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sábado, 25 de enero de 2025

WINSTON ‚ ¿ QUÉ HACES EN EL DESPACHO OVAL?


El presidente de los Estados Unidos ha devuelto el busto de Winston Churchill al Despacho Oval en una supuesta reivindicación del político conservador que más furiosamente luchó contra el fascismo y las oligarquías en Europa y contra el aislacionismo en Estados Unidos.

A comienzos de los años treinta, cuando el nazismo mostraba un rostro amable mientras cocinaba en su interior los más monstruosos crímenes, fueron muchos los que creyeron en ese movimiento que percibían como la salvación a los problemas de su tiempo. Que se acercaron a Hitler para recoger sus migajas o para reivindicarse ideológicamente en sus países. No fueron pocos.  Solo una voz se alzó desde muy al principio, ante la tiranía y la amenaza que suponía el régimen nazi. Su nombre, Winston Churchill. 

En 1934, el viejo zorro, lejos entonces del gobierno, ya alertaba al mundo de la involución que se estaba produciendo en Alemania y de las terribles consecuencias que tendría para todos. Solo un conservador demócrata convencido tenía la credibilidad para avisarnos de los peligros que se cernían. Muchos en su propio partido veían con agrado al fascismo como el medio para apaciguar a las masas obreras que clamaban por una revolución. Personajes como Ian Mosley que alababan el temor y la violencia como armas legítimas frente a los revolucionarios fueron sus adalides. Nadie se opuso con más virulencia a ellos que Winston Churchill.

Decía Churchill en su discurso de 1934 que: “Hay una nación que ha abandonado todas sus libertades para aumentar su fuerza colectiva. Hay una nación que con toda su fuerza y virtud está en manos de un grupo de hombres despiadados que predican un evangelio de intolerancia y orgullo racial sin restricciones de la ley ni del parlamento ni de la opinión pública. En ese país, todos los discursos pacifistas, todos los libros críticos con la guerra están prohibidos o suprimidos y sus autores están rigurosamente encarcelados. De su nueva tabla de mandamientos han omitido el «no matarás»”.

Hoy son muchos los que marchan a Washington convencidos de que Trump es la gran esperanza blanca que acabará con el progresismo que tanto disgusta a los que no lo comparten. Dichosos de que perseguirá a los que amenazan la seguridad y el modo de vida de unos, de los poderosos y de los que se creen dueños de los valores de sus país. Convencidos de la criminalización de la oposición como respuesta a la criminalización que de la burguesía y sus valores ha hecho la izquierda radical, incitando a la violencia contra ellos. Que apoyan el indulto de los que asaltan con violencia el Capitolio al que ya no identifican como solar de la soberanía popular. Que aplauden el que se supediten las ayudas federales al sometimiento político y que atemorizan a los empresarios si no se suman a su discurso ideológico. Eso no es libertad, eso no es democracia. 

Han llevado a la irrelevancia a la libertad de expresión diseminada entre millones de informantes anónimos ideologizados con visiones sectarias que hablan con la autoridad que en su tiempo tuvieron Emile Zola, Julio Camba, Oriana Fallaci, Nellie Bly, Ryszard Kapucinski, o Ernest Hemingway. Eso no es libertad de expresión es libertinaje. Si la crítica no puede llegar con autoridad a una inmensa mayoría, es ruido no es un discurso libre.

Es muy posible que muchos se sientan otra vez cautivados por medidas radicales para resolver supuestos problemas por la fuerza del discurso, por la deportación de inmigrantes ilegales realizada por descendientes de aquellos otros inmigrantes ilegales, por pretender recristianizar la política como se hace en los califatos, a su antojo y beneficio.

Pretenden como aquel Tercer Reich devolver una grandeza a América que como aquella Alemania nunca existió. Llegará un día, si no lo impedimos, que la cara amable dejará ver su auténtico discurso pactando con tiranos el reparto del mundo, colonizando a los países pequeños, aplastando sus posibilidades de futuro con sus políticas imperialistas.

No olvidemos que el trumpismo no es nuevo, se ancla en el viejo movimiento paleoconservador nacido con la propia independencia. Su más fiel representante e instigador fue el congresista republicano Robert Taft, que compitió por la candidatura republicana con Eisenhower en 1952.

Este declaró que frente al socialismo del New Deal, los americanos debían admirar el régimen nazi con su política aristocrática y tradicional germánica de considerar al orden como un fin en mismo, obviando que el orden es el medio para garantizar la libertad.

Taft, por estas razones, se opuso a la entrada en guerra de Estados Unidos y al apoyo militar al Reino Unido defendiendo que lo mejor que podía ocurrirle a los británicos era caer en el fascismo. Las penas de muerte de Núremberg fueron calificadas como un acto de injusticia que el pueblo americano lamentaría durante mucho tiempo. Así que, presidente Trump, saque el busto de ese digno demócrata conservador que luchó por la libertad en el mundo. Todos deben saber que si usted hubiera gobernado en 1939, habría dejado solo a los británicos y a su primer ministro. 

Además, Churchill descendía del Duque de Marlborough y se curtió en mil guerras, y Trump no deja de ser más que un especulador de casino, que en valentía y bravuconería no le llega a mi idolatrado Winston ni a la altura del betún.

Así que trate con la decencia que se merece a quién ya tiene un lugar en la parte buena de la historia, en la que usted nunca estará y póngalo en el lugar que mejor le representa, bajo la cúpula del Capitolio, aquel que usted violentó, igual que su estatua se encuentra en los jardines de Whitehall y no en Downing Street.

Usted pretende hacer con Ucrania lo que habría hecho con Reino Unido, dejarlo solo a los pies del fascismo, no por su aislacionismo sino por su desprecio por los débiles. Pretende subvertir a terceros países con su poder e influencia para extender su ideología totalitaria, nada diferente de lo que conocimos en los años treinta.

Los liberales y conservadores europeos no debemos fiarnos de lobos con piel de cordero. Los que conchabean con Donald Trump hoy, serán objeto de su burla más adelante. Los que creen que sus políticas antiwoke o liberales son honestas, se verán desilusionados cuando vean las auténticas intenciones. Solo pretenden que su visión del mundo, la de los suyos, sea la dominante y todo lo demás son estratagemas de campaña para ganar adeptos. Necesita tiempo, como ocurrió en Alemania, para demoler lentamente las instituciones de control en los Estados Unidos, para que cuando se vean sus auténticas intenciones, ya no existan instrumentos de defensa. Muchas de sus ideas son excelentes pero matizadas y emboscadas en la ambición totalitaria, pierden toda su eficacia y virtud. Que los árboles que nos agradan no nos impidan ver el bosque sombrío que hay detrás.



 


viernes, 10 de enero de 2025

Drivers of success under the Trump and Musk new order. ( I ) The new political environment

 








Drivers of success under the Trump and Musk new order.

( I ) The new political environment


Conservatism and Liberalism have been fighting each other under different approaches since the independence of the United States and the nationalist revolutions in Europe in the eighteenth century.

We believed that the conservatives were serious and circumspect people, with profound religious sentiments. They pursued the protection of their small businesses or farms, the respect for traditional families, and everything outside of this equation was a threat. They had a strong localist, or nationalist or imperialist ambitions.

Liberals were pursuing individual and human rights, progress, globalization, decolonization, the free market, rational values more than religious ones and separation between church and State. Liberals in the United States became egalitarians close to the European socialist parties.

Today the discussion has changed, but it is not new.

Since the victory of Eisenhower in 1952, the neoconservatives ruled the Republican Party in alliance with moderates like Nixon and liberals like Nelson Rockefeller until the arrival of Donald Trump to the White house in 2017. Donald Trump was a liberal that understood the transformation of the Party in the early years of this century and assumed its basis.

The most conservative movement in the Party has been the Paleocons. They were born against the Federalists in the early years of the United States. They took a main role during the leadership of Robert Taft totally opposed to the Roosevelt’s New Deal. The Paleocons defended restrictions to immigration, isolationism, opposed to multiculturalism and supporters of apartheid policy. They dreamt of a Government under the Bible and the power of God. The movement came back with the Tea Party and religious movements under Bush administration, and after the defeat of Mitt Romney, the last neocon, in 2012, took the leadership of the Party.

It is almost impossible to define the Trump´s ideology, probably because it does not exist. His life is a long contradiction. Ha has changed values and priorities to be always successful. The victory justifies whatever change. He is pragmatic. He will conduct government as a small farm owner in the Midwest and international relations like a driver of a herd of cows from Texas. He is to make a big revolution in international diplomacy, or as I would say he is going to kill the traditional way of relations among countries. As the herd is the top priority, if he needs to cross a private property, he will do it, if he needs to occupy a private pond, he will do it and if it has to sacrifice some cows for the sake of the expedition he will do it, if he does not need to make friends he will not do it. But this is just personality, there is nothing substantial behind.

Elon Musk is different. He is the richest man in the world, and he is not the son of Rockefeller or Prince Salman. There are not big contradictions in his life. He is a traditional conservative in politics, human relations, values, but a liberal in the sense of a strong future vision. The conservatives want to keep the world frozen. Musk wants to make a revolution. In certain way he wants to replicate the Chinese model, one state two systems. Where China puts Communism, Musk puts an Edmund Burke or Carl Schmitt, the traditional conservative ideology, but where China puts capitalism, Musk puts more capitalism. He is not afraid about immigration and globalization, he is concerned about safety and no fair competition, he is convinced the world must move towards clean and sustainable mobility, to a clean energy and to Space. He is not afraid like conservatism of free speech; he fears the monolithic speech that has been spread over the last few decades. He believes that people must take care of themselves. The approach to low-income people is compassion or private solidarity and provide opportunities but reducing the duties of the governments to minimize inequalities. As much money is in the private pockets more opportunities for growth with a clear Paretian approach. In this sense he is very closed to traditional European liberalism.

American liberals or socialists have a different approach following Rawls´ theories. Just the growth of poor people is the measure of the health of an economy, no matter what happens with the middle class, it is the position of low-income people that counts. Liberals assign to the government the obligation of redistribution of everything it doesn´t matter if economy collapses or grows, which it is important is to take the money from private pockets to be put in Government´s box to be spread in those people with more needs, deducting its own significant expenses.

However, this is an old discussion. The feeling today is that middle classes with low salaries are suffering the new policies. Governments are bigger and bigger to meet their new duties, and people with lower salaries feel they pay the party but are not getting the benefits. They feel discriminated themselves by the new priorities when they are the taxpayers, the workers, the professionals, the pioneering. Small private businessmen see how Chinese competition destroy their competitiveness and feel that State´s subsidies go to big corporations dominated by a privileged community engaged to the government. They see that housing is a luxurious asset and they are not qualified to receive a house from governments, they see that land and cost of industrial infrastructure is not affordable for their businesses when it is almost free in China or India, that they pay a significant cost for energy due to environment ambitions, and they assume the bill and restrictions of climate change that is just applied for western countries.

Summarizing, the new points of the new Trump-Musk policy are:

a) Prioritizing individual traditional rights like life, free speech, private property, against new social rights.

b) More accent in religious values than in so called” woke ideology.

c) More protectionism to avoid insane competitiveness.

d) Control of immigration to keep traditional values in our societies and safety.

e) Bid for new disruptive technologies with no restriction to compete against China.

f) Create a fast drive to the future in new scenarios like Space, Artic, Seabed.

g) International relations based on businesses more than values revolutionizing the way of conducting international diplomacy.

h) Prioritize economy over climate change.

But they don´t share some important topics:

Trump wants a strong Federal State, compensating less taxes with more debt, promoting public investment, restricting the power of states in key topics like family, abortion, military power, justice, environment protection etc. He does not believe in free and independent justice. Trump is a traditional conservative, peculiar but very linked with the right wing of traditional Republican party. it was not so radical in the past, but today he has found it in this ultra conservatism position, a niche that led him to the White house.

Musk is a liberal in traditional European way, promoting free competition, innovation, prioritizing economy and talent over control of immigration, less state with less duties, less public expenses, less public investment. He has a global approach; isolationism is not an option like in Trump. In the tradeoff between safety and freedom, he opts for the last one.

It is too early to define who will win in this ideological and political battle between Musk and Trump, and what will be the new order, but we can be sure that we will see in coming years things we never thought. We are at the doors of a new big revolution in the West that will affect the whole world.

Is Europe ready for this new order?

It is difficult to answer due to the big differences among European countries. The feelings and ambitions are very far from those ones in US. In Europe, everyone looks for a subsidy -companies, professionals, farmers-. Everyone defends universal and free healthcare, a public pension system financed by taxes, etc. However, this model is obsolete because it is against demography. Everyone sees the government as the solution to the problems and nobody as a problem itself. All far right movements look for more state, more government to satisfy the demands of their new supporters that feel the current system prioritize to others, they believe in Keynes and Galbraith more than in Hayek or Friedman.

Europe has a structural problem, its demography. We are older and we need to replace this old people with young ones because our birth rates are in the underground; then, the only option is immigration, and we see it as a problem. Or we put old people to work, or we have more children (that is not going to happen), or we are to die. If Europe is not consolidated as a State and we stay as small countries in a world with new giants in Africa and Asia, we will be irrelevant in a short time

The far right and neonationalist parties don´t have a solution for these problems, they are lying to people. Closing borders, fighting against woke ideology and keeping subsidies will bring more poverty and then we will be on the hands of the Russians and Americans after two thousand years of world domination. Europe needs a third way and Musk is closer to the solution than Trump.

What can the US allies expect?

The Trump administration’s allies will be those countries that share their political view, neither historical nor cultural reasons will be relevant in this new age. American interest will be the only topic in its agenda. China is the big threat and the enemy in this competition for the world leadership. The rest of countries including north Korea or Russia will be friends or enemies depending upon their contribution to the American goals. Each European country will begin from scratch in the new scenario of relations with US, a big challenge.

If Trump is lucky like in his first mandate, his program will go ahead, however I am afraid that sooner than later all his positions will be under test and then we will check if MAGA means to come back to neoconservatism or keep the isolationist and pacifist positions.





sábado, 17 de febrero de 2024

DOS AÑOS DE GUERRA EN EUROPA

 CLUB LIBERTAD DIGITAL



ENRIQUE NAVARRO Seguir a @enavarrogil

Dos años de guerra en Europa

 



Cuando estamos a punto de cumplir dos años de guerra en Europa, debemos hacer una reflexión sobre todo lo que ha ocurrido, dónde estamos y qué puede pasar a corto y medio plazo. Lo más significativo de esta situación bélica actual es que nadie fue capaz de predecir hace dos años que estaríamos en febrero de 2024 en plena guerra, con Ucrania resistiendo y Rusia sufriendo grandes pérdidas pero todavía firmemente implantada en una amplia zona de Ucrania, aunque su victoria real es pírrica.  Podemos resumir el estatus actual desde el punto de vista operacional asumiendo que Rusia no ha alcanzado los objetivos de su invasión y ya es consciente de que no los conseguirá, y que Ucrania seguirá existiendo como estado democrático y con numerosos incentivos para ligarse a la defensa occidental, aunque podría perder la parte oriental y sureste de su territorio. 


Situación operacional.


Los fracasos de las anunciadas ofensivas ucranianas el año pasado y los pequeños pero significativos avances rusos en el frente, en la zona de Bajmut y Avdíivka, con solo ayer cincuenta y dos enfrentamientos entre tropas de ambos países, sugieren que Ucrania no estará en disposición de desalojar los territorios ocupados, por mucha ayuda que reciba, incluyendo los aviones de combate. En este momento de la guerra, las nuevas estrategias de los contendientes se han adaptado a la nueva realidad.


Las fuerzas rusas están intentando avanzar en los sectores de Lyman, Bajmut, Marinka, Avdiivka y Zaporizhzhia en el este y sur de Ucrania y mantienen un hostigamiento de artillería y aviación constante en toda la línea del frente, más de 700 kilómetros, con el objetivo de evitar contraofensivas y no comprometer más vidas propias; incluso ha llegado a utilizar la semana pasada por primera vez, el misil hipersónico Zircon, en una muestra de que está dispuesta a utilizar todo su arsenal para erosionar la moral ucraniana, ya bastante desgastada, quizás en su momento más bajo desde el comienzo de la guerra.


El Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, coronel general Oleksandr Syrskyi, recién nombrado por Zelenski tras el cese del anterior por graves desavenencias, declaró recientemente que la situación era «difícil» y que su objetivo actual era agotar el avance ruso. «El enemigo ahora avanza a lo largo de casi toda la línea del frente y hemos pasado de las operaciones ofensivas a las operaciones defensivas», dijo Syrskyi al canal de televisión alemán ZDF. «El objetivo de nuestra operación de defensa es agotar las fuerzas del enemigo, infligirle las máximas pérdidas, utilizando nuestras fortificaciones, nuestras ventajas en términos de tecnología, en términos de uso de aviones no tripulados, medios de guerra electrónica y manteniendo líneas de defensa preparadas», añadió.


Los drones en los que el mando ucraniano quiere sustentar su acción ofensiva, aun produciendo efectos muy significativos, como el reciente hundimiento de un barco de desembarco ruso en el Mar Negro, no cambiarán el curso de la guerra, aunque han permitido llevar la guerra hasta Moscú, pero al final es algo simbólico.


La estrategia de Rusia es agotar a Ucrania para fortalecer sus posiciones conquistadas y venderlas a su opinión pública como el cumplimiento del objetivo principal que era liberar a los rusos sojuzgados por el régimen nazi de Kiev. Rusia solo aspira a blindar su territorio, sacar partido de su victoria y prepararse para el siguiente golpe. Sabe que en este momento no tiene más opciones.


Un periodo tan largo de guerra nos permite extraer algunas conclusiones sobre dónde estamos y dónde podemos estar en el campo de batalla. Rusia ha perdido todo su armamento terrestre moderno, más de 3.000 carros de combate y más de mil piezas de artillería, junto a las decenas de miles de bajas de soldados más experimentados. Este desastre explica la escasa capacidad para una ofensiva exitosa a medio plazo, por mucho armamento que sea capaz de producir en las condiciones económicas tan difíciles que afronta la economía rusa. Ucrania, también habría sufrido grandes pérdidas, pero los reabastecimientos militares occidentales le habrían permitido mantener los inventarios y mejorar la calidad de los sistemas y su eficacia.


Es decir, en mi opinión, estamos llegando a una vía muerta que podría conducir a una situación de impasse que beneficiaría a las dos partes, pero más a Ucrania que es quien más necesita tomar aire y recibir la ayuda militar que debería llegar a finales de este año si Trump y sus cheerleaders en el Congreso no lo impiden.


La ayuda occidental


A pesar de lo que nos pueda indicar la propaganda, la ayuda europea ha sido muy limitada, claramente insuficiente para cumplir los objetivos de resistencia. Las numerosas deficiencias acumuladas en las pasadas décadas en la defensa europea: políticas, industriales, económicas y tecnológicas han aflorado en un conflicto que nos afecta, hasta el punto de colapsarnos. La incapacidad para fabricar la munición de artillería de 155mm suficiente para un conflicto bastante limitado, es un botón de muestra de esta situación que llevo denunciando décadas y es que Europa había renunciado a su defensa, España más que nadie.


Pero no todo es negativo. El consenso occidental y la ampliación de la OTAN a Finlandia y Suecia, son ya de por sí éxitos frente a Rusia, que no se compensarán con la derrota parcial de Ucrania. Rusia, aunque gane, saldrá mucho más debilitada, y en la jerga de Putin, amenazada, salvo que le salve la «campana Trump» en noviembre.


El Senado aprobó esta semana, gracias al apoyo de casi la mitad de los senadores republicanos, la ayuda a Ucrania por un importe de 60.000 millones de dólares, junto a un importante paquete de ayudas a Israel, Territorios Palestinos y al Pacifico. Ahora toca someter el proyecto al Congreso dominado por republicanos. A pesar de los intentos de Trump que instó a los miembros de su partido a no apoyarlo, parece que existirá una minoría suficiente republicana para sacar adelante la ayuda que significará un salto cuantitativo y cualitativo en las capacidades militares ucranianas. El propio presidente Biden se dirigió al Congreso y llamó a los republicanos a ignorar las intimidaciones de Donald Trump y aprobar el proyecto de ley.


Esta decisión ha debido molestar mucho a Trump que ha visto como el soporte de su partido no es tan firme como suponía. En este sentido, la invitación de Trump a Rusia para invadir a los países europeos que gasten poco en defensa, ha levantado todas las alertas, sobre todo porque sus votantes se han tomado literalmente esta amenaza y esperan que la cumpla y las naciones que ya le conocen se lo toman muy en serio. El presidente estadounidense, Joe Biden, calificó a Donald Trump de «antiestadounidense» por sus comentarios sobre la guerra de Rusia en Ucrania y la OTAN y le acusó de haberse «inclinado ante un dictador ruso», algo que, según dijo, ningún otro presidente estadounidense había hecho jamás.


El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, instó a los miembros de su partido a apoyar el proyecto de ley y a no olvidar el papel de Estados Unidos en el mantenimiento de la seguridad global. «Sé que en algunos círculos se ha puesto bastante de moda ignorar los intereses globales que tenemos como potencia global», dijo McConnell. «Éste es un trabajo inútil para mentes ociosas. Y no tiene cabida en el Senado de Estados Unidos».


El senador Mitt Romney, uno de los opositores más abiertos al ala "MAGA" del Partido Republicano más leal al expresidente Donald Trump, dijo que «si Vladimir Putin aplaudía su posición, era hora de reconsiderar la posición».


El futuro.


Según escribió recientemente al anterior secretario general de la OTAN, el danés,  Rasmussen «la victoria dependerá en gran medida de si Ucrania y sus aliados pueden superar en producción a Rusia». La industria que sea capaz de continuar suministrando cuando el otro entre en colapso vencerá, y a este objetivo deben encaminarse todas las acciones occidentales.


Por primera vez desde 1945, Europa es testigo de una guerra al estilo más clásico que creíamos superado, en la que una gran potencia ha invadido otro país no sólo para subyugarlo sino también para anexar territorio. Alrededor de treinta países occidentales están proporcionando ayuda a Ucrania para contribuir a sus esfuerzos por repeler a Rusia, que a su vez cuenta con asistencia militar de Irán, Corea del Norte y Bielorrusia. Pero hemos de reconocer que el apoyo de Estados Unidos a Kiev está flaqueando, y esto está fortaleciendo la posición de Moscú, mientras que Europa es incapaz de asumir consensos y tomar el relevo que le quiere dejar Trump. 


La situación es tan grave que varios líderes políticos y militares europeos han subrayado que existe un riesgo real de que el conflicto llegue a Europa occidental. La posibilidad de que Donald Trump, que se opone a la participación de Estados Unidos en la OTAN, regrese a la Casa Blanca ha aumentado aún más las tensiones y debilita a la seguridad occidental.


«Tenemos que tener en cuenta que Vladimir Putin podría incluso atacar algún día a un país de la OTAN. Es poco probable que suceda ahora, pero nuestros expertos esperan un período de cinco a ocho años en el que esto podría ser posible», dijo en una entrevista reciente el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius. El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, un liberal, redujo ese período de tiempo a entre tres y cinco años. «Podría haber una guerra en Suecia», dijo en enero Carl-Oskar Bohlin, ministro sueco de Defensa Civil y moderado. Son muchas las veces autorizadas que ven este escenario como probable.


Putin suele decir que no tiene intención de atacar a otros países, punto que reafirmó en su entrevista con Tucker Carlson. Pero también negó anteriormente públicamente cualquier plan de atacar a Ucrania. Es interesante recordar lo que dijo en el último Foro de Valdai: «Este no es un conflicto territorial ni un intento de establecer un equilibrio geopolítico regional. La cuestión es mucho más amplia y fundamental y tiene que ver con los principios que subyacen al nuevo orden internacional». En otras palabras, no se trata sólo de Ucrania y la región, sino de supuestos principios fundamentales y nada le impide defender esos principios en otros países. La acumulación de capacidades en la frontera norte con la OTAN y las amenazas a Finlandia que se han recrudecido con la elección del conservador Stubb como presidente, claramente partidario de mano dura con Putin, no son cuestiones baladíes. El reconocimiento en el Comité de Inteligencia del Congreso de Estados Unidos esta semana de que Rusia planea instalar armamento nuclear en el espacio, es una prueba evidente de que estamos ante una agresión en toda regla sin límites.


En Occidente, esta perspectiva se toma cada vez más en serio. Todas estas declaraciones de los políticos europeos son un intento de impedir que eso suceda. La única manera de evitar una guerra a gran escala es que Europa está preparada para ello. Rusia hoy es un país que, bajo Putin, busca aprovechar su debilidad. La debilidad invita a la agresión, la fuerza la disuade. Por eso las advertencias buscan generar conciencia, crear un entendimiento que ayude a los países a prepararse para algo que tiene altas probabilidades de suceder.


Pero la guerra no se juega solo en el Frente. La invasión rusa de Ucrania es una empresa enorme: el 35% de todo el gasto público ruso se destina a la guerra. China ha ayudado a Rusia a eludir las restricciones al acceso a las tecnologías occidentales, y el comercio bilateral ha crecido mucho, alcanzando más de 200 mil millones de dólares en 2023. Pero Beijing también está presionando a Moscú, por ejemplo, frenando el lanzamiento de un nuevo gasoducto ruso-chino, en un intento por presionar al Kremlin para que ceda y acepte condiciones más favorables. A pesar de ello, es evidente que Putin ha estabilizado la situación y está convirtiendo a Rusia en una economía de guerra y cuenta con aliados poderosos para saltarse todas las restricciones.


El asesinato de Navalny, sin duda es un gran error estratégico de Putin, que ha perdido toda restricción moral lo que le hace impredecible y este es mayor riesgo. Todo parece indicar que quiere llevar el mundo al borde del abismo. Con la victoria asegurada en las elecciones del mes que viene, podemos temernos lo peor.


Si Estados Unidos no garantiza su apoyo, Europa está lejos de tener un elemento de disuasión creíble porque no es un frente unido. Sus fuerzas armadas están fragmentadas, tienen problemas de interoperabilidad y no están acostumbradas a luchar. Pero, sobre todo, no hay unidad política. Si los estadounidenses renuncian a su liderazgo, lo que bien podría suceder si gana Trump, no podemos realmente esperar que los europeos avancen como una fuerza unida, es una quimera.


El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo en un comunicado el domingo que «cualquier sugerencia de que los aliados no se defenderán entre sí socava toda nuestra seguridad, incluida la de Estados Unidos, y pone a los soldados estadounidenses y europeos en mayor riesgo». El ministro de Defensa de Polonia, que ha estado bajo control ruso la mayor parte de las veces desde finales del siglo XVIII, dijo que «ninguna campaña electoral es una excusa para jugar con la seguridad de la Alianza».


En conclusión, estamos ante una situación caótica, complicada y con unos riesgos enormes de extensión del conflicto. Lo que el votante republicano debe entender es que Trump pretende convertir el país en una Corea del Norte blindada y sorda ante lo que sucede fuera. Esto supone terminar con la doctrina tradicional republicana de que cuando América lidera el mundo, está más segura, y que si deja de ser el faro de la libertad perderá su legitimidad para dar lecciones a nadie y estará mucho más amenazada y sobre todo sola para afrontar el fin de su liderazgo militar en el mundo frente a China.


sábado, 20 de enero de 2024

¿ Y SI TRUMP ES PRESIDENTE OTRA VEZ?

¿Y SI TRUMP ES PRESIDENTE OTRA VEZ
Club Libertad Digital 19 de enero 2024 



 Sin ninguna duda lo más trascedente que puede ocurrirle al mundo y en particular a nuestra orbita occidental en 2024 y en los siguientes años sería una llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Si asumimos cuáles son sus planes y qué ideología conservadora lo soporta, podemos darle a esta elección la importancia que tuvieron las presidenciales de 1861 por las consecuencias que se pueden derivar, y no es una afirmación basada en declaraciones demócratas o desde la izquierda, muy al contrario se basan en lo que afirman a diario Donald Trump y el movimiento MAGA. 

 Voy a tratar de sintetizar en primer lugar, cuáles son las opciones de que Donald Trump gane la presidencia; segundo, ¿cuáles son los planes y la ideología MAGA o conservadora que soportan a Donald Trump en la actualidad y finalmente cuáles serán sus principales directrices en la política internacional si alcanza otra vez el Despacho Oval.

 ¿Llegará Trump a las elecciones de noviembre? 

 En mi opinión, la respuesta es afirmativa. A pesar de los gravísimos cargos que se le imputan, salvo una sentencia firme irrecurrible que le acuse de alta traición o de insurrección, lo que no parece probable en los próximos nueve meses, Trump será investido candidato en el mes de marzo y ya podrá dedicarse a sortear sus problemas judiciales y a planificar su campaña, que será la más larga de la historia con dos candidatos ya nominados. Por muchos indicios que existan de la comisión de diferentes delitos, sin una sentencia firme no podrá ser privado del derecho a presentarse, y si es condenado por alta traición ya siendo presidente, podrá indultarse a sí mismo, de lo que no tengo ninguna duda. Su legión de seguidores creen a pies juntillas toda la propaganda trumpista. Creen que les robaron las elecciones, cuando siete millones de votos fueron la diferencia y que los jueces actúan de forma partidista contra Trump; en definitiva están absolutamente convencidos de la existencia de una conspiración contra sus Estados Unidos de América, de la que solo les puede salvar Trump. Cuánto mayores sean las evidencias a sus ojos de esa conspiración judicial, más se movilizarán. 

 ¿Qué nos dicen las encuestas de cara a noviembre? 

 A nivel nacional la diferencia entre Trump y Biden es de solo dos puntos, aunque en todas las recientes el republicano va por delante, pero no podemos afirmar a ciencia cierta quién será el ganador. Lo que sí nos indican las encuestas es que Trump es el peor candidato republicano para noviembre, ya que la diferencia que le sacarían Ron DeSantis o Nikki Haley a Biden sería mucho mayor que la de Trump, lo que muestra que el expresidente tiene un nivel de rechazo más alto. También es cierto que la actual desmovilización demócrata será infinitamente menor cuando el candidato sea Trump, entonces veremos la realidad electoral. No hay que hacerle mucho caso a los caucus y primarias, entre el voto republicano Trump arrasa, pero a nivel nacional no moviliza al voto moderado que volverá a votar en masa a Biden. Precisamente Trump es el mayor obstáculo para el regreso de un republicano a la Casa Blanca, pero nadie le va a bajar del pedestal para noviembre, algo parecido a lo que sucede con Biden. 

 ¿Por qué una parte muy alta de los norteamericanos apoya a Donald Trump? 

 Esto es un tema más complejo. Si quieren entender los anclajes de la doctrina conservadora que encarna Trump, lean “«the war on conservatives» de Mark Dice, publicado el pasado noviembre y con 1665 reseñas muy positivas en Amazon. Según este autor, todo el mundo está contra las tradiciones norteamericanas que encarnaba el Ku Klux Klan. Se habla de limpieza étnica de negros e inmigrantes, prohibir las actitudes LGTBIQ y su promoción en las escuelas y en la sociedad; del supremacismo blanco, condena Halloween y todas las tradiciones progresistas y un largo etcétera. Existe un poderoso y creciente aparato conservador anclado en las raíces religiosas y supremacistas. En definitiva USA está bajo un ataque de los que quieren destruirlos, que son poderosos y mal intencionados, criminales y racistas (contra los blancos). 

 ¿Por qué ha revivido este movimiento en Estados Unidos, y casi diríamos en muchos otros países? 

 La respuesta es el miedo. Una parte de la sociedad tradicional, o que se cree tradicional, tiene miedo a toda esta revolución que convulsiona sus principios y valores. Creen que se prioriza a los inmigrantes sobre sus seculares derechos, de los blancos, que el matrimonio mixto se ve amenazado, que el aborto es un asesinato porque ataca la voluntad de Dios, que los niños no tienen capacidad para asimilar una cultura contra Dios y el hombre. Están imbuidos de la idea de que la discriminación positiva en favor de minorías como mujeres, negros o latinos ha perjudicado al trabajador blanco temeroso de Dios y patriota. En definitiva, que las políticas progresistas han generado una reacción virulenta de una parte de la sociedad que se siente agredida y que cree los mensajes fáciles de que los negros delinquen más, que los inmigrantes les roban los trabajos, de que los gays y lesbianas dominan la sociedad americana y enferman a los niños y que todo el mundo le tiene manía a los Estados Unidos, sin duda un cóctel explosivo. De hecho, Dice reconoce que la fractura creada entre estados rojos y azules es equiparable a la situación de 1861, es decir, viene incluso a sembrar las bases para una confrontación civil. 

 ¿En qué consiste esta nueva ideología? 

 El conservadurismo que defienden Trump y el movimiento MAGA se ancla en cuatro pilares: en primer lugar el religioso. El Proyecto 2025 republicano publicado por la Heritage Foundation se centra en el nacionalismo cristiano y uno de sus objetivos es desmantelar el muro de separación entre la Iglesia y el Estado establecido por la Primera Enmienda de la Constitución. La libertad religiosa de los creyentes es primordial en el Proyecto 2025, priorizando las creencias religiosas a las leyes civiles como la Constitución. Un principio del proyecto citado es:

 «El mensaje de que Estados Unidos debe seguir siendo cristiano, que el cristianismo debe disfrutar de un lugar privilegiado en la sociedad y que el gobierno debe tomar medidas para garantizar que esto esté claro en cada sección del plan». La idea de que la identidad estadounidense no puede separarse del cristianismo nos devuelve al fundamentalismo religioso del que nos creíamos libres desde la revolución americana. 

 En segundo lugar, el conservadurismo económico, basado en el intervencionismo estatal, el proteccionismo comercial, las guerras comerciales, negando el cambio climático, perforando hasta el último rincón del paisaje norteamericano terminando con los combustibles fósiles quemándolos aceleradamente; y defendiendo el control político de la Reserva Federal, una política que solo puede acabar con el hundimiento de la economía americana. Un conservadurismo social que tiene que ver con la depuración étnica, la guerra al crimen sin restricciones legales por particulares, y por supuesto contra los negros masculinos que son responsables de la mayoría de los delitos, armar a la sociedad, que significa a los suyos para defenderse del intervencionismo del estado. Una protección de la familia tradicional y de sus valores y la finalización de las políticas de integración y de discriminación positiva entregando el control de la educación a los padres y no a los profesores demócratas y progresistas. Finalmente un conservadurismo político, para jibarizar el tamaño del estado, reduciendo el peso de las minorías en la función pública con nuevos exámenes para permanecer en los puestos públicos, que es parte de la limpieza étnica, el aislacionismo en la política internacional, el reforzamiento del poder del gobierno central sobre los estados, quiere decir sobre los demócratas, y un abandono de los principios que han sustentado la alianza de la democracia social y liberal nacida de 1945. La eliminación de las agencias regulatorias y del FBI y movilizar al Ejército para combatir la delincuencia se hallan también en su agenda. 

 ¿Qué puede esperar el resto del mundo del presidente Trump? 

 Donald Trump evita hablar mucho de política exterior ya que es donde tiene más debilidades. Después de apoyar el traslado de la embajada en Israel a Jerusalén, tuvo una reacción muy tibia ante el ataque de Hamas y la respuesta de Israel, que le ha hecho perder una gran parte del voto judío conservador. En relación con la política exterior, ¿qué cuestiones ha planteado Trump en sus últimos discursos, una vez que limpiamos la maleza de expresiones como «Europa va a tener que pagar toda la munición entregada para la defensa de Ucrania» o «yo acabo la guerra de Ucrania en un solo día»? Uno de los documentos que nos sirven de referencia sobre el programa de Trump se llama America First Agenda, que establece los pilares de una potencial administración republicana y su pilar VI se titula Establish an American First Foreign Policy, toda una declaración de intenciones. Lo único meridianamente claro de su programa de política exterior y de defensa es que China es el enemigo y que el apoyo a los aliados de Estados Unidos en la región y el reforzamiento de la disuasión nuclear serán claves, junto a la guerra comercial. En todo lo demás, los matices dominan sobre los statements. No obstante, en Japón temen que el debilitamiento de los lazos con Estados Unidos les obligue a cruzar una línea roja como sería dotarse de una disuasión nuclear frente a Corea del Norte y China. 

 Trump ve en Putin y en Xi Jinping dos modelos políticos que no le son ajenos ni le disgustan, especialmente el ruso. Defienden el capitalismo con un gran control de estado, dos modelos autoritarios que pretenden imponer un determinado modelo social y anclados en valores conservadores en el caso de Rusia y comunistas en el caso de China, que ya casi son sus valores tradicionales. Dos gobiernos que no aceptan la revolución sexual, ni la igualdad entre sexos, que asedian a las minorías étnicas y con grandes recursos, los socios perfectos para Trump en su visión del mundo global dirigido por los grandes. Frente a estas potencias, la Europa decadente, dominada por ateos, marxistas y el colectivo LGTBIQ, que pretende mantener unas políticas sociales avanzadas gracias al esfuerzo militar de Estados Unidos, es el gran enemigo, porque representa todo aquello que el movimiento conservador combate en Estados Unidos. 

 Europa es la que más debe preocuparse por la llegada de Trump. Recordemos que después del encuentro entre Angela Merkel y Trump, aquélla declaró que «Europa debería pelear sola por su futuro con sus propios medios» Ante la promesa de Trump de acabar con la guerra de Ucrania en un día forzando a Zelenski a rendirse, Putin ha encontrado su única estrategia ganadora, esperar a noviembre, interferir cuanto sea posible la elección apoyando al candidato favorito de la televisión pública rusa, que por supuesto es Trump, y que éste le haga el trabajo más delicado, provocar la rendición de Ucrania. 

 El primer efecto de la llegada de Trump y de la retirada de la ayuda a Ucrania sería la ocupación total del país por Rusia y el comienzo de la segunda fase de la operación de new iron curtain: Países Bálticos, Moldavia y Polonia. No debemos esperar de unos Estados Unidos dirigidos por Trump una aplicación del artículo V del Tratado de la Alianza Atlántica, es decir que estaremos solos. El principio clave de su política exterior y de Defensa será incrementar el reparto de cargas de la defensa convencional entre los aliados. 

 «Los aliados de Estados Unidos deben asumir una responsabilidad mucho mayor por su defensa convencional. Los aliados de Estados Unidos deben desempeñar su papel solidario no sólo en el trato con China, sino también en el trato con las amenazas de Rusia, Irán y Corea del Norte. El reparto de la carga financiera de la Defensa será una parte central de la estrategia de defensa de Estados Unidos, empujando a sus aliados a dar un paso al frente. Apoyarán un mayor gasto y colaboración por parte de Taiwán y sus aliados en Asia-Pacífico como Japón y Australia para crear un modelo de defensa colectiva y promover la transformación de la OTAN para que los aliados de Estados Unidos sean capaces de desplegar la gran mayoría de las fuerzas convencionales necesarias para disuadir a Rusia y al mismo tiempo depender de Estados Unidos principalmente para la disuasión nuclear, generando otras capacidades mientras se reduce la fuerza estadounidense en Europa» (America First Agenda)

 Para comprender mejor la posición de los republicanos en política exterior, debemos entender las tres corrientes de opinión existentes tradicionalmente: los que defienden la supremacía de los Estados Unidos en el mundo como serían Bush y Reagan; los que priorizan los intereses americanos que ven este liderazgo como necesario en la medida que provee de más seguridad a los Estados Unidos como Nixon y los que decididamente quieren limitar la posición de Estados Unidos en el contexto de la seguridad mundial como ocurrió con Hoover. La primera corriente que mantiene la tradicional política exterior americana de liderazgo occidental es defendida por Nikki Haley, que pretende liminar esta exposición se encontraría más en Ron de Santis pero Trump es claramente un aislacionista. 

 Las acciones inmediatas prometidas por Trump y esta corriente, si alcanzan la Casa Blanca serán «la mayor deportación de inmigrantes de la historia»; el cierre de la frontera con México, la imposición de un arancel del 10% a todos los productos importando, la salida del acuerdo de cooperación Indo Pacífico y controlar la influencia comercial y tecnológica de China en el mundo, lo que quiere decir arruinarla y en el ámbito militar, la redefinición de su papel en Europa con la retirada de todas sus fuerzas militares convencionales. 

 Europa debe prepararse para estos vientos de cambio. Los movimientos conservadores en Europa o pierden fuelle ante la falta de soluciones realistas a los problemas y la estridencia de su ruido o, como en el caso de Italia, se reafirman en la defensa del modelo europeo occidental. Lo más importante para Europa es fortalecer su capacidad militar y tener una participación más activa en la defensa de sus intereses. No tiene sentido que el país del mundo menos afectado por la crisis del Mar Rojo lidere las operaciones militares cuando Europa es el principal damnificado, y China que está inmóvil sin saber cómo compaginar la defensa de sus intereses económicos y la fidelidad a sus amigos de la zona, entre los que se hallan los hutíes. 

 Si Trump es presidente, el mundo nacido de 1945, el de mayor prosperidad económica y social de la historia será parafraseando a Stefan Zweig, «el mundo de ayer», el que está por venir tiene demasiadas incertidumbres como para vislumbrarlo. ¡Qué gran oportunidad tienen los republicanos para nombrar una mujer, como Nikki Haley que representa ese republicanismo neocón de Reagan que abogó por un papel mucho más activo de liderazgo en el mundo y una moderación en lo político y económico. 

 El desmantelamiento de varias comisiones reguladoras federales, del FBI, el control de la justicia y de los funcionarios, el cierre de la frontera sur, la deportación masiva de inmigrantes, el supremacismo blanco o la cercanía ideológica a Putin son aspectos muy reseñables de sus objetivos políticos. Pero lo más relevante en cuanto a su política exterior es que no ve en China una amenaza militar sino económica, lo que da pie a pensar que un contubernio que satisfaga a Beijing y Washington, haría olvidar los intereses estratégicos de China en la región y pondría a Taiwán, Filipinas y el sudeste asiático a los pies del caballo chino. 

Para Europa será una excelente noticia la llegada de Trump si nos tomamos en serio nuestra capacidad para detener a Rusia solos, a fin de cuentas los europeos triplicamos su gasto en Defensa y nuestro PIB es casi 10 veces mayor, y tenemos un paraguas nuclear propio que debería ser reforzado o más bien modernizado. En cualquier caso, no nos confiemos a los americanos y comencemos a tomarnos en serio nuestra seguridad si no queremos sorpresas desagradables en apenas unos años.

viernes, 14 de abril de 2017

TRUMP Y EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL



Hace apenas ochenta días, el recién elegido presidente anunciaba desde el Capitolio que los Estados Unidos no volverían a las andadas en la política exterior y que América sería lo primero, renegando de la política exterior de sus antecesores. Pero con este presidente ochenta días es una eternidad y ahora tenemos algo tan novedoso e imprevisible que todas las cancillerías no salen de su asombro intentando escudriñar cuál es al auténtico Donald Trump.

En 2013, cuando el nuevo presidente no tenía agenda política, se manifestó activamente contra cualquier intervención en Siria y criticó la atención que Obama había puesto en resolver los problemas del mundo en lugar de solucionar los de los propios norteamericanos. Este y sólo este simple mensaje fue el eje de su campaña que se alargó hasta su discurso inaugural, un discurso aislacionista y proteccionista. Todo eso es hoy papel mojado. Ahora son muchos los que ya ven los aciertos de Trump con este cambio, pero nadie tiene la seguridad que hay por detrás y por delante de esta transformación y sobre todo hacia dónde nos llevará.

La campaña que hizo a Trump presidente, tal como anunció en varias intervenciones, con respecto al mundo se basó en cinco ejes anclados en el siguiente axioma:

“Me gustaría hablar sobre cómo desarrollar una nueva dirección en política exterior que sustituya la aleatoriedad por el propósito, la ideología por la estrategia, y el caos por la paz”. “Es hora de sacudir el óxido de la política exterior estadounidense”; más que una declaración parece un jeroglífico egipcio que ni Enigma sería capaz de descifrar.

miércoles, 1 de marzo de 2017

EL PRIMER DISCURSO: COMIENZA LA ERA TRUMP


Con el primer discurso pronunciado ante las Cámaras y ya con el gobierno casi formado después del lento proceso de confirmación por el Senado, podemos decir que comienza el mandato republicano encabezado por Donald J. Trump. Aunque con seguridad el discurso no pasará a la historia de la literatura ni de la oratoria, siendo una suma de frases hechas y de slogans; es cierto que contiene bastante claves de los ejes de su política. También nos sirve para entender todo el movimiento “Alt Right” que cobra fuerza en Europa y con el que comparte muchos argumentos y políticas, salvando las lógicas distancias entre los dos continentes.

Los ejes de su presidencia, como ya ha venido anunciado en sus numerosas y a veces tempestuosas declaraciones y que se manifestaron de forma meridiana en el discurso son:

Una política económica basada en una reducción de impuestos a las corporaciones. Estados Unidos tiene las tasas impositivas más altas del mundo un 38,9%, lo que sin duda afecta a la competitividad de las empresas norteamericanas. Sólo por este motivo puede entenderse la respuestas de la bolsa de Nueva York desde noviembre. Aunque en su discurso económico menciona la necesaria reducción de la deuda y del déficit, promesas con las que todos los republicanos llegan a la Casa Blanca y no hay más que ver las estadísticas de los últimos mandatos para ver cómo terminan, hay serias contradicciones cuando se analizan sus políticas públicas individualmente. El segundo pilar de su política económica es el proteccionismo a la industria norteamericana. Veremos cómo se pone en práctica esta política y frente a qué mercados. Lo que es obvio es que el proteccionismo tiene dos herramientas fundamentales, los aranceles y un dólar más débil; el primero es posible que con tiempo y paciencia pueda aplicarse, pero si el dólar sigue manteniéndose a los niveles actuales, lo que es previsible ante el calentamiento de la economía norteamericana que el pirómano Trump quiere todavía fomentar más, es muy posible que a pesar de los aranceles siga siendo más barato importar que comprar productos locales. Todo este ambiente de excitación económica va a conducir a la FED a una subida de tipos que afectará de manera negativa a la inversión; al valor de las acciones en bolsa, y continuará presionando el dólar al alza, de manera que la situación económica podría invertirse de forma muy acelerada. Gran parte del crecimiento económico de los mandatos de Obama ha sido gracias a los grandes estímulos monetarios y la FED está convencida que ahora pueden ser el mayor problema para la economía, por lo que pronto será objetivo de sus críticas por su oposición a darle al nuevo presidente los trillones que la FED le dio a Obama para enterrarlos en políticas con escasos rendimientos económicos.

viernes, 27 de enero de 2017

SU PEOR HORA


 El 19 de junio de 1940 Sir Winston Churchill entregó uno de los discursos más extraordinarios de la historia de la lengua inglesa. Parafrasearlo me parece un sacrilegio si no fuera por la realidad de los acontecimientos, pero estoy seguro que el viejo Winston se hubiera reafirmado en estas palabras, cuyo busto al parecer recién instalado en el despacho oval debería repetir todos los días a su arrendatario para explicarle que no debe tomar su nombre en vano, el que lideró la lucha del mundo libre por la libertad y la democracia combatiendo “en las playas, en las casas, en las colinas, en Francia…”

"Preparémonos para nuestros deberes y no dudemos de que si el Imperio norteamericano dura unos mil años, los hombres del futuro dirán: aquélla fue su peor hora"

Resulta muy difícil describir la ideología y actitudes del nuevo presidente de Estados Unidos, en especial a la vista de su acción en la primera semana de gobierno. Hay muchas decisiones que no critico aunque no me gustan como la del muro de México, promesa de campaña amparada por el propio tratado de Guadalupe Hidalgo que autoriza expresamente a las dos repúblicas a fortificar sus fronteras, pero claro el siglo XIX es un escenario muy diferente del actual. Pero quisiera ir un poco más allá y comprender qué significa lo que está aconteciendo en Estados Unidos para el resto del mundo.

domingo, 22 de enero de 2017

LAS FALACIAS DE TRUMP QUE ARRUINARÁN SU PRESIDENCIA



Los discursos inaugurales de los presidentes de Estados Unidos tienen todos la misma estructura de sustancia. Un alto porcentaje de mensajes de optimismo, confianza o retóricos, en el caso de Trump 2017 de un discurso de 1450 palabras, he obtenido 311 con algún indicio de acción de gobierno. No muy diferente de los dos mensajes anteriores de Obama.

En su discurso, el nuevo presidente, se ha ratificado, como no podía ser de otra manera, en los principios que le han llevado a la presidencia, y por ello debemos analizarlos con detalle. A pesar de lo escueto del mensaje político, ha avanzado unas grandes líneas que deben leerse con detenimiento. En mi primer análisis, y comparando su visión con la realidad, se constata que todas las bases de su supuesta futura acción política y económica están asentadas en falacias que convertirán su presidencia en una frustración para sus votantes.

Su mensaje es simple y populista y por eso no le ha sido difícil llegar a una gran capa de la población, pero no nos engañemos, el triunfo de Trump se basa en el inmenso apoyo del votante republicano que está lejos de los mensajes populistas, como hemos visto en las legislaturas anteriores. El populismo en democracia tiene una vida muy corta, grandes expectativas generan grandes frustraciones y en apenas dos años la catarsis puede ser inmensa. Será labor del partido republicano encauzar a un presidente a un realismo necesario para la salud económica de su gran nación y del resto del mundo.

El discurso de Trump entra en la clásica de los grandes conflictos políticos de los últimos 200 años, proteccionismo contra libre mercado. Durante décadas, la diferencia entre los partidos políticos se basada en su actitud ante los aranceles. El populismo y no puede ser de otra manera, es tremendamente proteccionista y éste parece ser el primer mensaje. El segundo es mucho más inquietante para el republicano medio ya que se encauza a un socialismo ambiguo con más gasto público, más deuda y mas gobierno, y no creo que en esta segunda ambición encuentre muchos aliados en sus propias filas. 

jueves, 12 de enero de 2017

ALGO HUELE A PODRIDO EN WASHINGTON


Decía el presidente Truman que si querías un amigo en Washington debías comprarte un perro e imagino que Donald Trump ya debe estar comprando una camada porque parece que no va a tener muchos más amigos en la capital de los Estados Unidos de América, sobre todo después de su primera comparecencia pública en la que ha incurrido en todos los errores que un asesor aconsejaría no cometer nunca.

Siempre hemos tenido la impresión que el denominado establishment norteamericano era un complejo equilibrio imperfecto de poderes, pero a fin de cuentas equilibrio. Por una parte, la presidencia limitada en su actuación por el Congreso y Senado, que ya se llevó por delante a un presidente y casi se lleva a otro por convertir el despacho oval en un burdel y un Tribunal Supremo de ancianos ilustres, convertido en el máximo garante del cumplimiento de la Constitución.

Luego se halla una compleja red de organismos de seguridad, básicamente el FBI, la CIA y la NSA. Su misión, garantizar el orden y la libertad fuera y dentro de Estados Unidos. Su usual independencia, aunque a veces se ha comportado como un quinto poder, también contribuye a garantizar este equilibrio imperfecto. Uno puede estar convencido que son un desastre y si así lo cree, debe cambiarlos de arriba abajo, pero la seguridad del país y de Occidente se basa en la creencia de que nuestros servicios de seguridad son eficientes y creíbles. Socavar desde la máxima institución su capacidad, es poner a la nación americana en serio peligro, y esto es una irresponsabilidad de Trump; quizás su mayor error que puede costarle muy caro. Tener enfrente a todos los servicios de inteligencia, los propios y ajenos, no parece una idea muy sugerente para un empresario con tantos negocios, algunos muy exóticos, y que aspira a tener una larga presidencia.

lunes, 26 de diciembre de 2016

ISRAEL: SOLOS CONTRA EL MUNDO

Este es un mundo complejo, a menudo difícil de entender, sobre todo porque parece que son intereses muy particulares y coyunturales los que lo rigen. Lo ocurrido en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el pasado viernes condenando la construcción de unas centenares de viviendas en Jerusalén Este, con la abstención de Estados Unidos, ha sido una gota demasiado grande que ha conseguido colmar la paciencia no sólo de Netanyahu, sino de una gran mayoría de los habitantes del estado de Israel. Aunque todos sabemos que conseguir la unanimidad en un posicionamiento político en Israel es tarea imposible y siempre hay voces discordantes, las que normalmente no existen en sus países vecinos, incluyendo a los mimados por la comunidad internacional de la Autoridad Nacional Palestina, esta vez el pueblo de Israel se siente golpeado por sus propios supuestos amigos.

Israel sabe perfectamente que su supervivencia depende de la solidaridad de las democracias del mundo y si éstas muestran fisuras en su apoyo a Israel y más en votaciones públicas, estarán condenando a Israel a su desaparición. En esta línea debe entenderse la reacción del primer ministro Netanyahu, que necesita con esta postura ganar tiempo para que la llegada de Trump sea una catarsis sobre las relaciones mantenidas entre Obama e Israel y también para mantener en el gobierno a la única coalición que garantiza una estabilidad política en Israel, que está soportada por Bennet y Lieberman, dos halcones con respecto a la política de asentamientos en los supuestos territorios palestinos.

El texto de esta resolución sponsorizada, entre otros, por la Venezuela de Maduro, -y no por Egipto como se pretende hacer creer en un juego de confusión-, lo cual ya debía haber sido motivo suficiente para que no gozase con el apoyo de la comunidad internacional -una vez más reforzamos a una dictadura comunista para condenar a una democracia liberal-, utiliza unos términos desafiantes contra Israel como nunca antes había ocurrido y una vez más pone en el mismo plano el derecho a la legítima defensa de un estado con los actos terroristas contra Israel.

Es muy posible que el pragmático Netanhayhu, sea consciente de que está sobreactuando, pero los gestos en la política son demasiado importantes como para despreciarlos. Para mantener una mayoría política y evitar el abismo de unas elecciones en un país muy fragmentado políticamente, el primer ministro debía tomar el liderazgo de la revuelta contra el mundo, para que no fueran otros los que obtuvieran el rédito político, y parcialmente debemos entender de esta manera el comportamiento del gobierno de Israel en estos días, suspendiendo las relaciones diplomáticas con todos los miembros del Consejo de Seguridad, incluyendo a España, lo que para nosotros debía ser un motivo de reflexión especial.

Esta resolución como todas las que han condenado a Israel desde 1980 son consecuencia formal de la resolución 478 de 1980 que condenó la anexión de lo que en terminos muy vagos denominamos Jerusalén Este y los territorios de Jordania de la Cisjordania, bajo la presidencia de Carter y en pleno secuestro de la embajada de Teherán; y esto explica parte del problema, Estados Unidos declaró ilegal la ocupación y anexión de este territorio  y a partir de ahí cualquier minúsculo acto administrativo de Israel en la zona origina un ciclón de acciones internacionales donde se consigue que los israelitas sean vistos y percibidos como los agresores y los palestinos como las víctimas.

Basar la legitimidad o legalidad en las decisiones de un Consejo de Seguridad que no ha condenado la ocupación de territorio español por Reino Unido durante la guerra civl o la anexión militar de Crimea por Rusia o de islas en disputa en el mar de China por China, frente a una historia induscutible, frente a una victoria en el campo militar en una lucha por la supervivencia y frente a una seria de decisiones administrativas analizadas con lupa por el tribunal supremo de Israel que ha ordenado la demolición de miles de viviendas ilegales desalojando a colonos israelitas que vivieron en esos territorios por generaciones, muestran que la comunidad internacional no es justa ni equitativa con Israel.

Esta resolución contiene, a mi juicio, tres errores políticos de bulto que dificultarán en gran medida la conclusión de un proceso de paz que en realidad nunca ha existido por la falta de voluntad de los dirigentes palestinos y de sus apoyos del mundo árabe y sobre todo por la exquisita e incomprensible neutralidad en el mejor de los casos, de los países europeos.

El primer error ha venido siendo consecuencia de unos Acuerdos de Partición basados no en la legitimidad histórica sino en la conveniencia de las potencias y en particular del Reino Unido y Francia después de la Segunda Guerra Mundial. Israel existe porque el pueblo judío luchó por sus territorios, que es como se han construido todas las grandes naciones; por la compra de tierras con dinero particular que los árabes vendían a diez veces su precio y sobre todo por la vergüenza moral que sufrió Occidente al conocerse la magnitud del holocausto nazi ante el cual, y antes de 1939, seis años después de haber comenzado, nadie había movido un pie para parar a Hitler cuando la comunidad internacional era consciente de las leyes racistas del nacionalsocialismo. Israel no se concibe sin su histórica capital, Jerusalén, ¿Cualquier persona que estudie la Biblia o la historia puede imaginar una circunstancia distinta? Dejar la ciudad milenaria del templo de Salomón como lugar neutral demostró la incapacidad de Occidente para determinar un estado viable de Israel en 1948, y de aquellos polvos vienen estos lodos. 

Palestina nunca ha existido como Estado y por tanto cualquier aspiración a una tierra para los Palestinos debería haber sido resuelta por los estados árabes pero no a costa de Israel. Sin embargo, el estado judío ha realizado un denodado esfuerzo por alcanzar un acuerdo con la Autoridad Palestina fundada por un grupo terrorista reconocido internacionalmente, en la base de paz por territorios. Este fue un concepto desarrollado por los judíos, es decir una concesión de otorgar a los palestinos una gran porción del territorio judío a cambio de seguridad. La Autoridad Palestina tomó aquellos territorios que de forma interesada le entregó Israel para constituir su incipiente estado, pero nunca cumplieron su parte del acuerdo, la seguridad que prometieron. 

Cuando Israel ocupó una parte esencial del territorio dentro de sus fronteras milenarias en 1967, y después en 1980 cuando su parlamento aprobó la anexión al Estado, ofreció a los árabes la nacionalidad israelita, pero la presión internacional impidió lo que era una aspiración de la gran mayoría de los habitantes de estos territorios que era vivir en paz y bajo la cobertura de un estado democrático en el que viven en paz, democracia y seguridad más de un millón de árabes. Las ciudades árabes de Israel son de todo el mundo las que gozan de más derechos, menos desigualdades y mayor renta per cápita; pero a aquéllos que pretenden manipular la realidad para favorecer sus propios intereses, no les interesa el bienestar del pueblo árabe sino mantener la tensión sobre la única democracia de Oriente Medio para mantener sus regímenes autoritarios.

El segundo error es pensar que evitando los asentamientos en Jerusalén Este se favorece el proceso de paz. Éste todavía es más grave. Impedir la construcción de unas cientos de viviendas en Jerusalén  es una toma de posición internacional, una imposición del mundo en el proceso de paz. Es reconocer que los palestinos tendrán toda la legitimidad y apoyo internacional para sus reclamaciones y esto pone a Israel en la peor posición negociadora posible. No es una cuestión de reducir el tamaño o las capacidades del futuro estado palestino. Israel siempre ha ofrecido compensar con territorios en otras zonas, mucho mayores a cambio del reconocimiento de su capital indivisible. ¿A qué grado de idiotismo histórico hemos llegado para querer poner ciudades como Belén en manos de un estado que niega los mas mínimos derechos a la libertad religiosa? y si no, que se lo pregunten a los miles de cristianos palestinos forzados a abandonar los lugares en los que han vivido durante siglos sin ningún apoyo o reconocimiento de la comunidad internacional. Esta resolución dinamita las posibilidades para un entendimiento entre dos vecinos condenados a entenderse y dará alas a todos aquellos grupos terroristas que atacan todos los días al estado de Israel y que se sentirán reforzados en sus aspiraciones. Cuando el Consejo de Seguridad condena a israel en relación con una pretensión de la Autoridad Palestina, está dando argumentos a los terroristas para incrementar la tensión con nuevos atentados terroristas que traerán mas conflicto y más inseguridad, es decir exactamente lo contrario que en teoría se pretende conseguir.

El tercer error,y en mi opinión el que produce mayor daño, es que la comunidad internacional ha perdido al calor de los acontecimientos que han ocurrido en estos años con la primavera árabe, la aparición del Estado Islámico, los golpes terroristas en Europa y la guerra en Siria, la perspectiva de lo que debe hacerse y lo que debe evitarse. Se ha creado la convicción en muchas sociedades que condenar a los arrogantes israelitas nos dará más seguridad, generará menos odio en el mundo árabe frente a Occidente y contribuirá a rebajar la tensión en la región. Lo que nos hace más seguros es que estemos más unidos los que pensamos igual y que seamos más fuertes. La división en las democracias occidentales entre la que debemos incluir Israel, es la victoria de los intolerantes y de los que quieren derrumbar los cimientos de nuestras sociedades. Mostrar fisuras en momentos tan convulsos no contribuye ni a generar más seguridad ni por ello vamos a ganar adeptos entre aquéllos que todavía abogan por la destrucción del estado de Israel. Si el mundo va a tratar con exquisita igualdad a Israel y a los países no democráticos y grupos terroristas que abogan por su desaparición; si tomamos postura por los 200 millones de árabes de la región frente a los 6 millones de judíos que viven en Israel, por una cuestión administrativa, estaremos haciendo un flaco servicio a la paz mundial y a la supervivencia del mundo occidental democrático y humanista que hemos conocido en los últimos doscientos años en el mundo libre.

A corto plazo, ¿Qué debemos esperar? ¿Debe Netanyahu depositar todas sus esperanzas en el presidente electo de Estados Unidos? Esta es la verdadera prueba de fuego de Israel. Obama no ha sido precisamente un gran valedor de Israel, pero lo cierto es que la mayoría de los judíos norteamericanos, esenciales por su influencia en la sociedad y vida política americana, votaron en una inmensa mayoría por Clinton, igual que antes lo hicieron por Obama. Esta desafección entre los judíos norteamericanos e Israel es a mi juicio la mayor amenaza para el estado judío. Curiosamente han sido los republicanos quienes mejor han entendido cómo debía ser esta relación de profunda amistad, mientras que en la progresista comunidad judía norteamericana se ha extendido la creencia de que la paz es posible y que Israel debe estar dispuesto a ceder todo lo necesario para tener un pedazo de tierra seguro, ignorando la historia, que es la verdadera legitimidad del estado de Israel y de sus fronteras.  Muchos congresistas y senadores americanos republicanos no perdonan a los lobbies judíos que siendo ellos los que más han hecho por la seguridad y reconocimiento internacional de Israel, no hayan sido capaces de movilizar el voto hacia los republicanos. No tengo duda que Trump será un soporte politico esencial para Israel, pero tengo mis dudas de que la mayoría republicana le soporte. También tengo mis dudas de que en el juego de alianzas en el futuro y en especial en sus relaciones con Rusia, la posición inicial no pueda variar. La complejidad de los intereses en la región y la falta de un apoyo politico interno en la sociedad norteamericana a decisiones más concluyentes en favor de Israel, pueden hacer varias estos posicionamientos internacionales. Trump ha aprovechado también esta decisión para reforzar sus ataques a las Naciones Unidas, pero a día de hoy, lamentablemente no hay alternativa mejor a la ONU para mantener una globalidad en las decisiones políticas; tampoco parece que vaya a producirse una unanimidad internacional a corto y medio plazo en lo que es un clamor que es variar la composición del Consejo de Seguridad, basado en la situación geopolítica de 1945. La asusencia de India, Alemania y Japón desautorizan en gran parte a este organismo como representante de los intereses globales. 

Ya sabemos que es muy difícil dejar el poder, pero las acciones de Obama en estas últimas semanas después de saber que su política exterior había sido derrotada por sus conciudadanos, muestran la intransigencia y la falta de estilo de esta administración saliente que debía haber dejado que la nueva administración hubiera tomado aquellas decisiones más convenientes y trascendentes conforme la voluntad manifestada del pueblo norteamericano. Poner chinitas a Trump no es precisamente una muestra de patriotismo ni de aceptación de la derrota. Por una cuestión personal y partidista Obama ha dejado caer una vez más a nuestro más fiel e importante aliado en la región, cuando lo elegante hubiera sido dejar esa decisión al nuevo inquilino de esa Casa Blanca que tanto le está costando dejar.

Pero Israel sabe que no puede vivir de espaldas a todo el mundo y necesita sobre todo de Europa, que está una vez más encerrada en los barrotes de la amenaza islamista radical, la creciente islamofobia que en Europa va de la mano del antisemitismo y de los populismos que buscan siempre culpables endógenos como hicieron en los años veinte, y del oro negro que nos regalan a precio de saldo los grandes productores del mundo, la inmensa mayoría de los cuales no reconocen la existencia del estado de Israel. Basar toda la estrategia de seguridad en Trump no parece muy aconsejable, pero si Europa no se posiciona claramente en favor de Israel, Netanyahu deberá buscar amigos en otros lugares y sin duda uno de los más próximos se encuentra en Moscú; si Putin y Trump se alían para apoyar a Israel, Europa habra dado un paso más en su proceso de insignificancia política y lo que es más grave, perdiendo las referencias de nuestra civilización por favorecer a los que son diferentes y nos amenazan, seremos más débiles, la libertad y la democracia estarán más amenazadas y nuestra economía se empobrecerá al ritmo que nuestros valores se ven arrumbados por decisiones oportunistas o populistas.