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sábado, 23 de marzo de 2024

LA GUERRA MUNDIAL ES INEVITABLE.

CLUB LIBERTAD DIGITAL



Los paralelismos constituyen una eficaz arma de análisis geoestratégico, y la pantomima electoral de Rusia, la amenaza nuclear, la invasión de Ucrania y las alianzas militares y políticas contra Occidente, no son muy diferentes de los pasos dados por Japón y Alemania en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. 

Para adivinar cuáles serán los próximos pasos de Putin, no hay más que conocer las reglas del Mus, seguro que Putin es un excelente jugador. Lanza órdagos a la grande y a chicas, pero lleva buenas cartas, hace señas de complicidad a sus compañeros y genera falsas esperanzas en los contrarios, y en esta dinámica debemos comprender la estrategia y los próximos pasos de Putin.

¿Por qué Putin organiza unas elecciones fraudulentas?, porque necesita la apariencia de legitimidad democrática para atacar a teóricas dictaduras en las que la gente sí vota como es el caso de Ucrania, que es el argumentario de Putin y de sus acólitos en Occidente para justificar la «liberación». El tamaño del fraude, según los primeros análisis, demuestra que ya no existe disimulo alguno en falsear la realidad, lo que nos lleva a pensar que la adhesión mayoritaria al líder no existe en la proporción que se nos quiere hacer creer, y los más grave, que Putin está dispuesto a todo. Las recientes órdenes dadas al FSB (la Gestapo rusa) para buscar traidores dentro de Rusia, es la prueba palpable del régimen de terror que se ha instaurado y que vuelve a convertir al gigante en el país de las multitudes mudas que ya fue bajo Stalin.

El atentado en la sala de conciertos reivindicado por el Estado Islámico y que sucedió semanas después de otro atentado en Irán, darán pie a una mayor represión; el Zar ya tiene su Reichstag incendiado, y Putin no desaprovechará la oportunidad. Para El Estado Islámico todos los cristianos y chiitas son enemigos acérrimos y volverán a actuar en un país por el que circulan decenas de miles de armas sin control.

En estos dos años de guerra en Europa, Putin ha multiplicado por cifras asombrosas su capacidad de producción militar, ha gestionado con eficacia una economía de guerra, con crecimientos del PIB inéditos para un país en estas circunstancias, lo que solo es posible con la aquiescencia de India y China y tiene en desarrollo las armas nucleares más letales e invulnerables de la historia. Lo que va a hacer Putin es los próximos años es acelerar todos estos procesos de expansión. La muerte de 250.000 jóvenes, y otros cien mil heridos graves no son más que efectos colaterales inevitables pero asumibles; no le importará sacrificar a un millón si hacen falta para su megalomanía, algo que ningún líder democrático estaría ni siquiera dispuesto a prever.

Para empeorar las cosas, Putin, reforzado por su victoria, acelerará el reclutamiento de 150.000 soldados adicionales para lanzar una ofensiva masiva en junio, justo cuando las posiciones ucranianas estarán más debilitadas por la falta de municiones y de tropas de refresco. En estas circunstancias, ni siquiera daría tiempo para enviar los soldados franceses que con tanta alegría ofrece Macron para morir en los campos ucranianos. Para finales de año las tropas movilizadas podrían alcanzar el medio millón.

Ni los F-16, ni los misiles Taurus, ni los carros de combate Leopardo 2, ni siquiera la ayuda norteamericana de 55.000 millones en caso de aprobarse, servirán para una involución de la situación. Ucrania necesita lo más importante, combatientes, y estos se les están acabando entre bajas y un altísimo nivel de estrés que ya es insoportable y que podría provocar un colapso general de todas las líneas ucranianas a poco que se las ponga a prueba.

Mientras, a Rusia no le faltan las municiones, con su industria militar trabajando a destajo, una economía apenas alterada por las sanciones internacionales, y con la posibilidad de adquirir proyectiles de artillería de Corea del Norte que ha esclavizado a miles de trabajadores para servir a Moscú con todo lo que pueda necesitar y que se suministra de componentes y materias primas en China, otro de los países que se ha apresurado a felicitar a Putin por su victoria.

La ayuda europea de 5.500 millones de Euros que está sobre la mesa, o la de 55.000 millones de EEUU permitirán mantener el conflicto en la situación actual, lo que no es poco esperando que una extensión temporal del conflicto hará que Rusia fallezca, pero esto no va a ocurrir. Solo una intervención militar de la OTAN con efectivos y armamento de última generación puede liberar Ucrania, tal como se hizo con Irak en 1991; si no se está dispuesto a esto, es mejor comenzar a pensar en un acuerdo de paz por territorios.

Esta paz que sabría a derrota europea, no sería el final de algo sino el principio de algo mucho peor. Putin sabe que no se encuentra en condiciones ahora de una acción militar contra Polonia o Finlandia, pero solo debe esperar a que sus grandes aliados hagan sus movimientos estratégicos sobre Taiwán y Cachemira, mientras que los países satélites conforman una alianza política, económica y militar que podría ser la más importante del mundo en apenas un par de décadas. Es cuestión de tiempo que Putin envíe a sus divisiones a Europa, solo necesita una señal desde el 1600 Pennsylvania Avenue.

La percepción de que vivimos el final del ciclo de Occidente como dominador del mundo, es la principal causa de todos estos movimientos que pretenden asegurar, como en todas las grandes guerras, el acceso a los recursos necesarios para completar este sueño totalitario; nada que Napoleón, Clausewitz o Sun Tze no nos hayan enseñado; busca disponer de una órbita de países sobre los que manejar a su antojo, como tener muchas Bielorrusias.  En la medida que ahondemos en los factores de nuestra derrota, más corto será el tiempo para caer en sus ansias totalitarias.

La guerra asimétrica, el terrorismo político, la desinformación, la amenaza nuclear y las acciones militares aisladas serán los instrumentos de esta nueva fase de la guerra o mejor dicho, la Tercera Guerra Mundial. Su objetivo será recuperar frente a Europa, el Telón de Acero, ese espacio de seguridad que Rusia ambiciona desde 1991. No necesitarán enviar los carros de combate, llegarán como ocurrió en Praga o en Budapest, por las autopistas. La guerra de Corea nos mostró que es posible un enfrentamiento militar entre potencias nucleares sin inmiscuirse en la destrucción total mutua, pero teniendo siempre presente en cada decisión esta amenaza, y a esta carta juega Putin.

Aunque las encuestas comienzan a mostrar una leve desafección respecto de Trump desde que es el candidato único, sigue teniendo al menos las mismas posibilidades que Biden de ganar, y esto en este nuevo contexto geoestratégico, constituye una amenaza enorme para nuestra seguridad. Los republicanos en el gobierno fortalecerán su escudo militar, sus capacidades, sus fronteras y pretenderán vivir aislados de los problemas del mundo salvo para acordar con China, India y Rusia el botín de Occidente. Nada harán por los europeos si Putin decide poner el acelerador, y lo hará.

Si bien en el frente de Ucrania, la situación es básicamente de estabilización desde hace más de dieciocho meses, el desgaste Ucrania y su incapacidad de rotar efectivos, juegan en su contra, mientras que para Rusia, la estrategia ahora es no parar, nada de alto el fuego, sino más presión y más presión, así que veremos lo peor de esta guerra en los próximos meses. Cuanto más fuerte llegue Putin sobre Ucrania a noviembre, en mejores condiciones estará para cumplir sus objetivos.

El intercambio de felicitaciones por la pantomima nos muestra la alianza internacional en torno al nacionalismo autoritario de Putin. Sin duda, China con su calurosa felicitación y las celebraciones en torno a los 75 años de relaciones diplomáticas entre los dos países, han dado pie a la respuesta de Putin defendiendo la anexión de la democracia taiwanesa por China. Las de Irán y las de sus aliados más fieles, como Bolivia, Nicaragua, Venezuela, y algunas exrepúblicas soviéticas, llaman menos la atención que las corteses de Turquía, con llamada telefónica incluida, Brasil, México India, donde Putin goza con una amplia aceptación social y con Modi que aspira a un modelo nacionalista religioso similar al de zar ruso. 

Muy pocos países fuera de la OTAN han condenado la elecciones rusas, se cuentan con los dedos de las manos. Así que tenemos a la mayoría de la población mundial volcada con Putin, y a la todavía mayoría del PIB mundial con Occidente en un choque no de civilizaciones sino de modelos de estado.

Tropas de la OTAN en Ucrania

Putin indicó en su deriva de acercarnos al conflicto mundial, que tropas francesas y británicas operan en Ucrania dando soporte a los sistemas entregados, y además señaló que esto nos conduciría a la Tercera Guerra Mundial y que los europeos serían un objetivo prioritario para sus fuerzas, lo que pretende claramente amedrentarnos en estos momentos de vacilación y dudas sobre cómo va a terminar Ucrania este año y el resultado de las elecciones norteamericanas.

El aviso de Macron, el reclutamiento obligatorio en Dinamarca, las amenazas en Alemania de restablecerlo, indican claramente que toda la inteligencia occidental apuesta por una continuidad de las hostilidades contra Europa que no se reducirían a Ucrania. Vamos a necesitar duplicar, al menos nuestros efectivos europeos para disponer de una suficiente distensión y cuadruplicar nuestro inventario de sistemas de armas más modernos para evitar la derrota militar, y tenemos que hacerlo en menos de cuatro años, que es el tiempo máximo que tendremos. La recuperación de capacidades nucleares es ahora mismo más necesaria que nunca para la seguridad europea.

Rusia, una amenaza «total y absoluta», Margarita Robles dixit.

La confirmación y facilidad con la que Putin ha organizado el chiringuito electoral, demuestra que existe una clase política dirigente que comparte plenamente los valores y objetivos del Zar, por lo que nada salvo un colapso o derrota rusa, podrán provocar una involución política en Moscú, nadie vendrá mejor después de Putin, esto debemos entenderlo los europeos. Lo preocupante de Putin es la combinación de soberbia y edad, lo que no le da mucho tiempo para ver coronados sus objetivos, así que acelerará y mucho el paso en los próximos años.

Para Europa, la prioridad ya no es la PAC, ni la cohesión, ni la agenda 2030, la seguridad se ha convertido en el punto principal de la agenda europea, y a ella deben asignarse recursos muy superiores a los actuales, no nos queda otra alternativa que detener a Rusia, cuando todavía podemos hacerlo, los demás problemas que ahora nos parecen críticos, son realmente secundarios ante la gravedad y dimensión de la amenaza.

España, que habían mantenido cierta moderación ante la guerra, aun apoyando sin fisuras a Kiev, se muestra ahora mucho más agresiva, y desde el Cuartel General de Margarita Robles llaman a zafarrancho de combate ante la futura, total, absoluta e inevitable agresión rusa.

¿Por qué España es un objetivo estratégico para Rusia hasta el punto de considerar real la amenaza de un ataque nuclear?

Los misiles de Moscú llevan amenazando a España desde los años sesenta, así que no se trata de una situación nueva. Entonces era por la presencia militar norteamericana, ahora lo es por la importancia del Estrecho de Gibraltar y el peso específico militar de España y su aliado norteamericano en la Península Ibérica. 

El libre acceso de la Armada rusa al Mediterráneo es clave para su estrategia de expansión en Oriente Medio, en África y por supuesto en Ucrania. Los misiles submarinos Poseidón así como los Satán II con diez cabezas nucleares, y los misiles Avangard, tardarían cuatro minutos en alcanzar nuestro territorio y tendrían como objetivos las bases de Cádiz y de Gibraltar así como los puertos de Algeciras y Tánger and Madrid as central headquarter. No existe medio desarrollado para evitar esta amenaza si se materializa. España sigue siendo en un hipótesis de gran enfrentamiento mundial junto a Portugal, la plataforma de desembarco de las tropas norteamericanas, eso si decidieran salvar a Europa de Rusia. Suez es la otra entrada clave junto a Ormuz; controlando estos tres puntos, dominarán a Europa, y aquí es donde entra la alianza con Irán, Siria y Yemen y el círculo se cerrará contra Europa. En esta estrategia se inserta el desprestigio de Israel y el ataque palestino, y esto debe entenderlo Netanyahu y Occidente, es un conflicto que debe terminar para la salvación de Israel como pieza clave de la seguridad occidental.

Podremos pensar que es un disparate, pero si la OTAN no ha intervenido en Ucrania y si Putin ha sido auto ungido de nuevo presidente es gracias a las 1.674 ojivas nucleares que tiene desplegadas. Cualquier señal de que nunca la usará supondría el desplome estratégico de Rusia y por eso mantendrá su órdago a la grande.

El secreto económico de Rusia.

A pesar de las sanciones sin precedentes que se impusieron a Rusia tras la invasión de Ucrania, el país ha sorprendido a muchos economistas al convertirse en la economía de más rápido crecimiento en Europa. La economía está funcionando bien, dadas las circunstancias, y ha hecho popular a Putin porque se presenta una vez más como alguien que ha desafiado a Occidente en su gran asalto a la economía rusa, una especie de sueño húmedo para los rusos.

En lugar de contraerse como muchos esperaban, la economía rusa ha crecido un 2,6%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), a pesar de las sanciones occidentales, que incluyen la congelación de US$300.000 millones en activos que han sido reemplazados por papel moneda en Rusia, por lo que el impacto es bastante escaso.

La cuestión es que las sanciones no se han aplicado en todo el mundo. Esto permite a Rusia comerciar libremente con países como China, India y Brasil, mientras sus vecinos, incluidos Kazajstán y Armenia, le ayudan a eludir las sanciones occidentales, eso sin olvidar que gran parte del gas y petróleo ruso acaba en la misma Europa que lucha contra Moscú.

Rusia gana dinero exportando productos básicos y básicamente es libre de vender lo que quiera a miles de millones de personas que no mantienen el embargo. Las sanciones al petróleo son básicamente decorativas, y el principal comprador de Rusia, la UE, no sanciona en absoluto el gas natural, los cereales y los combustibles nucleares, así que, lo que damos por un lado a Zelensky se lo damos con creces a Putin, ¿cómo no vamos a perder?



sábado, 17 de febrero de 2024

DOS AÑOS DE GUERRA EN EUROPA

 CLUB LIBERTAD DIGITAL



ENRIQUE NAVARRO Seguir a @enavarrogil

Dos años de guerra en Europa

 



Cuando estamos a punto de cumplir dos años de guerra en Europa, debemos hacer una reflexión sobre todo lo que ha ocurrido, dónde estamos y qué puede pasar a corto y medio plazo. Lo más significativo de esta situación bélica actual es que nadie fue capaz de predecir hace dos años que estaríamos en febrero de 2024 en plena guerra, con Ucrania resistiendo y Rusia sufriendo grandes pérdidas pero todavía firmemente implantada en una amplia zona de Ucrania, aunque su victoria real es pírrica.  Podemos resumir el estatus actual desde el punto de vista operacional asumiendo que Rusia no ha alcanzado los objetivos de su invasión y ya es consciente de que no los conseguirá, y que Ucrania seguirá existiendo como estado democrático y con numerosos incentivos para ligarse a la defensa occidental, aunque podría perder la parte oriental y sureste de su territorio. 


Situación operacional.


Los fracasos de las anunciadas ofensivas ucranianas el año pasado y los pequeños pero significativos avances rusos en el frente, en la zona de Bajmut y Avdíivka, con solo ayer cincuenta y dos enfrentamientos entre tropas de ambos países, sugieren que Ucrania no estará en disposición de desalojar los territorios ocupados, por mucha ayuda que reciba, incluyendo los aviones de combate. En este momento de la guerra, las nuevas estrategias de los contendientes se han adaptado a la nueva realidad.


Las fuerzas rusas están intentando avanzar en los sectores de Lyman, Bajmut, Marinka, Avdiivka y Zaporizhzhia en el este y sur de Ucrania y mantienen un hostigamiento de artillería y aviación constante en toda la línea del frente, más de 700 kilómetros, con el objetivo de evitar contraofensivas y no comprometer más vidas propias; incluso ha llegado a utilizar la semana pasada por primera vez, el misil hipersónico Zircon, en una muestra de que está dispuesta a utilizar todo su arsenal para erosionar la moral ucraniana, ya bastante desgastada, quizás en su momento más bajo desde el comienzo de la guerra.


El Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, coronel general Oleksandr Syrskyi, recién nombrado por Zelenski tras el cese del anterior por graves desavenencias, declaró recientemente que la situación era «difícil» y que su objetivo actual era agotar el avance ruso. «El enemigo ahora avanza a lo largo de casi toda la línea del frente y hemos pasado de las operaciones ofensivas a las operaciones defensivas», dijo Syrskyi al canal de televisión alemán ZDF. «El objetivo de nuestra operación de defensa es agotar las fuerzas del enemigo, infligirle las máximas pérdidas, utilizando nuestras fortificaciones, nuestras ventajas en términos de tecnología, en términos de uso de aviones no tripulados, medios de guerra electrónica y manteniendo líneas de defensa preparadas», añadió.


Los drones en los que el mando ucraniano quiere sustentar su acción ofensiva, aun produciendo efectos muy significativos, como el reciente hundimiento de un barco de desembarco ruso en el Mar Negro, no cambiarán el curso de la guerra, aunque han permitido llevar la guerra hasta Moscú, pero al final es algo simbólico.


La estrategia de Rusia es agotar a Ucrania para fortalecer sus posiciones conquistadas y venderlas a su opinión pública como el cumplimiento del objetivo principal que era liberar a los rusos sojuzgados por el régimen nazi de Kiev. Rusia solo aspira a blindar su territorio, sacar partido de su victoria y prepararse para el siguiente golpe. Sabe que en este momento no tiene más opciones.


Un periodo tan largo de guerra nos permite extraer algunas conclusiones sobre dónde estamos y dónde podemos estar en el campo de batalla. Rusia ha perdido todo su armamento terrestre moderno, más de 3.000 carros de combate y más de mil piezas de artillería, junto a las decenas de miles de bajas de soldados más experimentados. Este desastre explica la escasa capacidad para una ofensiva exitosa a medio plazo, por mucho armamento que sea capaz de producir en las condiciones económicas tan difíciles que afronta la economía rusa. Ucrania, también habría sufrido grandes pérdidas, pero los reabastecimientos militares occidentales le habrían permitido mantener los inventarios y mejorar la calidad de los sistemas y su eficacia.


Es decir, en mi opinión, estamos llegando a una vía muerta que podría conducir a una situación de impasse que beneficiaría a las dos partes, pero más a Ucrania que es quien más necesita tomar aire y recibir la ayuda militar que debería llegar a finales de este año si Trump y sus cheerleaders en el Congreso no lo impiden.


La ayuda occidental


A pesar de lo que nos pueda indicar la propaganda, la ayuda europea ha sido muy limitada, claramente insuficiente para cumplir los objetivos de resistencia. Las numerosas deficiencias acumuladas en las pasadas décadas en la defensa europea: políticas, industriales, económicas y tecnológicas han aflorado en un conflicto que nos afecta, hasta el punto de colapsarnos. La incapacidad para fabricar la munición de artillería de 155mm suficiente para un conflicto bastante limitado, es un botón de muestra de esta situación que llevo denunciando décadas y es que Europa había renunciado a su defensa, España más que nadie.


Pero no todo es negativo. El consenso occidental y la ampliación de la OTAN a Finlandia y Suecia, son ya de por sí éxitos frente a Rusia, que no se compensarán con la derrota parcial de Ucrania. Rusia, aunque gane, saldrá mucho más debilitada, y en la jerga de Putin, amenazada, salvo que le salve la «campana Trump» en noviembre.


El Senado aprobó esta semana, gracias al apoyo de casi la mitad de los senadores republicanos, la ayuda a Ucrania por un importe de 60.000 millones de dólares, junto a un importante paquete de ayudas a Israel, Territorios Palestinos y al Pacifico. Ahora toca someter el proyecto al Congreso dominado por republicanos. A pesar de los intentos de Trump que instó a los miembros de su partido a no apoyarlo, parece que existirá una minoría suficiente republicana para sacar adelante la ayuda que significará un salto cuantitativo y cualitativo en las capacidades militares ucranianas. El propio presidente Biden se dirigió al Congreso y llamó a los republicanos a ignorar las intimidaciones de Donald Trump y aprobar el proyecto de ley.


Esta decisión ha debido molestar mucho a Trump que ha visto como el soporte de su partido no es tan firme como suponía. En este sentido, la invitación de Trump a Rusia para invadir a los países europeos que gasten poco en defensa, ha levantado todas las alertas, sobre todo porque sus votantes se han tomado literalmente esta amenaza y esperan que la cumpla y las naciones que ya le conocen se lo toman muy en serio. El presidente estadounidense, Joe Biden, calificó a Donald Trump de «antiestadounidense» por sus comentarios sobre la guerra de Rusia en Ucrania y la OTAN y le acusó de haberse «inclinado ante un dictador ruso», algo que, según dijo, ningún otro presidente estadounidense había hecho jamás.


El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, instó a los miembros de su partido a apoyar el proyecto de ley y a no olvidar el papel de Estados Unidos en el mantenimiento de la seguridad global. «Sé que en algunos círculos se ha puesto bastante de moda ignorar los intereses globales que tenemos como potencia global», dijo McConnell. «Éste es un trabajo inútil para mentes ociosas. Y no tiene cabida en el Senado de Estados Unidos».


El senador Mitt Romney, uno de los opositores más abiertos al ala "MAGA" del Partido Republicano más leal al expresidente Donald Trump, dijo que «si Vladimir Putin aplaudía su posición, era hora de reconsiderar la posición».


El futuro.


Según escribió recientemente al anterior secretario general de la OTAN, el danés,  Rasmussen «la victoria dependerá en gran medida de si Ucrania y sus aliados pueden superar en producción a Rusia». La industria que sea capaz de continuar suministrando cuando el otro entre en colapso vencerá, y a este objetivo deben encaminarse todas las acciones occidentales.


Por primera vez desde 1945, Europa es testigo de una guerra al estilo más clásico que creíamos superado, en la que una gran potencia ha invadido otro país no sólo para subyugarlo sino también para anexar territorio. Alrededor de treinta países occidentales están proporcionando ayuda a Ucrania para contribuir a sus esfuerzos por repeler a Rusia, que a su vez cuenta con asistencia militar de Irán, Corea del Norte y Bielorrusia. Pero hemos de reconocer que el apoyo de Estados Unidos a Kiev está flaqueando, y esto está fortaleciendo la posición de Moscú, mientras que Europa es incapaz de asumir consensos y tomar el relevo que le quiere dejar Trump. 


La situación es tan grave que varios líderes políticos y militares europeos han subrayado que existe un riesgo real de que el conflicto llegue a Europa occidental. La posibilidad de que Donald Trump, que se opone a la participación de Estados Unidos en la OTAN, regrese a la Casa Blanca ha aumentado aún más las tensiones y debilita a la seguridad occidental.


«Tenemos que tener en cuenta que Vladimir Putin podría incluso atacar algún día a un país de la OTAN. Es poco probable que suceda ahora, pero nuestros expertos esperan un período de cinco a ocho años en el que esto podría ser posible», dijo en una entrevista reciente el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius. El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, un liberal, redujo ese período de tiempo a entre tres y cinco años. «Podría haber una guerra en Suecia», dijo en enero Carl-Oskar Bohlin, ministro sueco de Defensa Civil y moderado. Son muchas las veces autorizadas que ven este escenario como probable.


Putin suele decir que no tiene intención de atacar a otros países, punto que reafirmó en su entrevista con Tucker Carlson. Pero también negó anteriormente públicamente cualquier plan de atacar a Ucrania. Es interesante recordar lo que dijo en el último Foro de Valdai: «Este no es un conflicto territorial ni un intento de establecer un equilibrio geopolítico regional. La cuestión es mucho más amplia y fundamental y tiene que ver con los principios que subyacen al nuevo orden internacional». En otras palabras, no se trata sólo de Ucrania y la región, sino de supuestos principios fundamentales y nada le impide defender esos principios en otros países. La acumulación de capacidades en la frontera norte con la OTAN y las amenazas a Finlandia que se han recrudecido con la elección del conservador Stubb como presidente, claramente partidario de mano dura con Putin, no son cuestiones baladíes. El reconocimiento en el Comité de Inteligencia del Congreso de Estados Unidos esta semana de que Rusia planea instalar armamento nuclear en el espacio, es una prueba evidente de que estamos ante una agresión en toda regla sin límites.


En Occidente, esta perspectiva se toma cada vez más en serio. Todas estas declaraciones de los políticos europeos son un intento de impedir que eso suceda. La única manera de evitar una guerra a gran escala es que Europa está preparada para ello. Rusia hoy es un país que, bajo Putin, busca aprovechar su debilidad. La debilidad invita a la agresión, la fuerza la disuade. Por eso las advertencias buscan generar conciencia, crear un entendimiento que ayude a los países a prepararse para algo que tiene altas probabilidades de suceder.


Pero la guerra no se juega solo en el Frente. La invasión rusa de Ucrania es una empresa enorme: el 35% de todo el gasto público ruso se destina a la guerra. China ha ayudado a Rusia a eludir las restricciones al acceso a las tecnologías occidentales, y el comercio bilateral ha crecido mucho, alcanzando más de 200 mil millones de dólares en 2023. Pero Beijing también está presionando a Moscú, por ejemplo, frenando el lanzamiento de un nuevo gasoducto ruso-chino, en un intento por presionar al Kremlin para que ceda y acepte condiciones más favorables. A pesar de ello, es evidente que Putin ha estabilizado la situación y está convirtiendo a Rusia en una economía de guerra y cuenta con aliados poderosos para saltarse todas las restricciones.


El asesinato de Navalny, sin duda es un gran error estratégico de Putin, que ha perdido toda restricción moral lo que le hace impredecible y este es mayor riesgo. Todo parece indicar que quiere llevar el mundo al borde del abismo. Con la victoria asegurada en las elecciones del mes que viene, podemos temernos lo peor.


Si Estados Unidos no garantiza su apoyo, Europa está lejos de tener un elemento de disuasión creíble porque no es un frente unido. Sus fuerzas armadas están fragmentadas, tienen problemas de interoperabilidad y no están acostumbradas a luchar. Pero, sobre todo, no hay unidad política. Si los estadounidenses renuncian a su liderazgo, lo que bien podría suceder si gana Trump, no podemos realmente esperar que los europeos avancen como una fuerza unida, es una quimera.


El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo en un comunicado el domingo que «cualquier sugerencia de que los aliados no se defenderán entre sí socava toda nuestra seguridad, incluida la de Estados Unidos, y pone a los soldados estadounidenses y europeos en mayor riesgo». El ministro de Defensa de Polonia, que ha estado bajo control ruso la mayor parte de las veces desde finales del siglo XVIII, dijo que «ninguna campaña electoral es una excusa para jugar con la seguridad de la Alianza».


En conclusión, estamos ante una situación caótica, complicada y con unos riesgos enormes de extensión del conflicto. Lo que el votante republicano debe entender es que Trump pretende convertir el país en una Corea del Norte blindada y sorda ante lo que sucede fuera. Esto supone terminar con la doctrina tradicional republicana de que cuando América lidera el mundo, está más segura, y que si deja de ser el faro de la libertad perderá su legitimidad para dar lecciones a nadie y estará mucho más amenazada y sobre todo sola para afrontar el fin de su liderazgo militar en el mundo frente a China.


domingo, 6 de marzo de 2022

ILYIN: EL LOCO IDEÓLOGO DE PUTIN


En las últimas semanas asistimos a una discusión sobre el estado mental de Putin y  la naturaleza de su ideología. La buena noticia es que Putin no actúa por impulsos, la mala es que su ideología es tan aberrante como “Mein kampf” o el “ Libro Rojo”

El gran ideólogo del fascismo cristiano ruso, Ivan Ilyin, nació en 1883 y murió olvidado en Suiza en 1954, después de haber escrito numerosos libros que cayeron casi en el olvido. Cuando Putin personalmente se encargó de trasladar sus restos a un monasterio que había acogido a la sede de la seguridad de los soviets, donde se hallan los restos de miles de víctimas, nació el neofascismo cristiano ruso, inspiración ideológica de Rusia Unida y su ideología oficial nacional-conservadora y de su presidente, Vladimir Putin. 

 

La filosofía de Ilyin influyó en numerosos jerarcas postcomunistas, aunque su mayor defensor y propagador fue el intelectual y director de cine Nikita Mijailov, hijo del autor del himno de la Unión Soviética, que escribió numerosos artículos sobre Ilyin y que tuvo la idea de transferir los restos de éste al monasterio de Donskoy, donde el filosofo había soñado tener su última morada. En 2005, se reeditaron en Rusia en veintitrés volúmenes sus obras, por si tienen interés en conocer más de cerca al personaje y disponen de tiempo.

 

Después de abandonar la Unión Soviética, afirmaba que la única esperanza de Dios era que una nación justa siguiera a un líder hacia la totalidad política y que comenzara la redención del mundo, estaba claro a qué se refiere. Podría ser un digno heredero de Rasputín, ya que combinaba a Freud, que entendió que el problema de Rusia era de inocencia sexual, con Hitler y con el fascismo italiano, vamos una mezcla explosiva. Terminada la guerra, se distanció del fascismo y regresó al autoritarismo de corte comunista como única solución a los eternos problemas de Rusia.

Ilyin estaba convencido de que los gestos audaces de líderes audaces podrían comenzar a deshacer el carácter defectuoso de la existencia. En su aberrante visión, las democracias habilitaron al comunismo y por eso deben ser destruidas. La única forma de erradicar el mal es eliminar a la clase media y destruir la sociedad civil transformándola en una conciencia de sumisión nacional, y de ahí lo poco que le preocupan a Putin las sanciones, van a ser el instrumento para eliminar a eses gran enemigo de los totalitarismos que es la clase media.  Por esa razón, Ilyin abogaba por la destrucción de los gobiernos soviéticos y europeos y veía en la llegada del fascismo ese “ acto de salvación” . Incluso abrazó el antisemitismo que Putin destila cada vez que habla de Zelenski, alabando la idea judeo-bolchevique que unía ideológicamente a los blancos que se opusieron a la revolución con los nazis y que no nos es tan desconocida. El pobre y religioso, casi esotérico, campesinado ruso vio en los judíos el enemigo que los alejaba de Dios. 

Siempre aludía a la “inocente Rusia”, rodeada por enemigos que pretenden aprovecharse de ella, sin que ésta tenga al líder que la haga respetar entre sus expoliadores. Para Ilyin, el mundo era corrupto y necesitaba de una redención y es la Rusia inmaculada la llamada a satisfacer esa necesidad divina. Argumentaba que Rusia siempre estuvo sometida a un bloqueo continental  lo que le había obligado a una autodefensa inaceptable. Es decir, se vinculaba a la misma falacia creada por el partido comunista de que el mundo deseaba que el estado soviético pereciera.

Según interpretaba Putin a Ilyin en un discurso de 2014, “Libertad para Rusia no significaba libertad para los individuos sino que los rusos se sientan libres de formar parte de un todo”, obviamente es un concepto de libertad muy ajeno al nuestro. Con el control de los medios arrebatados a los oligarcas, Putin comenzó en 2005 a rehabilitar a Ilyin como su ideólogo, y Vladisvav Surkov, el Goebbels de Putin, encontró una ideología con la que bombardear al pueblo ruso y a sus agentes por todo el mundo. Medvédev, llamado a perpetuar a Putin cuando éste sea presidente emérito en 2036, siempre exhorta a los jóvenes a leer a Ilyin como si fuera el Libro Rojo y es citado continuamente por las autoridades religiosas y políticas.

Hace años conversaba en Moscú con un alto funcionario comunista de la Unión Soviética, ya mayor. Explicaba que el fracaso de la URSS se debía a que Dios les había castigado y que por eso entonces todos los comunistas iban a misa diaria. Putin representaba los modos y maneras del estalinismo, pero ahora abrazados a una causa nacional ortodoxa. Putin, me decía, había conseguido por fin una ideología autoritaria que superaba a los dos extremos, con el objetivo final de la supremacía del estado sobre el individuo, y por eso encuentra adeptos en los populismos de todo signo, sin reparar en medios.

Cuando Putin regresó en 2012, decidió llevar a cabo el mandato de Ilyin, acabando con el estado de derecho para perpetuarse en el poder y culminar la obra sin las ataduras que debían destruirse para evitar la corrupción del inocente pueblo ruso. Cuando Rusia invadió Crimea, fueron enviados a todos los gobernadores y pro-rusos de Ucrania “las tareas de Rusia” obra del Carl Schmidt de Putin. Hoy aprovechando el viento de la guerra está convirtiendo a Rusia en una autocracia.

¿Y qué ha dicho Putin basándose en los libros de Ilyin? En Izvestia, en octubre de 2011, anunció la creación de una Unión Euroasiática que reuniría a los estados que no habían logrado establecer el estado de derecho, entendido a su manera (Ucrania). En 2012, citando también a Ilyin, señalaba la necesaria integración entre estados, más como una virtud que como un logro. En Moskovskie Novosti, en febrero de 2012, Putin  expuso las conclusiones políticas “ Rusia como organismo espiritual no sólo sirve a las naciones ortodoxas, y no sólo a las naciones de Euroasia, sino a todas las naciones del mundo. Esta es su confluencia con el comunismo soviético, no se trata solo de la hegemonía sobre Europa, sino que tiene una visión mundial, de transformar el mundo como si él fuera el gran arquitecto.

Putin predijo que Euroasia superaría a la Unión Europea y que uniría a sus miembros en una entidad más grande desde Lisboa a Vladivostok”. Así que aquí tenemos definidas las ambiciones de Putin sobre Europa.

Según un artículo publicado en 2018, de Timothy Sneider, biógrafo de Putin en su obra The Road to Unfreedom: Russia, Europe, America (Penguin 2018) del que he tomado muchas referencias, la campaña rusa contra la decadencia de la Unión Europea iniciada en 2013, está de acuerdo con esta cosmovisión de Ilyin. Éste personaje tildó a Rusia de homosexual, posteriormente se sometió a terapia de psicoanálisis con su novia y luego culpó a Dios. A su vez, Putin primero se sometió a fotos cazando o con pieles, luego se divorció de su esposa y finalmente culpó a la Unión Europea por la homosexualidad rusa que él está llamado a erradicar. 

 

La llegada de Putin al poder en 2012 desde dentro como Hitler en 1932, supuso el paso de las formas legales al colonialismo en sus relaciones con terceros países. El propio Ilyin aludía a Ucrania y Rusia como un solo pueblo, y por eso Putin anexionará a Ucrania, tal como dijo en su discusión de declaración de guerra. Cuando Ucrania tomó el camino de Europa, ordenó la matanza de manifestantes y cuando su aliado Yanukovich perdió el poder, sentenció a Ucrania a la que acusó de poseer todos los males del corrupto Occidente siendo encima el origen de la religión oxtodoxa.

En la justificación de la anexión de Crimea ante la Duma, Putin volvió a citar a Ilyin y a la creación de un todo orgánico basado en los principios de este loco que hoy domina las mentes de los jerarcas del Kremlin. El comandante ruso que dirigió a las tropas en el este de Ucrania sentenció, siguiendo al gran líder espiritual, en 2014 “ si el mundo se salvara de construcciones demoniacas como los Estados Unidos, sería más fácil para todos vivir, Y uno de estos días sucederá”. 

En el fondo, este neofascismo no es muy diferente del comunismo que tanto criticó. Son dos "religiones" que tienen una ambición universal, que ven en la libertad una amenaza y en los derechos de los pueblos un obstáculo a la necesaria redención del mundo ordenada por Dios o por Marx. Y por eso Putin encuentra tantos adeptos entre los neofascismos en Occidente y entre los totalitarios populistas de aquí y de allá.

En estos días, Putin está dando un autogolpe de estado en Rusia, las leyes que se están aprobando conducen a la dictadura y a la eliminación de las clases medias como el mayor seguro, tal como escribió Lenin, para perpetuarse en el poder. Es como si Laurenti Beria hubiera tomado el poder en Rusia.

Los amenazados somos el mundo de libertades, igualdad y derechos nacido en 1945, y las ambiciones de Putin son claras. Y lo más aberrante y peligroso de toda esta situación, es que un perfil como el descrito encaja con la liberación del mundo con el holocausto nuclear, si es necesario. Así que mejor pongámonos manos a la obra y paremos esto antes de que sea tarde para TODOS.