento, campos de maniobra, sistemas de simulación y unas instalaciones de mantenimiento exquisitas. Una inversión cercana a los 50.000 millones de euros. Además, un millón y medio de hombres y mujeres no serán suficientes en un conflicto a gran escala. La movilización de una reserva de al menos otro millón de efectivos, será imprescindible para garantizar las rotaciones adecuadas en caso de una guerra larga, que es el caso más probable a la vista de las lecciones de Ucrania.

En cuanto al equipamiento hay que distinguir cinco dominios:

Sistemas C4 ISR : Teniendo en cuenta que un conflicto en Europa sería manejado por la OTAN bajo el mando de Estados Unidos y con toda la cobertura americana de estos sistemas, en el entorno de un abandono norteamericano, resulta perentorio reforzar estos sistemas. Aquí se incluyen sistemas de observación, sistemas de comunicaciones seguras, radares tipo AWACS, aviones ELINT, sistemas de comunicaciones seguras, sistemas de navegación etc. En definitiva ese corazón que no se ve pero que marca la diferencia entre un ejército vencedor y uno derrotado.

Como la mayoría de los países tienen arquitecturas ya coordinadas en el marco OTAN, será una inversión significativa pero no inmensa. Una inversión de 80.000 millones permitiría igualar al menos la capacidad actual rusa. Crear un sistema y ponerlo en operación tomaría al menos 10 años y habrá que hacerlo con alguna dependencia de Estados Unidos para conseguirlo en un tiempo razonable.

El aspecto aéreo de la guerra, especialmente los drones y los misiles, serán nuestra mayor baza disuasoria. Quiero destacar la vital importancia de la Iniciativa Escudo del Cielo Europeo en el que un gran conglomerado industrial europeo deberá tomar el liderazgo de este macro-proyecto, muy ambicioso en lo tecnológico e industrial y que supondría una inversión de 200.000 millones de Euros.

Equipo terrestre. Entre las deficiencias actuales de Europa y lo que supondría el incremento de estas cien brigadas por la desconexión norteamericana, los datos que manejo son los siguientes basados en las consideraciones elaboradas por el Instituto de Estudios Estratégicos.

Se ofrecen algunos ejemplos de soluciones en el mercado, no con carácter exhaustivo.

Equipo naval. El objetivo sería reemplazar a la VI Flota de los Estados Unidos con la adquisición de plataformas navales y aviones embarcados similares a las capacidades de la Armada norteamericana en el escenario del Atlántico Norte.




Equipamiento aéreo. Por una parte, Europa necesita una clara superioridad aérea con aviones de quinta generación F-35. No existe alternativa en el mercado a corto plazo; e incrementar la flota de aviones de cuarta generación para suplir a la flota de F-16 estacionada en Europa. Dotar a estas unidades de misiles de última generación y la capacidad de proyección estratégica y táctica son igualmente elementos muy relevantes. Dotar a los Eurofighter y Rafale de drones leales permitiría un salto cualitativo enorme para estas plataformas en la larga espera hacia el FCAS:



A las plataformas anteriores habría que sumar todo el material de despliegue y de campaña. Camiones, puentes móviles, puentes lanzables, hospitales de campaña, campamentos, unidades médicas avanzadas, cocinas de campaña, contenedores, vehículos, generadores, camiones, cisternas, bulldozers, grúas, volquetas y apisonadoras. Aspectos fundamentales que implicarían una inversión adicional de 60.000 millones de euros.

Finalmente la munición. Europa necesitaría un stock de 1.000.000 de disparos de 155 mm para 90 días de guerra. Asimismo existencias suficientes de munición 5,56 mm 12,7 mm, 9 mm, morteros, granadas, cohetes. Una inversión que ascendería a 90.000 millones de euros.

El total de la inversión para cubrir el déficit norteamericano y equilibrar la situación con Rusia asciende a 1.000.000 millones de euros que deberían asignarse de forma progresiva durante los próximos siete años, para que dé tiempo a preparar la producción y planificar las entregas.

A esto deben sumarse los créditos para modernización, mantenimiento y reposición del material existente en cada país, más las inversiones en nuevos desarrollos como el FCAS, que cada país deberá asignar para no perder las capacidades actuales y mantener la superioridad tecnológica. Esto supone un adicional anual de unos 50.000 millones de euros para los 29 países en los próximos treinta años.

Conclusiones.

No hay dudas sobre la necesidad de que Europa debe planificar su capacidad militar a futuro en el escenario de un abandono convencional de Estados Unidos. Las conclusiones son que con un 0,2% del PIB europeo se puede mantener militarmente a Ucrania con unos 40.000 millones de Euros al año. El segundo reto es que debemos reemplazar a los 300.000 efectivos norteamericanos que se desplazarían en caso de guerra con todo su equipamiento. Asimismo es necesario movilizar una reserva de un millón de efectivos. Finalmente el plan de inversiones a siete años asciende a 1.000.000 millones de euros que deberán asignarse de forma creciente para no saturar a la industria.

En el caso español, teniendo en cuenta nuestra ubicación geográfica, el esfuerzo en Defensa debería desglosarse en tres programas.

  1. A)  El de modernización y nuevas adquisiciones: un presupuesto a siete años que asciende a 120.000 millones de euros, asignados de forma creciente. Este presupuesto separado iría dirigido a eliminar el hueco actual en equipamiento más el incremento en un 20% del número de efectivos.

  2. B)  Una vez terminado el periodo citado, un presupuesto del 2% del PIB, que supondría unos 30.000 millones de euros de 2025, sería más que suficiente para mantener esta fuerza operativa y disponible.

  3. C)  Finalmente, las industrias deben alcanzar acuerdos con sus colegas europeos para blindar la autonomía estratégica de Europa y esto exige de un plan de capacitación de la industria. Solo se debería adquirir fuera todo lo que no se ha desarrollado en Europa o resultaría imposible adquirir internamente para cumplir con los plazos. La Comisión Europea deberá establecer un mecanismo de aprobación de equipos ITAR para nuestra Defensa.

El planteamiento de un gasto en defensa sobre el PIB es poco significativo del esfuerzo y la necesidad de cada país. La Unión Europea respeta el principio de soberanía y establece coordenadas, pero no todos los países tienen los mismos retos y amenazas, y por tanto el objetivo de un porcentaje del PIB debe ser solo un indicador.

Un objetivo superior al 3% del PIB en términos generales, es innecesario, generaría ineficiencias y no sería equilibrado con las amenazas. No se disuade con la billetera sino con la resolución y las armas y es en estos dos puntos en los que debemos incidir en la cumbre Atlántica.

El establecimiento de una European Buy Act , similar a la que posee Estados Unidos, obligará a las empresas extranjeras a localizarse en el continente, generar aquí trabajo, depositar la propiedad de su tecnología y nos garantizará la autonomía estratégica. España por sus costos y su lejanía de los frentes hipotéticos, se encuentra en unas condiciones excepcionales para atraer la inversión extranjera tanto de Asia como de América. Deben evitarse acuerdos de colaboración que no satisfagan estos objetivos. Todo lo que un país no puede exportar a terceros carece de interés para nuestro gobierno, porque es en las exportaciones donde debemos equilibrar el gap actual.

El gobierno español ha dado pasos sin antecedentes en nuestra historia en cuanto al incremento del gasto militar, en un país con una larga tradición neutralista y pacifista, y participa en numerosas misiones internacionales. Además, España tiene un posicionamiento en el mundo vital para la seguridad europea: los lazos con América Latina y con el mundo árabe son muy importantes para nuestra seguridad. España tiene una voz propia y para reforzarla nuestro compromiso con la seguridad europea debe ser firme y significativo.

El gobierno en el lanzamiento de los programas debería establecer cinco criterios básicos:

  1. a)  Cumplimiento de las directivas europeas de compras en Defensa sin abusar de la cláusula de excepcionalidad del 346 del TUE. Si queremos tener acceso a otros mercados no podemos pretender hacerlo echando el cerrojo español. La competencia siempre es beneficiosa para todos.

  2. b)  Las inversiones deben dirigirse a empresas que tengan su actividad industrial en España y que posean autoridad de diseño sobre los bienes y servicios, circunstancias que deben acreditarse en aras de la pretendida soberanía. Asimismo se deberá establecer un mecanismo para garantizar que los sistemas adquiridos no padezcan de potenciales restricciones ITAR o similares, y si lo padecen, existen previsiones para evitar su efecto negativo.

  3. c)  El afán inversor no es necesario, el camino de los nuevos programas no debe caer en las prisas y en la omisión de trámites importantísimos como unos buenos requerimientos técnicos, una adecuada planeación industrial y una seguridad en suministros y entregas. La colaboración entre empresas es imprescindible para no caer en sistemas con demasiado contenido internacional.

  4. d)  Los plazos de entrega son básicos. Estos fondos son para un proceso de rearme urgente no para establecer capacidades industriales a diez años vista cuando con un poco de suerte estaremos regresando a porcentajes de gasto en defensa mucho más bajos. La disponibilidad es crítica, y en este sentido, asegurar la cadena de suministro de aquellos bienes más escasos y valiosos debe ser un objetivo de la política de inversiones de la Unión Europea.

  5. e)  Es urgente la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para poder liberar créditos futuros para los programas plurianuales que ahora mismos están capados por la falta de aprobación, limitando la capacidad de contratación de los programas principales. La financiación debe cubrir la modalidad de contratos de suministros o de fabricación con pago aplazado; la simple financiación no puede ir asociada a contratos futuros ya que implicarían su consideración de pasivo para las empresas, podrían ser ayudas contrarias a la UE y desvirtuarían los principios de libre concurrencia y transparencia que rigen en la Directiva de compras de la Unión Europea.

Corresponde a los Estados Unidos definir cuál quiere ser su papel en la defensa de Europa. Un socio confiable, un espectador o un enemigo. Europa aspira al primer objetivo pero debe estar dispuesta a afrontar el tercer escenario, si hiciera falta para garantizar la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos. Europa se encuentra en un cruce de caminos; no puede equivocarse y tomar una dirección que ponga en duda sus principios, valores y su unidad, porque ese escenario sería el peor posible.


martes, 27 de mayo de 2025

Feindef: la feria de las vanidades y las realidades.

 




Cuando Thackeray escribió esta joya de la literatura británica no era capaz de augurar el éxito que tendría su novela y su significado a lo largo de la historia. El subtítulo, “una novela sin héroe”, resulta tremendamente apropiado porque todos los personajes del argumento tienen sus defectos y sus debilidades, aunque la apariencia resulte simpática o atractiva.


La Feria de Defensa presentaba a todos los actores de la industria española de defensa, esplendorosos, luciendo sus mejores galas: el ministerio, las fuerzas armadas, las grandes, medianas, pequeñas empresas de aquí y allende de nuestras fronteras, pero como humanos que somos, ocultamos las debilidades y en esto consiste la vanidad, es decir cuando aparentar se convierte en el objetivo.


Hubo un tiempo no lejano en el que la industria de defensa ya cosechaba grandes éxitos, tantos o más que ahora, y no había ni feria ni ruido. Todo el mundo sabía lo que tenía qué hacer porque había un liderazgo. ¿Quién lideraba este exitoso mercado que nos llevó a Eurofighter, a la fragata F-100, al misil Meteor, a Leopardo 2E, al 400 M y tantos programas de éxito? no era la industria, ni el Congreso de los diputados, ni los funcionarios, eran las Fuerzas Armadas, los servidores del estado que como usuarios finales que acuden a las operaciones internacionales o a la guerra jugándose sus vidas por nosotros, son los que mejor saben qué comprar, cuándo, y cómo. Nadie más capacitado para dirigir a la industria que los operativos, los sostenedores de los equipos, los ingenieros de las Fuerzas. Todos estos programas que he citado tuvieron a grandes directores que daban puñetazos en la mesa que hacían temblar al Órgano Central y a la industria, pero que estaban en todo su derecho a hacerlo, porque para ellos y solo para ellos, está al servicio la industria de defensa. Que vuelvan a tomar el timón del sector es perentorio. Pero hoy aparecen débiles, no quiero decir frustrados, porque no va con el carácter castrense, no se sienten protagonistas de su historia y esta es una debilidad de todos. Hay excelentes militares capacitados que protegen a la vez de sus intereses los de la industria, con eficacia, profesionalidad, honestidad y esfuerzo y deben ser parte esencial del engranaje industrial,


Las grandes empresas establecidas en España se presentan como corresponde a su facturación y relevancia, pero también tienen sus debilidades que se esconden detrás de la maqueta y la pantalla led. Por muy grandes que sean, siempre habrá alguien más grande, por mucha tecnología que tengan, siempre habrá alguien que tenga más. Para un país como España que sigue siendo el que menos invierte en defensa de la OTAN, solo hay un camino, optimizar capacidades y cooperar. Quién se crea que puede sobrevivir solo y mucho menos en su cautivo mercado doméstico aunque sea muy grande, se equivoca. Vendrá un día no lejano que la paz sea una realidad, y los gobiernos comenzarán la desaceleración presupuestaria, lo vimos en los cuarenta y en los noventa y así volverá a ser, esperemos que pronto, y solo los que hayan entendido el mensaje de la colaboración frente a la confrontación, sobrevivirán. Las grandes empresas deben desarrollar producto propio, somos España, parte de Europa, la octava potencia industrial de defensa del mundo; solo debemos mirar hacia arriba del ranking para progresar y desarrollar capacidades de un Ejército de primera, y esto solo se hace colaborando con los grandes, no buscando soluciones de conveniencia política o estética en el Tercer Mundo de la defensa.


España no puede pretender nacionalizar todo lo que compra fuera; no tenemos ni el tiempo, ni el dinero, ni el talento, y aunque tuviéramos todo eso, las economías de escala harían prohibitivo su acceso al gobierno español. Tenemos grandes déficits en misiles al no haber accedido a MBDA en su constitución. Hoy en día España no dispone de ningún misil propio y nunca los tendremos. Es un campo en el que tenemos que cooperar para llegar a tener una participación significativa, lo mismo ocurre con los satélites, no hay más de cinco empresas en el mundo que construyen satélites de comunicaciones o de observación, y no hay mercado para más. Podemos creer que la cooperación industrial en programas de origen extranjero nos da mayor soberanía, pero no es cierto, no tenemos propiedad de ningún producto de terceros países en los que la industria española tiene una participación industrial muy limitada en cuanto al acceso a información y el derecho de explotación. El futuro de la industria española pasa por exportar más de aquello que ya tenemos y en lo que somos competitivos, ganar más cuota de mercado en aviación, buques y submarinos, vehículos de combate, sistemas, radares, software, optrónica, y continuar mejorando en estos equipos. Tratar de replicar lo que ya lleva muy años fuera funcionando es una autarquía en la que no debemos ni siquiera pensar por sus efectos perniciosos.


Las medianas empresas atesoran gran parte de la punta de lanza de la tecnología, son el sustento de nuestro futuro. La diferencia en la guerra se encuentra en la tecnología, en los sistemas, en su capacidad e invulnerabilidad. Pero estas esconden una gran debilidad, dependen de que sus contratistas principales apuesten por su tecnología. Claro que hay mejores radares, sensores, radios y numerosos equipos fuera, pero debemos apostar por lo nacional para que sean mejores. Muchas decisiones de adquisiciones en el exterior deberían repensarse para que este sector de equipos y sistemas sea más robusto y proporcione el estado del arte en nuestros programas.


Las pequeñas empresas ya aparecen débiles, pero muy al contrario son las más fuertes, las que demuestran más coraje. Conozco a muchas de ellas, una nave, unos pocos ingenieros, un mini laboratorio, mucha ilusión y una fe inquebrantable de que los de arriba de la cadena de valor les prestan atención y entienden que estas necesitan de su soporte económico para subsistir. Hay muchas empresas españolas que son pequeñas por la indiferencia de sus clientes o del propio gobierno. Si hay una compañía en España de logística, debe estar ahí en primera línea, si hay una empresa de tratamientos especiales nacional, debe estar ahí o el que ha desarrollado un pequeño dron o un software. Protejamos a este sector fundamental por su alta dualidad. Sin ellos, nuestra industria de defensa sería inmensamente más débil. Hay que reservar una parte de los presupuestos de I+D a estas empresas sin que supongan una carga financiera por los avales o la devolución perentoria de los créditos, sino que necesitamos al estado como venture capital para todas estas Pymes.


Las empresas extranjeras son fundamentales en nuestro desarrollo industrial. Pero somos España, la cuarta economía de Europa, no nos valen acuerdos propios de otros países, aspiramos a lo mejor y a que sea hecho en España. No bastan acuerdos de offsets ya superados en el primer mundo sino de implantación industrial real y apuesta de futuro. 


Necesitamos como Estados Unidos, una Buy European Act, y todos los que quieran vender en Europa deberán venir, invertir, producir y competir en Europa. Pero hay que darles seguridad de que serán tratados con ecuanimidad, respetados y mimados, como corresponde hacer a un país que necesita de la inversión exterior para mantener el estado de bienestar. Si las empresas extranjeras se ven discriminadas, ignoradas o minusvaloradas, se irán, y eso solo interesa a los que quieren volver a la autarquía franquista.


Finalmente, el ministerio de defensa también con un plan de defensa ambicioso y necesario se ha presentado ante el sector y la opinión pública sacando músculo, pero seguimos sin presupuesto y los planes que no aparecen en esos tomos de colores generan muchas dudas e incertidumbres tanto sobre su realidad como sobre su gestión. La defensa de España es el pilar de nuestra soberanía e independencia, no un patio de recreo, ni un lugar para que cualquier otro interés prime sobre tan alta función, y nos corresponde a todos asumir nuestro papel y sacrificarse para que España sea una nación segura y próspera.


Una feria que ha servido para ver cómo la industria acude al llamado del enorme presupuesto que dicen está por venir. España tiene un gran sector industrial de Defensa, capacitado, pero que necesita mensajes claros, de procedimientos competitivos, transparencia y certidumbre. En este marco todos ganaremos, porque si hay algo que caracteriza a la industria de defensa es su interdependencia, es imposible crecer a costa de los demás, porque cada uno es una pieza esencial del engranaje del sector. Como digo en las conferencias y en los cursos, el mercado de Defensa es dirigido por el cliente, nadie puede pretender estar por encima de él porque así son estos mercados, de autoridad y cooperación. 


En estos momentos de amenazas no conocidas, necesitamos certidumbres, reconocer capacidades y admitir limitaciones y cubrir estas últimas con inteligencia y visión estratégica. En cualquier caso es un motivo de orgullo nacional la exhibición de capacidades que hemos visto en este Feindef 2025 y que seguramente será menor de lo que veremos en 2027.


domingo, 2 de junio de 2024

LA INDUSTRIA DE DEFENSA TERRESTRE EUROPEA ANTE LA AMENAZA RUSA (II)

 



Para entender cuál es el estado actual del sector y hacia dónde se moverá en los próximos años, debemos  analizar qué resultado han dado los sistemas de armas enviados a Ucrania. Definitivamente los sistemas MRLS, sistemas de defensa antiaérea como los Patriot y la amplia gama de misiles europeos y los UAVs, han sido los elementos diferenciadores. Sin embargo, los anticuados vehículos de combate apenas han resultado eficaces no produciendo el efecto deseado. La razón es que solo las nuevas tecnologías marcan el rumbo de esta guerra como de todas las demás. Los carros que iban a suponer un cambio cualitativo el verano pasado, hoy ya no existen, están averiados o preservados para unas pocas operaciones.

    Los tres parámetros del éxito en el combate en la historia siguen siendo los mismos: movilidad, potencia de fuego y protección. La cuestión es que ante la variación de las amenazas, estos tres elementos deben actualizarse rápidamente para resultar eficaces.

    Si hablamos de carros de combate tenemos dos experiencias opuestas. Las tremendas pérdidas rusas en Ucrania ante los ataques de drones, lanzacohetes lanzados a corta distancia y artefactos improvisados. Rusia ha perdido más de cuatro mil vehículos de combate, mientras que ante el mismo entorno de amenaza, Israel no ha perdido ningún Merkava en Gaza. La diferencia es, sin duda, el sistema de protección activa Trophy. Hoy en día, la diferencia entre tener una carro de combate eficaz o un blanco con escasa capacidad de evitar un ataque directo y muy vulnerable es la protección activa, como el Trophy de Rafael, el alemán ADS o el ruso Arena, todos con ellos con limitaciones significativas al agotarse su munición de defensa, pero añadiendo una protección adicional muy valiosa. De ahí que una buena parte de países se hayan embarcado en procesos de adquisición de nuevos carros con estos sistemas, como el nuevo Leopard 2A8. Por esta misma razón se ha constituido el consorcio EuroTrophy GmbH entre KDNS, GDELS y Rafael Advance Defense Systems, con el fin de europeizar una solución crítica para todos los vehículos de combate de nueva generación.

    Siete países han adquirido o van a adquirir esta costosa versión, cercana a los treinta millones por unidad; tres veces más que nuestro Leopardo 2E. Los nuevos carros incorporan cañones de 55 calibres incluso Rheinmetall trabaja en un cañón de 130 mm, pero a ello se unirán estaciones remotas, mayor blindaje en la parte superior y sistemas de enjambre de drones anti drones. España debería considerar modernizar sus carros con este tipo de soluciones para mantenerlos en primera línea del estado del arte. En Europa, Italia ha abandonado la continuidad de su Ariete y optará por el Leopard 2A8, mientras que Francia y Alemania piensan en un carro del futuro, lo que deja al Leclerc como un carro necesitado de una modernización profunda y lo mismo ocurre con el Challenger 2 británico.

    Los carros de combate plantean grandes limitaciones debido a su peso que ya ronda las 70 toneladas, unido a que su alcance de fuego efectivo sigue siendo muy corto requiriendo acercarse al objetivo lo que lo hace vulnerable. Los vehículos de combate sobre cadena presentan casi todas las ventajas de los carros, pero con un peso de unas 20 toneladas menos, lo que permite su transporte y despliegue de manera más rápida, además tienen una menor firma lo que aumenta su capacidad en el campo de batalla.

    En la actualidad el mercado europeo de vehículos de cadena está liderado por el ASCOD de General Dynamics y el Puma de KDNS Alemania y Rheinmetall, mientras que otros como el CV-90, el Dardo o el Marder han quedado atrás al no incorporar soluciones más innovadoras. El Borsuk polaco, derivado del K-9 coreano, también queda muy lejos en prestaciones de los anteriores.

    GDELS presentó en la reciente feria de armamento de Rumanía, el ASCOD incorporando el sistema Trophy de Elbit, lo que unido a las mejoras que pueden incluir el blindaje para llevarlo a un nivel similar a los carros y una torre con un cañón de hasta 120 mm, puede ofrecer una capacidades muy similares y más eficientes que la del carro de combate.

    Finalmente en el campo de los vehículos de combate sobre ruedas 8x8, el mercado es más amplio con vehículos AMV de Patria, Piraña III y V de GDELS, Bóxer de KDNS Alemania, Centauro y Freccia de Iveco Oto Melara, Pandur de GDELS y VBCI de KDNS Francia. Todos ellos, con pesos superiores a las 30 toneladas superando algunos de ellos las 42 toneladas, ofrecen capacidades cercanas a los anteriores, pero a cambio ofrece un transporte y una movilidad mucho más eficientes equipando casi los mismos sistemas de armas que los anteriores.

    Hoy en día podemos decir que la triada de movilidad que deben equipar todos los ejércitos europeos debería incluir carros de combate con sistemas de protección activa, vehículos de cadenas con sistemas similares y vehículos 8x8 con un nivel mínimo cinco de protección como el caso del VBCI rumano, para compensar la ausencia de otros sistemas adicionales de protección.

    Si los nuevos programas son importantes, el timing también lo es, y los ejércitos europeos no pueden esperar al final de la década para disponer de un número suficientemente relevante de estos nuevas plataformas, ya que Rusia podría disponer de una flota enorme y renovada para 2030.

    En los últimos años los países que se han decantado por nuevos carros Leopardo 2A8 son: Alemania (18 ordenados + 105 opción); Holanda ( 18 ordenados) Noruega ( 54 ordenados + 18 opción) Lituania ( 50 previstos)  República Checa (70 previstos) y a esto se suma la modernización de 44 carros daneses a la versión 2A7 que está en curso. Los Challenger 3 británicos incorporarán el sistema Trophy. De momento solo los Leclerc sigue poniendo más el énfasis en los sistemas de protección pasiva. Es de esperar que al menos los grandes países usuarios de Leopardo se orienten a las versiones más modernas y que los del M-1 Abrams como Polonia puedan equiparse con la misma solución.

Entre los vehículos de cadenas, los principales programas lanzados en los últimos años se encuentran: Dinamarca ( 44 CV90 de Bae Hagglunds); Noruega ( 104 CV90, 2009 y 144 CV90, 2012)  Suecia ( 50 adicionales CV90 en 2023); República checa ( 230 CV90, en 2023)  Eslovaquia (152 CV90 en 2022)  Polonia (1400 Borsuk previstos) Alemania (50 Pumas adicionales en 2023) Reino Unido (589 ASCOD en 2012) España ( 394 firmados en 2024), Hungría (218 Lynx, en 2020) y Grecia (250 Lynx en 2023). Muchas de estas adquisiciones son continuaciones de pedidos anteriores.

Entre los países que ya han iniciados acciones preparatorias para nuevos vehículos de esta clase están Portugal para reemplazar sus 200 M-113; Estonia que ya ha realizado una lista corta entre Otokar, Hanwha y ASCOD para adquisición en 2018 y Rumanía que ya ha lanzado una potencial compra de 246 vehículos más una opción de 52 para 2031 y en la que compiten el Lynx y el ASCOD. Alemania ha adquirido Automecanica, un fabricante de camiones para la fabricación local mientras que GDELS ya tiene una empresa en producción con los Piraña V. La presentación en la reciente Black Sea Aerospace & Defence en Bucarest del ASCOD con el Trophy de Rafael, que tiene también una fuerte vinculación con el país, sitúa al vehículo español en una posición de partida más favorable. 

Francia e Italia deberán lanzar sus programas de reemplazo de los inoperativos AMX-10 y de los Dardo, aunque estos están siendo sometidos a una modernización que podría alargar su vida diez años más. 

Alemania tendrá que abordar la continuidad del Puma para la próxima década. Dispone del Lynx diseñado para el mercado exterior al que podría incorporarse un sistema de protección activa como el MUSS de Hensoltd que incorporan los Puma alemanes. Podría ser una opción pero no parece que el vehículo cumpla actualmente con los requerimientos del Bunderwehr, por lo que las opciones por otros vehículos como el CV 90 y el ASCOD podrían encontrar acomodo en un país que lleva casi un siglo liderando la fabricación mundial de vehículos blindados de combate. Mientras que países que no disponen de vehículos modernos de estas características como Bélgica y Bulgaria deberían plantearse adquirir esta capacidad.

En el mundo de los vehículos de ruedas 8x8 (excluyo el 6x6, aunque ahora exista una tendencia a recuperar sus valores y que se hayan vendido en varios países las plataformas de Patria 6x6 como a Suecia con 321 unidades recientemente) las plataformas más renovadas que actualmente ofrece la industria son el Piraña V de GDELS, el VBCI de KDNS Francia, el Boxer de KDNS Alemania, Freccia de Iveco Oto Melara, y AMV de Patria.  Dejo fuera al Stryker de GD Co (USA) aun cuando Bulgaria firmó un contrato FMS el año pasado para adquirir 183 Stryker.

Entre las adquisiciones más recientes se encuentran: Holanda (38 Boxer previstos para 2025 ); Italia (30 Freccia en 2019; se esperan más adquisiciones hasta que culmine el desarrollo de la nueva plataforma VCC); Dinamarca (360 Piraña V en 2016); Rumanía (380 Piraña V entre 2018 y ampliación posterior)  Polonia (150 Rosomak-L, una versión más alargada, en 2023, más 150 vehículos vendidos a Ucrania en 2023, financiados por fondos americanos y europeos)  Alemania (122 Boxer, nuevo pedido), Reino Unido (523 Boxer en 2019 ) España (348 Piraña V denominación local Dragón, en 2019 de un total de 998 unidades en tres series) Lituania (88 Bóxer en 2016). En general todos los países están actualizando sus versiones más antiguas incorporando las soluciones recientemente implementadas en las nuevas adquisiciones.

Países que deberán embarcarse en programas de ruedas a corto plazo serían Grecia y Noruega que carecen de esta capacidad. A ello se une que tanto Alemania como Francia deberán incrementar significativamente sus dotaciones de vehículos de combate ya que su número actual se antoja muy reducido para el tamaño y relevancia actual de sus ejércitos.

El cuarto aspecto clave será la artillería autopropulsada de 155mm. Todavía son varios los países que disponen de sistemas de origen norteamericanos de los años 70 como los M109, como es el caso de España. La única plataforma operativa de diseño europeo es el PZH 2000, aunque se trata de un diseño más bien antiguo. En la actualidad las plataformas sobre ruedas con capacidad para portar un obús de 155/52 o 55 calibres serán las que dominarán este mercado en los próximos treinta años, ya que son plataformas más versátiles, con menos señal y con un peso inferior al PZH 2000 en unas 15 toneladas, lo que es una diferencia muy sustancial. La nueva plataforma 10x10 de GDELS con la torre de KDNS Alemania, permitirá gracias a la distribución del retroceso sobre cinco ejes, un disparo en movimiento muy eficiente lo que reduce su vulnerabilidad y aumenta su eficacia . Sin duda será una referencia en las próximas décadas, tanto para obuses como plataforma para el Himars o el Puls. Teniendo en cuenta las flotas anticuadas europeas de los principales ejércitos tanto de M109 de 155 mm o los viejos de la órbita soviética de 152 mm, como de MRLS, el número de plataformas que deben renovarse serían de 691 artillería autopropulsada de 155/152 mm y 370 sistemas MRLS.

Conclusiones

Europa tiene un gran reto por delante, incrementar de forma muy significativa sus unidades de vehículos de combate y de artillería de última generación. Aun cuando se han lanzado programas muy importantes, como en España o en Polonia, los cinco grandes ejércitos europeos requieren de incrementar sus dotaciones, y además hacerlo de forma acelerada. Los programas de artillería autopropulsada y MRLS son asimismo imprescindibles, y las unidades en proceso de incorporación son la décima parte de las necesidades. Según mis cálculos entre los programas iniciados en los últimos tres años más los que se sucederán a lo largo de la década, la inversión será de 16.500 millones de Euros.

Muchos pueden preguntarse si ante las debilidades mostradas por el armamento ruso y por su industria, es necesario este proceso de rearme. Existen dos razones que abonan esta teoría. Rusia ha preservado su aviación de combate y sus sistemas de defensa antiaérea en Ucrania, sacrificando incluso una rápida victoria. Además, ha comenzado la producción de sus vehículos de última generación y aunque los ritmos son lentos, ya son mucho más rápidos que los europeos, lo que evidencia que esta producción no está pensada para Ucrania. 

Europa necesita disponer de una capacidad para vencer militarmente a Rusia, no solo para detenerla, y no es una cuestión de ambición o de agresión, es que solo una enorme superioridad militar convencional puede contrarrestar la capacidad nuclear táctica de Rusia, si no estamos a dispuestos a desarrollar armamento nuclear táctico. La mejor manera de derrotar a Rusia y devolverla a la esfera de las democracias y la libertad es venciéndola industrial y tecnológicamente. Cuando Rusia sepa que no puede ganar, estará abocada a cambiar su política exterior y de seguridad, que es el objetivo último y devolver la paz y seguridad al continente.


viernes, 31 de mayo de 2024

LA INDUSTRIA DE DEFENSA TERRESTRE EUROPEA ANTE LA AMENAZA RUSA (I)


 

A pocos días de la próxima feria de Euro-Satory, la más importante de armamento terrestre en Europa, resulta oportuno, a la luz de la guerra en Ucrania y la amenaza rusa, analizar cuál es el estado de nuestros ejércitos en cuanto al dominio de la movilidad terrestre ante una eventual conflagración bélica con Rusia y de la capacidad industrial para dar respuesta a este reto.

    Parafraseando a algún teórico de la guerra, podemos afirmar que las batallas las lucha la Infantería, las gana la logística, pero las guerras las ganan las industrias. Lo pudimos ver en Alemania entre 1939 y 1941, gracias al esfuerzo industrial alemán iniciado en 1934 y en el caso de los Aliados a partir de 1943, gracias al impulso industrial desde 1939, especialmente en Estados Unidos.

    Desde que Putin accedió al gobierno, ha puesto un enorme empeño en modernizar su industria militar, reorganizando su estructura e iniciando programas de armamento de nuevas generaciones. Hoy podemos indicar que estos dos procesos, aunque se iniciaron hace unos veinte años, estaban muy lejos de culminarse cuando Rusia decidió invadir Ucrania. El cálculo de Moscú a comienzos de 2022 era que bastaría con una enorme presión militar sobre la débil Ucrania para que esta se rindiera, sin necesidad de exponer el escaso material moderno del que disponía en ese momento. La corrupción endémica y la escasez de talento en las industrias para abordar nuevos programas han dilatado mucho los plazos de lanzamiento y entregas de nuevos programas que apenas se encuentran en fases de prototipos y pruebas, generando grandes dudas sobre su potencialidad real.

    Europa entre 1990 y 2015, se preparó militarmente para operaciones en el exterior, lejos de sus fronteras, con escasas necesidades de potencia de fuego y con amenazas de baja intensidad, desmontando una gran parte de su industria terrestre y de munición. Los programas aeronáuticos y navales absorbieron una enorme parte de los recursos presupuestarios, alrededor del 70% en los países europeos, pensando en términos supuestamente modernos de que el dominio del aire y del mar entregaría el de tierra.

    Los ejércitos europeos, en casi todos los casos, a día de hoy todavía disponen de material rodante con más de cuarenta años en servicio. Solo con la anexión de Crimea por Rusia en 2014, comenzaron las preocupaciones por la amenaza rusa, que se concretaría en una acción ofensiva en febrero de 2022 para la ocupación de territorio ucraniano, en el más puro sentido de la guerra clásica. Este cambio de escenario obligó a reconfigurar todas las prioridades y a iniciar nuevos programas comenzando por los países de Europa del Este que sentían más cercana la amenaza. Incluso las plataformas más modernas como Bóxer, Centauro y VBCI ya acumulan unos quince años de operación en sus respectivos ejércitos y requieren de una profunda modernización o reemplazo.

    En 1991, y como consecuencia del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, se firmó un Tratado de Reducción de Fuerzas Convencionales en Europa. Se pretendía reducir el número de plataformas desplegadas en el teatro de operaciones del centro y norte de Europa, para evitar una tentación agresora. Se determinó un límite máximo por contendiente de 20.000 carros de combate y 30.000 vehículos de combate. Hoy en día toda Europa dispone de 3.000 carros de combate y 8.000 vehículos blindados, muy por debajo del mínimo de seguridad planteado  entonces cuando había desaparecido la gran amenaza. Si tenemos en cuenta las pérdidas sufridas por Rusia en la guerra de Ucrania, unos 2.000 carros y 5.000 vehículos blindados, en un conflicto menor ante un enemigo escasamente preparado, nos daremos cuenta del primer gap: nuestros ejércitos no están suficientemente dotados para disuadir a Rusia, y en caso de una guerra, para garantizar la victoria.

    ¿Por qué Rusia, a pesar de estas pérdidas, dispone todavía de una capacidad militar tan importante?; ¿por qué Europa no ha sido capaz de proveer suficiente armamento a Ucrania en estos dos años? Y por último, ¿cuál es el estado de los programa actuales y futuros y qué debe modificarse en ellos para disponer de una capacidad militar muy superior a la de Moscú, única manera de garantizar la paz y la seguridad ante un enemigo que dispone de más de 1.000 cabezas nucleares tácticas?

    Rusia está sometida a un embargo muy restrictivo que apenas ha afectado a su industria militar ya que China le suministra numerosos equipos electrónicos y materiales indispensables para mantener la industria terrestre. Los ingresos de las ventas de petróleo a India con descuentos significativos, y la intermediación de compañías de Turquía, Emiratos Árabes y Hong Kong, le han permitido obtener las divisas necesarias para financiar las importaciones y obtener material crítico de carácter dual. Pero lo más relevante es que Rusia se haya sometida a una economía de guerra. Decenas de empresas de automoción, centenares de mecanizados y una enorme cantidad de industria auxiliar han sido militarizadas, de ahí que toda la economía rusa esté el servicio de la guerra en Ucrania, habiéndose decelerado enormemente la industria de automoción, ferroviaria y del acero.

    Es cierto que durante 2023 el Ejército Ruso recibió una media de 125 carros al mes cuando perdía unos sesenta, para preparar la ofensiva de 2024, pero debemos señalar que el 80% de estas entregas son carros T-62 y T-55 modernizados, aunque siguen siendo tremendamente vulnerables por sus emisiones de gases, tamaño, escaso blindaje etc. Las reservas estratégicas de Rusia en carros, estimadas en unos 5.000 carros ha sido consumidas en un 50%. Es decir, Rusia a este ritmo no tendrá capacidad de modernizar más carros a final de año. Lo mismo ocurre con los vehículos de combate, en los que produce el doble de los que pierde, pero también un 70% son vehículos con más de cuarenta años. La modernización se centra en comunicaciones, blindaje, óptica y algunos de ellos llevan una protección anti dron, pero si Ucrania resiste un año, a este ritmo de pérdidas, Rusia estará casi desarmada en verano de 2025, de ahí el interés sobrevenido mostrado por Putin por un acuerdo rápido.

    La factoría Uravalgonzavod, el mayor fabricante mundial de carros de combate, apenas ha sido capaz de entregar en estos dos años un centenar de carros nuevos Armata o vehículos de combate Terminator , debido a los problemas endémicos de la industria rusa. No parece que a corto plazo esta situación vaya a cambiar, por lo que el fracaso de esta ofensiva rusa, dejaría a las fuerzas ocupantes en una situación de extrema debilidad. Sin embargo, la producción de munición de 152 mm sigue a un ritmo enorme habiéndose multiplicado por cuatro en el último año, gracias a la concentración de la fabricación de munición en grandes calibres. Además Corea del Norte ha militarizado las fábricas de munición con mano de obra casi esclava y ya ha entregado un millón de disparos de 152 mm. El gap ruso está en plataformas pero no parece que por munición vaya a perder la guerra.

    La producción de computadores, equipos electrónicos y ópticos se incrementó en un 40% en 2023, gracias a las importaciones desde China. Turquía, hasta febrero de este año que Biden firmó una orden ejecutiva con nuevas restricciones para comerciar con Rusia a 93 entidades, 16 de ellas de Turquía, el mayor número después de Rusia, ha sido un proveedor importante de equipos denominados «claves para la industria militar», lo que ha provocado serias amenazas desde la OTAN.

    China suministra equipos CNC, máquina herramienta, semiconductores, chips, y numerosos equipos auxiliares así como materia prima, todos esenciales para mantener la capacidad industrial rusa. De hecho, las importaciones de material sensible desde China se incrementaron en un 200% en 2023. Corea del Norte ha suministrado más de mil contenedores de material militar, 2,3 millones de disparos de 152 mm y  400.000 de 122 mm y  decenas de misiles tácticos usados en Ucrania. A comienzos de la guerra diecinueve dark ships con material militar arribaron al puerto ruso de Vostochni desde Corea. El temor de Occidente es que el pago sea en tecnología nuclear y de misiles balísticos lo que pondría en serio peligro la seguridad mundial.

    Existe un aspecto que se ha destacado mucho en estos dos años de guerra, la ausencia de la aviación de combate rusa sobre el espacio aéreo ucraniano. La principal causa es el tremendo retraso en los aviones de quinta generación, SU-34, y la escasez de equipos críticos para su desarrollo que tenían origen europeo. La razón de fondo es que Rusia quiere preservar intacta su aviación ante una eventual conflagración con otro país europeo o con la OTAN. Es decir, Rusia mantiene una flota operativa de unos 2.000 aviones de combate y este es un factor a tener en cuenta para dimensionar la amenaza futura.

    Ucrania, era un país apenas sin ejército, con una industria militar que había sido descapitalizada por el embargo ruso. La ayuda europea en estos dos años se ha centrado también como en el caso ruso, en material en operación o cercano al retiro, aunque en los últimos meses esta tendencia se ha invertido con compras directas de material nuevo para Ucrania que serán muy relevantes en el caso del paquete de ayuda americana, aunque la industria americana no está preparada para acelerar mucho las entregas.

    La industria europea de armamento terrestre estaba desmovilizada en 2020 con una cadena de suministro muy dimensionada para la escasez de pedidos de los últimos veinticinco años. Esta desmovilización ha supuesto la incapacidad de suministrar a Ucrania suficiente munición, especialmente de largo calibre, fundamental para el desarrollo de esta guerra. El mayor problema no está en los fabricantes sino en la cadena de suministro y de materias primas que ha costado mucho poner en marcha por el gran número de países afectados y la contracción de la oferta. Una vez más, se evidencia que la escasa autosuficiencia de la industria europea es su mayor hándicap, con alta dependencia de terceros países, muchos de ellos bajo influencia rusa o china. 




jueves, 8 de febrero de 2024

LA INDUSTRIA DE DEFENSA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XXI







El primer obstáculo que se encuentra a la hora de explicar la situación de la industria de Defensa en España así como sus perspectivas es de índole formal. En 1999, todas las empresas de Defensa eran españolas, es decir, eran de propiedad mayoritariamente nacional y mantenían en nuestro territorio todas sus capacidades nucleares de gestión y de ingeniería.

En 2024, el panorama ha cambiado de forma muy significativa. Para empezar, he incluido diversos factores para considerar la implantación de una industria en nuestro país. En la actualidad un 40% de la producción de Defensa consolidada es propiedad mayoritaria de personas o instituciones españolas, habiéndose perdido totalmente la propiedad nacional de sectores claves


Las empresas de este cuadro suponen alrededor del 95% de la producción consolidada de material de Defensa, aunque claramente podemos diferenciar tres grupos de compañías en función del tamaño. Las que superan los mil millones de Euros de ventas en material de Defensa que son Airbus, GDELS (considerando el total de facturación dependiente de su matriz en España) y Navantia. Estos tres grupos suponen el 85% de la facturación consolidada de Defensa del sector; las que están en el rango de 400/700 millones de Euros de facturación (Indra, ITP y Expal) y luego las que se mueven alrededor de los 75/100 millones de Euros en facturación de Defensa, que serían el resto de las incluidas en el recuadro.

Sin embargo, existen unas consideraciones previas que quisiera comentar.

Airbus consolida sus ventas en su cabecera en Holanda, por lo que no podemos hablar de facturación española total, aunque mantiene la sociedad Airbus Defensa y Espacio SAU en España, sino de producción en España, ya que no toda la actividad del grupo Airbus en España cuelga de esta sociedad, que a su vez tiene activos fuera de España. En cualquier caso, las actividades de Airbus suponen más del 50% de la facturación total del sector Defensa en España. GDELS, tiene su cabeza corporativa e ingeniería de grupo en España, pero cada compañía de GDELS está domiciliada en su país de producción, por lo que al realizar comparaciones con producción o facturación nacional deberíamos considerar solo las ventas de GD Santa Bárbara Sistemas, que es la empresa española que factura al ministerio de Defensa y que a su vez tiene una actividad exportadora de sus productos desde España. 

Una vez resuelto el primer obstáculo inicial, que es definir la estructura de la oferta, resulta imprescindible examinar con detalle el mercado de la Defensa.

1. La demanda de bienes para la Defensa.

En el mercado doméstico de Defensa existe un comprador nacional que aprueba cada año, si no hay una prórroga, tan habitual últimamente, un documento llamado presupuesto que establece con un notable detalle los gastos que se producirán cada año. Esta aparente simplicidad, sin embargo, encubre muchas aristas. De hecho, una de las tradicionales discusiones académicas sigue siendo determinar cuánto gasta España en su Defensa, y en particular en sus inversiones.

Determinar el volumen anualizado de la demanda se complica por el mecanismo de financiación de los «programas especiales» que cuentan con una parte de pre-financiación del ministerio de Industria a través de créditos reembolsables y una teórica devolución a través de los pagos de los contratos firmados con el ministerio de Defensa, una nebulosa que se pierde en el futuro. Este sistema supuestamente excepcional ha permitido la financiación del 95% de los programas de modernización en lo que va de siglo.

Así que tenemos los fondos presupuestarios anuales y los «programas especiales». A ello hay que sumar los fondos adicionales generados por ingresos o mecanismos extraordinarios.

La creación de la Gerencia de Infraestructura y Equipamiento de la Defensa en 1998, decreto que me tocó redactar, permitió aprovechar los recursos de la venta de terrenos excedentes, que eran enormes a finales del siglo pasado, para programas militares. Este sistema permitió iniciar programas como la adquisición de vehículos Centauro, el lanzamiento del C-295 con los primeros 8 aviones, la modernización de los P-3 Orión y algunos otros programas de menor entidad. Asimismo deberían añadirse los fondos que para inversiones se asignaron en los presupuestos de «Operaciones de Paz», especialmente en los años más intensos de nuestra presencia en Irak y Afganistán, aunque siempre han sido muy reducidos ya que el grueso se destinaba para gastos de personal y operaciones, y finalmente tenemos los recientes fondos del Mecanismo de Resiliencia para compensar los efectos económicos de la pandemia.

Teniendo en cuenta todos estos factores el siguiente cuadro nos muestra el valor de la demanda generada por el ministerio de Defensa a lo largo de estos veintitrés años en euros corrientes. 


  1. (1)  Total programa de modernización del presupuesto de Defensa : programa 122.Suma de la columna (2) y (3).

  2. (2)  Total programa de modernización del presupuesto de Defensa excluyendo los presupuestos para financiar

    programas especiales.

  3. (3)  Presupuestos de los programas especiales

  4. (4)  Anticipos del ministerio de industria para financiar contratos de Defensa.

  5. (5)  Suma de columnas (1) y (4).

  6. (6)  Inversiones en mantenimiento de armamento y material excluida infraestructura.

  7. (7)  Incluye fondos de inversión en I+D,

  8. (8)  Ingresos adicionales: GIED, Viviendas y MRR e inversiones operaciones de paz.

  9. (9)  Suma de columnas (5), (6) y (7) (8)


Aunque todas las cifras son extremadamente pequeñas comparadas con los presupuestos de nuestros colegas europeos, podemos distinguir tres periodos en esta evolución que están íntimamente relacionados con la coyuntura macroeconómica.

Desde el lanzamiento de los primeros programas especiales hasta la crisis de 2009, la demanda generada se mantuvo entre 1.700 millones y 3.048 millones de Euros anuales gracias casi en exclusiva a los mecanismos extraordinarios de financiación. Con la crisis financiera se produce un periodo de drástica contracción que se extendió hasta 2017 y que llevó a una demanda inferior en 2014 a los 800 millones de Euros. La tendencia mejoró desde 2017, año en el que se duplicó la demanda del año anterior, y finalmente este año pasado, 2023 en el que la demanda generada supera los 6.000 millones de euros, duplicando la de 2022.

En estos veintitrés años, la demanda total generada por el ministerio de Defensa a la industria ha ascendido a 61.002 millones de Euros, una media anual apenas de 2.652 millones de Euros. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias; esta demanda media es la mitad de Italia, la cuarta parte de Alemania y la sexta parte de Francia y Reino Unido.

La determinación del volumen de gasto óptimo en Defensa presenta una peculiaridad muy diferente del resto de políticas públicas, y es que es una variable dependiente del gasto en Defensa de los países que forman parte de nuestras mismas alianzas, de aquellos que tienen conflictos potenciales con nuestra nación y del nivel de gasto de nuestros enemigos. Para simplificar entendamos que son nuestros enemigos aquellas potencias totalitarias que se hallan en una dinámica de expansión geopolítica. No podemos fijar qué gasto es necesario por criterios independientes del contexto, sino que es una variable de un juego de equilibrios.

España es la catorce economía del mundo, su territorio es el segundo más grande de Europa occidental, un país con ocho mil kilómetros de costa y por ende con una enorme zona económica exclusiva; tiene frontera marítima con los dos países con la mayor escalada bélica en lo que va de siglo, es frontera con África, se encuentra a la entrada del Mediterráneo y es miembro de la Alianza Atlántica. Todas estas razones deberían abonar un gasto en Defensa mucho más relevante, pero la realidad lo contradice.

Cuadro 2
Evolución del gasto en Defensa 2014 vs 2024 en millones de Euro 

España gastará en 2024, a pesar de enorme incremento del presupuesto, mucho menos relativamente que en el año 2000. Seguiremos anclados en el 1% del PIB. Italia gastará 2,29 veces más que España y Polonia 2,22 veces más. El presupuesto de Argelia, que en 2000 era la quinta parte de España ya lo supera ampliamente y Marruecos que gastaba la décima parte del nuestro, ya está en niveles de gasto muy próximos al español. Claramente hemos perdido en estos años el tren de la Defensa en el mundo. Entre las potencias totalitarias y expansionistas, China ha triplicado su gasto, Rusia lo ha multiplicado por 10 e Irán también lo ha triplicado. Debemos entender que esta acción coordinada no es casualidad ni obedece a fines pacíficos, por lo que habremos de considerar que existe una amenaza de una entidad muy significativa para Occidente y para nuestro país.

3. La estructura de la industria de Defensa

Para comprender las cifras de la industria de Defensa, debemos partir de una tabla input output para determinar la facturación consolidada y desagregada. En puridad, deberíamos considerar facturación final solo la de aquellos plataformistas y sistemistas que venden sus productos directamente a sus usuarios, pero esta aproximación no permitiría vislumbrar la importancia que tienen los sistemistas y subsistemistas que participan de la cadena de suministro y que concentran una parte sustancial del nivel tecnológico de cada país. Esta información también es muy relevante para determinar el grado real de nacionalización de la industria. Podemos tener un alto nivel de nacionalización en los plataformistas pero si tenemos una alta dependencia en subsistemistas extranjeros, nuestro dominio sobre nuestros equipos sería muy inferior al aparente. Esta dependencia tiene, sin duda, un impacto directo sobre nuestra habilidad exportadora, —como pudimos ver en el intento infructuoso de vender aviones C-295 a Venezuela, donde el veto norteamericano a la exportación de algunos equipos del avión, hizo inviable la operación— o sobre la participación industrial nacional en la adquisición de sistemas de diseño extranjero.



De acuerdo con esta aproximación, y analizando la evolución de la facturación de las empresas, la estructura general de la industria de Defensa en España obedecería al siguiente esquema:

En el nivel más alto de la pirámide encontramos a los integradores de plataformas aéreas, navales y terrestres. En el caso español, disponemos de un alto nivel de nacionalización. Su valor agregado en la pirámide es aproximadamente de un 35%, con un alto componente de ingeniería. El concepto de plataforma implica la integración de distintos sistemas, no se incluirían por tanto en este pico de la pirámide a los fabricantes de vehículos o de camiones, por citar dos ejemplos que se incluyen en el apartado de sistemistas.

Entre los sistemistas, debemos diferenciar aquellos que diseñan y producen sistemas que son suministrados directamente al cliente: misiles, vehículos tácticos, munición, artillería y sistemas de mando y control no embarcados, de aquellos que son integrados en plataformas. Podríamos citar como ejemplos del segundo caso los «alertadores de amenazas» de Indra, los procesadores «multi-link data» de Tecnobit o la «estaciones remotas» de EM&E. También se incluirían en este capítulo a los fabricantes de componentes estructurales de motores como ITP que incorpora sus componentes de turbinas en los sistemas de propulsión de casi todas las plataformas aéreas adquiridas por España.

Cada uno de estos sistemas implica a su vez diversos componentes o subsistemas incluyendo el software, que se incorporan en la solución. Por ejemplo, en el sistema SIAC obús de 155/52 podríamos citar como subsistemistas a Kearfott para el sistema de navegación inercial,, Deutz para los motores de combustión, Sauer para los motores rueda hidráulicos y Seiler para el aparato de puntería. Precisamente es en este punto de la cadena de suministro donde la dependencia extranjera es mayor por razones de volumen y sobre todo de recursos para desarrollo, ya que el tamaño del mercado español justifica muy pocas soluciones de este tipo.

4. Los programas especiales

En 1996, el gobierno se encontró con una patata caliente llamada Eurofighter. Encima de la mesa del ministro llevaba un año el contrato de la participación española en la fase de producción del nuevo avión de combate, 987.899 millones de pesetas, siete veces el presupuesto de modernización en ese año. En aquel momento, la prioridad macroeconómica para el gobierno era la convergencia con el Euro, que parecía misión imposible. El requerimiento de la presidencia era claro, si iba a impactar en el déficit, no habría programa. La solución nos la proporcionó el que casi fue ministro de Defensa. El método alemán de financiación de infraestructuras introducido en la ley de presupuestos de 1997, permitiría abordar un programa de inversiones públicas con pago diferido hasta en diez anualidades desde la entrega de la obra. Después de muchas discusiones con el INE y con Bruselas, el modelo de financiación con anticipos del ministerio de industria recibía todas sus bendiciones. Los límites impuestos eran muy claros: financiar con anticipos la fase de desarrollo o innovación en la adquisición de plataformas, y que estos nunca superaran el 50% del valor del contrato. En segundo lugar, los contratistas principales debían ser entidades establecidas en España con producción nacional. Este hecho nos permitiría además avanzar en la nacionalización de la industrialización de los programas.

Como en aquella época el sistema de planeación seguía la regla secular de «Aire, Armada, Tierra», el sistema no podía quedar limitado al Eurofighter así que se sacaron otras dos patatas pendientes: el proyecto de fragatas F-100 después del fracaso de la NFR, y el carro Leopardo 2E que, contractualmente, debíamos comprar a Alemania como consecuencia de la cesión de los 108 carros leopardos 2A4.

Un sistema que permite invertir, generar empleo y que se pague la factura diez o veinte años más tarde, era una perita en dulce para cualquier gobierno; en cuanto se saltaron las reglas de los diez años y el límite del 50% de pre-financiación, la caja de Pandora se había abierto. Esto permitió que entre 1997 y 2007 con presupuestos de Defensa muy escasos se pudieran lanzar un importantísimo número de programas que permitieron el gran salto de nuestras cuatro grandes empresas: Navantia, CASA, ya incorporada a EADS, Santa Bárbara e Indra y de toda la cadena de suministro asociada.

Tampoco ha resultado fácil llegar a unas cifras precisas de lo que han supuesto los programas especiales, teniendo en cuenta que algunos de ellos han sufrido modificaciones de precios enormes, ajustes de calendario, retrasos etc. Otros han sido modificados en su alcance sin que haya implicado la firma de un nuevo contrato, como ha ocurrido con algunas ampliaciones de la flota de Eurofighter. El estado actual de los programas especiales se detalla en el siguiente cuadro.



De estos 68.181 millones de Euros que suman los programas iniciados a esta fecha, ya se han imputado al presupuesto del ministerio de Defensa 22.637 millones de Euros, la diferencia es la factura pendiente. En los próximos tres años deberán imputarse 5.000 millones de euros anuales, de los cuales un tercio corresponden a programas ya terminados como el carro Leopardo, el helicóptero Tigre o la fragata F-100. A una media de 5.000 millones de Euros anuales, harán falta 9 años para pagar la factura ya contratada, precisamente cuando vamos a asistir a un salto tecnológico, a una nueva generación de los sistemas de armas y deberíamos dedicar una cantidad ingente de recursos para no perder el tren. Solo el programa FCAS supondrá para España unos 30.000 millones de Euros que deberán añadirse a las cifras aquí reseñadas.

En definitiva, que el excepcional sistema de financiación se ha convertido en la regla general, lo que ha sido fundamental para que la industria española haya adoptado un papel preponderante en los citados programas. Hubiera resultado imposible abordar estos programas directamente con empresas extranjeras sin este mecanismo de financiación y ningún gobierno durante este periodo pudo por razones de convergencia, de oportunidad o por la coyuntura económica, alcanzar unos niveles de inversión en Defensa como los que tuvimos en el año 2023.

Una cuestión que se plantea a menudo es el análisis de los extra-costes que tiene para el contribuyente español este esquema de financiación y la participación industrial española en los programas. Responder a esta cuestión exige con carácter previo dos consideraciones.

No podríamos considerar otra alternativa, es decir no había recursos presupuestarios para compras directas a los fabricantes extranjeros, luego esta discusión no tiene ninguna virtualidad. El impacto tecnológico e industrial indirecto de estos programas supera ampliamente los extra-costes potenciales que se han producido. Por ejemplo, sin el trabajo conjunto de Navantia, Indra y Lockheed Martin, nunca se hubieran exportado fragatas ni se habría nacionalizado el sistema de combate que ahora está embarcado en muy diferentes buques. Sin el aprendizaje de Tecnobit o GMV en Eurofighter, no estaríamos liderando aspectos fundamentales en el FCAS. Las externalidades de estas inversiones exceden en mucho al extra-coste incurrido.

Asumiendo unos extra-costes de un 25/30% en estos programas, estos son perfectamente asumibles teniendo en cuenta el tejido industrial generado, por la soberanía sobre los sistemas y por los efectos indirectos. Lo mismo ocurre con los programas cooperativos, cuyos costes se incrementan en función del número de socios y la rigidez de las reglas de justo retorno.

Un ejemplo que ilustra perfectamente los beneficios de estas políticas industriales lo encontramos en el F-18. España ha sido el único país, fuera de Estados Unidos, usuario de esta plataforma con capacidad para realizar la Modernización de Media Vida del avión. Solamente los ahorros generados comparados con los ofertados por Boeing a otros usuarios compensan ampliamente los costes de la cooperación industrial. Este mismo ejemplo sería extrapolable al resto de programas.

5. ¿Dónde está la industria de Defensa hoy?

Una vez determinado el ámbito de la industria nacional, he procedido a un análisis de su volumen de producción. Para ello he tomado un criterio diferente al tradicional de la acumulación de la facturación de las empresas que difumina el efecto de consolidación. El análisis parte de la siguiente ecuación:

Oferta = demanda anual generada por el ministerio de Defensa + exportaciones netas.

No he incluido en la variante un aspecto importante como son las ventas al ministerio del interior, aunque exceptuando las plataformas aéreas, no afectan primariamente a la industria de Defensa. En cuanto a las exportaciones, solo se incluyen aquellas netas que tienen usuarios finales diferentes del ministerio de Defensa de España o no forman parte de un programa multilateral que se rige por principios de justo retorno o retorno global, como son los programas de OCCAR, y Eurofighterque suponen de media en el periodo, más del 50% de las exportaciones incluidas en los informes anuales de la Secretaría de Estado de Comercio.

Estimación de oferta años 2001-2023 en millones de euros corrientes. 2023 estimado.

  1. (1)  Suma de fondos presupuestarios para inversiones + adicionales + créditos de industria.

  2. (2)  Facturación del sector Defensa, informes de Afarmade/Tedae.

  3. (3)  Estimación de facturación consolidada del sector.

  4. (4)  Exportaciones de material de Defensa según Secretaría de Estado de comercio.

  1. (5)  Exportaciones no financiadas de forma directa o indirecta por presupuesto español.

  2. (6)  Valor de la demanda nacional generada por el ministerio de Defensa sin IVA

  3. (7) Suma de la demanda generada por el ministerio de Defensa más las exportaciones reales. Es decir la facturación real consolidada del sector.

  4. (8)  Comparativa entre estimación de facturación consolidada anual y estimación de facturación partiendo de demanda nacional + exportaciones netas. Las diferencias obedecen a diversas razones. En los primeros años por la indefinición sobre cómo contabilizar los anticipos de industria; en los años 2012 a 2015 existen razones diversas, las amortizaciones de créditos de programas especiales se realizaron con atrasos notables y luego el efecto de las empresas de no mostrar los resultados tan negativos de estos años.

Teniendo en cuenta los diferentes modelos de contabilidad y los ajustes que se realizan cada año, existen algunas diferencias entre lo declarado por las empresas, el consolidado estimado y el modelo calculado partiendo de la demanda, pero si agrupamos el periodo de veintitrés años, la diferencia es muy pequeña por lo que podemos dar por validado el modelo y por tanto disponer de estadísticas más afinadas sobre el peso de la industria de Defensa en el conjunto industrial español o en el conjunto de la actividad exportadora industrial.

Considerando el punto más bajo de la facturación del sector identificado con 2013 con apenas 690 millones de demanda generada, año en el que los recortes en el presupuesto de Defensa fueron más acentuados por las consecuencias de la crisis financiera de 2007 y el último año del que se disponen de estadísticas completas que es 2022, podemos identificar claramente tres grupos de empresas:

Los plataformistas naval, aéreo y terrestre (Navantia, Airbus en España y GD Santa Bárbara) suman unas ventas de 5.845 millones de Euros en 2022, lo que supone un 72% de la facturación total consolidada del sector, mientras que en 2014 sus ventas fueron de 3.420 millones de Euros, un 68% del total de producción. Entre estos años el crecimiento de los plataformistas ha sido de un 60% en las ventas.

En segundo lugar, está el grupo de empresas sistemistas por encima de los 400 millones de facturación (Indra, ITP, Expal). Este conjunto de seis empresas (plataformistas más grandes sistemistas) facturó en 2014, 4.574 millones de Euros lo que suponía el 90% de la facturación del sector y 6.842 millones de Euros en 2022, un 91% del total de facturación consolidada del sector, con un crecimiento del 50%.

El tercer grupo son básicamente sistemistas y subsistemistas con facturación en defensa superior a los 60 millones en el sector Defensa (Urovesa, Em&E, Tecnobit, GMV) que agrupados a la anteriores ya suman el 95% de la facturación consolidada del sector.

Desde el punto de vista de la oferta, sin embargo, debemos tener en cuenta la realidad organizativa y financiera de cada empresa y entonces el ranking cambia notablemente, ya que la primera empresa con dirección corporativa, ingeniería y domicilio en España en volumen de facturación es GDELS con unas ventas de Defensa 1.300 millones de Euros, seguida de Navantia con unos 1.100 millones de Euros y en tercer lugar Indra alrededor de los 700 millones de Euros de ventas de Defensa. Airbus, sin embargo, claramente produce en España tres veces más que GDELS, aunque su dirección corporativa del grupo se encuentre fuera de España.

6. ¿Cuál es el futuro de la industria europea?

Este pronóstico va a depender mucho de la situación geoestratégica con Rusia y del nivel de compromiso de los países europeos en la Defensa Común. Claramente, Alemania ha tomado un liderazgo junto a Polonia, mientras que las economías británica, muy afectada negativamente por el Brexit, la francesa y la italiana, quedarán rezagadas, aunque sus niveles de gasto serán extraordinariamente más altos que los de España.

El conflicto de Ucrania ha evidenciado las graves carencias del armamento terrestre y de munición, y es sin duda en este área donde veremos los mayores crecimientos y los acelerados procesos de consolidación. Las aparentes debilidades de Rusia en el flanco naval y aéreo muestran que ya Europa Occidental dispone de una adecuada capacidad de disuasión, aunque las trayectorias a futuro de Rusia y Europa pueden ser muy diferentes si el gigante del Este mantiene su agresiva política belicista más allá de la guerra de Ucrania. Los grandes grupos industriales con presencia civil y en Defensa como Airbus, General Electric, United Technologies y Boeing, asisten a un proceso de crecimiento moderado del sector militar frente a unas brillantes cuentas del sector civil. Aunque se trata de cuatro gigantes, habrá que estar atentos a la evolución de los mercados porque no serían descartables operaciones de consolidación o de desinversión. De momento no parece que la dependencia del sector militar sea negativa a la vista de las perspectivas, pero si continúa el deterioro de su participación en los mercados de Defensa, podrían surgir interesantes operaciones que alterarían la fotografía del sector..

El NGWS/FCAS es clave para Airbus y la industria aeroespacial militar continental, mientras que Boeing continuará con un cierto deterioro en su portfolio de productos que podría lastrar más sus cuentas a futuro. Boeing ha pasado de ser el segundo proveedor de Defensa del mundo en 2014 al quinto en 2022. Las consecuencias inmediatas del incidente con un B-737 Max9 todavía son impredecibles, pero el impacto en bolsa ya ha sido enorme.

Un segundo factor clave en el desarrollo de la industria en los próximos años será la capacidad de respuesta ante el pico de demanda que se acentuará en los próximos años. En diversos mercados observamos cómo las empresas de Israel y Corea baten a las norteamericanas por su capacidad de reacción y su flexibilidad para entrar en acuerdos de cooperación. No tenemos tiempo para largos y complejos nuevos desarrollos cuando podemos tener a Rusia en la frontera de Moldavia y Rumanía a finales de este año. Los presupuestos crecerán en los próximos cuatro años para dar respuesta inmediata a las necesidades acuciantes, y por ello, aquellas empresas que dispongan de plataformas operativas con una rápida capacidad de mejora o transformación, se hallarán en las mejores condiciones respecto de las que carecen de productos más modernos o con una arquitectura de compleja modernización.

La construcción naval con muy pocos programas internacionales en marcha, tendrá que sobrevivir con un todavía escaso modelo de consolidación. En cada licitación existen al menos siete astilleros con capacidad para producir una amplia gama de buques, para apenas un puñado de países que lanzarán programas navales de entidad en los próximos años. A ello hay que unir que la mayoría de los programas navales lanzados en los últimos años, conllevan producción nacional. En numerosos casos se adquieren solo el diseño y la asistencia técnica para la construcción local, lo que significará una reducción significativa de los ingresos por producto vendido para los grandes astilleros europeos.

La vida de los sistemistas europeos irá ligada a la evolución de estos plataformistas en gran parte. Es en este campo en el que las empresas españolas todavía tienen gaps importantes con sus competidores europeos que tienen tamaños considerablemente más grandes, aunque su nivel tecnológico sea similar y eso las hace más vulnerables. Los sistemas no tripulados, de Inteligencia, Mando y Control, podrían tener algunos programas europeos significativos, pero todo apunta a que el problema de fondo es la capacidad operativa sobre el terreno, y por ello, las plataformas terrestres y los sistemas agregados a ellas serán los que vean un significativo incremento de facturación al menos a lo largo de esta década.

Europa solo necesita para ser algo más que un espectador en el aspecto geoestratégico una mayor consolidación de sus estructuras de defensa, al menos entre los seis grandes países del continente que suponen cinco veces el PIB de Rusia y el doble de su gasto en defensa. Con una adecuada disuasión nuclear, Europa no debería temer nada de Rusia desde el punto de vista de nuestra capacidad de respuesta. Desde el punto de vista industrial, las capacidades europeas están, al menos, al mismo nivel que Rusia, así que estamos en condiciones, si hay voluntad política, de mantener un adecuado esquema de seguridad respecto de Moscú, con independencia de quien gobierne en la Casa Blanca a partir de enero.

7. Perspectivas para la industria española de Defensa.

La principal amenaza para la situación competitiva de nuestra industria será la enorme distancia entre el gasto en Defensa en España y en el resto de grandes países europeos, que como he comentado, tenderá a crecer en los próximos años. Esto producirá que las empresas europeas crecerán por encima de las empresas españolas simplemente a remolque de la demanda interna. Este debilitamiento relativo es el principal enemigo de nuestra industria de defensa que generará dificultades en el acceso a mercados, vulnerabilidades económicas y desventajas competitivas

La supervivencia de la industria española de Defensa depende básicamente del sector aeroespacial y de los sistemas y cadena de suministro asociados a este. El FCAS es el gran reto, de su vitalidad y cobertura presupuestaria dependerá que Europa mantenga el nivel tecnológico de los últimos treinta años y será la principal arma de disuasión del continente, si resulta exitoso.

Para analizar el futuro a corto plazo, debemos tener en consideración que los programas de los que ha vivido la industria aeronáutica nacional en los últimos cuarenta años se generaron en entornos muy diferentes, con empresas bajo el control estatal y basados en programas cooperativos regidos por el principio de minimizar los movimientos monetarios transnacionales. El otro gran programa aeronáutico de finales del siglo pasado junto a Eurofighter, el C-295, también se desarrolló en la antigua CASA con una independencia absoluta respecto de Airbus. La pérdida de protagonismo en FCAS y en el nuevo avión de transporte que reemplace al C-295 ya en Airbus, sería letal para un sector que supone más del 50% del empleo y de la facturación del total de la oferta de Defensa española y que podría abocarse a un papel muy irrelevante si el gobierno no mantiene una enorme apuesta en estos programas y en la defensa de la capacidad industrial nacional en el campo de la Defensa.

Los programas nacionales navales lanzados en los últimos cuatro años, aunque generarán una carga de trabajo importante, no suponen un salto cualitativo en la facturación. Los 7.000 millones de cartera de pedidos del ministerio de Defensa a Navantia para los próximos diez años, serán insuficientes para mantener a la empresa en unos niveles de facturación anuales en Defensa por encima de los 1.000 millones de Euros. Es decir, el éxito económico de la compañía pasa por ahondar en las dos líneas que Navantia tiene perfectamente delimitadas: mercado exterior y diversificación, aunque se trata de dos campos con un entorno altamente competitivo y que tienen cada vez un menor valor añadido con las exigencias de construcción local de la mayoría de clientes.

Según las estimaciones de los principales países europeos, en los próximos veinte años, el Reino Unido dedicará a su Armada unos 50.000 millones de Euros; Francia 29.000, Alemania 22.000, Italia 21.000, Turquía 23.000, Polonia 19.000 y España 10.000, millones, una cifra claramente insuficiente para mantener la competitividad de Navantia.

El sector terrestre, sin embargo, tiene unas muy altas expectativas a la vista de las lecciones de Ucrania. Rusia, sigue siendo, sobre todo una amenaza terrestre, y debemos estar preparados para contrarrestar el enorme esfuerzo bélico que ha puesto en marcha Putin. Tres elementos serán claves: potencia de fuego, movilidad y suficientes stocks para mantener un alto nivel de disuasión.

España ya ha lanzado dos programas claramente orientados en este camino, el VCR y el VAC, cuyas series adicionales deberán ser aceleradas para que no exista ningún gap en la producción que sería letal, pero deberá también reforzar su capacidad artillería de 155mm sobre plataformas de ruedas y de cadenas, nuevos sistemas de lanza-cohetes lo que ya se ha puesto en marcha con el SILAM, aunque se antoja un programa pequeño para las necesidades reales y otros de artillería y un gran programa de defensa anti-misiles a la vista de lo relevante que se han vuelto los misiles de ataque a objetivos terrestres en la guerra de Ucrania. Otro campo que deberá tener un enorme desarrollo es la fabricación de drones con capacidad de fuego de la que apenas disponemos de alguna capacidad.

En Europa veremos nuevos programas de artillería autopropulsada o de vehículos blindados y de munición asociada, especialmente en países del Este, centro y en el norte de Europa y al menos en este campo tenemos liderazgos claros a través de GDELS y de Rheinmetall Expal, además de la presencia en España de Nammo y FMG. Tengo serias dudas sobre los carros de combate que en Ucrania no han servido para una diferencia cualitativa para ningún bando comparados con otros sistemas de fuego. Entre munición, artillería y vehículos blindados, el mercado europeo moverá en los próximos quince años unos 80.000 millones de dólares.

Los sistemistas, ante este entorno, dependerán de los grandes programas cooperativos europeos para un crecimiento en el mercado. Los programas navales y terrestres domésticos no generarán suficiente flujo para estas empresas que necesariamente deben competir en un entorno exterior mucho más complejo, compitiendo con empresas de un tamaño mucho mayor y con una gestión de los programas plurinacionales más asentados en criterios competitividad que de retorno nacional. Tampoco existen muchas ventajas competitivas de una consolidación nacional ya que el nivel de especialización de cada empresa es suficientemente alto para que no compitan entre ellas ni se generen sinergias de potenciales adquisiciones o fusiones. Sin una enorme inversión en I+D, estas empresas podrían perder competitividad en la próxima década, precisamente cuando más programas se desarrollarán en Europa.

Para todo el sector en su conjunto, su supervivencia implica mantener un crecimiento sostenido que pasa por el cumplimiento de los objetivos macados por el gobierno, de alcanzar un 2% del PIB en Defensa a finales de la década y un 1% del PIB para modernización, es decir, pasar de los 7.365 millones de demanda generada en el año 2023 a los 13.000 millones en 2030, manteniendo un crecimiento sostenido. Pensemos que si la demanda no crece, solamente servirá para pagar los programas en curso y no para lanzar nuevos programas de los que vivir en la próxima década cuando todos los que se han aprobado ya estén ejecutados pero pendientes de pago.

A mi juicio los aspectos fundamentales a los que debemos prestar atención en los próximos años desde el lado de la oferta son:

a) Si la operación de spin off de Minsait de Indra se lleva a cabo, una operación peculiar en la que la parte desgajada es mayor que la que permanecerá, habrá que ver cómo queda una compañía que reducirá su valor y facturación a la mitad. Si la caja obtenida por la operación no sirve para adquisiciones con las que existan sinergias, que prácticamente estarán en otros mercados europeos, se produciría una pérdida de peso de la compañía en el mercado internacional, algo que el gobierno de la empresa y el de España tienen bastante claro y que deben planificar.

b) El mantenimiento de las capacidades de decisión y de ingeniería de Airbus en España y la localización nacional de los programas aeronáuticos en los que participe España, será crítico teniendo en cuenta su volumen y relevancia en el mercado nacional actual. La finalización próxima del programa A-400 generará incertidumbres sobre cómo mantener la actividad industrial generada alrededor de este programa. El lanzamiento del nuevo avión de transporte medio, en un término entre el C-295 y el A-400M y el emplazamiento de su línea final en Sevilla es mandatorio y a este objetivo, España debería comenzar a dedicar ingentes recursos.

c) El continuo proceso de expansión de GDELS en Europa, en un sector que verá crecimientos muy importantes en los próximos años llevará a la compañía a facturar por encima de los 2.000 millones de dólares en unos cinco años. La apuesta del gobierno por la compañía será decisiva para mantener en España una empresa líder del sector de vehículos terrestres en Europa que podría aspirar a ser un European Champion en el terreno de vehículos blindados y artillería pesada, con los programas más exitosos de construcción y entregas de vehículos blindados de los últimos diez años en Europa.

d)  El lanzamiento de nuevos programas navales en España será crítico para mantener la pujanza de los últimos años en Navantia. Los mercados exteriores son un excelente complemento, pero la compañía necesita de un mercado doméstico mucho más pujante para ser a su vez más fuerte en los mercados internacionales. Recuperar el programa de portaeronaves y ampliar la flota de submarinos S-80 y F-110 deberían ser los objetivos más inmediatos.

e)  El resto del sector se presenta mucho más atractivo y pujante gracias a su tamaño, especialización y su capacidad para adaptarse a la demanda nacional en cada momento, pero al final su dependencia de las plataformas nacionales o en cooperación europea es muy alta por lo que su éxito dependerá de que se mantenga el esfuerzo inversor creciente. Una apuesta por lo nacional en detrimento de soluciones foráneas será crítica para que estas capacidades no se pierdan, lo que no pasa por soluciones ineficientes sino por un esfuerzo por ofrecer productos con gran éxito en el exterior, la prueba de fuego para cualquier plataforma o sistema y eso exige una revolución en el I+D del ministerio de Defensa prácticamente extinguido.

f)  Las estrategias más exitosas se están dando a nivel de subsistemistas y sistemistas, con estrategias basadas en adquisiciones puntuales y muy estratégicas de cara a la demanda de las próximas décadas o en la adquisición de capacidades que residían en otros países y que gracias a la demanda de los programas lanzados por el Ministerio, justifican una nacionalización y en esta línea la estrategia de grupos como Oesía, marcan el camino a seguir por otras empresas.

g) Sin duda, los sectores espacial militar, sistemas autónomos, Inteligencia artificial y de comunicaciones, tendrán un auge muy relevante en las próximas décadas y el sector español debe posicionarse para crecer en este campo de forma muy significativa. El establecimiento de la Agencia Espacial en Sevilla y la aparición de nuevas empresas como PLD Space, auguran unas perspectivas muy favorables para un sector que asistirá a una revolución en los próximos veinte años.

Podemos decir que el modelo de estructura industrial ya está bien asentado. No hay volumen para un campeón nacional y el que podría serlo, que sería Navantia, bajo el paraguas del estado y con una situación de escasa rentabilidad no sería el candidato idóneo. Las experiencias de campeón nacional de Suecia, Reino Unido e Italia no han resultado satisfactorias y tampoco son modelos trasladables, ya que una parte esencial de su facturación se realiza a través de empresas adquiridas en Estados Unidos. Un campeón nacional sin una gama enorme de producto propio, acaba siendo un órgano gestor cuyo margen de beneficio vendría marcado por el BOE y que podría tensionar a la cadena de contratistas principales.

Los grandes plataformistas deben crecer en productos sin desviarse de su nicho de conocimiento y experiencia; los sistemistas buscar una mayor nacionalización de productos y los subsistemistas deben ser los grandes beneficiados de los programas tecnológicos con financiación pública, para lo cual es necesario que los mecanismos actuales de gestión del I+D se vuelvan más ágiles, predecibles y flexibles.

En conclusión ante un entorno de amenazas crecientes a la seguridad y considerando la necesidad derivada de ofrecer una respuesta adecuada a dicha situación, la industria española necesita de presupuestos crecientes, de una política que prime lo nacional siempre que esté supeditado a lo racional, con una planeación industrial clara y sobre todo con una hoja de ruta de dónde queremos posicional al sector en diez o veinte años, lo que exige que previamente sepamos dónde queremos posicionar a España.